Por
José Guerra
El intento del gobierno por promover el llamado socialismo
del siglo XXI, está llevando a una parodia de
promoción de la socialización de la economía,
mediante tres acciones. En primer lugar, el acorralamiento
del sector privado de la economía nacional; cuya
destrucción sería el fin ulterior de la
política que adelanta el presidente Chávez,
en segundo término, la constitución de
un sistema de producción y distribución
basado en las asociaciones cooperativas y finalmente
en el establecimiento de las empresas de producción
social (EPS), especie de núcleos incipientes
de compañía no mercantiles. Aunque se
ha discutido abundantemente sobre el tema, se argumenta
con razón que la mejor caracterización
del curso de la economía venezolana actualmente
lo signa el fortalecimiento del capitalismo de Estado.
La
consolidación de ese esquema capitalista estatal
pasa por una exacerbación de la intervención
del gobierno en la economía, como no lo había
atestiguado Venezuela, tanto en su rol de regulador
como de productor. No obstante, el Estado está
usando el poder de compra que le confiere un ingreso
petrolero abundante para forzar a las pocas empresas
manufactureras privadas grandes que subsisten en Venezuela
para que se transformen en EPS, como requisito imprescindible
para poder contratar con PDVSA. Con ese objetivo, a
partir del 1 de octubre de este año, todas las
empresas que participan en procesos de licitación
o contratación que realice PDVSA deben estar
inscritas en el Registro de Empresas de Producción
Social, de otra manera no se puede celebrar ningún
contrato. Similarmente, PDVSA instruyó que todas
las facturas que emitan los contratistas deben indicar
si la empresa es de producción social o una promotora
de empresas de producción social.
Pero,
¿qué es una empresa de producción
social? En el “Acuerdo Marco de Promoción,
Estímulo y Desarrollo de las Empresas de Producción
Social (EPS)”, se define la naturaleza de estas
unidades económicas de esta manera “…
las Empresas de Producción Social impulsarán
la formación de un sistema comunal de producción
y consumo, logrando que los excedentes generados por
éstas se reinviertan en obras y actividades de
interés social…”. De acuerdo con
esa orientación, las EPS: “… representan
uno de los mayores y más poderosos instrumentos
para la superación de la economía rentista,
capitalista y dependiente por la nueva economía
del socialismo del siglo XXI…”.
Más
claro no puede ser el propósito: el Estado pretende
instaurar un esquema socialista para lo cual la constitución
de nuevas formas de propiedad resulta fundamental. Que
lo alcance es otro tema. Cuando se examina con atención
lo qué está haciendo el Estado venezolano
en materia económica se encuentra que las actividades
más importantes siguen estando en manos del gobierno
y que la socialización de los medios de producción
es un artificio para enmascarar la estatización
de la economía. Ello remite al tema de la cogestión,
lo que no significa la propiedad de los trabajadores
sobre las empresas. De esta manera, la cogestión
se está empleando como un instrumento adicional
para imponer el modelo socialista, cuya expresión
concreta es la reducción de la economía
privada a su mínima expresión`, principalmente
la de origen nacional, para amplificar así el
papel del Estado en la economía.
La
prueba más evidente de ello es que en la principal
industria de Venezuela, PDVSA, no se aplica la cogestión
ni se ha transformado en una empresa de producción
social. Si el modelo cogestionario es tan bueno o las
EPS tienen tantas virtudes, habría que esperar
que el ensayo socialista comenzara por PDVSA. Contrariamente,
esta empresa se maneja como un cuartel al ser una compañía
absolutamente vertical donde no se admite la disidencia
y ni criterios técnicos diferentes a los establecidos
por la cúpula de privilegiados que se hizo con
el mando de la industria. ¿Porqué si el
gobierno cree sinceramente en la socialización
de los medios de producción no transforma a PDVSA
en una empresa de producción social? Porque el
gobierno en realidad no cree en la propiedad social,
la de los ciudadanos como dueños de los bienes,
sino en la propiedad estatal.
Las
medidas que ha adoptado PDVSA, las cuales procuran que
sus contratistas sean EPS seguramente no se aplican
a los suplidores internacionales de la industria petrolera,
sino a los criollos. Allí se observa claramente
la naturaleza discriminatoria de esa política.
Mientras las EPS y las cooperativas se limitan a la
recolección de basura, escombros, a la prestación
de servicios de vigilancia, al ornato y a intentos fallidos
de fabricar camisas y cuadernos, entre otras actividades,
el Estado no suelta ni un milímetro el control
ni abre la participación de los venezolanos a
la industria petrolera. De esta manera, en Venezuela
el socialismo del siglo XXI degeneró tempranamente
en lo que fue el sello de origen de lo que se denominó
el socialismo real: el estatismo, es decir, el dominio
del Estado sobre la economía y sobre la vida
y destino de la gente.