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Análisis y opinión sobre energía y política

LC Palacios y el Socialismo XXI


Por Alberto Méndez Arocha

Ahora que hemos sido invitados a realizar nuestros modestos aportes en la invención del “Socialismo del siglo XXI”, nada mejor que una aclaratoria sobre un tema sobre el que reina alguna confusión, todo sea en beneficio de los recién llegados o los recién iniciados : la discusión sobre plusvalía y sobre a quién pertenecen las ganancias en las empresas.

Viene al pelo –como introducción-- el reciente trabajo (Analitica sept 06, Petro-Estado y socialismo del siglo XXI) de Luis Carlos Palacios, en su revisión del libro de Dieterich “HCH y el socialismo del siglo XXI”, publicado este en el 2005 por MIBAN y también por la Alcaldía Mayor de Caracas.

Aunque en lo personal habíamos asomado nuestras críticas (véase ABC del socialismo XXI, Desleyendo a Dieterich, Marx revisitado, &&.) desde el punto de vista de la Ingeniería Económica, el texto de Palacios en sumamente completo, como escrito por una persona que maneja la teoría marxista en profundidad, y además un analítico sobresaliente del tema.

Según LCP las tesis centrales del texto del asesor alemán son tres:

1) Primero, la idea que el capitalismo mundial ha entrado en una etapa de clara decadencia, con profundización de la polarización social;

2) Segundo, la posibilidad de construir un “Bloque Regional de Poder” en América del Sur, de carácter capitalista (aunque con elementos de la nueva sociedad) como paso previo inicial, cuyo eje sería Venezuela.

3) Y finalmente, la culminación de este proceso en el “socialismo del siglo XXI”, basado en aplicar el “valor equivalente” en el ámbito económico y la “democracia participativa” como institución política.

“De acuerdo a Dieterich estamos en marcha hacia un Socialismo Nuevo, salvador de la humanidad, del cual Chávez es líder...”

Sus observaciones resultan muy concretas y fundamentales, a lo largo de los distintos temas que enfoca, a saber:

a) “Su espacio intelectual asemeja un mundo arcaico con tesis no tocadas por la evolución del pensamiento económico social del siglo XX”;

b) “Posee fuertes rasgos de utopismo”;

c) “Para un marxista, el surgimiento del socialismo no es un problema de deseos de equidad, de optar in abstracto por una sociedad equitativa, sino el resultado del desarrollo social”.

Es decir, desde el punto de vista marxista, el socialismo debe y puede aparecer cuando las relaciones de producción capitalistas (y su superestructura) se hubiesen transformado en el obstáculo central para el desarrollo productivo”.

d) “...lo primero a examinar serían sus argumentos para sustentar que las “relaciones de producción” capitalista se han transformado en la barrera que impide el desarrollo social. Obviamente, ello supone un análisis actualizado del capitalismo.

“Pero lo que presenta el texto de Dieterich son sólo señalamientos de desigualdades sociales y afirmaciones genéricas acerca de la necesidad del socialismo.

De hecho, supone el agotamiento del capitalismo sin presentar un análisis del mismo”.

Esta última argumentación la contradice Palacios mostrando algunos análisis recientes de la evolución de la pobreza en la economía capitalista, “que abarcan prácticamente toda la humanidad”.

Respecto del Bloque de Poder Regional del Sur, se trata de un proyecto de origen cubano i que Palacios no considera viable, por lo siguiente:

“Los ejes fundamentales de Mercosur son Brasil y Argentina, países capitalistas más desarrollados que Venezuela, en los cuales parte importante de los agentes económicos son transnacionales. Los objetivos del bloque comercial se inscriben dentro del marco capitalista y para sus países las negociaciones con los distintos bloques mundiales, incluido los Estados Unidos, son importantes. Venezuela, a pesar de sus recursos energéticos, difícilmente podría utilizar la plataforma del Mercosur para construir la “Patria Grande” que evolucione al Nuevo Socialismo”.

Además, desde la óptica marxista, el planteamiento es inconsistente. Pensar que una revolución socialista se va a dedicar a construir por un largo período un bloque capitalista, para luego evolucionar al socialismo, parece un contrasentido.

Socialismo siglo XXI

Aquí destacaremos algunos aspectos. Primero el “arcaísmo” de la propuesta.

La frase “el regreso a la economía equivalente a un nivel superior” indica una posición que visualiza al socialismo como la superación de la economía moderna para volver a un mundo primigenio, pero “superado”; donde no existe intercambio. Aunque tiene alguna conexión remota con el marxismo, la expresión evidencia el arcaísmo de la propuesta.

