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Gustavo Coronel:Tulsa y Caracas:
dos ciudades, dos universidades

 

Acabo de asistir al dia del retorno en la Universidad de Tulsa, Oklahoma, donde hace 51 años obtuve mi grado de geólogo petrolero. Me impresionó mucho ver la universidad en este momento, pués su infraestructura física es excepcional: tiene un stadium de football para 20.000 espectadores, un Centro de espectáculos que incluye una cancha para 7000 espectadores donde juega el equipo de baloncesto de la universidad, estacion de radio, estación de TV, una biblioteca que posse la mayor colección del mundo de manuscritos de James Joyce, un poeta en residencia desde 1998, Yevgeny Yevtushenko, quien es el poeta Ruso mas famoso de las últimas décadas, una compañía de teatro, orquesta sinfónica, escuela de enfermeras, escuela de derecho y una de las mas reputadas facultades de ciencias del petróleo de los Estados Unidos, incluyendo geología, ingeniería de petróleos, ingeniería química y de refinación y muchas otras maravillas. Cuando estudié en la universidad, desde 1951 a 1955, habían unos 4500 estudiantes y la relación de profesor a estudiantes era de uno a once. Hoy en día la universidad tiene 5000 estudiantes y la relación de profesor a estudiantes es exactamente la misma, de uno a once. Está colocada en el lugar 78 entre las primeras cien universidades de los Estados Unidos, un país que tiene 5785 universidades. En este momento se llevan a cabo nuevas obras de expansión de dormitorios, aulas e instalaciones culturales y deportivas por valor de unos 110 millones de dólares.

Como puede una universidad tan pequeña tener un plantel físico y una vida cultural y deportiva tan rica? Cuando tuve el honor de formar parte del Consejo Directivo de la universidad (Board of Trustees), desde 1987 a 1992, la institución tenía un fondo de donaciones de unos 350 millones de dólares. Hoy tiene un fondo de 820 millones de dólares. Un 60 por ciento de los costos de la universidad se obtienen a través de la matrícula (tuition), la cuál está hoy al día en unos 20.000 dólares al año. (unos 42 millones de bolívares). El resto se obtiene del rendimiento de las colocaciones de la masa de dinero del fondo. La universidad administra un sistema de empleos para estudiantes y de ayudas financieras basadas en el comportamiento académico de los estudiantes, sistema que abarca un 20 por ciento del estudiantado. Como es posible que una universidad tan pequeña tenga un fondo de donaciones de 820 millones de dólares? Cuanto aporta el gobierno? El gobierno aporta cero. Esta es una universidad privada. El fondo se nutre de las donaciones de los ex-alumnos. Aproximadamente un 35 por ciento de todos los ex-alumnos de la universidad, la cuál tiene mas de cien años de fundada, aporta algo a su alma mater. En el banquete de ex-alumnos al cuál asistí habían unos 700 ex-alumnos, incluyendo un miembro de la clase de 1933, el año en el cuál yo nací. Cargaba un tanque de oxígeno con él pero andaba. El sentido de lealtad hacia la universidad por parte de los ex-alumnos es algo conmovedor.

El alumno paga su matrícula y, cuando se gradúa y comienza a trabajar, comienza a contribuir a la universidad en la medida de sus posibilidades: cien dólares al mes o al año o, en el caso de los hombres de empresas, millones de dólares o la donación de un edificio entero. Lo que esto significa es que, si el dinero es bien administrado, la universidad tiene su financiamiento garantizado y, además, puede mejorar continuamente su infraestructura física y captar profesorado de la mejor calidad.

Tulsa, la ciudad donde se halla la universidad, tiene alrededor de 500.000 habitantes. Es asiento de 14 universidades, todas privadas. La ciudad tiene 140 parques con una extensión de 3000 hectáreas y alrededor de 80 campos de golf, 21 piscinas públicas, 10 museos, siete periódicos, diez teatros, ocho hospitales, equipos profesionales de beisbol, baloncesto y hockey y una media docena de casinos. Su aeropuerto maneja unos tres millones de pasajeros al año.

