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de Vista
Análisis y opinión sobre energía,
geopolítica y civilización
El
Antonio Leocadio de R. Altez
Por Alberto
Méndez Arocha
Este
es un análisis “marxista” de la Historia
de Venezuela: sin ser expertos en Marxismo ni en Historia. Tenemos
interés, desde el punto de vista de la Ingeniería Económica,
en analizar los acontecimientos venezolanos en los últimos
tiempos, para ver si aplican las teorías marxistas, por la
mejor comprensión y explicación de lo sucedido. Nos
da pié para este análisis hoy una reciente biografía.
Antonio Leocadio Guzmán, un señor que como que fue
más importante de lo que parece. Un verdadero innovador en
la política venezolana. Aunque, al decir de Eduardo Casanova
i , “demagogo, oportunista y resentido que aduló a Bolívar
hasta lo vergonzoso y deformó la política venezolana
durante buena parte del siglo XIX…”
Debemos reconocer,
creyentes como somos que la lucha entre los grupos económicos en cada región y en cada momento son los
determinantes fundamentales del acontecer histórico, que la
explicación de la historia venezolana parece sometida a distintas
situaciones de estas luchas. Pero la historia no es resultado de
una lucha de clases en sentido estricto, de pobres contra ricos,
de explotados contra explotadores. La mayor parte de las veces –incluso
en la Historia de Venezuela--han sido luchas dentro de la misma clase
dominadora, entre grupos de intereses, de regiones con otras, a través
de guerras, conquistas y ejércitos bien o mal financiados.
Ahora, en este país, nos da pie para su análisis, repetimos,
la nutrida síntesis de Rogelio Altez aparecida en el No. 52
de la Biblioteca Biográfica Venezolana, Antonio Leocadio
Guzmán,
(El Nacional/Banco del Caribe), Caracas febrero 2007, 132 pp., ils.
Primero, se trata
de una historia “explicada” – no
descriptiva, lo que es de apreciar.
Dentro de las
explicaciones, muchas nos sirven para acentuar la comprensión de la historia atendiendo a intereses económicos,
ergo políticos.
Recordemos que
la lucha marxista entre capital y trabajo ocurrió básicamente
(mediados del XIX, cuando Leocadio) dentro de las fábricas
europeas, muy distante de la pugna entre grupos en las Américas.
Mientras que allí la explotación de los obreros acontecía
en tiempos de hambrunas y desempleo, con algunas teorías esclarecidas
y socialistas, alrededor de 1825 (de Smith y Ricardo, Marx nació en
1818), en Venezuela, tiempos de Páez, las principales luchas
económicas locales, y sus orígenes, a juicio nuestro,
serían las siguientes:
o Independencia
norteamericana, pugna económica entre los
colonos y la Madre Patria, por ingratitudes y poca fe;
o Revolución Francesa, pugna económica entre ricos
nobles y pobres explotados, égalité y liberté,
poca fraternité.
o Intento de Gual y España, bajo la influencia de la ideología
francesa revolucionaria; los blancos auspiciando la igualdad, extrañamente;
o Desembarco de Miranda, bajo las ideas republicanas, y por lo mismo
rechazado por los mantuanos de Coro; en Caracas no se explica cómo
tuvo apoyo, mayormente hacendados.
o Posteriormente a la Independencia, luchas de poder entre los generales
desempleados, nada de lucha de clases sino entre los privilegiados;
los pardos aportaban solo la soldadesca; las clases inferiores seguían
dominadas y explotadas.
o Llegada a la escena política de la lucha entre la masa de
pobres y las minorías de mayor ingreso, fermentada desde la
Colonia, en un país de alta pobreza; con la aparición
de Antonio Leocadio. También surgimiento del culto a Bolívar,
estrategia del mismo Guzmán para amrgarle la vida a Páez.
Que es lo que repasaremos seguidamente.
Una
cosa es la lucha por el control del valor agregado de los negocios
en una
región, por ejemplo hacendados contra las compañías
comerciales de la Madre Patria, y otra, después de la Revolución
Francesa, una reforma social para acabar con la segregación
racial impuesta por los blancos desde tiempos coloniales. Los gringos
primero cambiaron la dominación inglesa, y dejaron intocada
la esclavitud. Los venezolanos trataron da hacer las dos cosas, no
pudieron, lograron la independencia política, pero la Constitución
de 1830 dejó el poder a las élites, por un tiempo bien
largo, aunque algunos pardos tuvieron acceso al capital, por la recompensa
de las tierras a los soldados heroicos pero muchas tierras fueron
captadas por los generalotes. Justamente con Antonio Leocadio surgió el
desafío de las masas populares, con el primer partido político,
aparentemente más por las necesidades personales del citado
personaje.
Otra
cosa es la lucha por la “plusvalía”. Un
problema que ocurre principalmente en la masa asalariada, empleada
en compañías y fábricas ii .
En Venezuela, mientras existiera esclavitud, esta población
era explotada. Los pardos libres, estarían sometidos a dominación
y parcialmente a explotación, pero la pobreza era general
después
de la Independencia. Todavía quedaban rezagos de la discriminación
racial colonial iii para el ascenso social, vale decir económico,
que era una fuerza latente que fue emergiendo, primero en los llanos
con Boves y Paez, luego con Zamora , luego con mi comandante a comienzos
del XXI.
Para nosotros
lo único que vale es la lucha entre los grupos
económicos por el control del valor agregado, del bienestar
disponible en una sociedad. No la lucha por la plusvalía ,
que nos resulta un concepto cuestionable, al rechazar la existencia
de la propiedad privada y negar el capital como factor de producción.
Nos quedamos con el análisis de la historia por el simple
control de la riqueza.
Analicemos más en detalle algunos acontecimientos, tal como
extraídos del libro de Altez, en relación con la situación
social post-independencia. Realzaremos los proyectos exitosos que
logró Guzmán dejar como una herencia fundamental a
la vida política venezolana.
Cinco temas claves (hoy, motores) destacaremos de la gesta de Antonio
Leocadio:
1. Le necesidad del ascenso social personal en una sociedad estratificada;
2. La creación del culto a Bolívar;
3. La invención del primer partido de masas;
4. La aplicación pionera del populismo – la “guerra
social”;
5. La propaganda política moderna: periodismo y eslogans (oligarcas,
jabados).
1 Le necesidad del ascenso social personal en una sociedad estratificada;
“Ya no podrá un imbécil, altanero por su genealogía,
exigir humillaciones de un hombre honrado, que no ha tenido el cuidado
de escribir en pergaminos el nombre de sus antepasados…” (Guzmán,
1828; en Altez, 2007:32; el destacado es nuestro).
Antonio Leocadio
se encontró a su regreso al país
(1823) en una situación de desventaja para el ascenso y la
figuración social, por tanto para ganarse la vida
decentemente. No tenía abolengo. ). El hombre estaba reconcomiado.
Aunque su padre
fue Capitán del Batallón de la Reina,
su hijo, se sintió en la necesidad de (idem, 19):
“rescatar la figura de su padre, o bien con el objeto de
construir una estirpe de dónde descender. Ese afán
de linaje condujo indefectiblemente sus afectos y ojerizas en muchas
de sus batallas periodísticas, la cuales dejaron una huella
indeleble en la sociedad caraqueña decimonónica..”
