“El
Presidente Bush anuncia planes para bajar los precios de
la gasolina” - PBS Online “El Presidente Chávez
amplía el alcance de descuentos de petróleo
para pobres en los EE.UU.” – Raw News
“El
miedo y los especuladores empujan el precio del petróleo
demasiado alto, dice el Presidente de British Petroleum”
– The Guardian
“La
industria petrolera enfrentará tiempos difíciles
en Washington debido el aumento de precios y ganancias”
– MSNBC
“China
aprueba proyecto para convertir carbón en petróleo”
– Oil and Gas Journal
“Safari
Petrolero chino arriba a Nigeria” – AFP “Presidente
Iraní piensa que los precios del petróleo
continuarán aumentando” – Dow Jones Wireline
Estas
y otras decenas de noticias las encontrará el lector
interesado, lego o experto, cualquier día de la semana,
y en esta aldea global en la que convivimos con otros seis
mil millones de la especie, renovadas cada hora del día,
en un interminable carrusel de nuevos acontecimientos y
actores.
El
petróleo, o mejor dicho la energía y su disponibilidad,
han pasado a ser de noticia eventual para expertos, a ser
el telón de fondo del escenario sobre el cual se
desarrollan los eventos que modelan nuestro presente y futuro.
El
crecimiento de la economía mundial, liderado por
los gigantes de Estados Unidos, China e India, acoplado
a la falta de inversión en la cadena de suministro
de productos y las crecientes tensiones geopolíticas,
ha empujado el precio de la energía, en particular
del petróleo, a niveles cercanos a los máximos
históricos.
En
este escenario de tensión e incertidumbre, los políticos,
los medios y en general el ciudadano común, buscan
razones, direcciones, predicciones. Los medios de comunicación,
se inundan de todo un espectro de explicaciones.
En
un extremo del espectro se concentran en la búsqueda
de culpables por los altos precios de la energía,
esto de manera predecible ocurre en los países consumidores.
En el otro extremo, se construye argumentos apuntando el
dedo hacia el consumo irracional como principal causa, esto
de manera no predecible, también ocurre en los países
consumidores.
Como
regla general, las transnacionales del petróleo y
los países productores, o debemos decir exportadores,
tratan de mantener un perfil bajo ante la fusilería
verbal y escrita que día a día apunta hacia
ellos como los “malos de la partida”.
En
el mientras tanto, la teoría del “Peak Oil”,
que sostiene que estamos cerca o ya sobrepasamos el punto
después del cual el consumo de petróleo debe
empezar a disminuir, debido a que todo el petróleo
producible ha sido ya descubierto, se ha convertido en la
moneda de intercambio preferida para construir escenarios
cataclismitos que pronostican tiempos de debacle económica
de alcance global.
Si
a este ya confuso panorama, le añadimos la cada vez
más intratable cuestión del radicalismo islámico
y sus llamadas “guerras santas”, y las ineficaces
acciones militares con las que el occidente solo atina a
responder, nos encontramos ante una mezcla de ingredientes
que conducen aun inevitable punto de quiebre. No es una
cuestión de si ocurrirá o no esta discontinuidad,
sino de cuando ocurrirá.
Si
los lectores han sido pacientes con este cronista, y hasta
ahora no me han abandonado buscando evitar una angustia
innecesaria, se preguntarán a santo de que viene
toda esta letanía.
Venezuela
es uno de esos países, que producto de los azares
de la naturaleza, le toca ocupar un rol decisivo en el resultado
de la siguiente travesura de la historia. Su ingente base
de recursos de hidrocarburos, petróleo y gas, su
posición geográfica, su tradicional rol de
suplidor seguro del hemisferio occidental y su tradición
petrolera, le convierten en una pieza clave en el rompecabezas
global.
Pero
hete aquí que el “azar” de los dioses
le ha puesto “piquete” adicional, como dirían
los jugadores de billar de tres bolas, a una situación
ya de por sí compleja. Los eventos políticos
de los últimos siete años han creado una paradoja
extraordinaria en el ámbito petrolero nacional. Una
situación de oportunidades sin precedente aparejada
a una industria petrolera nacional en minusvalía,
y unos niveles de ingresos que alimentan un espejismo de
políticas eficaces.
Hay
gente que piensa, los mas, que el solo hecho de tener recursos
hidrocarburíferos en el subsuelo le confiere a Venezuela,
sobretodo a estos altos precios, una posición de
invulnerabilidad política y económica secular.
Hay otros, los menos, que entienden que controlar la veta,
como la historia ha demostrado una y otra vez, no garantiza
el bienestar de la comunidad alrededor de la mina, es decir
nosotros los venezolanos.
¿Qué
hacer? ¿Cómo aprovechar la coyuntura?, que
aunque no es de nuestra hechura, presenta amenazas y oportunidades
importantes para nuestro desarrollo presente y futuro. ¿Como
escaparnos del sentimiento de éxito inevitable a
lomos del precio del petróleo, que invade la psiquis
nacional?
Hace
solo unos años, la creencia en la industria petrolera
en general era que los precios se mantendrían en
niveles moderados, $15 - $18 por barril de WTI, aunque había
un riesgo de eventuales picos de precios. Aún hoy
día, de acuerdo a PDVSA (El Universal, Abril 27 de
2006), se planifica a precios del barril más cercanos
a $20 que a los niveles de $70 de los días recientes.
