
Por
Diego Cabot
Si
los presidentes de la Argentina, Venezuela y Brasil
piensan que tejer un marco jurídico capaz de
soportar la construcción del gasoducto más
largo de la tierra, que debe apoyarse en suelo de
por lo menos tres países y cruzar el río
Amazonas -entre otros obstáculos- es tarea
sencilla, se equivocan de cabo a rabo.
Aun
si el proyecto fuera técnica, política
y financieramente posible, la construcción
de una obra que bien podría catalogarse de
monumental merece años de preparación
de una red de contratos, tratados, marcos regulatorios,
impositivos y aduaneros que tornan imposible cualquier
intento de improvisación.
Allí
llegarán a convivir contratos millonarios con
alguna entidad trinacional, quizá la hermana
mayor de la célebre Entidad Binacional Yacyretá;
servidumbres de pasos para la traza del ducto con
requisitorias ambientales; pólizas que resguarden
del riesgo político de la región con
tratados internacionales. Todo eso sin siquiera mencionar
los conflictos de financiamiento que pudieran aparecer.
"Lo
primero que hay que aclarar es que, más allá
de la complejidad, del tiempo y de la dificultad de
que se ve desde el punto de vista legal, todo se puede
resolver. Aunque, claro está, con un monumental
trabajo", dijo Roberto Fortunati, socio de Fortunati
& amp; Lucero, uno de los estudios jurídicos
con más experiencia en financiamiento de proyectos.
A decir de varios especialistas, ningún proyecto
de este tipo se inicia sin que se haya realizado un
estudio de prefactibilidad. "Mire -se apuró
a contestar a LA NACION un abogado especialista en
cuestiones relacionadas con obras de infraestructura-,
no sólo que no sabemos si el proyecto es factible,
no sabemos siquiera si es prefactible."
Pero
suponiendo que este paso se dé, lo primero
que hay que decidir es qué vehículo
jurídico va a ser el encargado de la construcción
del proyecto. Pero a no desesperarse. Los presidentes
Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luiz
Inacio Lula da Silva deberán elegir entre dos
variantes.
"Básicamente,
hay dos opciones. Una es que cada país construya
su parte en su territorio y que en la frontera se
conecten. La otra, que se cree una entidad trinacional
que sea la encargada de realizar la obra", dijo
Luis Lucero, también socio de Fortunati en
el estudio que los tiene como socios.
Si
los gobiernos optaran por la primera opción
estarían replicando el sistema que se utiliza
con los ductos que atraviesan la Cordillera de los
Andes y proveen de gas a Chile. "Este supuesto
tiene como ventaja que es más rápido
para ponerlo en funcionamiento, aunque eso sí,
cada país tiene que comprometerse a hacer su
parte", analizó Lucero.
En
segundo caso, la creación de un ente trinacional
remite inmediatamente a un ejemplo que, por cierto,
no es de los más felices. Venezolanos, argentinos
y brasileños se deberán repartir las
sillas en un ente similar a la Entidad Binacional
Yacyretá, aunque, claro ésta es algo
más grande.
El
aprovechamiento del río Paraná a la
altura de las islas de Yacyretá y Apipé
-donde actualmente se levanta la represa- se comenzó
a estudiar desde 1926 con un tratado en Washington,
pero fue el 23 de enero de 1958 cuando se concretó
el convenio entre la Argentina y Paraguay que estableció
la creación de una Comisión Mixta Técnica
para llevar adelante el estudio.
Pasaron
15 años y bajo el gobierno de Juan Perón
los países firmaron el Tratado de Yacyretá
y se comprometieron a emprender en común la
obra que, a 32 años, aún está
sin terminar. "Es necesario dotar a esta entidad
de presupuesto, funciones y estructura propia para
que se convierta en una unidad ejecutora. Todo esto
surge de tratados internacionales que se deben firmar
entre todas las partes", dijo un consultor de
empresas dedicadas a obras de infraestructura.
Dentro
del ente, además, también debe preverse
un sistema de resolución de conflictos y resolver
cómo van a ser las participaciones de los países
y los aportes.
Suministro
asegurado
Otro
de los puntos que varios de los consultados resaltaron
es la necesidad de contar con un contrato de suministro
claro y que asegure algo básico para un gasoducto:
que tenga gas para transportar. "Nadie va a poner
un caño si no hay un estudio concreto sobre
las reservas reales existentes en Venezuela, que es
quien tiene que inyectar el combustible", destacó
Fortunati.