Los
hijos de Antonio de Mata Guzmán y Palacio no poseían
abolengo alguno. Eran simplemente los hijos de un buen soldado
español,
y no de algún encopetado oficial criollo con credenciales
de sangre blanca y mantuana. …Ello le costó algunos
rechazos y el grave esfuerzo de construirse su propia plataforma,
desde la cual proyectar si figura, sus habilidades y, mucho más
adelante, hasta su propio hijo.
“Estas pasiones, ciertamente, arrinconaban el corazón
del hijo de aquel oficial español, y le harían siempre
incomodas las relaciones con los caraqueños que, de una manera
u otra, la recordaban a diario su ascendencia no-criolla, no mantuana,
antes bien española y realista.
Entre
incomodidades y ganancias políticas, tal como se desenvolvía
la vida de Antonio Leocadio Guzmán, la carencia de
estirpes y linajes que acreditaran su lugar social en aquella ciudad
de techos
rojos y status inconmovible, movilizaban sus afectos. De allí que
su mirada hacia el pasado buscara reordenar las cosas y otorgarle
a su origen un peldaño poco compartido con sus vecinos. Los
acontecimientos de 1812 y 1813 tenían que ser reinterpretados
históricamente a su favor, con el objeto de que su apellido
ganara las credenciales que le identificaran com un “ilustre
prócer”.
Terminando con (idem, 29ss.):
Es
seguro que Antonio Leocadio Guzmán abrigase algunos resentimientos
hacia aquella casta de mantuanos, que de opresores del resto
de la sociedad pasaron a héroes de la patria a la vuelta de un par
de décadas [los que quedaron!!, ama], puesto que nada tenía
que ver con ellos, aunque sí competiría con ellos mismos
por los lugares mas destacados de la naciente república, ya
desde la década de los cuarenta del siglo XIX…. Será el
quien coloque en su justo lugar el calificativo de “godo”.
Logrará entre otras cosas, agrupar a los sectores populares
y convertirlos en grupos de presión, arrinconando a los poderosos
más de una vez… Fabricó la casta de los Guzmán
y se alineó al lado de los próceres, en un lugar que
ocupó mientras puso…”
Reconcomio que
en parte explica su posición política
anti-conservadora, y luego el levantamiento de las masas populares
contra la godarria, hasta el extremo de la violencia armada. Es curioso
como un rencor personal puede ser un dinamismo tan determinante como
para marcar las acciones de toda una vida.
Un trepador,
no le quedaba más remedio. Pero tenía
pupila. “Mientras tanto, habría de comenzar su largo,
laborioso y complicado camino hacia la aceptación social.
Su primer paso puede observarse en la escogencia de su pareja: Carlota
Blanco” – allegada a los parientes del Libertador.
Altez es a veces
implacable: “Algo ocultaba Carlota (idem,
54-55) en la discreta ceremonia matrimonial: algo ocultaba el amor
de Antonio Leocadio por aquella protegida de los Bolívar,
y si bien no era la incontrolable pasion ardiente que sentía
por su amada y que le había precipitado tras las celosías,
si era el ardoroso deseo de llevarse por delante aquella sociedad
enferma de status. Y eso mismo haría, años después,
acudiendo a los temores mas profundos de las clases poderosas y discriminantes:
el miedo a la igualdad… para hacer de ello una bandera neoliberal
y para catapultarse por encima de su ausencia de alcurnia”
Con un toque
de “guerra social” : (idem, 55)
Antonio
Leocadio sabia muy bien y por propia experiencia familiar, que
los blancos
criollos no eran igualitarios por naturaleza ni se
habían convertido al igualitarismo cual voto de fe. Conocía
las intimidades de los pensamientos de esta sociedad que
todavía
se preciaba de tener esclavos y que gustaba de mantener
muy abajo en la escala a la mayoría mestiza.
Estaba
conciente de que lo que se había construido como Republica,
pues veía esa forma democrática de elección
(donde solo votaba la minoría propietaria que probara tener
ciertos ingresos, agregando, además, el detalle de saber leer
y escribir), como un sistema conservador de los mismo
lugares de poder…
Hemos destacado
este aparte, porque luego veremos que las más
importantes innovaciones producidas por ALG fueron básicamente
generadas, en su interior, por el rencor que su pecho avivaba
contra de los mantuanos por la discriminación sufrida como hijo de
español sin mayor alcurnia, aunque Ud. no lo crea.
Inició igualmente su periplo político, basado en el
uso nivel de los periódicos como medio de comunicación
incipiente (mucha gente era analfabeta), y “contra la clase
más poderosa” (los militares) con su idealismo liberal
en parte aprendido en España y con sus maestros criollos (Tomás
Lander).
Más abajo volveremos a tocar el tema de la guerra social
es una mayor extensión (y anexo ).
2
La creación del culto a Bolívar
Otra hazaña lograda por Guzmán, para mal o para bien
de los venezolanos que seguimos aguas abajo en el acontecer nacional,
fue el rescate o más bien la creación del culto al
Libertador. Como se sabe, el prestigio de Bolívar había
sufrido duros ataques en sus últimos días, enfrentado
al caudillismo de cada región libertada, incluyendo Venezuela
con Páez.
ALG se encontraba
en una momento donde “en aquella sociedad
atravesada por un status angustiante, no era posible ser un hombre
con poder si no se estaba al lado de gente tan especialmente popular
como, por ejemplo, el general Páez o el propio Libertador.
Menuda tarea le esperaba al joven descendiente de un militar realista.
(idem, 44).
El
rechazo a la figura del Libertador-Presidente de la Gran Colombia
llegó a extremos de agresividad muy poco sutiles. Asociado
su perfil con la tiranía, la dictadura y hasta la Monarquía,
la cabeza de Bolívar tenia precio en Venezuela…Los conjurados
venezolanos… excluyeron y expulsaron a Bolívar, hasta
garantizar que nunca más volviera a su tierra natal, tal como
sucedió hasta que regresaron sus restos en 1842, cuando
por cierto Antonio Leocadio va a empezar a llamarle “Padre de la
Patria”. Pero esa es otra historia, que empezará a escribirse
cuando el futuro líder liberal rescate la imagen del Libertador
y la coloque frente de las intenciones de perpetuidad de la clase
conservadora (id., 59).
(ALG) Comprendía lo que se sentía en el pecho cuando
la discriminación golpeaba; y aunque el no fuese un pardo
o un “sin camisa”, más de una vez pudo sentirse
en ese lugar social (id., 76).
Es por ello que inicia el rescate de la figura de Bolívar
en aquél contexto y con la idea de entregarle el mito y la
leyenda al “pueblo”, para que con ello se levantara
una bandera que opacara a aquellos que, como Páez, paseaban por
el poder exhalando aroma de héroes…”
“El
Bolivarianismo iniciado por Antonio Leocadio resultó una
estrategia muy astuta” [‡?&??%$^*!!!]
Aquí no termina la historia, o el cuento: ALG terminó siendo
denominado por la gente y sus amigos, por un tiempo, “el Segundo
Bolívar”-- también otros presidentes posteriores
buscaron y lograron tal posición emblemática.
3
La invención
del primer partido de masas.
Inventó el primer partido político
es la historia de Venezuela.
Los
liberales de Caracas dieron sus primeros pasos en torno a sus
ideales y a
su crítica contra el gobierno.
