
Aldo
Severi, El solitario jugador de billar, 1998
Las
zonceras consisten en principios introducidos en nuestra
formación intelectual desde la más tierna
infancia -y en dosis para adultos-. Tienen la apariencia
de axiomas, no admiten discusión, y fueron
acuñadas para impedirnos pensar las cosas del
país por la simple aplicación del buen
sentido...
Arturo Jauretche.
(Nota del editor)
Por
Federico
Bernal
“No
hay fuerza mayor en la historia, que una idea a la
que le ha llegado su hora”.
Víctor Hugo.
Zoncera del Agua: la madre que las parió a
todas
Arturo Jauretche enseñó que la zoncera
madre Civilización y Barbarie –aplicable
a América latina–, ha engendrado a todas
las demás: hijas, nietas, bisnietas y tataranietas,
integrantes de la vasta familia de la colonización
pedagógica y la dependencia cultural. En materia
energética, el equivalente a Civilización
y Barbarie es la Zoncera del Agua.
A los argentinos nos enseñaron que el descubrimiento
de petróleo ocurrido en Comodoro Rivadavia
el 13 de diciembre de 1907, se debió exclusivamente
a un hecho azaroso, una simple coincidencia. La creencia
dictamina se buscaba agua y apareció petróleo;
aquí, muy concisamente, la zoncera del Agua.
El desprestigio y la tergiversación (politización)
del hallazgo, por cierto nada casual, se propuso cuatro
grandes objetivos. Primero, desvirtuar el nacimiento
de nuestra vida petrolera, y al hacerlo, ocultar los
protagonistas del descubrimiento, sus ideas, acciones
y el modelo de país que profesaban.
Segundo, atentar contra la gestión, planificación
y control estatales en materia energética,
pilar fundamental de un Estado rector de la economía
e industrialista (verdadera ley que preside el desarrollo
en un país semicolonial). Tercero, inhibir
el desenvolvimiento de una conciencia nacional colectiva
acerca de la importancia de tan estratégicos
recursos (incluyendo al gas natural). Cuarto y último,
eliminar el prestigio mediante el cual la ciencia
en acción, y produciendo excelentes resultados,
provoca en las nuevas generaciones el estímulo
fundamental (vocación) por las profesiones
de mayor importancia para el desarrollo independiente
de nuestra ciencia y tecnología.
Resta menos de un lustro para el bicentenario, y de
no mediar en el muy corto plazo un cambio en el modelo
energético vigente, los argentinos del siglo
XXI estaremos como nuestros compatriotas de 1810:
sin electricidad, calefacción, gas natural,
ni combustibles; en pocas palabras, sin energía
eléctrica. En realidad, habiendo transcurrido
casi doscientos años de adelantos científicos
y tecnológicos, el balance nos ubica relativamente
mucho peor. A la luz de dicha encrucijada energética,
el análisis de los cuatro objetivos que subyacen
detrás de la zoncera acuífera reviste
crucial interés. Veamos por qué.
Si bien la intervención estatal en materia
mineralógica data del artículo sexto
del Plan de Operaciones de Mariano Moreno y Manuel
Belgrano,[1] la iniciativa petrolífera nació
puntualmente en 1902,[2] bajo el segundo gobierno
de Roca. A partir de ese año y bajo la Comisión
de Estudios de Napas de Agua, Yacimientos Carboníferos
e Investigaciones Geológicas, se planificó
e investigó la geología y mineralogía
del subsuelo argentino con el expreso y documentado
propósito de encontrar petróleo, carbón
mineral y agua. No obstante, los acontecimientos generatrices
que desembocaron en el descubrimiento de 1907, se
remontan a la unificación del Estado Nacional
y la derrota transitoria del mitrismo con la federalización
de la provincia de Buenos Aires, en 1880.
Unidad nacional y energía para la Nación
“A este paso nos convertiremos en la granja
de las grandes naciones manufactureras”.
Carlos Pellegrini, 1876.
Entonces se puso en marcha un país que –con
altibajos y catapultado por las crisis cíclicas
del capitalismo mundial–,[3] sentía como
necesidad dominar los resortes básicos de la
economía, entre ellos el energético.
