
Por
Pedro
Pablo
¡Y
ahora somos socialistas! Aún cuando no sabemos
cuál socialismo. Lo estamos pensando, dijo
El Comandante, su primer promotor, gerente de relaciones
públicas, ideólogo, filósofo
fundamental y novio de la madrina, a quien, según
Nicolás Maduro (Presidente de la Asamblea Nacional)
Dios acompaña. ¡Qué tal! ¡Tremendo
compañero de ruta!... ¿Será el
mismo Dios que acompaña a Bush?
Por
supuesto, este socialismo tiene que ser nuevo, una
palabra que nos encandila. Por esa novedad subió
Chávez al poder, como hace 106 años
se montó el Cabito Cipriano Castro con la consigna
“nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”.
Nos encanta algo de estreno, como la nueva Universidad
Bolivariana, que en cualquier momento comienza a funcionar,
de nuevo. Tiene que ser original porque no puede ser
ninguno de los socialismos anteriores. El socialismo
marxista ha fracasado en todos los frentes, al punto
que se cayó prácticamente sólo
tratando, precisamente, de renovarse. Y, lo peor,
tiene mala prensa, algo muy importante para esta revolución
fundamentalmente mediática, que vive más
de los periódicos y discursos que de realizaciones.
Tampoco puede ser el socialismo democrático
porque los adecos tienen la franquicia socialdemócrata,
últimamente devenida en un liberalismo light,
económicamente capitalista con algunas posiciones
diferentes pero no mucho y basta ver a Tony Blair,
al PS chileno o a los sociatas españoles para
tomar nota de hacia dónde va. El socialismo
de Perón nunca existió y fue nombre
de ocasión a su modelo neo-fascista, al punto
que el mismo líder expulsó públicamente
de la Plaza de Mayo a la fracción izquierdizante
de su movimiento. No puede ser el socialismo del MAS
porque esos han estado montados en cuanto gobierno
viejo han podido, sea en la oposición o como
fracción del poder mandante, desde Caldera
hasta el mismo Chávez, como un corcho político
que flota en todas las tormentas, aunque finalmente
parece estarse hundiendo. No puede ser el socialcristianismo,
porque los copeyanos han sido parte de la corrupta
democracia. Aunque se respeta al padrino Caldera (le
dio el segundo nombre al Comandante y lo dejó
en libertad) y pese a que la casa paterna estaba pintada
de verde, el hijo ilustre de Sabaneta no se va a encompinchar
con los curas. Tampoco puede ser el socialismo del
boliviano Evo Morales, porque está formado
por indígenas y, en Venezuela, los indígenas
son pocos y la revolución los recuerda solamente
en los discursos. Por supuesto no puede ser el socialismo
libertario, vade retro, porque los anarquistas promueven
la disolución del Cambur Total, perdón,
del Estado, y proponen pasar las decisiones a la gente
cuando todos sabemos que en esta revolución
las decisiones las toma Chávez, en todo caso
Fidel, pero más nadie. Los otros roban, pero
no deciden.
Entonces
somos socialistas, pero no sabemos que quiere decir
eso y lo iremos viendo. En el camino se arregla la
carga y Dios iluminará. Una vez más,
el socialismo de Chávez, como los beneficios
de su revolución, se escriben en tiempo futuro.
La corrupción, la ineficiencia, el autoritarismo,
la incultura, la miseria es lo que se conjuga en presente.
Pero podemos ir viendo lo que se asoma. Ya Aristóteles
decía que lo que algo ha de ser depende de
lo que ya es y no se le pueden pedir peras al olmo.
Para
empezar, este socialismo indefinido, tan indefinido
como fue la revolución bolivariana de la que
ya se va dejando de hablar, es totalmente mediático
y sirve para el discurso, la televisión, para
tener tribuna con la ilusa izquierda marxista latinoamericana,
para ganar apoyo entre los insatisfechos del continente
y usarlo cuando, como y para lo que convenga, especialmente
para la represión. Como el gobierno es socialista,
cualquier cosa que haga será socialista y todos
los que nos le oponemos no somos socialistas y, con
este maestro de la simplificación de ideas,
ideologías, historia y filosofías que
es El Comandante, los opositores en bloque seremos
imperialistas, paramilitares, siervos de Bush, pagados
por la CIA, traidores a la patria y estaremos presos
en la próxima denuncia de magnicidio, del cual
se tendrán pruebas pero que no se pueden mostrar.
