Por
el contrario, la dispersión -absurda en muy buena
medida- en repúblicas separadas con que Latinoamérica
vivió desde su formal independencia no ha sido sino
una manera de facilitar al país del norte su papel
de potencia hegemónica a nivel continental -”América
para los americanos”, del Norte, claro está.
La integración
sigue esperando, y en ella puede anidar una de las claves
del postergado desarrollo para la región. La actual
receta de Washington de un área integrada de libre
comercio -el proyecto del ALCA- ni es “integración”,
ni es “libre”. Es él, simplemente, un
nuevo mecanismo de recolonización tendiente a seguir
manteniendo en el tiempo la dependencia y sumisión
de Latinoamérica respecto a su vecino del norte.
Pero otro tipo de integración es posible. Surge así
PETROAMERICA.
Petróleos
de América o Petroamérica es el proyecto de
creación de una empresa multinacional que estaría
conformada por el conjunto de empresas energéticas
estatales de la región latinoamericana y el Caribe:
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB),
Petróleos de Venezuela (PDVSA), Empresa Nacional
de Energía de Argentina (ENARSA), Petróleos
de Brasil (Petrobras), Petróleos de Ecuador (Petroecuador),
Cupet de Cuba y Petrotrin de Trinidad y Tobago, a las que
se adscribirían nuevas refinerías y gasolineras
donde se comercializarían los productos refinados
en naciones no productoras de hidrocarburos.
Este
emprendimiento -que controlaría el 11,5 % de las
reservas mundiales de crudo y podría influir decisivamente
en el mercado mundial de la energía dominado hoy
día por pocos oligopolios, estadounidenses en su
mayoría- estaría destinado a atender proyectos
de inversión que promuevan la integración
energética del área, al par que garantizaría
el incremento del valor agregado del petróleo crudo
y del gas con la producción de subproductos petroquímicos
necesarios para impulsar un genuino desarrollo sostenible
y no dependiente para toda América Latina y el Caribe.
La idea
no es nueva; ya en 1995 los presidentes brasileño
Fernando Henrique Cardoso y venezolano Rafael Caldera esbozaron
la iniciativa. Fue recientemente el mandatario venezolano
Hugo Chávez, al calor del proceso de la Revolución
Bolivariana que conduce, quien relanza el proyecto. Debemos
“unir nuestras empresas para no estar compitiendo
entre nosotros y que nos sigan dominando” manifestó,
propiciando así una integración alternativa
a la que propone Washington por medio del ALCA.
Integrarse
en lo energético promueve la creación de un
bloque que, a partir de la fortaleza política que
puede ir ganando, servirá como estímulo para
un desarrollo no dependiente y que despliegue una lucha
abierta contra la pobreza en que se sume la región.
En otros términos: una integración no para
el libre comercio sino para la solidaridad entre los pueblos,
una integración no para el beneficio de las grandes
empresas privadas sino en favor de las poblaciones.
La visión
más amplia de la integración energética
plantea la racionalización y el aprovechamiento de
las otras fuentes de energías renovables, tales como
las hídricas, la eólica, el sol, la biomasa,
etc. De allí que no se trate sólo de atender
proyectos en el área de los hidrocarburos sino del
conjunto de posibilidades energéticas, considerando
las características y requerimientos de las diversas
zonas que serían servidas a través de Petroamérica.
Al conservar
la energía no renovable para ser utilizada como insumo
para atender las zonas urbanas en la producción de
alimentos, fertilizantes, medicinas, etc., se estaría
impulsando la inversión de capital privado, especialmente
el capital nacional y de los distintos Estados, para así
generar el necesario estímulo al empleo productivo.
Las relaciones con las empresas privadas de la energía
-corporaciones transnacionales, la gran mayoría con
casa matriz en los Estados Unidos- se definirán en
cada caso a través de la empresa socia de Petroamérica
y de los Ministerios de Energía y Ambiente de los
países de la región.
Integrarse,
unirse -vaya novedad- es saludable; hoy día asistimos
a un creciente proceso de integraciones en los ámbitos
políticos y económicos: grandes empresas que
se fusionan, países que establecen bloques, continentes
enteros que se fortalecen por medio de uniones. En definitiva
ése era el sueño bolivariano: la creación
de una patria grande entre todos los países liberados
de la corona hispánica, única garantía
para crecer con solidez.
El sueño
no pudo realizarse hasta ahora, pero la actual Revolución
Bolivariana que está teniendo lugar en Venezuela
-proceso popular, genuinamente democrático, con amplia
participación de los sectores sociales postergados
por años- tiene como uno de sus principios primeros
la integración latinoamericana, vía para el
crecimiento sostenible y equitativo.
“La
República promoverá y favorecerá la
integración latinoamericana y caribeña, en
aras de avanzar hacia una comunidad de naciones, defendiendo
los intereses económicos, sociales, culturales, políticos
y ambientales de la región. La República podrá
suscribir tratados internacionales que conjuguen y coordinen
esfuerzos para promover el desarrollo común de nuestras
naciones, y que garanticen el bienestar de los pueblos y
la seguridad colectiva de los habitantes”, dice el
Artículo 153, Sección V, Capítulo I,
Título IV de su Constitución de 1999.
En esa
lógica de integración solidaria, entonces,
se inscribe la creación de Petroamérica. El
desafío está abierto; los latinoamericanos
(e incluso los no latinoamericanos) que apostamos por este
camino, por la vía de la solidaridad y de la equidad,
tenemos así un interesante trabajo por delante.