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El Antonio Leocadio de R. Altez

Por Alberto Méndez Arocha

Este es un análisis “marxista” de la Historia de Venezuela: sin ser expertos en Marxismo ni en Historia. Tenemos interés, desde el punto de vista de la Ingeniería Económica, en analizar los acontecimientos venezolanos en los últimos tiempos, para ver si aplican las teorías marxistas, por la mejor comprensión y explicación de lo sucedido. Nos da pié para este análisis hoy una reciente biografía. Antonio Leocadio Guzmán, un señor que como que fue más importante de lo que parece. Un verdadero innovador en la política venezolana. Aunque, al decir de Eduardo Casanova i , “demagogo, oportunista y resentido que aduló a Bolívar hasta lo vergonzoso y deformó la política venezolana durante buena parte del siglo XIX…”

Debemos reconocer, creyentes como somos que la lucha entre los grupos económicos en cada región y en cada momento son los determinantes fundamentales del acontecer histórico, que la explicación de la historia venezolana parece sometida a distintas situaciones de estas luchas. Pero la historia no es resultado de una lucha de clases en sentido estricto, de pobres contra ricos, de explotados contra explotadores. La mayor parte de las veces –incluso en la Historia de Venezuela--han sido luchas dentro de la misma clase dominadora, entre grupos de intereses, de regiones con otras, a través de guerras, conquistas y ejércitos bien o mal financiados. Ahora, en este país, nos da pie para su análisis, repetimos, la nutrida síntesis de Rogelio Altez aparecida en el No. 52 de la Biblioteca Biográfica Venezolana, Antonio Leocadio Guzmán, (El Nacional/Banco del Caribe), Caracas febrero 2007, 132 pp., ils.

Primero, se trata de una historia “explicada” – no descriptiva, lo que es de apreciar.

Dentro de las explicaciones, muchas nos sirven para acentuar la comprensión de la historia atendiendo a intereses económicos, ergo políticos.

Recordemos que la lucha marxista entre capital y trabajo ocurrió básicamente (mediados del XIX, cuando Leocadio) dentro de las fábricas europeas, muy distante de la pugna entre grupos en las Américas. Mientras que allí la explotación de los obreros acontecía en tiempos de hambrunas y desempleo, con algunas teorías esclarecidas y socialistas, alrededor de 1825 (de Smith y Ricardo, Marx nació en 1818), en Venezuela, tiempos de Páez, las principales luchas económicas locales, y sus orígenes, a juicio nuestro, serían las siguientes:

o Independencia norteamericana, pugna económica entre los colonos y la Madre Patria, por ingratitudes y poca fe;

o Revolución Francesa, pugna económica entre ricos nobles y pobres explotados, égalité y liberté, poca fraternité.

o Intento de Gual y España, bajo la influencia de la ideología francesa revolucionaria; los blancos auspiciando la igualdad, extrañamente;

o Desembarco de Miranda, bajo las ideas republicanas, y por lo mismo rechazado por los mantuanos de Coro; en Caracas no se explica cómo tuvo apoyo, mayormente hacendados.

o Posteriormente a la Independencia, luchas de poder entre los generales desempleados, nada de lucha de clases sino entre los privilegiados; los pardos aportaban solo la soldadesca; las clases inferiores seguían dominadas y explotadas.

o Llegada a la escena política de la lucha entre la masa de pobres y las minorías de mayor ingreso, fermentada desde la Colonia, en un país de alta pobreza; con la aparición de Antonio Leocadio. También surgimiento del culto a Bolívar, estrategia del mismo Guzmán para amrgarle la vida a Páez. Que es lo que repasaremos seguidamente.

Una cosa es la lucha por el control del valor agregado de los negocios en una región, por ejemplo hacendados contra las compañías comerciales de la Madre Patria, y otra, después de la Revolución Francesa, una reforma social para acabar con la segregación racial impuesta por los blancos desde tiempos coloniales. Los gringos primero cambiaron la dominación inglesa, y dejaron intocada la esclavitud. Los venezolanos trataron da hacer las dos cosas, no pudieron, lograron la independencia política, pero la Constitución de 1830 dejó el poder a las élites, por un tiempo bien largo, aunque algunos pardos tuvieron acceso al capital, por la recompensa de las tierras a los soldados heroicos pero muchas tierras fueron captadas por los generalotes. Justamente con Antonio Leocadio surgió el desafío de las masas populares, con el primer partido político, aparentemente más por las necesidades personales del citado personaje.

Otra cosa es la lucha por la “plusvalía”. Un problema que ocurre principalmente en la masa asalariada, empleada en compañías y fábricas ii . En Venezuela, mientras existiera esclavitud, esta población era explotada. Los pardos libres, estarían sometidos a dominación y parcialmente a explotación, pero la pobreza era general después de la Independencia. Todavía quedaban rezagos de la discriminación racial colonial iii para el ascenso social, vale decir económico, que era una fuerza latente que fue emergiendo, primero en los llanos con Boves y Paez, luego con Zamora , luego con mi comandante a comienzos del XXI.

Para nosotros lo único que vale es la lucha entre los grupos económicos por el control del valor agregado, del bienestar disponible en una sociedad. No la lucha por la plusvalía , que nos resulta un concepto cuestionable, al rechazar la existencia de la propiedad privada y negar el capital como factor de producción. Nos quedamos con el análisis de la historia por el simple control de la riqueza.

Analicemos más en detalle algunos acontecimientos, tal como extraídos del libro de Altez, en relación con la situación social post-independencia. Realzaremos los proyectos exitosos que logró Guzmán dejar como una herencia fundamental a la vida política venezolana.

Cinco temas claves (hoy, motores) destacaremos de la gesta de Antonio Leocadio:

1. Le necesidad del ascenso social personal en una sociedad estratificada;
2. La creación del culto a Bolívar;
3. La invención del primer partido de masas;
4. La aplicación pionera del populismo – la “guerra social”;
5. La propaganda política moderna: periodismo y eslogans (oligarcas, jabados).

1 Le necesidad del ascenso social personal en una sociedad estratificada;

“Ya no podrá un imbécil, altanero por su genealogía, exigir humillaciones de un hombre honrado, que no ha tenido el cuidado de escribir en pergaminos el nombre de sus antepasados…” (Guzmán, 1828; en Altez, 2007:32; el destacado es nuestro).

Antonio Leocadio se encontró a su regreso al país (1823) en una situación de desventaja para el ascenso y la figuración social, por tanto para ganarse la vida decentemente. No tenía abolengo. ). El hombre estaba reconcomiado.

Aunque su padre fue Capitán del Batallón de la Reina, su hijo, se sintió en la necesidad de (idem, 19):

“rescatar la figura de su padre, o bien con el objeto de construir una estirpe de dónde descender. Ese afán de linaje condujo indefectiblemente sus afectos y ojerizas en muchas de sus batallas periodísticas, la cuales dejaron una huella indeleble en la sociedad caraqueña decimonónica..”