Claro
es que la tarea de definir semejante socialismo resulta
enrevesada y no basta con proclamarlo. Hasta ahora
pareciera que ser socialista es estar contra Bush
y la Condo Rice, aunque hagamos grandes negocios con
la Chevron-Texaco, donde la familia Bush es accionista
y Condoleezza fue altísima ejecutiva (¡hasta
un barco de la empresa lleva su nombre!). Pero con
eso no basta para ser socialista, porque los iraníes
también están contra Bush y no son socialistas,
Al Qaeda está contra Bush y nada tiene de socialista,
Hitler y Japón estuvieron contra EE.UU. sin
ser socialistas, mientras que China está con
Bush y son más que socialistas, son comunistas.
De manera que ser antiyanki no basta para ser socialista.
Menos ahora que terminó, hace unos años
ya, la Guerra Fría, de lo cual creo que Chávez
no se enteró, como tampoco se enteró
que Mao no está en China ni Ghandi en la India.
El
socialismo ha sido un movimiento apoyado en los trabajadores,
y en Venezuela los trabajadores cada vez son menos.
Por un lado porque no hay trabajo y por otro porque
el gobierno proclama constantemente su interés
en que todos seamos empresarios, claro que mini-empresarios
“cooperativos y endógenos”, pero
empresarios. Es decir, que todos seamos capitalistas,
lo cual parece ir en contra del socialismo. Además,
los pocos trabajadores existentes no tienen manera
de organizarse sindicalmente, porque entre la corrupta
CTV y los intentos de los bolivarianos de copar todo
movimiento independiente no hay manera de promover
la agrupación de fuerzas que reclamaba aquel
“Trabajadores del mundo Uníos”
con que nació el socialismo. Por aquí
no va el nuevo socialismo.
Además,
hasta ahora no fuimos socialistas sino pueblo. Pueblo
es una expresión para nombrar a un grupo étnico,
como los pueblos indígenas, pero Chávez
no lo usaba en ese sentido sino en otro, el mismo
inventado por Mussolini, también usado por
Perón y Hitler, para llamar a la gente que
apoyaba al fascismo italiano y poder distinguirse
de socialistas, anarquistas y comunistas. Pueblo es
la multitud seguidora de un líder obedecido
ciegamente, donde ni los individuos ni las organizaciones
que se puedan engendrar cuentan pues solo vale el
movimiento, como un todo, siempre a la orden del líder.
Esto se adapta muy bien a lo que hemos vivido, pero
no es socialismo, es fascismo. A ese pueblo, para
que cumpla las tareas asignadas, sin protestar ni
reclamar, el líder lo separa en grupos dependientes
de sus órdenes, sean círculos, sean
misiones, sean UBE’s o como quieran llamarse
en castellano, pero que en italiano se dice fascios,
y de allí el nombre de fascismo. Si Chávez
ha gobernado 6 años en estos términos,
¿Cómo va a hacer ahora para transformar
el fascismo en socialismo?
Las
omisiones del Comandante
Socialismo viene de sociedad. Sociedad es lo que hacemos
con alguien para alcanzar ciertos objetivos que persigo
y que, como el otro también persigue, nos unimos
como socios para alcanzarlo. Somos socios en eso,
pero cada uno es independiente salvo en los compromisos
que adquiere con su socio. Mi socio puede ser magallanero
y yo caraquista, pero somos socios en la venta de
periódicos o en el taxi. De manera que la sociedad
es la reunión de individuos autónomos
para alcanzar metas compartidas. Para ser socios no
necesitamos que los dos seamos magallaneros. Si lo
somos, bien, si no también y hasta puede ser
más divertido. Sobre esta base se construye
el socialismo, individuos libres que se reúnen
en pos de objetivos comunes.