Algunos años antes de la unificación
nacional, la sanción de la Ley de Aduanas de
1877 marcaría un hito en la política
proteccionista (industrial) argentina, la cual posibilitó,
como señala Adolfo Dorfman, el establecimiento
de las primeras fábricas modernas del país
en las décadas de 1880 y 1890. El triunfo de
Avellaneda por los votos y por las armas (luego de
aplastar la intentona golpista de 1874, conducida
por Bartolomé Mitre, director del Diario “La
Nación”, y José C. Paz, director
de “La Prensa”), ponía fin a la
hegemonía porteña que ya duraba desde
la caída de Juan Manuel de Rosas, esto es,
un cuarto de siglo. Por consiguiente, era totalmente
lógico para los vencedores y el modelo de país
que encaraban, su preocupación por hacerse
de recursos energéticos propios, esto es, transitar
el camino de la soberanía energética.[4]
¡La flamante unidad nacional así lo demandaba!
Pero, ¿quiénes pusieron término
al cuarto de siglo mitrista? Los hombres de la generación
del 80,[5] integrantes del movimiento industrialista
de fines de siglo XIX: José y Rafael Hernández,
Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López, Roque
Sáenz Peña, Estanislao S. Zeballos,
Ezequiel Ramos Mejía, Dardo Rocha, Miguel Cané,
David Peña, Eduardo Wilde, Florentino Ameghino,
Osvaldo Magnasco, Juan Bialet Massé, Enrique
Hermitte, entre otros. Las ideas progresistas en relación
a la intervención del Estado en la economía,
la tradición nacionalista democrática,
el antimitrismo, el antiroquismo (una vez que Julio
A. Roca se funde con la oligarquía porteña,
traiciona a Pellegrini y a Magnasco) así como
el apoyo a Hipólito Yrigoyen, los embebía
a todos.[6] El descubrimiento del petróleo
y la intervención estatal como productor a
partir de 1910 bajo la Dirección General de
Explotación de Petróleo de Comodoro
Rivadavia –predecesora de YPF–, fueron
consecuencia directa de las ideas y el accionar revolucionarios
de estos hombres, coetáneos de la transformación
mundial del capitalismo en imperialismo.
El
síndrome Jauretche-Kusch y la enfermedad recurrente
del “mitrismo”
Ahora bien, desde 1907 hasta 1989, la política
fiscal hidrocarburífera argentina ha sido precursora
y modelo en el mundo entero. De la misma manera ha
demostrado superior eficiencia que la iniciativa privada
en prácticamente todas las épocas y
en todos los niveles de los segmentos petróleo
y gas natural. Por ejemplo, el número de pozos
perforados entre 1907 y 1926 arroja la siguiente diferencia
porcentual: 70 para YPF y 30 para los privados. Pocos
saben además que en 1916, cuando el Estado
ya había construido su primera destilería
(1914), comprado el primer buque tanque (1914), iniciado
la venta de crudo en el mercado interno (gracias a
una producción de 43.795 m3) y comenzado a
autofinanciarse, la iniciativa privada recién
descubriría su primer pozo. Si nos remitimos
a los pozos de petróleo y gas natural perforados
durante los últimos años de la YPF estatal,
veremos que ésta descubrió en 1985 y
1990 148 y 98, respectivamente; mientras que los descubiertos
por la gestión privada en 2000, 2003 y 2004
fueron 31, 17 y 21, respectivamente.[7] Cabe destacar
asimismo, que la depredación (y no explotación)
de los hidrocarburos realizada por las compañías
privadas durante la década menemista y el primer
lustro del nuevo siglo se ha producido gracias a la
inversión y a los descubrimientos realizados
por la “ineficiente” YPF SE antes de ser
privatizada. ¿Se habrán enterado los
argentinos de estos antecedentes?
De igual forma los niveles de reservas señalaban
en 1985 una disponibilidad de gas natural de 35 años
y 14 en el caso del petróleo. Antes de la privatización
(1989) disponíamos de 34 años para el
primero e igual cantidad para el segundo.[8] A fines
de 2004, la Secretaría de Energía de
la Nación indicaba un horizonte de reservas
de 10,2 años para el gas natural y 9,5 años
para el petróleo. Queda claro la diferencia
en el modelo energético antes y después
de la privatización. Gracias a una eficiente
y adecuada gestión y planificación estatal
el país lograba mantener las reservas de petróleo
estabilizadas desde 1975 (en alrededor de 380 millones
de m3). Esto por supuesto significaba que todos los
años YPF descubría al menos reservas
por la producción que se consumía anualmente.