Y luego (idem, 25):

Los hijos de Antonio de Mata Guzmán y Palacio no poseían abolengo alguno. Eran simplemente los hijos de un buen soldado español, y no de algún encopetado oficial criollo con credenciales de sangre blanca y mantuana. …Ello le costó algunos rechazos y el grave esfuerzo de construirse su propia plataforma, desde la cual proyectar si figura, sus habilidades y, mucho más adelante, hasta su propio hijo.

Todavía (id., 26):

“Estas pasiones, ciertamente, arrinconaban el corazón del hijo de aquel oficial español, y le harían siempre incomodas las relaciones con los caraqueños que, de una manera u otra, la recordaban a diario su ascendencia no-criolla, no mantuana, antes bien española y realista.

Entre incomodidades y ganancias políticas, tal como se desenvolvía la vida de Antonio Leocadio Guzmán, la carencia de estirpes y linajes que acreditaran su lugar social en aquella ciudad de techos rojos y status inconmovible, movilizaban sus afectos. De allí que su mirada hacia el pasado buscara reordenar las cosas y otorgarle a su origen un peldaño poco compartido con sus vecinos. Los acontecimientos de 1812 y 1813 tenían que ser reinterpretados históricamente a su favor, con el objeto de que su apellido ganara las credenciales que le identificaran com un “ilustre prócer”.


Terminando con (idem, 29ss.):

Es seguro que Antonio Leocadio Guzmán abrigase algunos resentimientos hacia aquella casta de mantuanos, que de opresores del resto de la sociedad pasaron a héroes de la patria a la vuelta de un par de décadas [los que quedaron!!, ama], puesto que nada tenía que ver con ellos, aunque sí competiría con ellos mismos por los lugares mas destacados de la naciente república, ya desde la década de los cuarenta del siglo XIX…. Será el quien coloque en su justo lugar el calificativo de “godo”. Logrará entre otras cosas, agrupar a los sectores populares y convertirlos en grupos de presión, arrinconando a los poderosos más de una vez… Fabricó la casta de los Guzmán y se alineó al lado de los próceres, en un lugar que ocupó mientras puso…”

Reconcomio que en parte explica su posición política anti-conservadora, y luego el levantamiento de las masas populares contra la godarria, hasta el extremo de la violencia armada. Es curioso como un rencor personal puede ser un dinamismo tan determinante como para marcar las acciones de toda una vida.

Un trepador, no le quedaba más remedio. Pero tenía pupila. “Mientras tanto, habría de comenzar su largo, laborioso y complicado camino hacia la aceptación social. Su primer paso puede observarse en la escogencia de su pareja: Carlota Blanco” – allegada a los parientes del Libertador.

Altez es a veces implacable: “Algo ocultaba Carlota (idem, 54-55) en la discreta ceremonia matrimonial: algo ocultaba el amor de Antonio Leocadio por aquella protegida de los Bolívar, y si bien no era la incontrolable pasion ardiente que sentía por su amada y que le había precipitado tras las celosías, si era el ardoroso deseo de llevarse por delante aquella sociedad enferma de status. Y eso mismo haría, años después, acudiendo a los temores mas profundos de las clases poderosas y discriminantes: el miedo a la igualdad… para hacer de ello una bandera neoliberal y para catapultarse por encima de su ausencia de alcurnia”

Con un toque de “guerra social” : (idem, 55)

Antonio Leocadio sabia muy bien y por propia experiencia familiar, que los blancos criollos no eran igualitarios por naturaleza ni se habían convertido al igualitarismo cual voto de fe. Conocía las intimidades de los pensamientos de esta sociedad que todavía se preciaba de tener esclavos y que gustaba de mantener muy abajo en la escala a la mayoría mestiza.

Estaba conciente de que lo que se había construido como Republica, pues veía esa forma democrática de elección (donde solo votaba la minoría propietaria que probara tener ciertos ingresos, agregando, además, el detalle de saber leer y escribir), como un sistema conservador de los mismo lugares de poder…

Hemos destacado este aparte, porque luego veremos que las más importantes innovaciones producidas por ALG fueron básicamente generadas, en su interior, por el rencor que su pecho avivaba contra de los mantuanos por la discriminación sufrida como hijo de español sin mayor alcurnia, aunque Ud. no lo crea.

Inició igualmente su periplo político, basado en el uso nivel de los periódicos como medio de comunicación incipiente (mucha gente era analfabeta), y “contra la clase más poderosa” (los militares) con su idealismo liberal en parte aprendido en España y con sus maestros criollos (Tomás Lander).

Más abajo volveremos a tocar el tema de la guerra social es una mayor extensión (y anexo ).

2 La creación del culto a Bolívar

Otra hazaña lograda por Guzmán, para mal o para bien de los venezolanos que seguimos aguas abajo en el acontecer nacional, fue el rescate o más bien la creación del culto al Libertador. Como se sabe, el prestigio de Bolívar había sufrido duros ataques en sus últimos días, enfrentado al caudillismo de cada región libertada, incluyendo Venezuela con Páez.

ALG se encontraba en una momento donde “en aquella sociedad atravesada por un status angustiante, no era posible ser un hombre con poder si no se estaba al lado de gente tan especialmente popular como, por ejemplo, el general Páez o el propio Libertador. Menuda tarea le esperaba al joven descendiente de un militar realista. (idem, 44).

El rechazo a la figura del Libertador-Presidente de la Gran Colombia llegó a extremos de agresividad muy poco sutiles. Asociado su perfil con la tiranía, la dictadura y hasta la Monarquía, la cabeza de Bolívar tenia precio en Venezuela…Los conjurados venezolanos… excluyeron y expulsaron a Bolívar, hasta garantizar que nunca más volviera a su tierra natal, tal como sucedió hasta que regresaron sus restos en 1842, cuando por cierto Antonio Leocadio va a empezar a llamarle “Padre de la Patria”. Pero esa es otra historia, que empezará a escribirse cuando el futuro líder liberal rescate la imagen del Libertador y la coloque frente de las intenciones de perpetuidad de la clase conservadora (id., 59).

(ALG) Comprendía lo que se sentía en el pecho cuando la discriminación golpeaba; y aunque el no fuese un pardo o un “sin camisa”, más de una vez pudo sentirse en ese lugar social (id., 76).
Es por ello que inicia el rescate de la figura de Bolívar en aquél contexto y con la idea de entregarle el mito y la leyenda al “pueblo”, para que con ello se levantara una bandera que opacara a aquellos que, como Páez, paseaban por el poder exhalando aroma de héroes…”

“El Bolivarianismo iniciado por Antonio Leocadio resultó una estrategia muy astuta” [‡?&??%$^*!!!]

Aquí no termina la historia, o el cuento: ALG terminó siendo denominado por la gente y sus amigos, por un tiempo, “el Segundo Bolívar”-- también otros presidentes posteriores buscaron y lograron tal posición emblemática.

3 La invención del primer partido de masas.

Inventó el primer partido político es la historia de Venezuela.