Desde los sectores intelectuales se está conformando un movimiento
que rápidamente asumirá el perfil de partido, y que
enarbolará las banderas del discurso liberal.
En las reuniones de agricultores (h. 1838) se estaba construyendo
un discurso y un proyecto que pronto sería identificado formalmente
con el nombre de “liberal”.
Entre 1840 y 1841, El Venezolano sólo contaba con dos agencias
activas…Para 1842 alcanzó treinta en casi todo el país…el
movimiento liberal... tornado ahora en un partido de proyección
nacional… esas mismas agencias desplegarían labores
de convocatoria e idealización de masas… también
se leería en voz alta para todos aquellos que no sabían
leer ni escribir… Aquella sociedad había cambiado sus
relaciones políticas para siempre…Por primera vez se
estaba concentrando en torno a líderes civiles…Y Antonio
Leocadio era el artífice de esta obra — ¡Otra
hazaña!!
4
La aplicación
pionera del populismo: la guerra social iv.
No está clara la identificación de las clases sociales
a comienzos del XIX. Por una parte se habla (idem 73) de españoles,
mantuanos (blancos criollos o patriotas) y pardos (mestizos). Después
de la Independencia se habla de pugnas entre los ricos, o sea, los
militares desempleados y los blancos mantuanos (hacendados, criollos
nobles y propietarios), pero también están los burgueses
(comerciantes ilustrados) y los burócratas; y los profesionales-funcionarios-intelectuales
(id., 57). Y siempre los mestizos pobres y los esclavos. Pero con Guzmán se empieza a hablar, una verdadera primicia, a nombre
del “pueblo”, mestizos y esclavos, los pobres. O sea,
los intelectuales y políticos blancos representando a los
desposeídos. Otros que adivinan. En razón de la ojeriza
que les tenían, a los mantuanos, por la discriminación
racial, esta vez, todavía el rencor fue el factor motor de
la versión pantalla: “tomar el poder para beneficio
personal por ayudar a los pobres”.
Digamos que la
Independencia fue una pugna entre los criollos blancos iluminados
(incl. Roscio) republicanos y la España con sus
comerciantes, algunos criollos, más los mantuanos no girondinos
(Coro, &&). Guerra Civil hasta que llegó el ejército
español. Porque la carne de cañón era local, “para
los enfrentamientos entre oligarquías” como dijo una
vez Manuel Caballero (Las crisis &&; 2004, 128).
Después vinieron las pugnas entre los militares ociosos.
Primero Páez contra Bolívar, después Páez
contra los demás, hasta que se fueron extinguiendo. Ya Guzmán
Blanco es de la segunda generación. Pero la primera protesta
de la clase pobre, mestizos y esclavos (aparte de los alzamientos
coloniales) puede identificarse en las revueltas guzmancistas de
1846.
“Las luces estaban llegando a la vuelta de tres décadas
de un crítico proceso social interno, en donde se avistaba
una fisura en el pacto político de 1830. (id., 74).
“
Con o sin camisa, el discurso liberal daría cuenta de un significativo
apoyo popular que rápidamente se organizó en aquel
partido que surgió del cerebro de Antonio Leocadio.
Las
cartas estaban echadas. El Partido Liberal se había constituido
y se hallaba en una oposición activa. Había despertado
la conciencia de las diferencias entre los miembros de la sociedad
y las había capitalizado políticamente. Descubrió,
pues, de la mano de Antonio Leocadio, el primer
populismo de la historia venezolana. (Id., 77)
“… la prédica liberal que ha cundido en el ánimo
de los esclavos, de los mulatos, de los hombres del pueblo, terreno
fácilmente regable, pues esta abonado por tres siglos de ignominia
y esclavitud… [Mujica (1982:91) citado por Alvez, 82; el
destacado es nuestro].
Ahora
había surgido un nuevo caudillo, el “segundo
Bolivar”, un nuevo “prócer” que se
habia dado a la tarea de conducir a la ignorancia hacia las luces
de la política.
Aquí remata Altez : “Pero solo les había iluminado
el camino, no se quedó hasta el final de la proeza”.
Pero
en 1846 “la situación social y política
del país estaba en estado incandescente…ALG era el candidato
del partido Liberal en las elecciones…Una estrategia planteada
que necesitaba un modelo de Estado que los había excluido
quienes no estaban preparados para liderar una transformación
de estas magnitudes…
Habría que esperar hasta la Guerra Federal… ¿y
el socialismo del siglo XXI?
En el anexo elaboramos
más detenidamente la cuestión
de la guerra social, según es vista por distintos historiadores,
a los fines de esclarecer el ingrediente social en las distintas
guerras durante el siglo XIX.
Adelantamos que
la concepción predominante entre los historiadores
examinados (Vallenilla, Bosch, Quintero, Alvaro Vargas (incluye a
Carrera Damas y Lynch), y otros – parecen favorecr la tesis
del ingrediente social. Esto sería solo parcialmente, porque
los líderes de los desposeídos no fueron representantes
genuinos de esta clase de los pardos, sino como el mismo Antonio
Leocadio – líderes políticos que se aprovecharon
de promover las banderas que atendían las necesidades de la
mayor parte de la población, los pardos, o sean los pobres
integrados por zambos, negros, mulatos y mestizos, que nunca habían
tenido quien se ocupara de ellos, alguien que representara sus intereses.
Habían sido la soldadesca, la carne de cañón,
muchas veces compensada, a falta de sueldos militares, por el botín
proveniente del robo y del saqueo de la gente pudiente, o por la
repartición ocasional de tierras.
Incluso se dice
que Bolívar decidió atender la independencia
de las naciones hermanas como un mecanismo salvatorio para retrasar
la llegada de la pardocracia en Venezuela, cuando las masas populares
eran mucho más abundantes que los restos escasos del mantuanaje
colonial, al final de la guerra.
Esperemos a leer el Anexo.
5 La propaganda política moderna: periodismo y eslogans
Conviene aquí destacar las siguientes “hazañas”:
1 UTILIZACION POLITICA DEL PERIODISMO.
Dice Altez:
“He allí que la clave de todos sus logros la encontrara
en un medio de comunicación que, por entonces, poco
tendría
de masivo o popular, pero que en sus manos y gracias a ellas, se
convertiría en al mejor arma política de la historia
antes de la televisión: la prensa. Con ellas Guzmán
construyó un partido político de arrastre nacional,
lideró una conspiración, convirtió en populares
a las masas desatendidas, hizo que los periódicos fuesen leídos
hasta llegar a ser comprendidos por la mayoría analfabeta
de la población, y logró con ello cambiar en pocos
años las estrategias de las relaciones de poder en Venezuela,
aunque poco después seria condenado a muerte por todas estas
cosas…” (idem, 44)
2 ANTI-MILITARISMO
Sus primeras incursiones políticas, usando el periodismo,
fueron contra los militares. “Aquella cabeza toda republicana
(idem, 39) esta advirtiendo en este sector de la sociedad [los militares]
algo mas que próceres y héroes; veía una clase
que se atornillaba en el poder con visos de eternidad, a partir de
las prebendas que (¿legítimamente?) obtenían
a la vuelta de la guerra (esto estaba soportado por la Ley
de Repartos de Bienes Nacionales y Haberes Militares de 1817)…Ganaron,
junto a las batallas, tierras, cargos, pensiones transgeneracionales
y prestigio, o bien reforzaron su condición elitesca y aseguraron
su estatus con solo ponerse el uniforme…”
La cuestión llegó a la Corte Suprema, donde se falló a
favor del periodista.
