El
Precursor Miranda y los Estados Unidos

Por
Luis Xavier Grisanti
Como
Voltaire y Montesquieu que vivieron en Inglaterra,
Francisco de Miranda aprendió a respetar
las virtudes de la monarquía parlamentaria
inglesa después de sobrevivir la experiencia
tumultuosa de la Revolución Francesa, que
pese a sus servicios a la libertad, lo apresó
tres veces, salvándose milagrosamente de
la guillotina. En su biblioteca de casi 6.000 volúmenes,
el caraqueño universal llevaba desde su primera
estancia en Madrid los libros del Siglo de la Ilustración
anglosajona: Hume, Locke, Burke, Gibbon, Robertson,
Lord Chesterfield, Lord Bolinbrokes, Adam Smith,
Watson, Ferguson, Steuart, Milton, Junius, etc.
En su comunicación al primer ministro inglés
William Pitt, en 1790, al presentarle el primer
proyecto de Constitución para la Federación
(Hispano) Americana, el venezolano de cuarenta años
propone para su Colombia…una nación
respetable, ilustre y digna, que sería aliada
de la potencia más sabia y más célebre
de la Tierra.”
Su
profundo sentido de la libertad individual por encima
de las potestades del Estado, sin duda proviene
no sólo de su experiencia de perseguido perenne
–por los mantuanos caraqueños, por
la Inquisición, por la Corona española,
por los jacobinos revolucionarios franceses, por
los generales galos que querían apoderarse
de Bélgica-, sino del conocimiento directo
que llegó a poseer del parlamentarismo pluralista
inglés y de las nacientes instituciones republicanas
y democráticas de los Estados Unidos de América,
cuyos padres fundadores tuvieron la audacia de desechar
el absolutismo mercantilista monárquico pero
la sabiduría de establecer un régimen
de libertades individuales y de comercio custodiado
por tres poderes públicos separados y autónomos.
DISTINGUIDO
EN LA TOMA DE PENSACOLA Y NUEVA PROVIDENCIA
La
primera actuación de Miranda, capitán
del Regimiento de Infantería de Aragón
en el hoy territorio de Estados Unidos, se realizó
entre el 10 de marzo y el 8 de mayo de 1781, cuando
los ingleses, dueños de la plaza del puerto
de Pensacola, capital de Florida Occidental, firman
la capitulación mediante la cual devuelven
a España todo el territorio de la Florida,
después de un largo sitio en el que se realizaron
diversos enfrentamientos bélicos que culminaron
en una resonante victoria para los españoles.
El destacado desempeño del oficial venezolano
de 31 años le valió el ascenso al
grado de teniente coronel por parte de su jefe y
mentor, el gobernador y capitán general de
Cuba, el mariscal de campo, Juan Manuel de Cagigal
y Monserrat, de quien era ayudante de campo. España,
entonces enfrentada a Inglaterra, ayudó así
a la Independencia de los Estados Unidos.
La
segunda actuación a favor de la Independencia
norteamericana tuvo lugar en Nueva Providencia,
Bahamas. El general Cagigal, al frente de una fuerza
expedicionaria de dos mil hombres, numerosa artillería,
diez bergantines, una fragata, diversas naves pequeñas
y 48 embarcaciones de transporte, zarpó de
La Habana, el 22 de abril de 1782, demandando el
6 de mayo la rendición de la plaza al capital
general y comandante en jefe de las islas Bahamas,
el británico John Maxwell. No hubo enfrentamiento
bélico, el comandante inglés aceptó
la capitulación y el 8 de mayo los españoles
tomaron posesión de las estratégicas
islas. Cagigal confió los trámites
de la rendición y capitulación al
teniente coronel Miranda.
Cuando
tiene que abandonar su carrera militar al servicio
de Su Majestad Católica y parte el 1 de junio
de 1783 de La Habana en la balandra Prudent, el
hijo del próspero canario Don Sebastián
de Miranda y Ravelo, de 33 años, se despide
de su amigo y jefe Cagigal, expresándole
que no sólo irá a reivindicar su nombre
en España del juicio injusto al que se le
sometió por supuesto contrabando y tenencia
de libros prohibidos - absuelto finalmente 19 años
más tarde, en 1799 -, sino que realizará
un viaje por las recién libertadas Trece
Colonias para formarse mejor. Sólo la ruta
de Estados Unidos e Inglaterra le facilitarían
llegar a España sin ser perseguido en el
camino.
