Ahora
bien, casi todo tiene o debería tener una explicación.
Pero hay explicaciones convencionales y otras que no lo son
tanto. Lo convencional, diría, es justificar los aumentos
de precios por razones de oferta y demanda y motivos ‘geopolíticas’.
La demanda, sin duda, ha estado por encima de las expectativas.
El muy leído informe mensual de la Agencia Internacional
de la Energía (AIE), por ejemplo, ha tenido que revisar
repetidamente sus estimaciones de aumentos en la demanda para
este año, pasando de 1 millón de barriles diarios
(informe de septiembre del 2003) hasta 2 millones (informe mayo
del 2004). La explicación ha sido un crecimiento económico
más vigoroso (que se traduce en una mayor demanda de
petróleo) en países como China, India y Estados
Unidos (la demanda de China habría aumentado en 1 millón
de barriles diarios en el 1er trimestre de este año).
Y también en una oferta no-OPEP por debajo a lo esperado.
El informe ya citado de la AIE estimó en septiembre pasado
un aumento de 1,4 millones de barriles diarios; el informe de
mayo, un aumento de 1,2 millones, pero otras fuentes consideran
optimista esta última cifra.
Los países consumidores han puesto la mira en la solución
del problema: Más petróleo desde la OPEP para
reducir los precios. Y la OPEP, no obstante los sucesos de Irak
y sus reuniones y resoluciones (que no han sido puestas en práctica)
los ha complacido; La producción aumentó en unos
2 millones de barriles diarios en el 2003 y en el 1er trimestre
del 2004 fue superior en otros 2 millones al mismo período
del año pasado (en abril de este año, la producción
estuvo 2,5 millones por encima de la cuota vigente). Además,
la OPEP tiene una “capacidad cerrada” estimada en
2,5 millones de barriles diarios (más de la mitad en
Arabia Saudita) que podría ser utilizada en caso de una
interrupción repentina de algún importante país
productor. Pero tampoco este “volumen de reserva”,
muy conocido en la industria petrolera, ha sido capaz de frenar
la escalada de precios.
Quizás
habría que considerar el factor geopolítico y
la amenaza terrorista. La guerra contra el terrorismo que comenzó
en gran escala luego del 11 de septiembre del 2001, está
lejos de concluir. Pero la impresión general fue que,
una vez concluida la guerra del Irak, los precios descenderían.
Esto no ocurrió, más bien, el comportamiento de
los precios podría estar reflejando la creciente amenaza
de un asalto a la infraestructura petrolera de Arabia Saudita
(el llamado ‘Banco Central del Petróleo’)
o a otro productor de la región. Este servidor no pretende
ser un analista político (a diferencia de muchos otros)
pero ha vivido lo suficiente para saber que el terrorismo no
puede ser eliminado a fuerza de bombardeos sino que deben atacarse
sus causas. Alguien lo hará, eventualmente, y entonces
la amenaza terrorista podrá ser controlada. De ser así,
los precios volverían a la “normalidad” –quizás
podrían reducirse en unos 10 dólares por barril
–según las explicaciones convencionales.
Mi sospecha,
sin embargo, es que existe otro elemento que puede justificar
(o hasta esté ya justificando) un aumento gradual en
el precio mundial de petróleo. Un aumento que tome en
consideración la eventual escasez de un producto “no
renovable” que no estaría tan lejos como muchos
suponen: Dentro de unos 5-10 años comenzarían
a sentirse los ‘síntomas’ y las dificultades
para satisfacer una demanda cada vez más exigente. Para
ese entonces dudo que exista algo que reemplace al petróleo
de modo que el impacto inicial tendrá que reflejarse
inevitablemente en el precio.
Los geólogos
y los ingenieros de yacimientos, les aseguro, somos gente seria….
Aunque también podemos equivocarnos. Pero en los últimos
tiempos hemos observado lo siguiente:
1. La tasa de descubrimientos ha estado reduciéndose:
En la década de los años sesenta se descubrieron
365 mil millones de barriles; 275 mil millones en los setenta;
150 mil en los ochenta y unos 75 mil en los noventa.
2. Durante el período 92-99 se agregaron unos 7 mil millones
de barriles por año a las reservas, o el 26% del promedio
anual de la producción del período.
3. Existe una relación entre el tope máximo de
descubrimientos y el tope máximo de la producción
que depende de las regiones y de las prácticas utilizadas.
En Estados Unidos, el año tope de descubrimiento fue
en 1930 y la producción comenzó a descender en
1970 –un lapso de cuarenta años; En el Mar del
Norte, el tope máximo de descubrimientos fue en 1974
y la producción comenzó a descender en el 2001
(27 años); A nivel mundial el tope de descubrimientos
fue en 1964. No sabemos cuando se alcanzará el tope máximo
de producción, pero algunos lo han estimado entre 2010
y 2020 (46-56 años).
4. El 75-80% de la producción mundial procede de campos
descubiertos hace 25-30 años, y casi todos estos yacimientos
ya están declinando.
5. Según la regla asociada con King Hubbert (el geólogo
que pronosticó en los años cincuenta el tope máximo
de la producción de Estados Unidos), una vez que la mitad
del petróleo descubierto ha sido producido en un yacimiento,
el nivel de la producción se estabiliza y comienza a
descender -probablemente debido a que la presión de fondo
ha sido reducida a un nivel donde resulta demasiado costoso
aumentar o mantener la producción con inversiones adicionales.