3
INVENCION DEL “CLIENTELISMO”.
“Toda acusación pública es una oportunidad
política – y estaba muy claro para Antonio Leocadio
Guzmán”.
“Cada columna periodística en manos de Guzmán
se convertía en un arma punzante…”
“Con ellos llegaría a ocultos rincones del pensamiento
social en donde lograría asentar, por primera vez entre los
venezolanos, las semillas del populismo, a través
de lo cual cimentará esa fuerte sensación colectiva y alucinatoria
de que se está formando parte del poder en tanto se otorgue
un apoyo masivo y se acuda a la convocatoria del líder de
turno, mientras se aguarda confiadamente por ciertos beneficios “sociales” como
contraprestación…”
4 LOS ESLOGANS
Pero
mas acertado fue el líder liberal (id., 76) cuando
introdujo en el hablar del pueblo una retahíla de apodos que más
que repetidos y extendidos, fueron incrementados en su número
y variedad por la propia inventiva popular. [Âny second thoughts?
- ¿regreso al siglo XIX?]
Todo
esto señalaba la presencia de un partido político
con arrastre de masas…
Con aquellos motes y apodos que empezaron a extenderse
por todo el país de la mano de la prensa, la sociedad venezolana se atrevió (también
por primera vez) a darle un lugar real y tangible a la élite
conservadora que se hallaba en el poder luego de la aventura
independentista…” (id.,
76).
“A
través de El Venezolano, Antonio Leocadio les hablaba
a “todos”…” [¿les suena?] – (id.,
78). Y según Eduardo Casanova viii el mote de “oligarca” – como
atribuido a los conservadores, también se debe a una ocurrencia
de Guzmán.
Los
desórdenes
de 1845-46
“Habíase iniciado en Venezuela la era de los desórdenes,
del derecho del populacho armado a derrocar las leyes e ingerirse
en las deliberaciones del poder judicial, diría Páez
(1872) al final de su vida.”. (id, 81)
¡Viva la Libertad! - ¡Viva el Segundo Bolívar! – “…la
labor proselitista de los lideres liberales, la cual ejercían
visitando subrepticiamente las haciendas y adoctrinando a los peones
y esclavos a quienes les enseñaban que, mas tarde o mas temprano,
llegaría el momento de tomar los bienes de los propietarios
para su beneficio…” (id, 85) – [¿alguna
similitud con el socialismo XXI?]
“A los hombres que habían cercado la casa del consejero
de Paez (Quintero) – dirigidos
por el Indio Rangel, les hizo
frente por unos segundos el mayordomo de la hacienda, quien trabuco
en mano, salió a poder el orden…, Pero los facciosos
lo atraparon y una vez que lo tuvieron en el suelo le dieron muerte
a machetazos…”
Estas escenas se repetían por doquier…La partida de
hombres armados vestía con plumas blancas o con unas cintas
amarillas que engarzadas en sus sombreros decían “viva
Guzmán, viva la libertad y vivan los esclavos libres” (id,
91).
A
nombre de “mueran los oligarcas”, llegaron a Tejerías
unos treinta hombres armados de lanzas, trabucos y machetes… (p.
90)
A Guardatinajas, El Consejo y Tiznados llegó un tal José Antonio
Tovar con trescientos hombres armados, robando y amenazando a todos
a nombre de Guzmán.. (p. 91).
Entre ellos también se apreciaba a Ezequiel Zamora, quien
años después de este episodio libraría su propia
batalla por el Liberalismo (junto al “Indio” Rangel entre
otros) y protagonizaría escenas similares en la Guerra
Federal.
Pasamos ahora
a un análisis más detallado de la guerra
social, en el anexo, que según el análisis económico
de la historia, desde el punto de vista del conflicto entre las clases
económicas de la sociedad, según Marx, explicaría
el acontecer de las cosas. Solo que en este caso no fue entre pobres
ni ricos, como casi siempre. Estamos de acuerdo con que tales luchas
son el acontecer histórico, pero no siempre explotados contra
explotadores, sino frecuentemente entre explotadores por el control
de la riqueza, dejando los explotados sin afectar. Toma un tiempo
para que se rebelen, pero puede suceder…[Fue más fácil
que se rebelaran los negros, mas agresivos, que los indios. Esperemos
a ver que pasará en los Andes…]
Quizás tuvo razón Eduardo Casanova cuando dijo que
Antonio Leocadio fue un “demagogo, oportunista y resentido” (además
de trepador) –pero hay que reconocer también ostentó una
gran creatividad en las instituciones políticos que debían
emerger en su tiempo, un adelantado para la época que no supo
o no pudo aprovechar la situación de liderazgo que le tocó vivir
y sufrir.
Y que con su
gestión instaló, de paso, el culto a
Bolívar y el proyecto de “redención de las masas” – que
todavía hoy sigue ejerciendo su atractivo en los planes políticos
populistas para capturar y mantener el poder, basado en la siempre
presente aspiración popular en la “igualdad” en
un país con un pasado colonial de dominación blanca
que todavía está presente, si no en el inconciente
colectivo, en la aspiración diaria del llamado “pueblo”.
Podría decirse que como herencia colonial existe el resentimiento
social por una mayor igualdad, una mejor distribución de la
riqueza, que tuvo sus amagos en la independencia cuando batallaban
contra “los amos”, ya fueran mantuanos o españoles;
que siguió con la Guerra Federal, donde se lograron algunas
mejoras, no muchas, en la dicha distribución y que ha sido
recientemente enarbolada con la igualdad por el Socialismo del siglo
XXI, con el general Zamora (un poseedor de esclavos) a la cabeza.
Con un cierto desajuste, en el tiempo, porque la polarización
parece artificial dada la mezcla de colores en la población,
y porque parece una repetición de las “revoluciones” anteriores,
donde aplican todos los epítetos de los historiadores consultados:
más de lo mismo, de producir nuevos ricos sustituyendo a los
anteriores a cuenta de salvar a la patria.
ANEXO
LA “GUERRA SOCIAL” – UN
ANALISIS REFERENCIAL
A continuación realizaremos un repaso de algunas de las observaciones
de historiadores profesionales sobre la cuestión social como
motor de las luchas independentistas, de lo que al final parece una
mezcla de factores, algunos ideológicos y económicos
entre las clases acomodadas, parcialmente apoyados por los intereses
de algunos grupos mestizos por la reivindicación social.
Nuestro interés es reivindicar el carácter fundamentalmente
económico de las luchas históricas políticas
y sociales.
Este tema se
plantea a partir de la Independencia. La cuestión
ha sido analizada por el acucioso pensador positivista. Laureano
Vallenilla Lanz, el historiador científico, cuando introdujo
el carácter social, el argumento de lucha de clases, de mestizos
y negros contra blancos, como ingrediente motivador en las batallas
iniciales. No necesariamente como chispa (que parece ideológica
y económica entre élites, en la coyuntura napoleónica)
sino como motivación de las luchas de los combatientes.
Después se repasan las opiniones de Bosch, Quintero, Vargas
Llosa (Alvaro), y dentro de éste a Lynch, Garcia Hamilton
y Carrera Damas.