En
Europa, un continente que ha construido miles de kilómetros
de ductos para abastecerse, básicamente, del
gas de Rusia las reservas fueron cuidadosamente estudiadas.
"Por ejemplo, antes de la construcción
del gasoducto Transiberiano se estudiaron con mucho
cuidado las reservas de gas ruso", dijo una fuente
del sector.
En
Europa existe un fuerte debate sobre la dependencia
del gas ruso o la búsqueda de combustibles
alternativos, alimentado en el último tiempo
porque Rusia interrumpió el suministro a Ucrania
por su negativa a aceptar un aumento en el precio.
También
habrá que diseñar el tipo de gasoducto,
ya que no es lo mismo, ni siquiera a los efectos jurídicos,
que Brasil o la Argentina sean un lugar de paso o
que también puedan inyectar fluido. Y si todo
se ha hecho y la obra se va a realizar, los abogados
deberán armonizar los tres marcos regulatorios
que rigen actualmente Venezuela, Brasil y la Argentina.
"El país -dijo Fortunati- tiene un régimen
regulatorio que funciona bien y que distingue entre
el productor, al transportista y al distribuidor de
gas. Esas figuras se deben compatibilizar con los
otros países." Ya con las regulaciones
locales contemporizadas, la unidad ejecutora se topará
con otro tema a resolver. Si el gasoducto tuviera
8.000 km de extensión, deberán acceder
a los terrenos por donde pase la traza en toda esa
extensión. "Aquí hay dos opciones
o se expropia la tierra o se realiza una servidumbre
de paso para construir el gasoducto", dijo Fortunati.
La
servidumbre es un derecho real que permite que los
operarios ingresen en un terreno y construir la obra,
además de contemplar el hecho de que a 50 cm
de la superficie estará enterrado el caño.
En estas obras, generalmente se hace un camino de
servicio paralelo a la traza para poder acceder al
lugar por cualquier tipo de mantenimiento que haya
que realizar.
"Imagine
que en 8.000 km hay miles de propietarios distintos,
incluso, quizás, alguna comunidad indígena.
Este es un trabajo enorme que hay que hacer",
relató un abogado de la City.
De la mano de esto surge un tema, catalogado por varios
de los consultados como "no menor".
Preocupación
ambiental
"La
verdad es que suelen encontrarse muchas trabas con
los temas ambientales y que suelen trabar la construcción",
dijo un consultor. "No quiero ni pensar -graficó-
cuál será la posición de los
grupos ecologistas ante un camino que tenga debajo
un caño de gas y que cruce el medio del Amazonas."
Para cubrir los riesgos ambientales, los especialistas
descuentan que se deberán contratar pólizas
específicas para indemnizar a quienes se les
pueda causar algún daño ante un siniestro.
Y
si de seguros se trata, no deberán olvidar
los funcionarios que para inversiones de miles de
millones de dólares se suele exigir la presentación
de un seguro de riesgo político, generalmente
otorgado por entidades relacionadas con organismos
multilaterales como el Banco Mundial. Deberá
entonces contratarse uno que cubra las eventuales
inestabilidades políticas de Brasil, la Argentina
y Venezuela. En paralelo los técnicos deberían
resolver la cuestión impositiva y aduanera.
¿Qué pasará con el gas que sea
importado desde Venezuela, no se consuma en Brasil
y siga su camino para abastecer a la Argentina? No
debería pagar impuestos de ingreso y egreso
de tierra brasileña.
¿Qué
pasará con un proveedor que trabaje en los
tres países, pero contratado por una entidad
trinacional? ¿Deberá pagar impuestos
en los tres países? La Argentina y Brasil tienen
firmados tratados de doble imposición -se paga
en uno de los dos países-, pero con Venezuela
deberá avanzarse.
Estas
preguntas y miles más deberán estar
contestadas con certeza antes de iniciar el primer
pozo. En su caso, quizás el último nunca
se llegue a realizar.
Diego
Cabot es
periodista de La Nación (Argentina). Sus puntos
de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Nota del Editor: Este comentario fue publicado
por La Nación (Argentina) - 29/01/06. Lo reproducimos
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