Pero desde la irrupción del oligopolio privado
en el mercado de los hidrocarburos, la Argentina vive
una suerte de anarquía energética que
la proyecta sin pausa a un colapso energético
a fines del presente decenio.[9] Todo ello sumado
al agravante de convivir con una concentración
del 90% en la extracción petrolera y gasífera,
repartido en tres empresas extranjeras (Repsol-YPF,
Total, Pan American Energy), una latinoamericana (Petrobras)
y dos nacionales (Techint y Sociedad Comercial del
Plata). ¿Sabrán los argentinos qué
significa ser energéticamente dependientes?
La situación reinante es por cierto insostenible,
más aún si se la contrasta con los años
de la YPF SE y de Gas del Estado. Actualmente, el
90% de las necesidades energéticas del país
se satisfacen con petróleo (43%) y gas natural
(46%). Somos hidrocarburo-dependientes en el suministro
de energía (mayoritariamente gasífera
con un 55% en el 2004).[10] En cambio, entre 1950
y 1984 si bien el porcentaje del total del consumo
energético para el gas natural había
aumentado del 4 al 30%,[11] las reservas de gas natural
en 1980 (640 mil millones de metros cúbicos)
como las de 1982 (700 mil millones de m3) superaban
considerablemente –para menores niveles de consumo
gasífero– las actuales y paupérrimas
de 534 mil millones de m3.[12] ¿Sabrán
los argentinos de su atraso energético?
Frente a estas cifras, el gobernador de la provincia
de Neuquén, Jorge Sobisch,[13] quien anhela
retornar a los años deleitosos de las décadas
infames de 1930, 1976 y 1990, ostenta a nivel país
el 24% de las reservas totales y el 30% de la producción
de petróleo, y un 47% de las reservas totales
y el 55,4% de la producción de gas natural.[14]
¿Apreciarán los argentinos la gravedad
de este hecho, es decir, de un neoliberalismo con
ingentes recursos estratégicos en su poder?
La campaña privatizadora iniciada ferozmente
con los golpistas de 1976 y el apoyo de los grandes
medios de prensa, fue surtiendo un efecto demoledor
e hipnótico en la sociedad toda. Los argentinos
no supimos nada de nada y fue justamente por esa ignorancia
que acompañamos la orgía desnacionalizadota,
porque nos hicieron zonzos desde el momento del nacimiento
(a no confundirse que zonzos no nacemos). La culpable
número uno, la zoncera Civilización
y Barbarie, actuaría simultáneamente
de partera, obstetra y madre de cuanta criatura coronara
a la vida. Cortaría el cordón umbilical
para intercambiarlo por el colonial. La historia que
habría de mamar el pequeño compatriota
había sido politizada, falsificada. Se comenzó
por el mismísimo descubrimiento de 1907 (Zoncera
del Agua), continuado con la desvirtuación
de la brillante gestión y los logros de YPF
SE, censurado las campañas integracionistas
sanmartinianas en materia petrolera de Enrique Mosconi,
disminuido la fe en el país y en sus empresas
y hasta destruido los prestigios políticos
intelectuales y morales de centenares de grandes hombres.
En suma, no nacemos zonzos pero padecemos desde el
nacimiento del Síndrome Jauretche-Kusch, síndrome
patológico que daña la corteza cerebral
y que, parafraseando a don Arturo, nos predispone
a la dependencia y a la imposibilidad de construir
nuestra economía en razón de nuestras
verdaderas posibilidades que nos conducen a la liberación.[15]
Expresado
en pocas palabras: civilizar consistió en desnacionalizar
(Jauretche) y como la primera solución para
los problemas [de América] apunta siempre a
remediar la suciedad e implantar la pulcritud (Kusch),
al desnacionalizar nos baldeábamos el alma
e higienizábamos nuestras ansias de no haber
nacido anglosajones ni europeos.
