EPS y Socialismo - Nota 1
Por
Alberto Méndez Arocha
En
esta ocasión quisiéramos aceptar la invitación
ofrecida en el texto del reciente trabajo i
de El Troudi y Monedero [sic] sobre “EPS
. Instrumento para el Socialismo del siglo XXI”
donde “se quiere entrar en un debate político
que está constantemente inventando... Esperamos,
pues, el debate”, p. v.
Primero
aclaremos que se trata de un socialismo marxista-leninista, porque
hay otros más democráticos, aunque no mas cristianos,
aparentemente.
Pasamos
a plantear lo que no entendemos, para favorecer el debate.
1
PLUSVALIAS ABSOLUTA Y RELATIVA.
“No
olvidemos que el sistema capitalista se basa en la existencia de seres
humanos que trabajan para otros seres humanos y a los que se les sustrae,
como beneficio, una parte relevante del fruto de su trabajo...”
(p. 20).
“El
capitalismo no puede dejar de moverse en pos del plusvalor, es decir,
de la expropiación del excedente del trabajo de un hombre por
otro que le explota, que se hace rico al no pagar el
verdadero valor del trabajo que realizan sus explotados”
(p. 35)”.
Esto
es lo primero que no entendemos, eso de la plusvalía, que es
la base de todas creencias, de toda la mitología marxista.
Figúrense
que en tal teoría se diferencian dos plusvalías (ver
diccionarios de economía política) : una absoluta,
que se refiere a las ganancias del patrono a cuenta de no pagar sobretiempo,
y otra relativa que se calcula apropiándose
este de las “mejoras de productividad del obrero” sin
la debida compensación.
No
entendemos como se acepta este cuento sin protestar. Porque a cualquiera
se le ocurre pensar, lo hemos repetido antes, que eso era en el XIX,-
que ahora los obreros reciben normalmente el pago por las horas que
trabajan. Más bien, en las empresas públicas (que no
tienen patronos a quienes les duela el bolsillo) son excesivamente
generosas, y los trabajadores reciben más remuneración
total de lo debido a su trabajo. Es una plusvalía al revés.
O sea, que por este lado no vemos ninguna explotación, en empresas
serias.
El
otro mojón mental, valga el coloquialismo, se refiere a las
ganancias del patrono por mejoras en la productividad del obrero,
tampoco compensadas. Que nosotros sepamos, nadie paga salarios en
función de la productividad. Ocasionalmente se usa en la industria
de la construcción, por ejemplo en función del rendimiento
en la excavación de túneles, pero es raro. Lo frecuente
es el salario semanal o mensual, por horas trabajadas.
O
sea, que por este otro lado tampoco advertimos ninguna explotación
del hombre por el hombre. Más bien lo contrario, la gente trata
de trabajar lo menos posible, por aquel principio de “igualar
el tiempo del trabajo a realizar al tiempo disponible para realizarlo”
(Peters).
De
modo que la famosa “plusvalía” de la explotación
queda reducida a la repartición de las ganancias habidas decente
y legalmente. Lo demás es excremento de toro, dicen en inglés.
2
GANANCIAS LIMPIAS Y SUCIAS
Hace
un tiempo sugerimos separar la formación del capital según
que respondiera a la real existencia de plusvalías (capitales
“sucios”) de aquellos obtenidos sin explotar a nadie,
capitales “limpios”.
Los
sucios surgirían cuando el patrono no paga sobre tiempo,
y se queda con estos fondos.Los limpios serían logrados sin
plusvalía, como en el caso de la paradoja del patrono
sin empleados.
La
paradoja del auto-empleo. Pongamos el caso que yo estoy solo,
soy un emprendedor, un buen carpintero. Monto mi propio negocio, y
me pongo a fabricar sillas, y con el tiempo, logro vender algunas,
producto de mi propio trabajo, con las herramientas que pude fabricar
yo mismo y algunos materiales que conseguí en el monte.
Al
rato logré ahorros y me compré una sierra y más
herramientas, y tengo un negocio próspero, con capital, logrado
por mi mismo, sin explotar a nadie. Este es capital limpio, sin plusvalía.
¿Cómo te quedó el ojo? – hein?
O
sea que la plusvalía viene a ser, a decir hoy, un anacronismo,
excremento de toro. No puede explicarse toda la historia con esta
propuesta, incluso, sin meter a los consumidores en la pelea, y eso
que Marx fue contemporáneo de Dupuit. Es nuestra humilde opinión.
¤¤¤
De
modo que de lo que se trata es de discutir la justicia en la repartición
de las ganancias de las empresas, cuánto corresponde al trabajo,
al capital, a los consumidores (por intermedio de la eficiencia de
los precios de venta por bajos costos de producción).
Lo
que pasa es que la lucha por el valor agregado es generalmente una
descripción de la historia de la humanidad, de las conquistas,
la subyugación, el esclavismo, los combates entre Papas y Emperadores.
El arquetipo de la hormiga roja, lo hemos llamado, incluso las hormigas
negras del campo religioso, y esto complica la discusión.
Pero
manteniéndonos al nivel de las empresas, que es donde ocurre
el conflicto decimonónico entre capital y trabajo, el punto
habría que dilucidarlo según el tipo de negocio, según
el tipo de mercado, para medir el peso del empleado en el éxito
de los resultados.
La
ley tendría que ser que la participación en las ganancias
depende del nivel de responsabilidad de cada factor en los resultados.
Por
ejemplo, en una arepera, el portugués montó el negocio
en una encrucijada y contrató unos empleados. La mayor parte
de las ganancias deben ir al capital. Pero las ventas pudieran depender
mucho de la habilidad de la cocinera que hace unas salsas que atraen
la mayor parte de los clientes de la vecindad. Debe ser compensada
con un bono en función de las ganancias.
Pero
eso de negar de plano que el capital o la habilidad gerencial no contribuyen
en los resultados es simplemente, otra vez, perdonen lo malo, excremento
de toro.
Este
es otro tema para el debate.
3
LA CUESTION DE LA COMPENSACION POR NACIONALIZACION
Es
el tema de la propiedad privada. Dicen los autores (p. 52):
“Es
indudable que siempre que hayan personas que trabajen para otras y
no reciban el excedente que resulte de su trabajo debido a que no
son dueños de los medios de producción, ahí se
reproduce una relación de explotación...”
La revolución rusa de 1917 simplemente expropió sin
compensación las empresas privadas, granjas, el comercio y
la industria. La verdad es que la idea de quitarle el capital a las
empresas privadas suena bien. Si yo soy empleado de aquella arepera,
donde un portugués invirtió unos reales en un local
bien situado en la encrucijada, con sus mostradores refrigerados,
sus mesas y otros muebles, no me cae mal que me digan que las ventas
son derechos de los trabajadores. No está mal de verdad. Como
propaganda política es certera. Plomo con esos blancos.
El
problema es determinar si se hace la confiscación pura y simple
o si habría alguna compensación, porque de otro modo
este socialismo saldría muy caro.
Creo
recordar, por cierto, que justamente esta cuestión financiera
retrasó el otorgamiento de la esclavitud desde mucho antes
de JG Monagas.
De
hecho, el valiente ciudadano general Zamora, terror de los oligarcas,
el 4 de julio de 1854 comparece ante la Junta de Abolición
de Ciudad Bolívar ii ,