A. LA OPINION DE VALLENILLA LANZ
A favor de una
lucha social se acude a la cita del general Montalvo: (Vallenilla,
Cesarismo Democrático; mencionado por Restrepo
en su Historia de Colombia):
“Boves ha logrado reunir –decia Montalvo—como
que convida con todo genero de desorden, al pie de diez
o doce mil zambos y negros, los cuales pelean ahora por destruir a
los criollos blancos, sus amos, por el interés mutuo que ven en ello; poco
después partirán a destruir a los blancos europeos,
que tambien son sus amos, y de cuya muerte les viene el mismo beneficio
que de los primeros”
El argumento de Vallenilla es el siguiente:
La historia,
como la vida, es muy compleja. No la historia inspirada en el criterio
simplista que solo ve en nuestra revolución
la guerra contra España y la creación de la nacionalidad
sino la que profundiza en las entrañas de aquella espantosa
lucha social: estudia la psicología de nuestras masas populares
y analiza todo el conjunto de deseos vagos, de anhelos imprecisos,
de impulsos igualitarios, de confusas reivindicaciones económicas,
que constituyen todo la trama de la evolución social y política
de Venezuela. (idem, 95)
Dijimos en ese
trabajo: “Como veremos, resulta que la explicación
más plausible de los acontecimientos de nuestra historia es
la repetición de la aparición de conflictos por la
psicología popular, “impulsos igualitarios, confusas
reivindicaciones económicas” – “el odio
y horror de la oligarquía” -- que fue el motor cuando
la Independencia, que fue el 46 el credo de Zamora, en 1859 la Federación
y a fines del siglo XX con la revolución chavista,
instigada por los mismos resentimientos sociales, con el rescate
de las tierras
de los anteriores marqueses por los “nuevos corifeos de la
gente colorada”.
(A.M.A., La Historia según Don Laureano; Analitica.com;petroleumworld.com).
Hay un ritornello
en este planteamiento: “Las masas populares
que habían sido realistas con Boves y patriotas con Páez
durante la guerra de la Independencia, fueron después liberales
con Guzmán y Zamora en el 46, y federales con el mismo Zamora,
con Falcón y con Sotillo en el 59”. (183)
Y luego : (181) “Todos aquellos movimientos eran simplemente
la continuación de la misma lucha iniciada desde 1810 (y antes!!),
la propagación del mismo incendio, oculto a veces bajo las
cenizas o elevando sus llamas hasta enrojecer el horizonte, pero
siempre implacable en su obra de devastación y de nivelación.
En 1846 como en 1859 se concentraron de nuevo las mismas montoneras
de Boves y de Páez bajo el brazo vigoroso de otro gran caudillo
de la misma fisonomía oral, de las mismas dotes de mando,
del mismo empuje heroico, del mismo desprendimiento, de los mismos
principios oclocráticos…”
Pues
contra esa casta [los blancos] debían desatarse naturalmente,
los odios de las clases populares, contra su vida y contra sus intereses.
Blanco, propietario y patriota, era todo uno para los soldados de
Boves y de Yánez; blanco, propietario y godo continuó llamándose
para los mismos beduinos “todo el que tenga algo que perder”…(p.110).
Encima, la celebre
ley (“neoliberal”se diría
ahora) del 10 de abril del año 24 favoreciendo el capital
daba al comercio, y por tanto a los godos, una preponderancia mucho
mayor que en la época colonial, lo que atribuye a la influencia
manchesteriana sobre el Dr Vargas.
“También los godos, los representantes de la burguesía,
constituida por una oligarquia de tenderos, de canastilleros, como
se decía entonces, resultaron favorecidos por
la Constitución
del año 30, que solo concedía derechos electorales
a los que poseyeran rentas.—“
Como muchos autores,
la explicación de las luchas se atribuye
a la construcción de una sociedad colonial de carácter
fuertemente discriminatorio, de elevada dominación económica.
Y
es porque, a pesar de nuestras teóricas transformaciones
políticas, el fondo intimo de nuestro pueblo continuó por
largos años siendo el mismo que durante la Colonia. Las pasiones,
los instintos, los móviles inconcientes, los prejuicios hereditarios,
tenían que continuar siendo en él elementos de destrucción
y de ruina, contenidos únicamente por los medios coercitivos
que tan ampliamente ha tenido que ejercer el jefe del Estado…(108)
En pocas palabras,
que la dominación económica, ergo
social, de tres siglos de Colonia, comenzó a cobrar cuentas
a partir del siglo XIX, y todavía no han terminado sus esfuerzos
reivindicativos…
B. LA OPINION DE JUAN BOSCH (Cf. “Bolívar y la Guerra
Social”, Internet)
Bosch
opina directamente que la Guerra Federal fue una Guerra Social,
y también la de Independencia, aunque en ésta
contribuyeron otros factores.
Dice este autor:
“Las guerras civiles han sido simples, ideológicas
y sociales.
Las guerras civiles simples, llevadas a cabo por dos facciones
caudillistas que se disputan el poder, han sido las más
abundantes y son las que menos deben llamarnos la atención.
A las simples han seguido en número las de cierto mantenido
ideológico, con una alta proporción de caudillaje
en busca del poder, como las de liberales y conservadores, no tan
simples como las de facciones caudillistas pero no tan complejas
como las guerras sociales, si se exceptúan la revolución
liberal mexicana que acabó llevando al poder a Benito Juárez
y a la liberal de Venezuela que se llamó Guerra Federal.
Además de guerras civiles hechas por los partidos liberales
de ambos países, estas dos fueron guerras sociales.
Pero
sucede que esa guerra, que cubrió costas de tres mares,
llanuras inmensas y montañas gigantes en varios millones de
kilómetros cuadrados, no fue una simple guerra de independencia.
Bosch tiene su
teoría:
Pocos
acontecimientos históricos, en el mundo americano,
tienen causas tan diversas operando a la vez como esa guerra de trece
años. Lo que comenzó siendo en 1810 una declaración
de autonomía de la provincia de Venezuela y se
convirtió en
julio de 1811 en declaración de independencia y en establecimiento
de un Estado federal —todo ello sin que apenas se derramara
sangre—, pasó a ser en 1812 una
guerra social que fue
creciendo en intensidad, en crueldad y en capacidad destructora,
hasta llegar a ser la razón oculta de la vasta
acción
libertadora de Simón Bolívar.
Los resultados de la guerra social venezolana de 1812-1814
fueron inmediatos y tardíos. Los primeros significaron
la destrucción
física de la nobleza criolla, los mantuanos que proclamaron
la independencia; los segundos resultaron, desde el punto de vista
de la lógica aparente de la historia, los más inesperados.
Pues fueron los mismos hombres que aniquilaron a los
independentistas de Venezuela los que hicieron bajo el mando
de Bolívar la
independencia de ese país y de varios más, y fue
el miedo de Bolívar a que la guerra social venezolana se
reprodujera en Venezuela lo que le llevó hasta el Potosí y
lo que le hubiera llevado, de permitirlo la situación política
internacional, hasta Cuba y Puerto Rico. Bolívar libertó media
América porque les buscó ocupación en lugares
lejanos a los hombres que podían resucitar en Venezuela
la guerra social; esto es, convirtió en libertadores de
Nueva Granada, de Ecuador, Perú y Bolivia a
los llaneros de Boves y Morales, y faltó poco para que los llevara a
las islas españolas del Mar Caribe, por miedo a que hicieran
de nuevo lo que ya habían hecho una vez.