Los liberales de Caracas dieron sus primeros pasos en torno a sus ideales y a su crítica contra el gobierno.
Desde los sectores intelectuales se está conformando un movimiento que rápidamente asumirá el perfil de partido, y que enarbolará las banderas del discurso liberal.

En las reuniones de agricultores (h. 1838) se estaba construyendo un discurso y un proyecto que pronto sería identificado formalmente con el nombre de “liberal”.
Entre 1840 y 1841, El Venezolano sólo contaba con dos agencias activas…Para 1842 alcanzó treinta en casi todo el país…el movimiento liberal... tornado ahora en un partido de proyección nacional… esas mismas agencias desplegarían labores de convocatoria e idealización de masas… también se leería en voz alta para todos aquellos que no sabían leer ni escribir… Aquella sociedad había cambiado sus relaciones políticas para siempre…Por primera vez se estaba concentrando en torno a líderes civiles…Y Antonio Leocadio era el artífice de esta obra — ¡Otra hazaña!!

4 La aplicación pionera del populismo: la guerra social iv.

No está clara la identificación de las clases sociales a comienzos del XIX. Por una parte se habla (idem 73) de españoles, mantuanos (blancos criollos o patriotas) y pardos (mestizos). Después de la Independencia se habla de pugnas entre los ricos, o sea, los militares desempleados y los blancos mantuanos (hacendados, criollos nobles y propietarios), pero también están los burgueses (comerciantes ilustrados) y los burócratas; y los profesionales-funcionarios-intelectuales (id., 57). Y siempre los mestizos pobres y los esclavos. Pero con Guzmán se empieza a hablar, una verdadera primicia, a nombre del “pueblo”, mestizos y esclavos, los pobres. O sea, los intelectuales y políticos blancos representando a los desposeídos. Otros que adivinan. En razón de la ojeriza que les tenían, a los mantuanos, por la discriminación racial, esta vez, todavía el rencor fue el factor motor de la versión pantalla: “tomar el poder para beneficio personal por ayudar a los pobres”.

Digamos que la Independencia fue una pugna entre los criollos blancos iluminados (incl. Roscio) republicanos y la España con sus comerciantes, algunos criollos, más los mantuanos no girondinos (Coro, &&). Guerra Civil hasta que llegó el ejército español. Porque la carne de cañón era local, “para los enfrentamientos entre oligarquías” como dijo una vez Manuel Caballero (Las crisis &&; 2004, 128).

Después vinieron las pugnas entre los militares ociosos. Primero Páez contra Bolívar, después Páez contra los demás, hasta que se fueron extinguiendo. Ya Guzmán Blanco es de la segunda generación. Pero la primera protesta de la clase pobre, mestizos y esclavos (aparte de los alzamientos coloniales) puede identificarse en las revueltas guzmancistas de 1846.

“Las luces estaban llegando a la vuelta de tres décadas de un crítico proceso social interno, en donde se avistaba una fisura en el pacto político de 1830. (id., 74).
“ Con o sin camisa, el discurso liberal daría cuenta de un significativo apoyo popular que rápidamente se organizó en aquel partido que surgió del cerebro de Antonio Leocadio.

Las cartas estaban echadas. El Partido Liberal se había constituido y se hallaba en una oposición activa. Había despertado la conciencia de las diferencias entre los miembros de la sociedad y las había capitalizado políticamente. Descubrió, pues, de la mano de Antonio Leocadio, el primer populismo de la historia venezolana. (Id., 77)

“… la prédica liberal que ha cundido en el ánimo de los esclavos, de los mulatos, de los hombres del pueblo, terreno fácilmente regable, pues esta abonado por tres siglos de ignominia y esclavitud… [Mujica (1982:91) citado por Alvez, 82; el destacado es nuestro].

Ahora había surgido un nuevo caudillo, el “segundo Bolivar”, un nuevo “prócer” que se habia dado a la tarea de conducir a la ignorancia hacia las luces de la política.
Aquí remata Altez : “Pero solo les había iluminado el camino, no se quedó hasta el final de la proeza”.

Pero en 1846 “la situación social y política del país estaba en estado incandescente…ALG era el candidato del partido Liberal en las elecciones…Una estrategia planteada que necesitaba un modelo de Estado que los había excluido quienes no estaban preparados para liderar una transformación de estas magnitudes…

Habría que esperar hasta la Guerra Federal… ¿y el socialismo del siglo XXI?

En el anexo elaboramos más detenidamente la cuestión de la guerra social, según es vista por distintos historiadores, a los fines de esclarecer el ingrediente social en las distintas guerras durante el siglo XIX.

Adelantamos que la concepción predominante entre los historiadores examinados (Vallenilla, Bosch, Quintero, Alvaro Vargas (incluye a Carrera Damas y Lynch), y otros – parecen favorecr la tesis del ingrediente social. Esto sería solo parcialmente, porque los líderes de los desposeídos no fueron representantes genuinos de esta clase de los pardos, sino como el mismo Antonio Leocadio – líderes políticos que se aprovecharon de promover las banderas que atendían las necesidades de la mayor parte de la población, los pardos, o sean los pobres integrados por zambos, negros, mulatos y mestizos, que nunca habían tenido quien se ocupara de ellos, alguien que representara sus intereses.

Habían sido la soldadesca, la carne de cañón, muchas veces compensada, a falta de sueldos militares, por el botín proveniente del robo y del saqueo de la gente pudiente, o por la repartición ocasional de tierras.

Incluso se dice que Bolívar decidió atender la independencia de las naciones hermanas como un mecanismo salvatorio para retrasar la llegada de la pardocracia en Venezuela, cuando las masas populares eran mucho más abundantes que los restos escasos del mantuanaje colonial, al final de la guerra.

Esperemos a leer el Anexo.


5 La propaganda política moderna: periodismo y eslogans

Conviene aquí destacar las siguientes “hazañas”:

1 UTILIZACION POLITICA DEL PERIODISMO.

Dice Altez:

“He allí que la clave de todos sus logros la encontrara en un medio de comunicación que, por entonces, poco tendría de masivo o popular, pero que en sus manos y gracias a ellas, se convertiría en al mejor arma política de la historia antes de la televisión: la prensa. Con ellas Guzmán construyó un partido político de arrastre nacional, lideró una conspiración, convirtió en populares a las masas desatendidas, hizo que los periódicos fuesen leídos hasta llegar a ser comprendidos por la mayoría analfabeta de la población, y logró con ello cambiar en pocos años las estrategias de las relaciones de poder en Venezuela, aunque poco después seria condenado a muerte por todas estas cosas…” (idem, 44)

2 ANTI-MILITARISMO

Sus primeras incursiones políticas, usando el periodismo, fueron contra los militares. “Aquella cabeza toda republicana (idem, 39) esta advirtiendo en este sector de la sociedad [los militares] algo mas que próceres y héroes; veía una clase que se atornillaba en el poder con visos de eternidad, a partir de las prebendas que (¿legítimamente?) obtenían a la vuelta de la guerra (esto estaba soportado por la Ley de Repartos de Bienes Nacionales y Haberes Militares de 1817)…Ganaron, junto a las batallas, tierras, cargos, pensiones transgeneracionales y prestigio, o bien reforzaron su condición elitesca y aseguraron su estatus con solo ponerse el uniforme…”

La cuestión llegó a la Corte Suprema, donde se falló a favor del periodista.

