Resumen:
el sector eléctrico de Uruguay no ha escapado a las
consecuencias deletéreas de las políticas
neoliberales. Se plantea aquí la necesidad de revertir
un marco legal deficiente que ni siquiera se cumple.
INTRODUCCION
Finales
de los 70 comienzo de los 80, frente a la crisis que se
arrastra emergen de las políticas neoliberales como
salida hacia delante de una crisis capitalista mundial,
da como resultado lo que se llama "la era de la globalización".
El capitalismo financiero internacional pone la mira en
los sectores productivos especialmente aquellos donde las
ganancias están aseguradas dado su carácter
de servicio público esencial o el monopolio de hecho
establecido y desarrollado hasta el momento por el Estado.
Es así que se avanza sobre electricidad, gas, agua
potable, teléfonos, ferrocarriles, aeropuertos, carreteras,
etc...
Las
justificaciones para abrir los mercados de servicios públicos,
monopolios naturales e industriales estratégicos
al capital privado fueron varios: ambientes de competencia,
avances tecnológicos, problemas reales o imaginarios
de las empresas del Estado, llámese ineficiencia,
endeudamiento, imposibilidades de inversiones, etc...
Nosotros
en lo particular abordaremos aquí cómo los
mercados eléctricos han resultado ser experiencias
poco exitosas y en algunos casos desastrosas, de las muchas
promesas muy pocas se han cumplido y ya hay suficiente experiencia
internacional para demostrar que los mismos no funcionan
como se supone pues no garantizan lo esencial: la confiabilidad
del suministro y la disminución de precios. Al final
el Estado ha tenido que ir al rescate, veamos unos ejemplos:
. Creando una tarifa social (Guatemala)
. Comprando electricidad a precios elevados y revendiéndola
a precios bajos (El Salvador)
. Recomprando empresas privatizadas (Brasil)
. Suministrando fondos públicos para evitar quiebras
(Inglaterra y Gales)
. Al estar imposibilitado el Estado de un efectivo control
de inversiones y tarifas debe crear una nueva empresa pública
(Argentina).
Pero
si vemos además la seguidilla de apagones y racionamientos
en los últimos años es inevitable reflexionar
al respecto: New York, Londres, Suecia, Italia, Dinamarca
(2003), Buenos Aires (1999), Chile (1999), Brasil (2000),
California (2001), República Dominicana (2002-2003).
Estos
fracasos (tanto en el Norte desarrollado como en el sur
dependiente) han venido a demostrar una vez más y
en forma contundente que la electricidad es un sector estratégico
y fundamental para el desarrollo económico y bienestar
social. En consecuencia, la energía debe ser considerada
un derecho humano.
LA
IMPORTANCIA DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS
Dándole
una mirada al desarrollo de las políticas neoliberales
implantadas en la región, Atilio Borón, Secretario
Ejecutivo de CLACSO, al exponer los problemas de América
Latina en el taller sobre "Las crisis que reinan en
el Tercer Mundo", señaló: " la implantación
del neoliberalismo en América Latina fue un verdadero
desastre para las grandes masas de población de la
región y llevó casi a la satanización
y destrucción del Estado" . En su análisis
aportó datos de cómo la política neoliberal
fracasó rotundamente y las reformas salvajes que
se implantaron:
"a)
no lograron promover un crecimiento económico estable;
b)
no lograron aliviar la situación de pobreza y exclusión
social que prevalecía en nuestra región como
producto del desplome del modelo de industrialización
sustitutiva de importaciones y la crisis de la deuda;
c)
lejos de fortalecer las instituciones democráticas
y su legitimidad popular, este modelo tuvo como consecuencia
debilitarlas y desprestigiarlas hasta un nivel sin precedentes
en la historia latinoamericana".