En
efecto, la Zoncera del Agua, madre que las parió
a las zonceras hidrocarburíferas hijas, fue
el instrumento privatizador primigenio. No sólo
se ocultó la naturaleza misma del hallazgo
al catalogarlo como un hecho puramente azaroso, sino
que al obrar de esta manera se eliminó de un
plumazo la significación histórico-política
de los hombres y los hechos que lo posibilitaron.
La
Zoncera del Agua oculta un modelo de país que
nacía con la derrota momentánea del
mitrismo, país con ideas industrialistas (proteccionistas)
que se oponía a la división internacional
del trabajo impuesta desde Londres y Washington, iniciada
con Bernardino Rivadavia y sostenida con su mejor
discípulo: Mitre. Oculta una generación
de argentinos gestores del nacionalismo democrático
que tras años de paciente fermentación
y evolución conduciría al genio de Manuel
Ugarte, al radicalismo popular de Yrigoyen y a la
justicia social e independencia económica de
Juan Domingo Perón.
Pero la zoncera energética madre oculta asimismo
un hecho estratégico, hecho que provocaría
tanto la dilución del yrigoyenismo como la
imposibilidad de profundizar el proceso revolucionario
comprendido entre 1945 y 1955: si bien en 1880 el
separatismo porteño había sido vencido
para siempre, el modelo agropecuario exportador saldría
ileso. Es decir, la superestructura de dominación
cultural, el esquema básico del país
importador y exportador predeterminado por el suelo
prolífico, la política imperialista
y sus resortes estratégicos no lograrían
ser erradicados. Está claro que la Argentina
del bicentenario sufre la enfermedad recurrente del
mitrismo, hoy devenida en neoliberalismo. Y hasta
tanto no se cure, la cuestión “nacional”
interna y la externa (latinoamericana) permanecerán
irresueltas, imposibilitando una y otra vez abandonemos
el status de semicolonia.
Federico Bernal. Buenos Aires, Diciembre de 2005.
-
[1]
Véase Los Caudillos de Mayo, Rodolfo Puiggrós,
Corregidor, 1971.
Al respecto, Jorge Abelardo Ramos señala que
“El Plan de Operaciones intentaría desarrollar
una burguesía industrial, generar capital propio,
es decir, elaborar un aparato productor realmente
nacional y poderoso. Moreno sostuvo el monopolio del
comercio exterior; el monopolio estatal de la industria
minera; el control de cambios y del tráfico
de oro y divisas; la expropiación de las grandes
fortunas improductivas y su utilización por
el Estado para el desarrollo de la industria nativa,
de la educación técnica, de la agricultura
y de la navegación, etc. Moreno fue el teórico
y el estadista del intervencionismo estatal, propulsor
del capitalismo autóctono por métodos
revolucionarios”. Revolución y Contrarrevolución
en la Argentina, Tomo I, Distal, Buenos Aires, 1999.
[2] Véase el Capítulo 1 del libro de
Federico Bernal: Petróleo, Estado y Soberanía:
hacia la empresa multiestatal latinoamericana de hidrocarburos,
publicado por Editorial Biblos, Buenos Aires, en mayo
de 2005.
[3] La crisis mundial de 1873 sumadas a las posteriores
(1890, 1914, 1929 y 1939), a pesar de las perturbaciones
locales lógicas, se convertirá en propulsora
del crecimiento industrial de la Argentina. A propósito,
Mario Rapoport señala que “la crisis
mundial de 1873, que repercutió enseguida en
la Argentina, puso de manifiesto la fragilidad del
proceso de apertura externa impulsado por el gobierno
de Mitre y basado en el ingreso, modesto todavía,
de capitales extranjeros, y en el incremento de las
exportaciones laneras.” Historia Económica,
Política y Social de la Argentina, Macchi,
Buenos Aires, 2000.
[4] Por entonces la matriz energética dependía
prácticamente en su totalidad de carbón
mineral y de otros combustibles importados.
[5] Precursora, a su vez, de la generación
del 900 de la que Manuel Ugarte será su más
ilustre representante.