La Universidad Central de Venezuela tiene unos 60.000 alumnos y alrededor de 8000 profesores. La universidad es gratis para los estudiantes y el costo de operación es absorbido enteramente por el Estado. Hace algunos años, no sé si todavía, el almuerzo costaba algo así como 200 bolívares y comían allí unas 40.000 personas. Un intento de subir este precio causó una huelga de grandes proporciones. Aunque los estudios son enteramente gratis, una vez que el estudiante se gradua no contribuye a la universidad. No existe un mecanismo que haga esto posible aun cuando el ex-alumno desease hacerlo. Lo cierto es que nadie desea hacerlo y pocos sienten ese tipo de lealtad por el alma mater. La contribución del Estado no es regular y con frecuencia se atrasan los pagos que debe hacer la universidad para salarios y adquisición de equipos. Tradicionalmente el atraso en los pagos ha estado relacionado con motivos políticos y con la ineficiente burocracia del Estado, cuando no con la corrupción. Sinceramente no tengo idea de cuanto es el presupuesto de la Universidad Central en los momentos (no creo que mucha gente lo sabe) pero estoy convencido de que el sistema no es tan propicio para la enseñanza de calidad como el de Tulsa. Creo recordar que alguien estimó que, si el Estado cerrara la Universidad Central y becara a los 60.000 estudiantes en universidades como la de Tulsa, el costo para el país sería menor, la calidad de la enseñanza sería mas alta o, por lo menos, el sistema de producción de nuevos profesionales sería mas eficiente, puesto que en las universidades del norte rara vez hay una huelga. Por supuesto, esta no es una alternativa válida porque el costo no es el único factor a ser considerado. Pero el ejercicio ilustra uno de los mayores problemas de la educación superior en Venezuela: la gratuidad de la enseñanza y el control de la educación por parte del estado promueven la mediocridad y el bajo rendimiento.

La Universidad Central de Venezuela se encuentra en Caracas, una ciudad en franco deterioro, de casi 5 millones de habitantes, con unas 10 universidades, unos 15 parques, 18 museos, unos cinco campos de golf y quien sabe cuantas piscinas públicas. La ciudad no puede llamarse universitaria, como si lo es Mérida.

En Caracas, el estudiante es un sobreviviente en un ambiente urbano hostil, donde entre 3500 y 5000 personas pierden la vida cada año a manos del hampa desatada.

Estas reflexiones y comparaciones no tienen otro propósito que poner de relieve como la diferencia de dos culturas y maneras de vivir puede influir tan decisivamente en la calidad de vida. Tulsa es una ciudad de segundo o tercer nivel en el país del norte y Caracas es la capital de Venezuela. Y sin embargo, de alguna manera el individuo en Tulsa tiene mayores posibilidades de realización personal que en Caracas y su educación y existencia parecerían tener mayores probabilidades de éxito que en la atribulada capital de Venezuela. Al revisar en internet la prensa venezolana he leído un artículo de Alberto Barrera que me llenó de asombro y que de alguna manera he relacionado con este contraste entre dos culturas. Se trata de un artículo que aparece en noticierodigital.com (publicado en El Nacional), llamado “El Juego del Rojo”. En este artículo Barrera narra un programa de televisión en el cuál apareció Hugo Chávez hablando de una forma tan soez y con un desprecio tal por la dignidad presidencial que solo sería dable esperar en un loco o en una persona de la mas baja estofa. Cundo uno lee ese artículo se da cuenta de como la educación en un país puede llegar a degenerar tanto que hasta una persona como Hugo Chávez puede llegar a la presidencia. De alguna manera parecería necesario correlacionar esta degeneración de nuestro liderazgo político con la declinación de la calidad de la enseñanza, esta vez en la Escuela Militar de Venezuela, el alma mater del señor Chávez. Es el juego del Rojo lo que le enseñaron a Chávez en la escuela? O el juego de la Piragua? Es que no hay límites al grado de deterioro moral del liderazgo político revolucionario?

Gustavo Coronel es un veterano geólogo de la industria petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

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Petroleumworld.com Venezuela 20 09 06

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