Después la contradicción en la coexistencia de lo político (“democracia participativa”) con lo económico (“valores equivalentes”): simplemente no pueden coexistir, porque el último “requeriría un régimen con presencia omnímoda de un poder central, análogo al “socialismo real”, mientras que el “por otro lado, como el principio del “valor equivalente” tiene validez a priori y requiere su aplicación a lo largo de todo el sistema, se aplicaría independiente de lo que puedan opinar los trabajadores en cada unidad económica particular. Es decir, la supuesta participación por la base perdería su contenido real, lo que prevalecería sería el dictamen de la burocracia central”


La crítica de Böhm-Bawerk.

Esta objeción se refiere a la reducción del valor de las mercancías al trabajo humano, incorporando el concepto abstracto de utilidad, que es una propiedad genérica, no necesariamente asociado a las horas de trabajo., según lo evalúa cada consumidor ii .

El problema de la transformación

En este aparte lo que más nos interesa es el tratamiento del problema de la ganancia. Dice LCP:

La “transformación” intenta resolver esta contradicción, mostrando al mismo tiempo que la ganancia no es sino plusvalía “transformada”.

... las relaciones entre los “valores” y la tasa de ganancia no es la postulada por Marx, salvo en casos muy especiales, no relevantes para un sistema capitalista.

... la ganancia y la tasa de ganancia se pueden establecer en forma independiente de los “valores”, sólo conociendo aspectos físicos (unidades específicas de los insumos y productos) del proceso productivo. Para un conjunto de autores esto implica que la teoría del valor marxista no sólo sería inconsistente, sino además, redundante o superflua...”
iii

Hay prácticamente unanimidad en apreciar que Marx incurrió en errores analíticos en su “transformación” de “valores” a precios. El primero que señaló estos errores fue Bortkiewicz, un economista ruso de ascendencia polaca, en un trabajo publicado en 1907


Respecto de esta aparente confusión entre valores precios y ganancias y los errores analíticos en que incurrió Marx, cierra Palacios:

Con relación a los otros tres aspectos anteriormente señalados, autores que de una u otra manera se consideran continuadores de la tradición marxista, son renuentes a aceptarlos. La razón podría ser que al desligar la ganancia de la plusvalía se debilita la tesis marxista de la explotación.

La posición de AMA iv

Por nuestra parte deseamos aportar el punto de vista desde la perspectiva de la Ingeniería Económica. Nosotros vemos la ganancia como parte de la remuneración del capital, integrado este por los datos de la contabilidad, o sea activo fijo y circulante. En el origen, el capital proviene del trabajo propio y de otros, de acuerdo a las condiciones del ahorro y las inversiones de los poseedores de capital.

Pero obviamente todo el capital tuvo su origen en el trabajo de alguien, fuera trabajo propio o de empleados, y las ganancias (o pérdidas) también fueron resultados de distintas acciones y fuentes, siempre por intermedio de empresas, propias o ajenas.

La diferencia básica con el marxismo es la propiedad o la apropiación de las ganancias (o pérdidas). Recordemos que, según nuestra concepción, toda la historia es la lucha por la apropiación de la renta o bienestar, del ingreso disponible en una cierta región o país. Se tiene una lucha entre capital y trabajo por apropiarse de la renta como remuneración de los factores. Algunos dirán que en el fondo la repartición entre K y L implica apropiarse del excedente y que esta es la discusión, pero no necesariamente.

Notemos que aquí la lucha se concentra al nivel de las empresas solamente, pero resulta una visión limitada del problema, porque según una curva de demanda nacional se están dejando fuera los consumidores y la “utilidad perdida” (la correspondiente a los no consumidores por incapacidad de pago).

Un entendimiento entre nomenclaturas

Según como nosotros vemos las cosas, habría explotación del trabajador por parte del patrono cuando en el costo (y en el precio de venta) se incluye un número de horas trabajadas por el obrero que no se le cancelan, y este costo es apropiado por la empresa.

El tipo (o la tipa, perdón) trabaja 10 horas y le pago 8, o trabaja 8 horas y le pago solo 6. Esto es lo que hemos llamado “capital sucio v ” – el que se origina en el abuso del trabajo de los demás, sin remunerarlo, como en la esclavitud. Pero existe además un “capital limpio” – que es el logrado con el esfuerzo de todos los participantes en el negocio, en la medida de sus capacidades, que se nutre de varias fuentes vii (aumento de precios, reducción de costo, creatividad, esfuerzo de emprendedores, cogestión).