3 INVENCION DEL “CLIENTELISMO”.

“Toda acusación pública es una oportunidad política – y estaba muy claro para Antonio Leocadio Guzmán”.

“Cada columna periodística en manos de Guzmán se convertía en un arma punzante…”

“Con ellos llegaría a ocultos rincones del pensamiento social en donde lograría asentar, por primera vez entre los venezolanos, las semillas del populismo, a través de lo cual cimentará esa fuerte sensación colectiva y alucinatoria de que se está formando parte del poder en tanto se otorgue un apoyo masivo y se acuda a la convocatoria del líder de turno, mientras se aguarda confiadamente por ciertos beneficios “sociales” como contraprestación…”

4 LOS ESLOGANS

Pero mas acertado fue el líder liberal (id., 76) cuando introdujo en el hablar del pueblo una retahíla de apodos que más que repetidos y extendidos, fueron incrementados en su número y variedad por la propia inventiva popular. [Âny second thoughts? - ¿regreso al siglo XIX?]

Todo esto señalaba la presencia de un partido político con arrastre de masas…
Con aquellos motes y apodos que empezaron a extenderse por todo el país de la mano de la prensa, la sociedad venezolana se atrevió (también por primera vez) a darle un lugar real y tangible a la élite conservadora que se hallaba en el poder luego de la aventura independentista…” (id., 76).

A través de El Venezolano, Antonio Leocadio les hablaba a “todos”…” [¿les suena?] – (id., 78). Y según Eduardo Casanova viii el mote de “oligarca” – como atribuido a los conservadores, también se debe a una ocurrencia de Guzmán.

Los desórdenes de 1845-46

“Habíase iniciado en Venezuela la era de los desórdenes, del derecho del populacho armado a derrocar las leyes e ingerirse en las deliberaciones del poder judicial, diría Páez (1872) al final de su vida.”. (id, 81)

¡Viva la Libertad! - ¡Viva el Segundo Bolívar! – “…la labor proselitista de los lideres liberales, la cual ejercían visitando subrepticiamente las haciendas y adoctrinando a los peones y esclavos a quienes les enseñaban que, mas tarde o mas temprano, llegaría el momento de tomar los bienes de los propietarios para su beneficio…” (id, 85) – [¿alguna similitud con el socialismo XXI?]

“A los hombres que habían cercado la casa del consejero de Paez (Quintero) – dirigidos por el Indio Rangel, les hizo frente por unos segundos el mayordomo de la hacienda, quien trabuco en mano, salió a poder el orden…, Pero los facciosos lo atraparon y una vez que lo tuvieron en el suelo le dieron muerte a machetazos…”
Estas escenas se repetían por doquier…La partida de hombres armados vestía con plumas blancas o con unas cintas amarillas que engarzadas en sus sombreros decían “viva Guzmán, viva la libertad y vivan los esclavos libres” (id, 91).

A nombre de “mueran los oligarcas”, llegaron a Tejerías unos treinta hombres armados de lanzas, trabucos y machetes… (p. 90)
A Guardatinajas, El Consejo y Tiznados llegó un tal José Antonio Tovar con trescientos hombres armados, robando y amenazando a todos a nombre de Guzmán.. (p. 91).
Entre ellos también se apreciaba a Ezequiel Zamora, quien años después de este episodio libraría su propia batalla por el Liberalismo (junto al “Indio” Rangel entre otros) y protagonizaría escenas similares en la Guerra Federal.

Pasamos ahora a un análisis más detallado de la guerra social, en el anexo, que según el análisis económico de la historia, desde el punto de vista del conflicto entre las clases económicas de la sociedad, según Marx, explicaría el acontecer de las cosas. Solo que en este caso no fue entre pobres ni ricos, como casi siempre. Estamos de acuerdo con que tales luchas son el acontecer histórico, pero no siempre explotados contra explotadores, sino frecuentemente entre explotadores por el control de la riqueza, dejando los explotados sin afectar. Toma un tiempo para que se rebelen, pero puede suceder…[Fue más fácil que se rebelaran los negros, mas agresivos, que los indios. Esperemos a ver que pasará en los Andes…]

Quizás tuvo razón Eduardo Casanova cuando dijo que Antonio Leocadio fue un “demagogo, oportunista y resentido” (además de trepador) –pero hay que reconocer también ostentó una gran creatividad en las instituciones políticos que debían emerger en su tiempo, un adelantado para la época que no supo o no pudo aprovechar la situación de liderazgo que le tocó vivir y sufrir.

Y que con su gestión instaló, de paso, el culto a Bolívar y el proyecto de “redención de las masas” – que todavía hoy sigue ejerciendo su atractivo en los planes políticos populistas para capturar y mantener el poder, basado en la siempre presente aspiración popular en la “igualdad” en un país con un pasado colonial de dominación blanca que todavía está presente, si no en el inconciente colectivo, en la aspiración diaria del llamado “pueblo”.

Podría decirse que como herencia colonial existe el resentimiento social por una mayor igualdad, una mejor distribución de la riqueza, que tuvo sus amagos en la independencia cuando batallaban contra “los amos”, ya fueran mantuanos o españoles; que siguió con la Guerra Federal, donde se lograron algunas mejoras, no muchas, en la dicha distribución y que ha sido recientemente enarbolada con la igualdad por el Socialismo del siglo XXI, con el general Zamora (un poseedor de esclavos) a la cabeza. Con un cierto desajuste, en el tiempo, porque la polarización parece artificial dada la mezcla de colores en la población, y porque parece una repetición de las “revoluciones” anteriores, donde aplican todos los epítetos de los historiadores consultados: más de lo mismo, de producir nuevos ricos sustituyendo a los anteriores a cuenta de salvar a la patria.

ANEXO

LA “GUERRA SOCIAL” – UN ANALISIS REFERENCIAL

A continuación realizaremos un repaso de algunas de las observaciones de historiadores profesionales sobre la cuestión social como motor de las luchas independentistas, de lo que al final parece una mezcla de factores, algunos ideológicos y económicos entre las clases acomodadas, parcialmente apoyados por los intereses de algunos grupos mestizos por la reivindicación social.

Nuestro interés es reivindicar el carácter fundamentalmente económico de las luchas históricas políticas y sociales.

Este tema se plantea a partir de la Independencia. La cuestión ha sido analizada por el acucioso pensador positivista. Laureano Vallenilla Lanz, el historiador científico, cuando introdujo el carácter social, el argumento de lucha de clases, de mestizos y negros contra blancos, como ingrediente motivador en las batallas iniciales. No necesariamente como chispa (que parece ideológica y económica entre élites, en la coyuntura napoleónica) sino como motivación de las luchas de los combatientes.

Después se repasan las opiniones de Bosch, Quintero, Vargas Llosa (Alvaro), y dentro de éste a Lynch, Garcia Hamilton y Carrera Damas.