[6] Veamos algunas ligazones dialécticas entre
estos hombres. La creación y consolidación
de YPF se dio gracias a Yrigoyen, a la dirección
de Enrique Mosconi y al sector del ejército
que profesaba el nacionalismo económico (representados
por el mismo Mosconi, Manuel Savio, Luis Vicat y Alonso
Baldrich, este último amigo personal de Manuel
Ugarte). Yrigoyen, antimitrista, diputado por el roquismo
en 1880, se inició políticamente en
el alsinismo, movimiento que se vuelca por la fórmula
de Avellaneda quien enarbola la federalización
de Bs.As., consumada luego por el ejército
de Roca. Y es este último quien vence definitivamente
el separatismo porteño de Mitre y Tejedor.
Por otro lado, el movimiento de masas que irá
acaudillando pacientemente Yrigoyen procede del ala
popular del autonomismo nacional de Roca y Pellegrini,
este último amigo personal del líder
radical, como también lo fue Roque Sáenz
Peña.
Asimismo, Roque, acérrimo defensor de la explotación
fiscal de petróleo, adopta de Ramos Mejía
(ex- ministro de Roca y de Figueroa Alcorta) las ideas
proteccionistas en materia económica como la
política colonizadora de tierras fiscales.
Será él el encargado de promulgar la
ley electoral que conducirá a Hipólito
al poder. Durante las casi tres décadas que
separan a Avellaneda de R. Sáenz Peña
la industria se había desarrollado y desplazado
a la importada en alimentos, bebidas y vestidos. En
suma, existe un hilo conductor entre Avellanada- Roca-Pellegrini-Figueroa
Alcorta- Saénz Peña e Yrigoyen. Por
supuesto, la coronación lógica de esta
línea concluye en Juan D. Perón.
[7] Véase LAHOUD, Gustavo (2005). Recuperar
la Planificación Energética para Recuperar
el País, Informe del Área de Recursos
Energéticos y Planificación para el
Desarrollo del IDISCO-USAL, Buenos Aires, en: http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/energia/energia.htm
[8] Véase FREDA, José Francisco (2004).
Agotamiento de las reservas de hidrocarburos en Argentina,
AREP003, Material del Área de Recursos Energéticos
y Planificación para el Desarrollo del IDISCO-USAL,
Buenos Aires, en: http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/energia/energia.htm
[9] Véase DE DICCO, Ricardo (2005). Diagnósticos,
perspectivas y lineamientos propositivos respecto
al sector energético argentino, Informe del
Área de Recursos Energéticos y Planificación
para el Desarrollo del IDISCO-USAL, Buenos Aires,
en: http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/energia/energia.htm
[10] Íbídem.
[11] Ver en 10 Años de Política Petrolera
1976-1986, Jorge Scalabrini Ortiz, Albenda, Buenos
Aires, 1988.
[12] Ver en Cincuenta Años de Industrialización,
A. Dorfman, Ediciones Solar, Buenos Aires, 1983.
[13] Principal aliado de Mauricio Macri y López
Murphy, es decir, la ultra derecha (y no el centro
derecha como estratégicamente pretenden diluir
los medios de prensa).
[14] Reservas que no hicieron más que disminuir
desde que Jorge Sobisch se hizo con la gobernación
de Neuquén. A modo ilustrativo, para el caso
del petróleo (quinquenio 2000-2004) declinó
de 130 millones a 84 millones de metros cúbicos.
El resultado arroja un horizonte de reservas de 7,3
años. Para el caso del gas natural en igual
período, la disminución fue aun más
drásticas: de 366 mil millones a 250 mil millones
de metros cúbicos, originando una disminución
del 32% con un horizonte de 8,6 años.
[15] En honor a sus descubridores: Arturo Jauretche
y Rodolfo Kusch.
Federico
Bernal
es Bioquímico, Director de Planeamiento y Gestión
de la Sociedad Iberoamericana de Información
Científica (SIIC). Desde 2005 es miembro partícipe
del Área de Recursos Energéticos y Planificación
para el Desarrollo del Instituto de Investigación
en Ciencias Sociales (IDICSO) de la Universidad del
Salvador (USAL). Es autor del libro "Petróleo,
Estado y Soberanía", Editorial Biblos,
Buenos Aires, 2005.Email:flia_bernal@arnet.com.ar.
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