Esto
lo podemos observar puntualmente para los casos a los cuales
nos vamos a referir en esta nota, el fracaso de las políticas
neoliberales que llevaron a la privatización de los
servicios públicos y que podríamos resumir
a grosso modo en dos aspectos (sin descartar otros):
Las
empresas no han invertido ni han cumplido con lo que se
habían comprometido a cumplir en los contratos, sin
inversiones, las cuales también se habían
comprometido a realizar, reportando generosas remesas a
sus casas matrices, con la complicidad de los políticos
neoliberales locales donde la corrupción formó
parte de la política de implantación.
Por
otra parte de hecho no existe la libre competencia dado
que operan en estos negocios grandes grupos oligopolios
transnacionales, los cuales se reparten el mercado en acuerdos
estipulados de antemano.
A estos
dos factores hay que agregarle un tercero: la sola existencia
de marcos regulatorios o las llamadas unidades reguladoras
o entes reguladores no garantiza que un servicio público
se brinde en tiempo y forma a toda la población cumpliendo
tres aspectos básicos, por lo que nosotros entendemos
un "servicio de bien público esencial":
universalidad (acceso por parte de toda la población),
permanencia (o continuidad en el tiempo, sin cortes) y estabilidad
en los precios o tarifas más allá de los vaivenes
de la economía.
Traemos
esto a colación dado que últimamente han surgido
algunas voces, fundamentalmente desde la derecha pero también
desde la izquierda, insistiendo en la aplicación
del marco regulatorio en el sector eléctrico garantizará
el suministro y algunas propuestas sobre la transparencia
de las actividades. No hay al respecto ningún antecedente,
el ejemplo de Argentina es elocuente y, luego de 8 años
de existencia de marco regulatorio en Uruguay, estamos sumergidos
en una profunda crisis de la cuál su salida no será
al menos en el corto plazo.
Otra
reflexión que hacemos está relacionada con
la presión generada por el descontento popular ante
la imposibilidad de acceder a los insumos básicos
como agua y luz, sumados a la crisis económica que
vive la clase trabajadora y los desocupados, provocando
que muchos de nosotros no podamos acceder plenamente a estos
servicios (ejemplos que no solo se dan en la región
sino en otras partes de Latinoamérica, como sucedió
en Santo Domingo con la consigna "fuera FENOSA"
y el planteo de la reestatización de la industria
eléctrica).
Esta
presión, ha generado en la región (fundamentalmente
Argentina) la necesidad por parte de los gobiernos de intentar
ponerle un freno a los abusos tarifarios de las empresas
privadas multinacionales que manejan los servicios públicos,
y es en ese momento que se manifiesta la dificultad que
tienen dichos gobiernos (incluso con voluntad política
para corregir los abusos), de establecer políticas
nacionales que abarquen a las mayorías empobrecidas
por las políticas de la privatización y el
libre mercado a causa de no ser capaces de manejar como
propios los recursos naturales que posibilitan los servicios
básicos como el agua y la luz.
Pero
además las multinacionales emprenden una ofensiva
que incluye toda una serie de actos intimidatorios sobre
la posibilidad de dejar sin luz y sin agua a la población,
amenazar con un colapso (incluidas presiones de embajadores
y, más aún, como el caso del presidente francés
sobre Kirchner), medidas todas reaccionarias y tildadas
por alguna prensa argentina como "terrorismo eléctrico".
Y si vemos la tragedia ocurrida en Bolivia en defensa de
un recurso natural como el agua, donde se logró expulsar
a la multinacional francesa y cuyo levantamiento dejó
un saldo de más de 70 muertos y la caída del
Presidente, podemos apreciar la dimensión de la importancia
de manejar los recursos naturales en defensa de un desarrollo
que asegure trabajo y bienestar a la población en
su conjunto.
ESTADO
DE SITUACIÓN JURÍDICA ACTUAL
A partir
de la Ley N º 16832 se generó un conjunto de
reglamentación (vía sucesivos decretos) que
le dio forma al modelo de sector que se impulsaba. Esa reglamentación
que tiene hasta 3 años de realizada, fue sucesivamente
aplazada en su entrada en vigencia, hasta que el año
pasado entró en vigor. Formalmente entonces existe
un conjunto de reglamentación y un conjunto de instituciones
-UTE, URSEA, ADME y MIEM- que deben aplicarla y cumplirla.