Sigue Bosch,
en la línea de Don Laureano:
Vano
intento el suyo, pues como las condiciones sociales que hicieron
posible
la aparición de Boves permanecieron sin transformación,
a mitad del siglo XIX, cuando todavía no habían comenzado
a pudrirse los huesos del Libertador, Venezuela volvió a
ser el escenario de otra guerra social de poder destructor parecido
al
de la primera.
Ésta fue la llamada Guerra Federal. Su
jefe no era el asturiano José Tomás Boves sino el venezolano Ezequiel Zamora;
su bandera no era la del absolutismo de Fernando Séptimo sino
la del liberalismo que predicó Antonio Leocadio Guzmán;
sin embargo, a pesar de las diferencias entre las nacionalidades,
las ideas y las banderas de sus jefes, la Guerra Federal
fue una segunda parte de la Guerra Social, ni más ni menos. De manera
que el miedo de Bolívar había tenido razón de
ser, y la historia lo justificó.
Otras opiniones a registrar: (el origen de la Guerra Federal en
los llanos de Portuguesa, Barinas y Apure):
; pero resulta de otras averiguaciones que los labradores
andaban agobiados por los especuladores que medraban en
el comercio del añil,
y que muchos de estos mercaderes más dolosos o menos afortunados,
se desacreditaron al cabo y desacreditaron al comercio honrado de
aquellas provincias; hecho lo cual, refugiáronse debajo de
la bandera de la insurrección, constituyeron lo que se llamó entonces
la facción de los "indios de Guanarito", aunque
poquísimos eran los que en ella representaban
la propia raza indígena, aun viviendo en sus propios resguardos. Sucedió esto
cuatro meses después de la revolución de marzo. Como
corriese la voz de que las fichas que hacían circular los
comerciantes eran para vender al pueblo a los extranjeros, o
para reducirlo a la esclavitud, y que los hierros con que
marcaban los
zurrones de añil eran para señalar a los esclavos,
engrosaron pronto las filas de los rebeldes y al grito de: "¡Todos
somos iguales! ¡Mueran los blancos! ¡Abajo los godos! ¡Hagamos
patria para los indios!", corrieron a alistarse en ella mucha
gente perdida, deudores fraudulentos no pocos y acaso hostigados
por la miseria la mayor parte. Un informe del general Escobar refiere
cómo se alucinaron los indígenas con el resguardo de
tierras que les ofrecían los leguleyos de las aldeas y cómo
se persuadió a los libertos de que el Gobierno iba a hacerlos
otra vez esclavos; mientras que los pobres creían que se les
quería vender a los ingleses para con sus carnes hacer jabón
y con sus huesos cachas de cuchillos, bastones y sombrillas.»
Arcaya, … le niega carácter de guerra social a la de
la Federación, enjuicia estos primeros movimientos así:
«
Si examinamos más en concreto la cuestión que nos ocupa,
y nos fijamos en los primeros alzamientos de la guerra
federal, ocurridos en las selvas y llanos de Portuguesa,
Barinas y Apure, en 1858, que
por haber sido acaudillados por oscuros guerrilleros han
dado lugar a que se suponga que eran movimientos inspirados
por la cuestión
social, veremos que se explican más fácilmente como
una simple regresión a la vida nómada primitiva.»
Y
la opinión de Gil Fortoul, por lo que valga:
De todas las teorías políticas, leídas por algunos
en periódicos, oídas por los más, en rápidas
conversaciones, la única que podía penetrar en la masa
anónima era la de igualdad o igualación de clases.
Este debía ser el credo de los pobres, de los oprimidos, de
los eternos miserables, de los despreciados por el color de su piel. ¡Por
fin el negro igual del blanco, el liberto igual del
amo, el pobre igual del rico, el pobre rico!»
En conclusión, en esta primera lectura, que tanto Bosch como
Vallenilla respaldan la versión del ingrediente social fundamental
en la Independencia y la Guerra Federal, asunto que nosotros solo
respaldamos parcialmente. Porque fue una guerra entre líderes,
entre élites, y los que peleaban eran los pardos, con motivaciones
principales económicas e individuales. No hubo mayormente
líderes negros, o zambos, o mulatos, o mestizos.
Siempre blancos liderando a los pobres, a cuenta de salvarles
la
patria. Muy distinto
del caso Haitiano, o de las bullas negras en las haciendas.
C. LA OPINION DE ALVARO VARGAS
Destaquemos primeramente el análisis del pensamiento del Libertador,
sobre el tema, en los siguientes términos: (Cf. El
Caudillo, el populismo y la democracia. 19/6/2006.
The New
Republic.
1 OBSESIONADO POR EVITAR LA PARDOCRACIA –“Siempre había
sido consciente de esta división social y de la desventaja
numérica de su raza y su clase en una sociedad en la que los
negros, mestizos e indios constituían tres cuartas partes
de la población”.
La obsesión con la prevención de la pardocracia en
Venezuela se volvió la fuerza impulsora de todo lo que Bolívar
hizo militar y políticamente, incluyendo la decisión
de combatir en otros países [es la teoría de Bosch]
después de la independencia del suyo, la ejecución
de ex lugartenientes como Manuel Piar, su alianza con caudillos locales
como Páez y, fundamentalmente, la concentración
de excesivas facultades en sus propias manos.
Por cierto que
José García Hamilton, un estudioso
argentino de Bolívar, considera que el Libertador fue consistentemente
dictatorial:
“Hay algo de cierto en la afirmación de García
Hamilton de que Bolívar "fue el creador del populismo
militar en América Latina, al cual Santander en Bogotá y
Bernardino Rivadavia [el presidente de Argentina] en Buenos Aires
se oponían". Agregaría que Bolívar menospreciaba
a los caudillos y caciques locales que se interponían en su
camino solamente cuando éstos no satisfacían sus propósitos…”
2 OBSEDIDO POR LA REVOLUCION HAITIANA. “Vivía también
obsedido por la revolución haitiana. Dessalines, el ex esclavo,
había decapitado a todos los blancos que se interpusieron
en su camino antes de ser asesinado en 1806…”
3 IGUALMENTE
ES ACEPTADO POR LYNCH.
“
La biografía de Lynch trata muy bien este tema a la vez que
justifica el temor de Bolívar a la pardocracia. Un punto importante
que no se enfatiza lo suficiente es que el gran logro de Bolívar
a comienzos de la lucha independentista fue poner
a los pardos, que al comienzo se habían opuesto violentamente a las elites criollas,
en contra de España”.
4 LA OPINION DE CARRERA DAMAS
“
En su libro “El Culto a Bolívar”, el académico
venezolano Germán Carrera Damas sostiene que de 1812 a 1814
la guerra fue librada por los ricos, de 1814 a 1817 por
los pardos y los esclavos, y de 1819 en adelante nuevamente por los
ricos, los terratenientes y los monopolistas comerciales. Los caudillos se encontraban
bajo su control. En algunos casos, adquirieron tantas propiedades
que ellos mismos se volvieron parte de la elite
rica. El desatino
de Bolivar consistió en contener, en vez de abrir, las puertas
de la movilidad social. No reconocía bien la separación
existente entre las constituciones teóricas que él
y sus hombres sancionaron y la clase de sociedad
estratificada que las subyacía. En su visión elitista de la economía,
los tenderos y los pequeños comerciantes eran "gente
vulgar"….”