A. LA OPINION DE VALLENILLA LANZ

A favor de una lucha social se acude a la cita del general Montalvo: (Vallenilla, Cesarismo Democrático; mencionado por Restrepo en su Historia de Colombia):

“Boves ha logrado reunir –decia Montalvo—como que convida con todo genero de desorden, al pie de diez o doce mil zambos y negros, los cuales pelean ahora por destruir a los criollos blancos, sus amos, por el interés mutuo que ven en ello; poco después partirán a destruir a los blancos europeos, que tambien son sus amos, y de cuya muerte les viene el mismo beneficio que de los primeros”

El argumento de Vallenilla es el siguiente:

La historia, como la vida, es muy compleja. No la historia inspirada en el criterio simplista que solo ve en nuestra revolución la guerra contra España y la creación de la nacionalidad sino la que profundiza en las entrañas de aquella espantosa lucha social: estudia la psicología de nuestras masas populares y analiza todo el conjunto de deseos vagos, de anhelos imprecisos, de impulsos igualitarios, de confusas reivindicaciones económicas, que constituyen todo la trama de la evolución social y política de Venezuela. (idem, 95)

Dijimos en ese trabajo: “Como veremos, resulta que la explicación más plausible de los acontecimientos de nuestra historia es la repetición de la aparición de conflictos por la psicología popular, “impulsos igualitarios, confusas reivindicaciones económicas” – “el odio y horror de la oligarquía” -- que fue el motor cuando la Independencia, que fue el 46 el credo de Zamora, en 1859 la Federación y a fines del siglo XX con la revolución chavista, instigada por los mismos resentimientos sociales, con el rescate de las tierras de los anteriores marqueses por los “nuevos corifeos de la gente colorada”.
(A.M.A., La Historia según Don Laureano; Analitica.com;petroleumworld.com).

Hay un ritornello en este planteamiento: “Las masas populares que habían sido realistas con Boves y patriotas con Páez durante la guerra de la Independencia, fueron después liberales con Guzmán y Zamora en el 46, y federales con el mismo Zamora, con Falcón y con Sotillo en el 59”. (183)

Y luego : (181) “Todos aquellos movimientos eran simplemente la continuación de la misma lucha iniciada desde 1810 (y antes!!), la propagación del mismo incendio, oculto a veces bajo las cenizas o elevando sus llamas hasta enrojecer el horizonte, pero siempre implacable en su obra de devastación y de nivelación. En 1846 como en 1859 se concentraron de nuevo las mismas montoneras de Boves y de Páez bajo el brazo vigoroso de otro gran caudillo de la misma fisonomía oral, de las mismas dotes de mando, del mismo empuje heroico, del mismo desprendimiento, de los mismos principios oclocráticos…”

Pues contra esa casta [los blancos] debían desatarse naturalmente, los odios de las clases populares, contra su vida y contra sus intereses. Blanco, propietario y patriota, era todo uno para los soldados de Boves y de Yánez; blanco, propietario y godo continuó llamándose para los mismos beduinos “todo el que tenga algo que perder”…(p.110).

Encima, la celebre ley (“neoliberal”se diría ahora) del 10 de abril del año 24 favoreciendo el capital daba al comercio, y por tanto a los godos, una preponderancia mucho mayor que en la época colonial, lo que atribuye a la influencia manchesteriana sobre el Dr Vargas.

“También los godos, los representantes de la burguesía, constituida por una oligarquia de tenderos, de canastilleros, como se decía entonces, resultaron favorecidos por la Constitución del año 30, que solo concedía derechos electorales a los que poseyeran rentas.—“

Como muchos autores, la explicación de las luchas se atribuye a la construcción de una sociedad colonial de carácter fuertemente discriminatorio, de elevada dominación económica.

Y es porque, a pesar de nuestras teóricas transformaciones políticas, el fondo intimo de nuestro pueblo continuó por largos años siendo el mismo que durante la Colonia. Las pasiones, los instintos, los móviles inconcientes, los prejuicios hereditarios, tenían que continuar siendo en él elementos de destrucción y de ruina, contenidos únicamente por los medios coercitivos que tan ampliamente ha tenido que ejercer el jefe del Estado…(108)

En pocas palabras, que la dominación económica, ergo social, de tres siglos de Colonia, comenzó a cobrar cuentas a partir del siglo XIX, y todavía no han terminado sus esfuerzos reivindicativos…


B. LA OPINION DE JUAN BOSCH (Cf. “Bolívar y la Guerra Social”, Internet)

Bosch opina directamente que la Guerra Federal fue una Guerra Social, y también la de Independencia, aunque en ésta contribuyeron otros factores.

Dice este autor:

“Las guerras civiles han sido simples, ideológicas y sociales.

Las guerras civiles simples, llevadas a cabo por dos facciones caudillistas que se disputan el poder, han sido las más abundantes y son las que menos deben llamarnos la atención.

A las simples han seguido en número las de cierto mantenido ideológico, con una alta proporción de caudillaje en busca del poder, como las de liberales y conservadores, no tan simples como las de facciones caudillistas pero no tan complejas como las guerras sociales, si se exceptúan la revolución liberal mexicana que acabó llevando al poder a Benito Juárez y a la liberal de Venezuela que se llamó Guerra Federal. Además de guerras civiles hechas por los partidos liberales de ambos países, estas dos fueron guerras sociales.

Pero sucede que esa guerra, que cubrió costas de tres mares, llanuras inmensas y montañas gigantes en varios millones de kilómetros cuadrados, no fue una simple guerra de independencia.

Bosch tiene su teoría:

Pocos acontecimientos históricos, en el mundo americano, tienen causas tan diversas operando a la vez como esa guerra de trece años. Lo que comenzó siendo en 1810 una declaración de autonomía de la provincia de Venezuela y se convirtió en julio de 1811 en declaración de independencia y en establecimiento de un Estado federal —todo ello sin que apenas se derramara sangre—, pasó a ser en 1812 una guerra social que fue creciendo en intensidad, en crueldad y en capacidad destructora, hasta llegar a ser la razón oculta de la vasta acción libertadora de Simón Bolívar.

Los resultados de la guerra social venezolana de 1812-1814 fueron inmediatos y tardíos. Los primeros significaron la destrucción física de la nobleza criolla, los mantuanos que proclamaron la independencia; los segundos resultaron, desde el punto de vista de la lógica aparente de la historia, los más inesperados. Pues fueron los mismos hombres que aniquilaron a los independentistas de Venezuela los que hicieron bajo el mando de Bolívar la independencia de ese país y de varios más, y fue el miedo de Bolívar a que la guerra social venezolana se reprodujera en Venezuela lo que le llevó hasta el Potosí y lo que le hubiera llevado, de permitirlo la situación política internacional, hasta Cuba y Puerto Rico. Bolívar libertó media América porque les buscó ocupación en lugares lejanos a los hombres que podían resucitar en Venezuela la guerra social; esto es, convirtió en libertadores de Nueva Granada, de Ecuador, Perú y Bolivia a los llaneros de Boves y Morales, y faltó poco para que los llevara a las islas españolas del Mar Caribe, por miedo a que hicieran de nuevo lo que ya habían hecho una vez.