Pero la realidad indica que esto no sucede, lo que implica
que las diversas instituciones queden sujetas a responsabilidad.
Teniendo en cuenta que en el gobierno no existe una propuesta
concreta de modificación de la Ley N º 16832,
surgen claramente diversas alternativas:
. Aplicar la reglamentación en su totalidad.
. Aplicar parcialmente y modificando la reglamentación.
. Suspender la reglamentación y abocarse a una nueva
reglamentación, factible de ser aplicada.
Dentro
de las cuales existen a su vez diversas variantes posibles.
SITUACIÓN
POLÍTICA CON RESPECTO AL MARCO JURÍDICO
Si
bien la voluntad política es la de aplicar la Ley
16832, el tema de los reglamentos así como la idea
de introducir amplios mecanismos de mercado es esencialmente
cuestionada. Los cuestionamientos surgen fundamentalmente
desde los sindicatos, desde los sectores políticos
del propio gobierno y desde la empresa UTE, que es perjudicada
por dicha reglamentación. Por lo que, la aplicación
de la totalidad de la reglamentación no parece viable.
SOSTENEDORES
DE LA DESREGULACIÓN PERO SIN ARRIESGAR SU SUMINISTRO
(Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago)
Los
mayores interesados en la aplicación del Marco Regulatorio
han sido los grandes consumidores (industriales y comerciales)
de energía eléctrica, en esencia, la utilizarían
como un mecanismo de desmarcación de UTE, pudiendo
contratar generación (se pensaba básicamente
desde Argentina). Los problemas actuales de Argentina han
mostrado a estos usuarios que no es tan segura ni tan barata
la energía desde el vecino país, o por lo
menos, no lo será en el corto plazo (2-3 años).
Al interés de los grandes consumidores se suma, el
interés de los organismos internacionales de crédito,
manifestado a través de los compromisos de los sucesivos
gobiernos, inclusive el actual, de profundizar los mecanismos
de mercado.
ENTORNO
EN EL CUÁL SE RESOLVIÓ EL MARCO JURÍDICO
Y REPASO DE LO SUCEDIDO LUEGO
La
Ley 16832 de Marco Regulatorio, se gestó en un contexto
energético y político totalmente diferente
al actual, en el cuál el paradigma del mercado estaba
en su pleno apogeo, sobre todo en Argentina, y con abundante
gas y a bajo precio. Este contexto ha cambiado, se ha derrumbado
el modelo energético argentino, como ya hemos visto,
fruto de una concepción neoliberal en el tratamiento
de los energéticos y, por tanto, debe adecuarse a
la actual coyuntura (crisis regional de orden político
y energético). Esto sin entrar a considerar los fracasos
y las graves consecuencias producidas por las reformas en
el sector, desarticulando (separando por segmento la industria)
la organización vertical y aplicando reglas que en
el tema energía no resuelven ni los precios y mucho
menos el suministro seguro, pruebas a la vista.
Si
bien la ley tenía detrás una idea general
de paradigma de mercado etc., la ley no establece lo que
pueda llamarse un "modelo" en sí de mercado,
sino que dejó para la reglamentación este
cometido, y por tanto, es la reglamentación la que
encierra las mayores definiciones y las mayores resistencias
de los actores sociales e institucionales. Esto se resume
en la frase " la ley no es peligrosa por lo que dice
sino por lo que no dice ", y queda para la reglamentación.