Nos parece muy
coherente la opinión de este último
historiador, en cuanto destaca las pugnas “entre los ricos” – o
sea, luchas horizontales dentro de la misma clase, pero siempre “apoyados” en
la batalla por la clase de menor ingreso, muchas veces abastecida
por los propios saqueos y robos militares. En este sentido la Lucha
de Clases de Marx está totalmente fuera del perol. Esa opinión
de Carrera Damas de lucha “por los pardos y los esclavos” es
relativa, en cuanto pelearon entre ellos hasta que llegara el ejército
español, no fue una lucha de clases de pobres contra ricos,
como sí fue el caso Haitiano, cuando los negros, muy superiores
en número, rasparon a todos los blancos. Aquí no hubo
nada de eso, sino por las ocasionales montoneras de negros en las
haciendas durante el XVIII, especialmente.
La
carencia de líderes entre los pardos nos sugiere la idea
que la repartición de la riqueza regional disponible –entre
los ricos-- fue la causa principal de las luchas durante “igualación” para
endulzar las aspiraciones de los combatientes pobres de lado y lado;
-- cuando en el fondo se trataba de una lucha económica entre
los dirigentes de las élites, regionales y
nacionales. Esta
carencia de líderes podría ser producto de la educación
limitada que recibieron los mestizos durante las épocas coloniales.
La “salvación de los pobres” como motivación
de las élites no pasan de ser, en la mayoría de los
casos, sino una versión pantalla para apoderarse del poder.
5 PERSISTE LA ACUMULACION DE LA TIERRA DESPUES DE LA INDEPENDENCIA
La riqueza estaba atada a la tierra. Como Lynch afirma acertadamente, "en
Venezuela, donde la aristocracia colonial se encontraba
reducida tanto en número como en importancia, las grandes fincas pasaron
a manos de una nueva oligarquía criolla y mestiza, los exitosos
jefes militares de la independencia". Así que las caras
pueden haber cambiado, pero el sistema permaneció casi intacto,
a pesar de alguna movilidad entre los pardos en los campos de la
educación y el gobierno. Tras la independencia,
unos diez mil blancos de ascendencia española eran los dueños
de Venezuela. Medio millón de pardos y mestizos fueron excluidos,
muchos de ellos hacinados por la nueva elite en las haciendas y ranchos
por una paga mínima (d.n.).
Quizá esto tuvo alguna mejora con la Guerra Federal, pero
no mucho. Por ello las presiones sociales y económicas de
la Colonia todavía siguieron presionando incluso después
de la liberación de los esclavos (mediados del XIX) hasta
volver a aflorar a fines del siglo XX cuando el “gobierno socialista” volvió a
invocar las reivindicaciones de los “excluidos” – del
pueblo, de la necesidad de aniquilar a los “oligarcas” – con
la misma jerga zamorana y Antonio leocadista, del “Segundo
Bolívar”, ahora será el Quinto (después
de Guzmán y Gómez)… Sin duda, un regreso al siglo
XIX.
“…
El verdadero problema residía en que en la práctica
ellos no eran iguales ante la ley, eran dueños de muy pocas
propiedades y no podían participar de actividades productivas
y comerciales propias debido a que los derechos
de propiedad dependían
esencialmente de la elite gobernante”.
…
Los Whigs británicos y los Padres Fundadores de los Estados
Unidos, a quienes Bolivar admiraba mucho, comprendían los
fundamentos de una sociedad libre de un modo que a él lo eludía…”
Pero esta es otra discusión, que no tocaremos aquí.
D. LA INVESTIGACION DE INES QUINTERO.
Esta historiadora
mantiene un enfoque mixto, en cuanto rechaza la razón social en la guerra independentista, pero admite en
los resultados modificaciones de la jerarquización social
anterior, con el ascenso de los pardos, en parte como expresión
de la repartición de tierras a los soldados..
Veamos algunos segmentos de su trabajo ix.
Como ha señalado Germán Carrera Damas en su estudio «Boves,
aspectos socio-económicos de su acción histórica»,
José Tomás Boves no era un reformador
social y la amplia participación de los pardos y excluidos en sus ejércitos,
las prácticas del saqueo, los pillajes y secuestros, lejos
de representar la formulación de una oferta de redistribución
de la propiedad y de igualación social, constituían
el único mecanismo de sostenimiento de los ejércitos.
Su ejecución no perseguía destruir las bases económicas
de la sociedad, ni irrumpir contra las jerarquías antiguas, sino garantizar la sobrevivencia de la soldadesca y el mantenimiento
de la guerra.
Ahora bien, aun
cuando no hubo un móvil expresamente social
por parte de ninguno de los sectores de la sociedad, no
cabe duda que la derrota inicial de las élites, el rechazo a su proyecto
político, la participación en la guerra de las grandes
mayorías excluidas de la sociedad, la violencia y la disolución
social inherentes al conflicto armado, los ascensos militares obtenidos
en el desarrollo de la contienda, el trastrocamiento de la autoridad
y las jerarquías, alteraron de manera insoslayable el desenvolvimiento
de la sociedad tradicional al incorporar en la definición
del proceso a quienes hasta ese momento no habían tenido injerencia
alguna en la determinación del destino de la sociedad.
Valdría la pena preguntarnos, más bien, si la sociedad
venezolana, después de la Independencia, continuó siendo
la misma. ¿Se produjeron cambios irreversibles en nuestra
sociedad producto de la contienda? ¿Se mantuvieron inalterables
las fórmulas sociales del Antiguo Régimen? ¿Cuál
fue el impacto social de la guerra de Independencia? ¿Tiene
eso algún valor para el presente?
No
estaba entre los planes de los blancos caraqueños cometer
el dislate de intentar acciones que pudiesen producir
alteraciones en una rutina que les ofrecía considerables
ventajas.
Recordemos en esto a Don Laureano, con su “conflicto
inherente”
No
pensaron, no vieron que al alterar el orden, al romper el equilibrio
colonial, al elevar a todos
los
hombres
a la dignidda de ciudadanos,
destruían la jerarquización social, fundamento de su
preponderancia; y ante aquella desencadenada tempestad, unos lanzando
un grito de arrepentimiento volvieron a reconocer la autoridad del
monarca, otros huyeron a refugiarse en tierras extrañas esperando
el resultado final de la lucha, y los mas valientes, los mas convencidos,
los mas poseídos por el ideal de una patria libre e independiente,
dieron cara a las montoneras de delincuentes… (Cesarismo.,p.
82)
De
modo que al aceptarse la Independencia en los términos
republicanos de “igualdad”, aunque no se plasmó en
la práctica, si dominó el ingrediente
social, no cabe duda.
No hay una clara discriminación de clases,
a favor o en contra del Rey:
La
ausencia de un respaldo mayoritario a la iniciativa emancipadora
fue resultado directo
de la falta
de atractivo que tenía para
las castas inferiores de la sociedad integrarse a un proyecto que
en su definición, prácticas y objetivos seguía
siendo excluyente.
El exitoso avance
de Monteverde se ve favorecido por una rebelión
de negros que se proclaman fieles a Fernando VII y por el apoyo de
la mayoría de la población que se mantiene leal al
Monarca. El 24 de julio, Miranda capitula frente al jefe realista
y fallece la I República.