Sigue Bosch, en la línea de Don Laureano:

Vano intento el suyo, pues como las condiciones sociales que hicieron posible la aparición de Boves permanecieron sin transformación, a mitad del siglo XIX, cuando todavía no habían comenzado a pudrirse los huesos del Libertador, Venezuela volvió a ser el escenario de otra guerra social de poder destructor parecido al de la primera.

Ésta fue la llamada Guerra Federal. Su jefe no era el asturiano José Tomás Boves sino el venezolano Ezequiel Zamora; su bandera no era la del absolutismo de Fernando Séptimo sino la del liberalismo que predicó Antonio Leocadio Guzmán; sin embargo, a pesar de las diferencias entre las nacionalidades, las ideas y las banderas de sus jefes, la Guerra Federal fue una segunda parte de la Guerra Social, ni más ni menos. De manera que el miedo de Bolívar había tenido razón de ser, y la historia lo justificó.

Otras opiniones a registrar: (el origen de la Guerra Federal en los llanos de Portuguesa, Barinas y Apure):

; pero resulta de otras averiguaciones que los labradores andaban agobiados por los especuladores que medraban en el comercio del añil, y que muchos de estos mercaderes más dolosos o menos afortunados, se desacreditaron al cabo y desacreditaron al comercio honrado de aquellas provincias; hecho lo cual, refugiáronse debajo de la bandera de la insurrección, constituyeron lo que se llamó entonces la facción de los "indios de Guanarito", aunque poquísimos eran los que en ella representaban la propia raza indígena, aun viviendo en sus propios resguardos. Sucedió esto cuatro meses después de la revolución de marzo. Como corriese la voz de que las fichas que hacían circular los comerciantes eran para vender al pueblo a los extranjeros, o para reducirlo a la esclavitud, y que los hierros con que marcaban los zurrones de añil eran para señalar a los esclavos, engrosaron pronto las filas de los rebeldes y al grito de: "¡Todos somos iguales! ¡Mueran los blancos! ¡Abajo los godos! ¡Hagamos patria para los indios!", corrieron a alistarse en ella mucha gente perdida, deudores fraudulentos no pocos y acaso hostigados por la miseria la mayor parte. Un informe del general Escobar refiere cómo se alucinaron los indígenas con el resguardo de tierras que les ofrecían los leguleyos de las aldeas y cómo se persuadió a los libertos de que el Gobierno iba a hacerlos otra vez esclavos; mientras que los pobres creían que se les quería vender a los ingleses para con sus carnes hacer jabón y con sus huesos cachas de cuchillos, bastones y sombrillas


Arcaya, … le niega carácter de guerra social a la de la Federación, enjuicia estos primeros movimientos así:

« Si examinamos más en concreto la cuestión que nos ocupa, y nos fijamos en los primeros alzamientos de la guerra federal, ocurridos en las selvas y llanos de Portuguesa, Barinas y Apure, en 1858, que por haber sido acaudillados por oscuros guerrilleros han dado lugar a que se suponga que eran movimientos inspirados por la cuestión social, veremos que se explican más fácilmente como una simple regresión a la vida nómada primitiva.»

Y la opinión de Gil Fortoul, por lo que valga:

De todas las teorías políticas, leídas por algunos en periódicos, oídas por los más, en rápidas conversaciones, la única que podía penetrar en la masa anónima era la de igualdad o igualación de clases. Este debía ser el credo de los pobres, de los oprimidos, de los eternos miserables, de los despreciados por el color de su piel. ¡Por fin el negro igual del blanco, el liberto igual del amo, el pobre igual del rico, el pobre rico!»

En conclusión, en esta primera lectura, que tanto Bosch como Vallenilla respaldan la versión del ingrediente social fundamental en la Independencia y la Guerra Federal, asunto que nosotros solo respaldamos parcialmente. Porque fue una guerra entre líderes, entre élites, y los que peleaban eran los pardos, con motivaciones principales económicas e individuales. No hubo mayormente líderes negros, o zambos, o mulatos, o mestizos. Siempre blancos liderando a los pobres, a cuenta de salvarles la patria. Muy distinto del caso Haitiano, o de las bullas negras en las haciendas.

C. LA OPINION DE ALVARO VARGAS

Destaquemos primeramente el análisis del pensamiento del Libertador, sobre el tema, en los siguientes términos: (Cf. El Caudillo, el populismo y la democracia. 19/6/2006. The New Republic.

1 OBSESIONADO POR EVITAR LA PARDOCRACIA –“Siempre había sido consciente de esta división social y de la desventaja numérica de su raza y su clase en una sociedad en la que los negros, mestizos e indios constituían tres cuartas partes de la población”.

La obsesión con la prevención de la pardocracia en Venezuela se volvió la fuerza impulsora de todo lo que Bolívar hizo militar y políticamente, incluyendo la decisión de combatir en otros países [es la teoría de Bosch] después de la independencia del suyo, la ejecución de ex lugartenientes como Manuel Piar, su alianza con caudillos locales como Páez y, fundamentalmente, la concentración de excesivas facultades en sus propias manos.

Por cierto que José García Hamilton, un estudioso argentino de Bolívar, considera que el Libertador fue consistentemente dictatorial:

“Hay algo de cierto en la afirmación de García Hamilton de que Bolívar "fue el creador del populismo militar en América Latina, al cual Santander en Bogotá y Bernardino Rivadavia [el presidente de Argentina] en Buenos Aires se oponían". Agregaría que Bolívar menospreciaba a los caudillos y caciques locales que se interponían en su camino solamente cuando éstos no satisfacían sus propósitos…”


2 OBSEDIDO POR LA REVOLUCION HAITIANA. “Vivía también obsedido por la revolución haitiana. Dessalines, el ex esclavo, había decapitado a todos los blancos que se interpusieron en su camino antes de ser asesinado en 1806…”

3 IGUALMENTE ES ACEPTADO POR LYNCH.
“ La biografía de Lynch trata muy bien este tema a la vez que justifica el temor de Bolívar a la pardocracia. Un punto importante que no se enfatiza lo suficiente es que el gran logro de Bolívar a comienzos de la lucha independentista fue poner a los pardos, que al comienzo se habían opuesto violentamente a las elites criollas, en contra de España”.

4 LA OPINION DE CARRERA DAMAS
“ En su libro “El Culto a Bolívar”, el académico venezolano Germán Carrera Damas sostiene que de 1812 a 1814 la guerra fue librada por los ricos, de 1814 a 1817 por los pardos y los esclavos, y de 1819 en adelante nuevamente por los ricos, los terratenientes y los monopolistas comerciales. Los caudillos se encontraban bajo su control. En algunos casos, adquirieron tantas propiedades que ellos mismos se volvieron parte de la elite rica. El desatino de Bolivar consistió en contener, en vez de abrir, las puertas de la movilidad social. No reconocía bien la separación existente entre las constituciones teóricas que él y sus hombres sancionaron y la clase de sociedad estratificada que las subyacía. En su visión elitista de la economía, los tenderos y los pequeños comerciantes eran "gente vulgar"….”

