El
gobierno nacional, como se temía, decidió
hacer lo que siempre dijo que no haría: privatizar
a ECOPETROL. Nadie lo esperaba tan de repente, después
de tantas promesas y compromisos adquiridos, como el que
asumió para poner fin a la huelga de trabajadores
en 2004.
El inefable
señor Yanovich, ya de salida lo mismo que 'el ministro
negociante', dijo a El Tiempo estar convencido 'de que la
venta del 20% por ciento de ECOPETROL no es una privatización',
y que las acciones quedarán 'en manos del sector
solidario y de las personas naturales'. Pero nadie le cree
sabiéndose que el 26 de mayo de 2004 garantizó
en Barrancabermeja 'el carácter estatal de ECOPETROL',
y manifestó que esta 'no sería privatizada,
ni liquidada'.
Este
zarpazo se temía desde el año 90, cuando comenzó
de fondo la era de las privatizaciones. La estatal petrolera
ha sido la joya más codiciada de la corona. La primera
empresa nacional, la más grande, la de mayor capital,
la más rentable: la gallina de los huevos de oro.
ECOPETROL
es el más importante patrimonio nacional. Lleva más
de 50 años manejando nuestra riqueza. El año
pasado produjo una ganancia neta de 3.5 billones de pesos,
y por diferentes conceptos transfirió al presupuesto
nacional más de 7 billones de pesos.
El asunto
es de extraordinaria gravedad. Se trata de decidir sobre
el recurso colombiano más estratégico, política
y económicamente hablando. Fue ruinoso cuando hace
tres décadas tuvimos que importar a 35 dólares
el barril. Ahora está por encima de los 70 y puede
llegar a 100. Toda una catástrofe si perdemos nuestra
capacidad de abastecimiento.
Con
seguridad tenemos petróleo, pero hay que buscarlo.
Es una tarea muy costosa, requiere de una política
petrolera y no cometer más errores. Durante un buen
tiempo se abandonó la sísmica, nos atrasamos
en materia de legislación, no hubo habilidad para
atraer capital de riesgo a explorar y el país dejó
de hacerlo en la intensidad necesaria.
Los
últimos gobiernos fueron descapitalizando a ECOPETROL.
La volvieron su caja menor. No se aprovechó la mini
bonanza de los altos precios internacionales para fortalecer
a la empresa.
Como
remedio el uribismo propone vender el 20% de su valor, porque
se necesita capital para explorar y autonomía presupuestal
y financiera. Esa no es la fórmula salvadora, sino
el pretexto para enajenarla completamente.
Cierto
es que el petróleo es un negocio. También
que la empresa requiere independencia administrativa y autonomía
financiera. Pero eso se puede lograr mediante disposiciones
legislativas. En el proyecto de Estatuto Presupuestal es
dable incluir las normas requeridas. También puede
expedirse un Estatuto Especial que le permita a ECOPETROL
negociar sin trabas, hacer alianzas estratégicas,
disponer sus ensanches, invertir en el extranjero y adquirir
créditos autónomamente, sin dejar de ser una
entidad estatal.
Pero
se necesita voluntad política, y el gobierno no la
tiene. Hay que sacar adelante otro fabuloso negocio, que
se plantea cuando el crudo está más caro y
la empresa es más rentable. Quién quita que
tratándose de tantos millones se confirme la regla
de que nunca hay tanta corrupción en cualquier parte
como cuando se hace una privatización.
Que
falta capital para explorar, no lo dudo. Lo que se necesita
es que ECOPETROL se vuelva una verdadera empresa petrolera.
Posibilidades de crédito existen. Y bastantes recursos
le quedarían si el gobierno no sigue empeñado
en raparle hasta el último centavo que renta. Además,
no se trata solo de perforar por cuenta propia, sino de
lograr que las grandes exploradoras traigan a Colombia sus
capitales y sus taladros.
Los
colombianos tenemos que defender ECOPETROL. Ese 'no me importa
nada mientras no se metan conmigo' no es válido en
esta ocasión. Meterse con ECOPETROL, es meterse con
el alma nacional. Si esa empresa se privatiza, el Seguro
Social se liquida en pocos meses habremos permitido el triunfo
total del capitalismo salvaje y el desmonte de las pocas
empresas que cumplen una función social y son patrimonio
colectivo. Cada día se hace más evidente por
que los dueños del gran capital se la jugaron por
la reelección. Serán cuatro años más
de demolición de lo poco que quedaba del Estado benefactor.