Sin embargo, la creencia implícita de aquellos que
manejan la política petrolera de Venezuela y de otros
países exportadores, derivada de sus acciones mediatas
e inmediatas, es que los precios altos están aquí
para quedarse.
Si
este es el escenario probable, y es cierto que Venezuela
tiene reservas de hidrocarburos suficientes para las siguientes
décadas, ¿cual debe ser la estrategia petrolera
de cara a las crecientes necesidades de su población
y al complejo panorama internacional que hemos descrito?
¿y cuales sus implicaciones?
A
pesar de la inmisericorde crítica al plan de expansión
de capacidad de producción de Venezuela, diseñado
por previas administraciones, los actuales responsables
de diseñar la política petrolera no han hecho
más que reciclar las mismas ideas, empaquetadas con
un envoltorio engañoso de patriotismo y nacionalismo
y en un ambiente mucho más hostil para la inversión
privada necesaria.
Esta
recurrencia de ideas no es de extrañar. La ecuación
formada por una demanda en continuo crecimiento, acoplada
a la extensa base de recursos de Venezuela, resulta en una
sola solución: expansión de la capacidad de
producción y búsqueda de nuevos mercados.
Hoy igual que ayer. ¿O es que desde el punto de vista
petrolero, que es el que ocupa a este cronista, hay alguna
diferencia de fondo entre el plan de “Siembra Petrolera”
y el incorrectamente denominado “Plan de Apertura
Petrolera”?
Sin
embargo, la intención estratégica de largo
plazo debería ser hoy diferente a la de los años
noventa. Los altos precios del petróleo son sin duda
una muy bienvenida bendición para los países
exportadores, y en particular para aquellos países
que como Venezuela no han sido capaces de estructurar economías
sanas alrededor y partir de la renta petrolera. ¿Pero
es el mantener esa situación, por defecto o por diseño,
la estrategia correcta?
En
una visión de mediano y largo plazo, que no es una
particular fortaleza de la clase dirigente, la situación
se presenta complicada. Los altos precios de la energía,
las inseguridades de suministro asociadas a problemas de
origen ideológico (religiosos o políticos),
la creciente consciencia sobre los problemas ambientales,
y la dinámica de innovación asociada al libre
mercado de las ideas y la tecnología, se empiezan
a ensamblar y estructurar hacia un mundo cada vez menos,
y no mas dependiente, de las volatilidades asociadas al
petróleo y de las veleidades de los gobiernos que
controlan las reservas.
La
insurgencia de China e India como motores económicos
de dimensiones gigantescas, y su influencia en la demanda
de materias primas, contribuyen al presente sostenido aumento
de precios del crudo y otras materia primas; pero por otro
lado y aun mas importante, activan en miles de millones
de seres humanos la consciencia de su derecho a mejores
y mas sostenibles niveles de vida, y su derecho a acceder
a la energía de una manera confiable y accesible,
bajo regimenes de libertad.
Las
implicaciones de estas presiones son difíciles de
definir, y mucho menos proyectar hacia delante. Pero si
la historia de los anteriores 250 años arroja alguna
lección (con todo y guerras), es que la ingenuidad
humana siempre consigue una solución a los obstáculos
que se presentan en el camino de su progreso, y que este
camino generalmente discontinuo, deja a los desprevenidos
en el basurero de la historia.
El
petróleo, y por lo tanto Venezuela, se enfrenta a
un acertijo estratégico de difícil solución.
Se debate entre, ser partícipe del futuro contribuyendo
a mantener y ampliar el mercado para los hidrocarburos como
fuente energética de excepción, o contribuir
a adelantar la dilución de su relevancia para el
mundo, al aprovecharse de su presente posición de
dominio.
Obtener
el balance entre el precio “justo” del recurso,
concepto difícil de delinear, y hacer crecer y defender
el mercado por el mayor tiempo posible, no es una tarea
fácil ni necesariamente factible de concluir. Lo
que sería ingenuo pensar es que la presente situación
es inmutable y que hemos descubierto el corno eterno de
la abundancia.
Aquellos
que abrazan la teoría del “Peak Oil”
apuran a que el mundo se prepare para un escenario sin petróleo;
aquellos que se preocupan por el calentamiento global presionan
por la venida de un mundo sin petróleo; y los competidores
del petróleo se preparan para asumir su rol. Mientras
tanto aquellos que se han pasado toda una vida tras el parapeto
de la defensa de la “renta petrolera”, se empeñan
en aplicar viejas recetas a nuevas y muy complejas situaciones.
Mañana
nuevas noticias ocuparán los titulares, y estaremos
un paso más cerca de ese futuro que otros construyen
por nosotros, mientras seguimos distraídos y embelezados
por una bonanza que no es de nuestra hechura y que nos impide
desentrañar el “What if”.
El
petróleo, con todos y sus lunares, nos ha traído
hasta aquí. No es muy temprano para derribar la empalizada
virtual del campo petrolero y la mitología de la
renta, y empezar a ver el mundo que yace allende.