Nos parece muy coherente la opinión de este último historiador, en cuanto destaca las pugnas “entre los ricos” – o sea, luchas horizontales dentro de la misma clase, pero siempre “apoyados” en la batalla por la clase de menor ingreso, muchas veces abastecida por los propios saqueos y robos militares. En este sentido la Lucha de Clases de Marx está totalmente fuera del perol. Esa opinión de Carrera Damas de lucha “por los pardos y los esclavos” es relativa, en cuanto pelearon entre ellos hasta que llegara el ejército español, no fue una lucha de clases de pobres contra ricos, como sí fue el caso Haitiano, cuando los negros, muy superiores en número, rasparon a todos los blancos. Aquí no hubo nada de eso, sino por las ocasionales montoneras de negros en las haciendas durante el XVIII, especialmente.

La carencia de líderes entre los pardos nos sugiere la idea que la repartición de la riqueza regional disponible –entre los ricos-- fue la causa principal de las luchas durante “igualación” para endulzar las aspiraciones de los combatientes pobres de lado y lado; -- cuando en el fondo se trataba de una lucha económica entre los dirigentes de las élites, regionales y nacionales. Esta carencia de líderes podría ser producto de la educación limitada que recibieron los mestizos durante las épocas coloniales. La “salvación de los pobres” como motivación de las élites no pasan de ser, en la mayoría de los casos, sino una versión pantalla para apoderarse del poder.

5 PERSISTE LA ACUMULACION DE LA TIERRA DESPUES DE LA INDEPENDENCIA

La riqueza estaba atada a la tierra. Como Lynch afirma acertadamente, "en Venezuela, donde la aristocracia colonial se encontraba reducida tanto en número como en importancia, las grandes fincas pasaron a manos de una nueva oligarquía criolla y mestiza, los exitosos jefes militares de la independencia". Así que las caras pueden haber cambiado, pero el sistema permaneció casi intacto, a pesar de alguna movilidad entre los pardos en los campos de la educación y el gobierno. Tras la independencia, unos diez mil blancos de ascendencia española eran los dueños de Venezuela. Medio millón de pardos y mestizos fueron excluidos, muchos de ellos hacinados por la nueva elite en las haciendas y ranchos por una paga mínima (d.n.).

Quizá esto tuvo alguna mejora con la Guerra Federal, pero no mucho. Por ello las presiones sociales y económicas de la Colonia todavía siguieron presionando incluso después de la liberación de los esclavos (mediados del XIX) hasta volver a aflorar a fines del siglo XX cuando el “gobierno socialista” volvió a invocar las reivindicaciones de los “excluidos” – del pueblo, de la necesidad de aniquilar a los “oligarcas” – con la misma jerga zamorana y Antonio leocadista, del “Segundo Bolívar”, ahora será el Quinto (después de Guzmán y Gómez)… Sin duda, un regreso al siglo XIX.

“… El verdadero problema residía en que en la práctica ellos no eran iguales ante la ley, eran dueños de muy pocas propiedades y no podían participar de actividades productivas y comerciales propias debido a que los derechos de propiedad dependían esencialmente de la elite gobernante”.

… Los Whigs británicos y los Padres Fundadores de los Estados Unidos, a quienes Bolivar admiraba mucho, comprendían los fundamentos de una sociedad libre de un modo que a él lo eludía…”

Pero esta es otra discusión, que no tocaremos aquí.

D. LA INVESTIGACION DE INES QUINTERO.

Esta historiadora mantiene un enfoque mixto, en cuanto rechaza la razón social en la guerra independentista, pero admite en los resultados modificaciones de la jerarquización social anterior, con el ascenso de los pardos, en parte como expresión de la repartición de tierras a los soldados..

Veamos algunos segmentos de su trabajo ix.

Como ha señalado Germán Carrera Damas en su estudio «Boves, aspectos socio-económicos de su acción histórica», José Tomás Boves no era un reformador social y la amplia participación de los pardos y excluidos en sus ejércitos, las prácticas del saqueo, los pillajes y secuestros, lejos de representar la formulación de una oferta de redistribución de la propiedad y de igualación social, constituían el único mecanismo de sostenimiento de los ejércitos. Su ejecución no perseguía destruir las bases económicas de la sociedad, ni irrumpir contra las jerarquías antiguas, sino garantizar la sobrevivencia de la soldadesca y el mantenimiento de la guerra.
Ahora bien, aun cuando no hubo un móvil expresamente social por parte de ninguno de los sectores de la sociedad, no cabe duda que la derrota inicial de las élites, el rechazo a su proyecto político, la participación en la guerra de las grandes mayorías excluidas de la sociedad, la violencia y la disolución social inherentes al conflicto armado, los ascensos militares obtenidos en el desarrollo de la contienda, el trastrocamiento de la autoridad y las jerarquías, alteraron de manera insoslayable el desenvolvimiento de la sociedad tradicional al incorporar en la definición del proceso a quienes hasta ese momento no habían tenido injerencia alguna en la determinación del destino de la sociedad.
Valdría la pena preguntarnos, más bien, si la sociedad venezolana, después de la Independencia, continuó siendo la misma. ¿Se produjeron cambios irreversibles en nuestra sociedad producto de la contienda? ¿Se mantuvieron inalterables las fórmulas sociales del Antiguo Régimen? ¿Cuál fue el impacto social de la guerra de Independencia? ¿Tiene eso algún valor para el presente?

No estaba entre los planes de los blancos caraqueños cometer el dislate de intentar acciones que pudiesen producir alteraciones en una rutina que les ofrecía considerables ventajas.


Recordemos en esto a Don Laureano, con su “conflicto inherente”

No pensaron, no vieron que al alterar el orden, al romper el equilibrio colonial, al elevar a todos los hombres a la dignidda de ciudadanos, destruían la jerarquización social, fundamento de su preponderancia; y ante aquella desencadenada tempestad, unos lanzando un grito de arrepentimiento volvieron a reconocer la autoridad del monarca, otros huyeron a refugiarse en tierras extrañas esperando el resultado final de la lucha, y los mas valientes, los mas convencidos, los mas poseídos por el ideal de una patria libre e independiente, dieron cara a las montoneras de delincuentes… (Cesarismo.,p. 82)

De modo que al aceptarse la Independencia en los términos republicanos de “igualdad”, aunque no se plasmó en la práctica, si dominó el ingrediente social, no cabe duda.

No hay una clara discriminación de clases, a favor o en contra del Rey:

La ausencia de un respaldo mayoritario a la iniciativa emancipadora fue resultado directo de la falta de atractivo que tenía para las castas inferiores de la sociedad integrarse a un proyecto que en su definición, prácticas y objetivos seguía siendo excluyente.