Nosotros llamamos plusvalía solamente el concepto de la explotación por trabajo no remunerado (o “mal pagado”)vII . Dado un precio de venta, y dados unos costos del capital y del trabajo (de acuerdo a las tarifas de uso normal en el mercado), podría ocurrir un excedente (precios menos costos) o podría presentarse una pérdida en el negocio. Ver Fig. 1, Caso 1.

Notemos en la figura que cuando hay pérdidas (Caso 2) en la empresa implica que la depreciación no podría recuperarse, en la terminología clásica.

El capital como inversión empleado en la producción se remunera de acuerdo a su depreciación durante su vida útil.

Del lado marxista los activos no existen como tales porque solo tiene valor el producto del trabajo necesario y no entrarían en el costo de producción (a menos que sea bajo la figura de activos provenientes de trabajo incorporado, trabajo indirecto).

Cuando hay un excedente (ganancias o pérdidas), habría que entregarlo a quien lo produjo, al responsable de su formación. Aquí vienen el quid: ¿Quién es el responsable? – según mencionamos antes, hay varios candidatos:

• Los propietarios del capital invertido

• El mercado, cuando es aumento de los precios (e.g. materias primas estacionales); iría al dueño del capital;

• Los gerentes, por las iniciativas adoptadas (de ventas o de costos) que lograron la ganancia;

• Los trabajadores, por iniciativas aportadas en mercadeo o en producción (esfuerzos de cogestión)

Aquí se presenta nuevamente la lucha entre grupos de intereses, cada cual jalando para su lado, y ganando quien tenga mas poder de negociación o mas poder en las juntas directivas. Hay sindicatos poderosos, hay grupos de profesionales fuertes (las “asociaciones de profesionales” en las empresas del Estado), las tecnocracias o meritocracias.

Pero el punto es que –en sentido estricto—el abuso del “capital sucio” ya es más bien la excepción que no la regla, al contrario como lo fue a mediados del siglo XIX cuando la hambruna y el desempleo andaban rampantes por toda Europa.

Si bien la lucha por mejorar el bienestar de los trabajadores dentro de las empresas ha sido una loable labor de justicia social, en los tiempos modernos no podría realizarse al margen de otros actores participantes en el reparto de la riqueza, y mucho menos al margen del sacrificio de uno los factores motores del crecimiento económico, como es el egoísmo del ser humano. Que hay que atemperar, evidentemente, con otros mecanismos justicieros y libertarios.

Todo lo que estamos presenciando es solo un aspecto de la lucha por el control del valor agregado, esta vez dentro de las empresas, pero que ha existido en toda la historia entre naciones, comarcas, reyes, papas y pare Ud. de contar.

Y que Luis Carlos Palacios ahora con erudita lucidez ha demostrado las principales fallas –desde la perspectiva de la teoría marxista—de esta propuesta posiblemente muy anacrónica del asesor alemán, el profeta contratado para asesorar en esta materia.

Que se ofrecen para contribuir con la discusión de “inventar el socialismo XXI” con la mayor modestia.

Notas

i La propuesta fue expuesta por el canciller cubano el 11 de agosto de 2005, en el teatro “Teresa Carreño” de Caracas, Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en los siguientes términos: “primero, el comunismo ya se recuperó tras la debacle de 1989 y la desaparición de la URSS y de sus satélites europeos; segundo, el objetivo de transformar el planeta de acuerdo con las hipótesis colectivistas propuestas por el marxismo vuelve a estar vigente; tercero, el gran enemigo a batir es Estados Unidos, maligno y despiadado poder que impone modos de gobernar al servicio de sus intereses imperiales; cuarto, la tarea de destruir a Estados Unidos e impulsar la revolución planetaria corresponde a América Latina, hoy centro y faro de la lucha mundial en defensa de las ideas comunistas, y esa batalla comienza por el acoso y derribo de los sirvientes del imperialismo yanqui en cada uno de los países del entorno...” (citado por Carlos Alberto Montaner, “Venezuela y el Socialismo del siglo XXI”, cf. Internet.

ii Deep in the heart, decimos nosotros, toda mercancía proviene del trabajo humano, incluso las máquinas y herramientas, y hasta los marxistas (Arno Peters, trabajo indirecto) han reconocido que los activos son “trabajo acumulado”, cuyo uso interviene en los costos de producción, y son remunerados en función de las horas de trabajo que se utilizaron en su confección, aunque las materias primas (e.g. minas) aportadas por la naturaleza no se sabe como los incorporan. No sabemos si en la contabilidad marxista el trabajo indirecto se deprecia en función de la vida útil de los equipos

iii El análisis específico del problema de la “transformación” y las “conclusiones” anteriormente señaladas requieren un tratamiento relativamente formal del problema, el objetivo del apéndice A del trabajo de Palacios, que es una discusión demasiado econométrica para un comentario nuestro, dejando en libertad a cada lector para su análisis,

iv Este tema lo hemos abordado en distintos artículos, especialmente “ABC de socialismo XXI”, “La formación del capital”, y “Marx revisitado”., ver Internet.

