¿
Estamos
ante otra revolución energética?
Horacio
Cardo/ El Clarin
Por
Alberto Méndez Arocha
Normalmente
se aceptan cuatro revoluciones energéticas
básicas en la historia de la humanidad:
• El control del fuego; la producción
de la candela voluntariamente, como calefacción,
cocción; años inmemoriales.
• La época de producción de
los “convertidores biológicos”
(las plantas y los animales); o sea el descubrimiento
de la agricultura y la domesticación de los
animales. Se acabaron los recolectores y en lo sucesivo
se podían producir las frutas y las vacas
a voluntad. Cerca de 8.000 a.c., lo que implicó
un alza en la fabricación y el consumo de
la energía. Básicamente como alimentos.
• La “revolución industrial”
– asociada al uso del carbón (en lugar
de leña) y la máquina de vapor, digamos
mediados del siglo XIX.
• La entrada del petróleo y otros hidrocarburos
asociados al motor de combustión interna
(incluídas las turbinas de gas).
Notemos
que antes del carbón fueron muchos los bosques
que rindieron su vida a favor del calentamiento
de la humanidad, incluso el cerro del Avila en Caracas,
cuyos matorrales antes circundaban la ciudad, para
no hablar del bosque de Sherwood, el de Robin Hood,
ni de los bosques europeos citados en la época
del César.
La
sustitución de la leña todavía
se está llevando a cabo en muchas zonas rurales
del Tercer Mundo, y podría decirse que gracias
al carbón se evitó la finalización
fatal de muchas reservas forestales. En cambio,
la irrupción del petróleo aconteció
cuando todavía quedaba (y quedan) amplias
reservas del carbón, fue mas bien un acontecimiento
tecnológico (la máquina de combustión
interna), lo que aceleró la entrada de los
nuevos hidrocarburos a principios del siglo XX.
La Fig. 1 da una idea abstracta de la sustitución
de las energías en las últimas revoluciones
de consumo energético.
Figura
1

Para el avisado lector que esté rumiando
en este momento qué vino primero, si el vapor
o el carbón, el motor o la gasolina, recordamos
la opinión del sabio Georgescu-Roegen (1976,
p. 18):
“La
historia económica confirma un hecho mas
bien elemental – el hecho que los grandes
hitos del desarrollo tecnológico han sido
generalmente afectados por un descubrimiento de
cómo usar una nueva forma de energía
accesible. De otra parte, un gran hito en el progreso
tecnológico no puede materializarse a menos
que la innovación correspondiente sea seguida
por una gran expansión mineralógica.”
Evidentemente,
la crisis de precios de fines del siglo XX y comienzos
del XXI –un alta desmesurada nunca antes vista—está
ahora indirectamente asociada con la disponibilidad
del recurso, en cuanto el nivel de descubrimientos
no ha mantenido la tendencia requerida por los niveles
crecientes de consumo, y esta eventual escasez se
refleja en las condiciones del mercado. Ver Fig.
2.
No
podría vincularse esta con el tipo de alza
del 73 que se podría explicarse a su vez
directamente como un reajuste en la remuneración
de los factores participantes (especialmente la
mayor participación de los países
productores exportadores). La de ahora sería
una “crisis estructural” producto de
las nuevas condiciones del mercado. Cada vez es
más difícil y más costosa la
producción de crudos. Hay aquí algo
de marginalismo, como teoría económica.
Fig. 2 – Descubrimientos y producción
de petróleo [Fuente: AEREN, “Los retos
energéticos del siglo XXI]

En
estas condiciones habría que aceptar que
estamos ante una nueva “revolución
energética” – no directamente
por agotamiento inmediato—sino en cuanto el
sistema de precios, que mide justamente la apreciación
del producto por el mercado, lo que ha determinado
que debe seguirse consumiendo bajo otra perspectiva,
que seguramente redundará en una mayor eficiencia
en el consumo, una reducción del despilfarro
y la intensidad energética (BEP/PIB) y la
introducción de nuevas energías sustitutivas;
probablemente el regreso del carbón y de
esa energía “diabólica”,
la nuclear, cuyos desechos radiactivos todavía
serán un detestable “regalo”
para las próximas generaciones.
Estamos
llamando así revolución energética
cualquier variación abrupta o disrupción
en los patrones tradicionales de consumo y precios
de los energéticos. Las variaciones iniciadas
en 1973 serían parte de los ajustes del reacomodo
de la remuneración de los factores de producción
más que la “revolución del 2005”,
un anuncio de escasez. En vista de la dificultad
para modificar los patrones de consumo (asociados
al nivel de bienestar en los países emergentes)
es probable que los primeros ajustes vengan por
el lado de la estructura de la oferta, con nuevas
y viejas energías.
Alberto Méndez
Arocha
es Ingeniero Mecánico con un Doctorado en
Derecho y Economía de la Energía.
Es Individuo de Número de la Academia Nacional
de Ingeniería y del Habitat. Sus puntos de
vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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Venezuela 26 05 06
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