El exitoso avance de Monteverde se ve favorecido por una rebelión de negros que se proclaman fieles a Fernando VII y por el apoyo de la mayoría de la población que se mantiene leal al Monarca. El 24 de julio, Miranda capitula frente al jefe realista y fallece la I República.
Es en el marco de esta ofensiva republicana que los pardos, zambos, negros y mulatos se incorporan de manera significativa a la guerra para defender la causa del Rey y oponerse al proyecto de los criollos. El llamado a cerrar filas a favor de la República en contra del absolutismo español no ofrece ningún atractivo; mayor poder de convocatoria tiene el llamado de José Tomás Boves de irrumpir contra la aristocracia criolla, cabeza visible de la insurgencia contra el Rey.

Más bien parecía una lucha de pardos contra mantuanos.

A partir de 1816, luego de la evidente impopularidad de la independencia y derrotada de manera estruendosa la República, Bolívar con el propósito de revertir el proceso, intenta ofrecer algún tipo de satisfacción social a quienes se sumen a su causa. Esta se traduce en dos ofrecimientos: la libertad de los esclavos y el reparto de tierras a los soldados como pago de sus servicios a la causa patriota.

El caso de Piar es ilustrativo del conflicto social de la época:

Los argumentos esgrimidos por Bolívar al justificar la ejecución de Piar «…por proclamar los principios odiosos de la guerra de colores, instigar la guerra civil y convidar a la anarquía», no persiguen otra cosa que impedir cualquier tipo de iniciativa que colocase el conflicto en el terreno social, el cual, desde su óptica, se encontraba resuelto, tal como le expresa a los soldados en la misma proclama del 17 de octubre de 1817

…¿ Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? ¿La odiosa diferencia de clases y colores no ha sido abolida para siempre?¿Los bienes nacionales no se han mandado a repartir entre vosotros? ¿No sois iguales, libres, independientes y honrados? ¿Podía Piar procuraros mayores bienes?

Después de la Independencia los pardos siguieren mayormente pisados.

No fue abolida la esclavitud y el Congreso de Cúcuta en 1821 aprobó un régimen que contemplaba su «extinción gradual».

El reparto de tierras a los soldados fue aprobado por el Congreso de Cúcuta. En Venezuela se le otorgaron poderes especiales a José Antonio Páez para que ejecutase la medida.

Puede afirmarse, entonces, que el cambio fundamental ocurrió en el seno de las clases privilegiadas cuya composición se vio nutrida por comerciantes, profesionales, nuevos dueños de tierras y oficiales del ejército patriota a diferencia de la estructura mucho más rígida y cerrada de la sociedad tradicional, a ello contribuyó también la disminución significativa de la aristocracia mantuana ya que muchos de sus integrantes murieron en la guerra o abandonaron el país.

Vista en su dimensión social, la Independencia, definitivamente, dio lugar a un complejo proceso que desajustó los valores tradicionales, trastocó el sentido de las jerarquías y violentó la simetría de la sociedad como consecuencia de la intervención de las clases inferiores en el conflicto armado.

Este aspecto es muy importante. Recodemos la expresión de Lynch (citada arriba) de “La riqueza estaba atada a la tierra”. Debemos destacar que el reparto de tierras entre los pardos, que en la función de producción de las empresas representa al capital (K), significa un rompimiento crucial en la estructura de la distribución del Ingreso Nacional, lo que lamentablemente fue capturado por los nuevos terratenientes, los militares. De modo que el impacto fue mediatizado en el tiempo.

Terminando Quintero con que sí hubo un ajuste, pero que el proceso no ha terminado:


Su impacto, ya se dijo, no se materializó en un reordenamiento más equitativo de la sociedad, sin embargo, las demandas por una efectiva igualdad de oportunidades y el rechazo a la práctica excluyente de las élites presentes en un importante sector de nuestra sociedad es preciso incorporarlos como parte del legado de nuestra independencia al igual que las reservas y el malestar que despierta la actitud igualitaria del venezolano común y el temor frente a la insurgencia del populacho que persiste en nuestra sociedad.

Sólo así podremos empezar a valorar la dimensión social que tuvo la Independencia, ya que la confrontación y contradicciones sociales que puso en evidencia siguen siendo materia de agitación y perturbación entre nosotros.

O sea, en esta segunda tanda, los historiadores consultados también parecen invocar el punto de la guerra social, por la exclusión económica, la discriminación social acumulada desde la Colonia. Sin embargo, siempre tenemos nuestras reservas, porque los líderes no eran mestizos, sino aportados por los mismos blancos, lo que es extemporáneo e introduce la duda sobre una propaganda política de ayudar a los pobres por razones simplemente electora. Y que el proceso no ha terminado.

El otro escalón en la evolución social del país, la Guerra Federal, fue sin duda alentado por la gesta de Antonio Leocadio Guzmán. Parece que tenía razón Eduardo Casanova en su aseveración contra este atrevido innovador, cuya creatividad cambió notablemente la estructura política del país, más para mal que para bien, diría yo. Y cuya gesta nos ha servido para divagar en torno a los causales de la historia, venezolana.

NOTAS

i Eduardo Casanova, en Las Oligarquías; ND 13/05/07. Guzmán “descubrió” la palabra “oligarquía” en algún diccionario y la popularizó.

ii Actualmente con al propaganda del socialismo marxista se predica “la igualación”, que los empleados en los comercios y areperas, los peones de los hatos, tienen derecho al control y posesión de los negocios de sus dueños, a cuenta que el marxismo estipula que el producto del trabajo pertenece al empleado, al peón de la hacienda que es el único que trabaja, mientras el dueño toma whisky (18 años) en la capital. La teoría de la plusvalía se vende fácil, que golilla, regalado no está muerto.

iii Véase nuestro trabajo sobre “La Historia de Venezuela de Gerendas. Una nota” en analitica.com y petroleumworld.com.

iv Véase nuestro trabajo “Propaganda Política y el Arquetipo del Bastardo”, en analitica.com y petroleumworld.com.

v Algunos autores (Lenin entre ellos) asignan a la plusvalía un factor crucial y decisivo en la explicación de la historia. No compartimos este concepto.

vi Véase nuestro trabajo “La Historia según Don Laureano” en Analitica.com: petroleumworld.com; soberania.com.)

vii Encontramos algunas imperfecciones en el libro de Altez, entre ellas de etimología local. Que nosotros sepamos, tiña es una despigmentación de la piel, notablemente en la cara, nada que ver con pecas.
Igualmente jabado es voz de uso común en gallinetas y gallinas cuando son de plumas pintadas de blanco y negro, jaspeadas. Nada que ver con “gargantilla de plumas” del Diccionario citado. Probablemente indicaría persona ambivalente. Finalmente, el autor toma partido en contra de Juan Vicente González, ofendiéndolo con frecuencia, lo que me parece impropio.

ix Véase en analitica.com (bitblioteca, ¿Fue la independencia una revolución social? Instituto de Estudios Hispanoamericanos, UCV Caracas.

Alberto Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico con un Doctorado en Derecho y Economía de la Energía. Es Individuo de Número de la Academia Nacional de Ingeniería y del Habitat. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

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