PROPUESTA
EN BASE A LA SITUACIÓN HOY Y EL CAMINO HACIA SU MODIFICACIÓN
Estas
consideraciones generales deben ser el punto de partida
para encarar el problema planteado. Entonces parece clave
-para cambiar el rumbo político de la reforma del
sector eléctrico- la suspensión de los reglamentos,
que representan la máxima expresión del modelo
anterior. Además, en los hechos, la suspensión
elimina las posibles responsabilidades y no altera prácticamente
nada, pues no se están aplicando. Al mismo tiempo,
los compromisos internacionales establecen que se debe tener
un mercado en el sector eléctrico, entonces: ¿cómo
suspender los reglamentos y al mismo tiempo establecer un
mercado?, ¿el establecimiento de un mercado es necesariamente
negativo para el país? Se parte de la base que hoy
no existe mercado, por lo que en realidad la suspensión
de los reglamentos no es un paso hacia atrás, el
problema sería de forma y no de esencia.
Existe
además un elemento totalmente objetivo: es difícil
o prácticamente imposible la instauración
de un mercado en un país de bajo consumo de energía,
donde la generación hidroeléctrica es totalmente
mayoritaria y no existe gas natural, cuya tecnología
de ciclos combinados asociada permite reducir las economías
de escala y con una crisis profunda como la que hoy soportamos.
Sin
embargo, dadas las condiciones nacionales en el sector energético,
nuestro país necesita incorporar diversas fuentes
nacionales de generación eléctrica, esas diversas
fuentes en esencia son descentralizadas y de escasa amplitud
individual. Esto al mismo tiempo implica que, si bien su
volumen total en el país es importante, no están
concentradas en determinado punto, por lo que su explotación
requiere de emprendimientos generalmente pequeños,
y comúnmente asociadas a una actividad productiva.
Esta diversidad de emprendimientos parece poco viable que
sea llevada a cabo por una empresa como UTE, cuya historia
y estructura está pensada como una gran empresa industrial;
por lo que se podría estimular el desarrollo de pequeñas
y medianas empresas para dichos aprovechamientos. ¿El
Estado perdería su rol preponderante en el sector
eléctrico? No, de ninguna manera; el Estado a través
de UTE y CTM seguiría siendo la base del sistema
y quien aseguraría el abastecimiento a la población.
Todos los pequeños emprendimientos se conectarán
al SIN, que es y deberá seguir siendo propiedad del
Estado.
Un
elemento coyuntural importante, es la propuesta del MIEM
de instrumentar una licitación que incorpore generación
de energía eléctrica a partir de fuentes renovables
(eólica, biomasa y mini-hidráulicas).
La
suspensión de los reglamentos del sector eléctrico
implica retrotraerse a la Ley 16832 y, por tanto, debe de
ir acompañada de alguna normativa provisoria que
habilite lo que está estipulado por la Ley , mientras
no se resuelva definitivamente la modificación a
la ley de marco regulatorio a la luz de lo anteriormente
expuesto y hasta tanto no se elabore una Política
Nacional de Energía con los mayores consensos posibles.
¿CUÁLES
SON LOS ELEMENTOS MÁS IMPORTANTES DE LA LEY ?
Los
elementos más importantes de la Ley son:
La
generación deja de ser servicio público.
1. Creación del mercado mayorista de generación.
2. Libre acceso a la red de transmisión y distribución.
La
aplicación real de la libertad de generación
es posible pero está muy restringida, debido a las
características de nuestro país arriba expuestas;
generalmente será imposible que se instale un generador
si no tiene de por medio un contrato por lo menos a 15 años,
pues es imposible sobrevivir en nuestro mercado a los precios
Spot (efectivos), y además el único distribuidor
capaz de contratar grandes volúmenes y por períodos
largos es UTE.
Es
urgente avanzar en el camino de resolver esta situación
para consolidar el suministro seguro de electricidad en
el marco de la propuesta del actual gobierno hacia un país
productivo. A partir de la experiencia vivida en la región
se traduce en una realidad inocultable que debemos corregir
antes de seguir hacia un camino de apagones e incertidumbres
que repercute en las tareas de la construcción de
un nuevo país.