EL
VIAJE FORMATIVO A ESTADOS UNIDOS (1783-1784)
El
culto joven caraqueño va a permanecer en
la naciente república norteamericana entre
el 10 de junio de 1783 y el 15 de diciembre de 1784.
La Guerra de Independencia de Estados Unidos acababa
de concluir con la victoria de los revolucionarios
americanos frente a los británicos. El Tratado
de Versalles del 3 de setiembre de 1783, aseguraba
la libertad y la paz de la nueva república.
Durante 17 meses de observación y estudio,
de disfrute y esparcimiento, Miranda va a visitar
Nueva Bern, Beaufort, Wilmington, Charleston, Filadelfia,
Nueva York, West Point, Albany, New Haven, Wethersfield,
Hartfort, Midletown, New London, Newport, Providence,
Salem Portsmounth, Newburyport y Boston.
A
pocos días de llegar a New Bern, capital
de Carolina del Norte, se celebra, el 17 de junio,
un barbecue para festejar la capitulación
de Inglaterra. Miranda participa de la festividad
y apunta en su Diario de Viajes: los primeros magistrados
y gentes del país…comieron y bebieron…un
cochino asado y un tonel de ron…Es imposible
concebir, sin haberlo presenciado, una asamblea
más puramente democrática y que abone
cuanto los poetas e historiadores griegos nos cuentan
de otras semejantes entre aquello pueblos libres
de Grecia.
Le
agradan en particular Filadelfia, Nueva York y Boston.
De Filadelfia expresa en su Diario: ciudad hermosa,
libre y comerciante…sin lugar a dudas, la
mayor y más hermosa de todo este continente…las
casas son cómodas, aseadas y de buen gusto
aunque algo pequeñas…su iluminación
por las noches y la vigilancia de los guardias establecidos
en cada esquina para la seguridad y buen orden de
la ciudad, convierten a Filadelfia en una de las
más agradables y bien ordenadas poblaciones
del mundo.
Se
relacionará o establecerá amistades
para toda la vida con las figuras más destacadas
de la sociedad estadounidense, tanto en la política
como en los negocios y las artes, además
de compartir con damas de gran belleza y cultura.
Conocerá a Mrs. Colleton, Mrs. SAwyer o Miss
Glower en Charleston; Mrs. Morris, Mrs. Penn y Mrs.
Powel en Filadelfia; Mrs. Hayley, Mrs. Mortem y
Miss Deblois en Boston. Alternará con profesores
y estudiantes en las Universidades de Princeton,
Yale y Harvard.
El
presidente de los Estados Unidos, John Adams, quien
tuvo por el Precursor de la Independencia Suramericana
especial predilección, escribió:es
una opinión generalizada que en los Estados
Unidos nadie conoce mejor o más que Miranda,
las familias, grupos y relaciones del país
y que ningún oficial de nuestro ejército
ni ningún hombre de Estados de nuestros consejos,
conoce mejor o más que él de ninguna
campaña, sitio, batalla o refriega que se
haya dado durante toda la guerra (de Independencia).
A
partir de las cartas de presentación que
le preparó Cagigal y el norteamericano James
Seagrove en La Habana, el curioso viajero hispanoamericano
conoció y trató, entre otros, al doctor
Salomón Halling, médico de Carolina
del Norte; a Alexander Hamilton, uno de los hombres
más lúcidos de la generación
fundadora de la república y secretario del
Tesoro del presidente Thomas Jefferson; al reconocido
jurista y juez Adeanus Burck, presidente de la Corte
Suprema de Justicia de Carolina del Sur; al mayor
general William Moultrie, defensor de la ciudad
de Charleston frente las tropas inglesas y dos veces
gobernador de Carolina del Sur; al Dr. Ezra Stiles,
presidente del Princeton Collage; y a Robert R.
Livingston, The Second, hijo de un acaudalado empresario
de Albany, de origen escocés, fundador de
una de las familias más respetadas del país.