v En Marx revisitado, analitica.com, setiembre 2006.

vi Véase nuestra “La formación del capital”, petroleumworld.com, 2006.

vii Convendría aclarar la diferencia entre esta definición específica y la de Marx. Para Marx plusvalía englobaba todo aumento del valor de la producción resultante de la utilización del trabajo y capital incorporado (o indirecto), porque se supone que el capital (trabajo indirecto) no aporta nada. Nosotros no compartimos esta apreciación. Resumamos:

• El valor de los bienes y servicios se mide, define y se forma por lo que la gente está dispuesta a pagar por ellos, no por las horas dedicadas a su fabricación. Esta cantidad (la DAP) reúne y simboliza los factores participantes en su producción: tiempo, creatividad, esfuerzo, apreciación del comprador.

• No todas las características y la cantidad de los bienes puede producirlas el esfuerzo humano; con las herramientas y las máquinas, aportadas por el capital, los resultados son mucho mejores. Existe, digamos un “capital sinenergético” – un añadido que se genera, un bien adicional que solo es producido por la conjunción exitosa de capital y trabajo.

• ¿A quién pertenece? – Pues al factor que es responsable de su producción, que es marginal. A la conjunción exitosa. A quien aportó el capital.

Digamos una carpintería, pongamos por caso. Está el carpintero para hacer una mesa, tiene la madera. Hay dos opciones, trabajo manual, o usando herramientas, incluso máquinas. Con las herramientas, de baja exigencia de capital (serrucho, cincel, martillo), puede hacer una mesa. Pero con máquinas (torno, fresadora, sierra de calar) puede hacer muchas mesas, y de mayor valor, mayor calidad y belleza. Mayor ingreso por ventas, mayor valor. ¿A quién pertenece el ingreso adicional? – Sin las máquinas (Das Kapital) el trabajo no produce lo mismo.

Debería repartirse en función del causante, del responsable del ingreso adicional. Aquí vienen entonces dos posiciones. La de la clase obrera, con Marx a la cabeza, que propone que los causantes son los obreros. Los patronos, que opinan lo contrario, que el responsable es el capital.

Nosotros proponemos que el aumento del capital (o del valor) sinergético proviene de la fusión, de la participación conjunta, de ambos. Esto no quita la existencia histórica de abusos de un factor contra otro. En el siglo XIX el capital se apropiaba (todavía en ocasiones) de la remuneración correspondiente al trabajo, y viceversa (especialmente en las empresas públicas). En casos de cogestión, podría hablarse de responsabilidad obrera en las ganancias; en caso de bonanza del mercado podría hablarse de efectos exógenos a la empresa en la formación del valor.

Los marxistas opinan que la plusvalía (el aumento del valor del producto en su fabricación, la transformación de madera, máquinas y gente en mesas) se debe solamente a la responsabilidad humana, gerentes y obreros). Nosotros diferimos en la interpretación y añadimos que lo que está en juego es la apropiación del valor agregado del negocio, que es, por cierto, la explicación de las luchas en la historia de la humanidad, reducida a la lucha dentro de las empresas.

Hay otra aclaratoria conveniente. Normalmente se habla de plusvalía asociada al abuso en el pago de las horas realmente trabajadas. Se paga menos de las horas trabajadas. Esta es apropiación de renta del otro, del trabajo del prójimo. No es lo mismo que apropiación de las ganancias.

Este sector (del abuso) de las ganancias es para nosotros la verdadera “plusvalía”. El “valor generado” es parte de las ganancias, que debería corresponder al “factor motor” – al capital del emprendedor que arriesgó sus ahorros para emprender un negocio, concupiscentia dominandi.

Dejamos para otra ocasión meternos con el cálculo del valor, en función de las horas de trabajo, solamente el “necesario” para realizar una tarea. ¿Cuánto valdrá el minuto en unas pinceladas de un boceto de Picasso? – El valor, ah el valor!

Alberto Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico con un Doctorado en Derecho y Economía de la Energía. Es Individuo de Número de la Academia Nacional de Ingeniería y del Habitat. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

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Petroleumworldve.com Venezuela 23 09 06

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