En
el socialismo, como en toda sociedad, las decisiones
se toman de común acuerdo entre los socios.
Imagínese usted que llegue un día al
negocio donde vendía pan y resulta que su socio,
sin consultar, ahora vende cholas y cachuchas chinas
porque le cae mal la harina norteamericana. Esto no
pasa. La decisión se toma en conjunto, se discute
y puede que vender cholas y cachuchas sea un buen
negocio, pero no se pueden tomar decisiones en el
negocio del cual participa sin que Ud. esté
enterado, ni necesita un papá autoritario ordenándole
lo conveniente, pues no se trata de obedecer sin chistar
a un padre sino de entenderse con un socio. Claro
que, en este “proceso” de Chávez,
que pareciera orientarse por un pensamiento único,
las decisiones las toma El Comandante personalmente
para todos, sin que haya ningún espacio para
la consulta o la discusión. Comemos lo que
sus genialidades negociadoras decidan importar: hoy
carne argentina, mañana queso uruguayo, pasado
arroz chino o malanga cubana; firmamos convenios con
quien él decide; va preso quién él
quiere; se firman las leyes que él ordena;
y nos enemistamos con quienes a él le caen
mal personalmente. Que el gobierno expropie tierras,
y me ponga a trabajar en ellas, pero sin ser yo el
dueño, teniendo que sembrar lo que me digan,
sin poder buscar fuentes de financiamiento, sin apoyo
técnico ni asesoramiento, y que ellos se queden
con el terreno, las bienhechurías y las ganancias,
no equivale a socialismo. ¿Será que
ese socialismo consiste en que todos trabajemos para
beneficio de Hugo, JVR, Diosdado, Tarek, Barreto,
6 generales, 2 almirantes y los acomodados de siempre?
Más bien parece que alguien se adueñó
del país y somos como animales que trabajamos
para ese nuevo amo (si suena excesiva esta analogía,
ver el comic sobre “Rebelión en la granja”
publicado en El Libertario). Entonces, si los fundamentos
de la sociedad son los de un amo y muchos siervos,
¿Cómo vamos a ser socialistas?
Porque
el socialismo parte de respetar la autonomía
individual, una autonomía donde cada uno y
todos construimos con nuestros deseos, educación,
capacidades y la ayuda de los otros. Las instituciones
deberían estar para que cada uno desarrolle
esa autonomía. Pero si vemos que el poder legislativo
no es autónomo, que el poder moral no es autónomo,
que el poder judicial no es autónomo, que el
ejército no es autónomo, que los negocios
pierden autonomía con el control de dólares,
que las universidades pierden autonomía, que
los sindicatos no son autónomos, que el mismo
MVR no es autónomo, me pregunto ¿Cómo
vamos a desarrollar nuestra autonomía personal
si todo el conjunto no la tiene? Y sin autonomía
personal ¿Cómo vamos a ser socialistas?
Seremos manada, pero no comunidad socialista. Habrá
dos MVR: los dirigentes del Me Volví Rico y
el perraje del Me Volví Rebaño.
Se
hace muy difícil imaginar un socialismo pensado
por Chávez: militar, autoritario, con afán
de poder y figuración, de claras tendencias
fascistas, asociado a cuanta transnacional pague los
peajes de la corrupción, que habla mucho pero
hace poco, al menos lo que debería hacer y
para lo que lo eligieron. Sería un milagro
y al parecer no suceden todos los días, sino
la gente no los pediría tanto…
Pedro
Pablo
escribe para el Libertario Venezuela. Sus puntos de
vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este artículo fue originalmente
publicado en el libertario, No. 42, 2005. El Libertario
es un periódico bimensual, que viene publicándose
sin interrupción desde noviembre de 1995, inspirado
en el ideal antiautoritario del anarquismo y promovido
por la Comisión de Relaciones Anarquistas (CRA)
de Venezuela..( http://www.nodo50.org/ellibertario/index.html).
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