Fue
Robert, conocido como El Canciller, co-redactor
del Acta de Independencia de los Estados Unidos,
primer secretario de Estado de la Confederación
y ministro de su país en Francia. Fue tan
estrecha la relación de Miranda con la familia
Livingston que una de las hijas de Robert, Sara,
va a tener un romance con el joven oficial y prácticamente
se dio por un hecho el inminente matrimonio, aunque
ya imbuido del fuego sagrado en el alma que más
tarde le atribuiría Napoleón, el caraqueño
prosiguió viaje a Europa sin casarse. Fue
este, sin embargo, el primer amor verdadero de Francisco
de Miranda en su ya apasionante vida. Tanto, que
en una carta que más tarde le escribe Susan
a Miranda en Londres, ella le cuenta que entre sus
amigos estadounidenses la llaman Reina de los Incas.
El
Precursor presenció la entrada triunfante
del general George Washington a Filadelfia, primera
capital de la república, el 8 de diciembre
de 1783. La cálida recepción de niños
y adultos impresiona al venezolano, quien en su
Diario de Viajes observará: ¡Niños,
hombres y mujeres expresaban tal contento y satisfacción
como si el Redentor hubiese entrado en Jerusalem!...Y
es cosa singular por cierto, que habiendo tanto
personaje ilustre en América que por su virtud
y talento han formado la gran y complicada obra
de esta independencia, nadie tiene un aplauso general
ni la popularidad que este jefe, o mejor decir,
nadie la posee sino él.
Miranda
tendrá la oportunidad de cenar con el prócer
virginiano durante toda su estadía en Filadelfia,
encontrándolo circunspecto, taciturno y poco
expresivo, bien que un modo suave y gran moderación
lo hacen soportable. Nunca conseguí verlo
deponer estas cualidades, sin embargo de que el
vaso corría con humor y alegría por
sobremesa y que al beber ciertos tostes (o saludos)
se ponía de pié y daba sus tres “
cheers” con todos nosotros
Si
la relación con Washington fue cortés
y circunstancial –el primer presidente de
Estados Unidos era 18 años mayor que Miranda-,
la amistad con el mayor general Henry Knox, secretario
de Guerra durante la presidencia de Washington (1789-1798),
fue estrecha y sólo se extinguió con
su muerte en 1806. Nacidos ambos en 1750, el venezolano
consideró al héroe de la independencia
estadounidense uno de los militares más instruidos
en la teoría y en la práctica del
arte de la guerra. Lo califica de Idolo y destaca
que su trato es bastante agradable y su conversación
interesante. Knox, a su vez, señala a Miranda
como caballero español de carácter
y gran información…con inteligencia
y talento…entusiasta de la causa de la libertad…poseedor
de un extenso conocimiento de los hombres y de las
cosas.
Frecuentó
en Boston al veterano político e intelectual
Samuel Adams, nacido en 1722, firmante del Acta
de Independencia, congresista, gobernador de Massachussets
y primo del segundo presidente de Estados Unidos,
John Adams. Discurrieron sobre la Constitución
y el ilustre bostoniano concedió al caraqueño
la razón en dos objeciones a la Constitución
de ese Estado de la Unión; primero, la ausencia
de la virtud como fundamento de la democracia y
requisito para ejercer poderes y dignidades, los
cuales eran otorgados a los poseedores de propiedades
en aquella época; y segundo, la contradicción
expresa en el texto constitucional según
el cual se garantizaba la libertad de culto y a
su vez se exigía la profesión de la
religión cristiana para ejercer cargos legislativos.
El
15 de diciembre de 1784, Miranda partió de
Boston rumbo a Inglaterra en la fragata Neptuno.
Fue un viaje de singular importancia para el resto
de su vida. Pudo, en primer lugar, contrastar las
tradiciones de sociedades estratificadas y monárquicas
como la europea y la hispano-americana con las innovadoras
modalidades del nuevo republicanismo americano.
Se formó un criterio favorable de la naciente
república anglosajona y registró el
espíritu libertario y democrático
de sus ciudadanos.