Es
en el marco de esta ofensiva republicana que los pardos,
zambos, negros y mulatos
se incorporan de manera significativa a la guerra
para defender la causa del Rey y oponerse al proyecto
de los criollos. El llamado a cerrar filas a favor de la República en contra
del absolutismo español no ofrece ningún atractivo;
mayor poder de convocatoria tiene el llamado de José Tomás
Boves de irrumpir contra la aristocracia criolla,
cabeza visible de la insurgencia contra el Rey.
Más bien parecía
una lucha de pardos contra mantuanos.
A
partir de 1816, luego de la evidente impopularidad de la independencia
y derrotada de manera estruendosa
la República, Bolívar
con el propósito de revertir el proceso, intenta ofrecer algún
tipo de satisfacción social a quienes
se sumen a su causa. Esta se traduce en dos
ofrecimientos:
la
libertad
de los esclavos
y el reparto de tierras a los soldados como
pago de sus servicios a la causa patriota.
El
caso de Piar es ilustrativo del conflicto social de la época:
Los
argumentos esgrimidos por Bolívar al justificar la ejecución
de Piar «…por proclamar los principios odiosos de la
guerra de colores, instigar la guerra civil y convidar a la anarquía»,
no persiguen otra cosa que impedir cualquier tipo de iniciativa que
colocase el conflicto en el terreno social, el cual, desde su óptica,
se encontraba resuelto, tal como le expresa
a los soldados en la misma proclama del 17
de octubre
de 1817
…¿
Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? ¿La
odiosa diferencia de clases y colores no ha sido abolida para siempre?¿Los
bienes nacionales no se han mandado a repartir entre vosotros? ¿No
sois iguales, libres, independientes y honrados? ¿Podía
Piar procuraros mayores bienes?
Después
de la Independencia los pardos siguieren mayormente pisados.
No
fue abolida la esclavitud y el Congreso de Cúcuta en 1821
aprobó un régimen que contemplaba su «extinción
gradual».
El reparto de tierras a los soldados
fue aprobado por el Congreso de
Cúcuta. En Venezuela se le otorgaron poderes especiales
a José Antonio Páez
para que ejecutase la medida.
Puede afirmarse, entonces, que
el cambio fundamental ocurrió en
el seno de las clases privilegiadas cuya composición se vio
nutrida por comerciantes, profesionales, nuevos dueños de
tierras y oficiales del ejército patriota a diferencia de
la estructura mucho más rígida y cerrada de la sociedad
tradicional, a ello contribuyó también la disminución
significativa de la aristocracia mantuana ya que muchos de sus integrantes
murieron en la guerra o abandonaron el país.
Vista
en su dimensión social, la Independencia, definitivamente,
dio lugar a un complejo proceso que desajustó los valores
tradicionales, trastocó el sentido de las jerarquías
y violentó la simetría de la sociedad como consecuencia
de la intervención de
las clases inferiores en el conflicto
armado.
Este
aspecto es muy importante. Recodemos la expresión de
Lynch (citada arriba) de “La riqueza estaba atada a la tierra”.
Debemos destacar que el reparto de tierras entre los pardos, que
en la función de producción de las empresas representa
al capital (K), significa un rompimiento crucial en la estructura
de la distribución del Ingreso
Nacional, lo que lamentablemente fue
capturado por
los nuevos terratenientes,
los militares. De modo
que el impacto fue mediatizado en el
tiempo.
Terminando
Quintero con que sí hubo
un ajuste, pero que el proceso
no ha terminado:
Su impacto, ya se dijo, no se materializó en un reordenamiento
más equitativo de la sociedad, sin embargo, las demandas por
una efectiva igualdad de oportunidades y el rechazo a la práctica
excluyente de las élites presentes en un importante sector
de nuestra sociedad es preciso incorporarlos como parte del legado
de nuestra independencia al igual que las reservas y el malestar
que despierta la actitud igualitaria del venezolano común
y el temor frente a la insurgencia
del populacho que persiste
en nuestra sociedad.
Sólo así podremos empezar a valorar la dimensión
social que tuvo la Independencia, ya que la confrontación
y contradicciones sociales que puso en evidencia siguen siendo materia
de agitación y perturbación
entre nosotros.
O
sea, en esta segunda tanda, los historiadores consultados también
parecen invocar el punto de la guerra social, por la exclusión
económica, la discriminación social acumulada desde
la Colonia. Sin embargo, siempre tenemos nuestras reservas, porque
los líderes no eran mestizos, sino aportados por los mismos
blancos, lo que es extemporáneo e introduce la duda sobre
una propaganda política
de ayudar a los pobres por razones
simplemente
electora. Y que
el proceso
no ha terminado.
El otro escalón en la evolución social del país,
la Guerra Federal, fue sin duda alentado por la gesta de Antonio
Leocadio Guzmán. Parece que tenía razón Eduardo
Casanova en su aseveración contra este atrevido innovador,
cuya creatividad cambió notablemente la estructura política
del país, más para mal que para bien, diría
yo. Y cuya gesta nos ha servido
para divagar en torno a los causales
de la
historia,
venezolana.
NOTAS
i
Eduardo Casanova, en Las Oligarquías; ND 13/05/07. Guzmán “descubrió” la
palabra “oligarquía” en algún diccionario
y la popularizó.
ii Actualmente con al propaganda del socialismo marxista se predica “la
igualación”,
que los empleados en los comercios y areperas, los peones de los hatos, tienen
derecho al control y posesión de los negocios de sus dueños, a
cuenta que el marxismo estipula que el producto del trabajo pertenece al empleado,
al peón de la hacienda que es el único que trabaja, mientras el
dueño toma whisky (18 años) en la capital. La teoría de
la plusvalía se vende fácil, que golilla, regalado no está muerto.
iii Véase nuestro trabajo sobre “La Historia de Venezuela de Gerendas.
Una nota” en analitica.com y petroleumworld.com.
iv Véase nuestro trabajo “Propaganda Política y el Arquetipo
del Bastardo”, en analitica.com y petroleumworld.com.
v Algunos autores (Lenin entre ellos) asignan a la plusvalía un factor
crucial
y decisivo en la explicación de la historia. No compartimos este concepto.
vi Véase nuestro trabajo “La Historia según Don Laureano” en
Analitica.com: petroleumworld.com; soberania.com.)
vii Encontramos algunas imperfecciones en el libro de Altez, entre ellas de etimología
local. Que nosotros sepamos, tiña es una despigmentación de la
piel, notablemente en la cara, nada que ver con pecas.
Igualmente jabado es voz
de uso común en gallinetas y gallinas cuando son de plumas pintadas de
blanco y negro, jaspeadas. Nada que ver con “gargantilla de plumas” del
Diccionario citado. Probablemente indicaría persona ambivalente. Finalmente,
el autor toma partido en contra de Juan Vicente González, ofendiéndolo
con frecuencia, lo que me parece impropio.
ix
Véase
en analitica.com (bitblioteca, ¿Fue la independencia
una revolución social? Instituto de Estudios Hispanoamericanos,
UCV Caracas.
Alberto
Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico con un
Doctorado en Derecho y Economía de la Energía. Es Individuo
de Número de la Academia Nacional de Ingeniería y del
Habitat. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de
valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas
de opinión y análisis. Petroleumworld alienta a las personas
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de los Estados Unidos de Norteamérica (US Copyright)Internet
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06 03 07
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