El
trato y amistad con los más sobresalientes
protagonistas de la Revolución Americana
afirmó su convicción de que hombres
ilustrados y virtuosos pueden y deben, independientemente
de su procedencia social, dirigir los destinos de
una nación moderna. Su relación con
los más altos representantes de los tres
poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo
y Judicial) y sus estudios y discusiones sobre la
Constitución de Estados Unidos y de otros
Estados de la federación le permitieron valorar
el funcionamiento efectivo de un novedoso sistema
republicano de gobierno en el Nuevo Mundo.
Pudo
también distinguir el comportamiento civilista
de los generales estadounidenses, héroes
de la Independencia, que se sometieron a las reglas
democráticas para alcanzar posiciones de
representación popular, o simplemente se
dedicaron a sus actividades productivas privadas.
Los tratadistas ingleses de la libertad del Siglo
XVIII, que tanto influyeron en la configuración
constitucional del experimento republicano americano,
encontraron audiencia preclara en los padres fundadores
de los Estados Unidos, con quienes Miranda compartió
tertulias, sueños, mesa y copas. El hombre
y la mujer, tanto de negocios como del pueblo llano,
impregnaron al Precursor del sentido de igualdad
de la sociedad norteamericana.
Miranda
acentuó en Estados Unidos el hábito
de llevar un Diario, el cual va a constituir uno
de los elementos fundamentales de su monumental
obra Colombeia. Recoge en él desde conceptos
sobre los hombres, las costumbres y la naturaleza
hasta facturas de posadas, organización de
cárceles, arquitectura de iglesias, universidades
y bibliotecas, diseño de mapas geográficos
y críticas de arte, ciencia, guerra y filosofía.
En Estados Unidos y en sus conversaciones con Hamilton
y Knox, con Livingston y Adams, entre otros, concibe
su idea primigenia acerca de la liberación
de Hispanoamérica, la cual va a ir puliendo
a lo largo de su siguiente viaje y tránsito
vital por Europa. Este primer viaje a Estados Unidos
sienta sin lugar a dudas los fundamentos de todo
su pensamiento y pasión por la libertad y
la igualdad suramericana.
DESDE
NUEVA YORK EMPRENDE LA EXPEDICIÓN DEL LEANDER
(1806)
El
caraqueño del fuego sagrado no retornará
a Estados Unidos sino 21 años más
tarde, el 9 de noviembre de 1805, cuando desembarca
en Nueva York procedente de Londres a bordo de la
nave Polly. El 12 y 13 de diciembre de ese año
se entrevista en Washington con el secretario de
Estado James Madison y cena con el presidente Thomas
Jefferson, quien, a los 62 años, ejerce su
segundo mandato en la jefatura del Estado. Jefferson
lo vuelve a invitar a conferenciar al día
siguiente. El ministro de los Estados Unidos en
Inglaterra, Rufus King, le refiere a los próceres
norteamericanos. Jefferson y Madison fueron más
condescendientes con los planes de liberación
hispanoamericana de Miranda, en los cuales el presidente
John Adams nunca creyó. El 16 de diciembre,
el general venezolano visitó también
a John Quincy Adams, hijo de este último
y sexto presidente de los Estados Unidos.
Jefferson
y Madison le brindan apoyo moral más no material;
permiten la actuación del Precursor en suelo
norteamericano. Le prometen, si, apoyar la independencia
suramericana si Miranda da los primeros indicios
de éxito de la expedición. Empresarios
estadounidenses le prestan apoyo material y logístico.
Después de diversos tropiezos de orden operativo
y financiero, el teniente general de la Primera
República Francesa, Francisco de Miranda,
a poco de cumplir 56 años, parte de Nueva
York, el 2 de febrero de 1806, a bordo de los buques
Leander, Bachus y Bee. El 12 de marzo iza el primer
tricolor nacional, por él diseñado.
Va a llevar a efecto la expedición precursora
de la independencia venezolana y latinoamericana,
que no fue exitosa pero que tuvo una repercusión
política y mediática de indiscutible
importancia en Europa, Estados Unidos y la América
del Sur.
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Luis Xavier Grisanti
es presidente de la Asociación Venezolana
de Empresas de Hidrocarburos . Los puntos de vista
expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado
por Analítica, el 22 de Febrero del 2006.
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