Ahora bien,
muchos economistas continúan cuestionando estos argumentos,
y opinan que el mecanismo de los precios –al funcionar,
solucionará el problema: Precios más altos conllevan
a una tecnología más avanzada, un aumento en el
“factor de recobro” del petróleo in-situ,
un aumento en la exploración y la perforación
y permiten la producción desde áreas previamente
desconocidas. Los geólogos responden que una mejor tecnología
no podrá encontrar un petróleo que no existe,
si bien, admiten que podrán desarrollarse las reservas
de petróleo pesado, o de petróleo “no convencional”…..
Aún cuando se estaría hablando, entonces, de precios
a niveles muy superiores. Precisamente, un geólogo de
la compañía noruega ‘Stat-Oil’ publicó
un artículo en diciembre pasado donde estimó un
aumento hasta 38% en el llamado “factor de recobro”
del petróleo a nivel mundial (el promedio actual es de
29%). Observó que las reservas de petróleo solo
pudieron ser reemplazadas en los últimos 20 años
a través de revisiones de volúmenes ya existentes
y no mediante el descubrimiento de nuevos yacimientos. Concluyó
asegurando que el equilibrio actual entre oferta y demanda solo
podrá ser mantenido hasta el 2016, de continuar la demanda
mundial aumentando como se anticipa. Aún suponiendo un
aumento sustancial en las reservas, este período solo
podría ser extendido hasta el año 2023.
Pronosticar
los precios del petróleo ha sido, desde que yo recuerde,
una tarea infructuosa. Un premio Nóbel como Milton Friedman,
un reputado economista como Morris Adelman, compañías
petroleras como Exxon, centro de estudios etc., etc.….
han fracasado ruidosamente sea señalando precios de 100
dólares como precios de 10. Sería insensato de
mi parte intentarlo: Pero luego de lo mencionado anteriormente
y considerando los pronósticos de aumentos futuros en
la demanda mundial (de unos 80 millones de barriles diarios
en el 2004 hasta 100-105 millones para el 2020) me sorprendería
de veras si los precios iniciaran una tendencia a la baja. Podrán
“oscilar” en los próximos dos o tres años
cuando aún persista un excedente, pero una tendencia
sostenida hacia la baja luce improbable……. Lo opuesto
es mucho más factible. Según la OCDE, la producción
no-OPEP alcanzaría su tope en el 2010 y la OPEP tendrá
que producir 53 millones de barriles diarios en el 2020 (actualmente
produce unos 32 millones). ¿Cómo pueden bajar
los precios con un aumento de esta magnitud en la demanda? Esto
me lleva a examinar la situación de Venezuela.
La huelga
petrolera de fines del 2002 y comienzos del 2003 (un error en
mi opinión) debilitó considerablemente a nuestra
principal industria desde puntos de vista técnicos, económicos
y de recursos humanos. La baja inevitable en las inversiones
afectó, sin dudas, la capacidad de producción
que pudo haber perdido hasta unos 500 mil barriles diarios,
mientras el retiro masivo de personal especializado ha retardado
una recuperación. Se sabe que las características
de nuestros yacimientos -ya maduros, en su mayoría, y
con una declinación natural promedio de 20-22% anual
–requieren inversiones de unos 3 mil millones de dólares
anuales para sostenerse, algo que no se llevó a cabo
el año pasado. Pero el daño no es irreversible,
como creen algunos. De cumplirse el programa de este año,
con inversiones de unos 5000 mil millones y más de 100
taladros en actividad, la situación debería estabilizarse
y mejorar –también ayudada por los precios altos
que generarán más recursos económicos para
la industria. Los activos están allí, nuestras
reservas probadas fueron calculadas hace poco en 77,8 mil millones
de barriles. Aún excluyendo el volumen de reservas atribuible
a la Faja del Orinoco, las reservas probadas se estiman en unos
40 mil millones, distribuidas en partes más o menos iguales
en petróleos livianos, medianos y pesados. Existen solo
cinco países, en el mundo con reservas probadas superiores,
y todos están en el caótico Medio Oriente.
Queda
así demostrado que Venezuela aún tiene la capacidad
física, por lo menos, para contribuir en forma importante
a la expansión de la producción OPEP que será
requerida y que está empezando a ser requerida. EL programa
actual de la industria petrolera venezolana ha fijado una producción
de casi 5 millones de barriles diarios para el 2009 (en este
año se ha estimado una capacidad de producción
de 3,4 millones y una producción ‘real’ de
unos 3 millones). Pero las reservas existentes permiten, en
teoría hasta una capacidad de producción de unos
10 millones de barriles diarios para el año 2020, si
se considera que una relación reserva/producción
=10 años es aceptada como mínima (por debajo,
podría acelerar el agotamiento de los yacimientos y reducir
el volumen de petróleo recuperable –pero la relación
R/P actual es de 36, aún excluyendo el petróleo
de la Faja). Por cierto que México, con reservas probadas
de apenas 14,5 mil millones se ha propuesto producir unos 4
millones de barriles diarios este año, lo que significa
casi exactamente una relación R/P= 10 años.
Venezuela
tuvo dos oportunidades para efectuar el salto de calidad social
y económico que se necesita y ambas fueron desaprovechadas.
La primera fue en 1974 cuando los precios del petróleo
se triplicaron y el país tenía 12 millones de
habitantes. La segunda en 1979-1980 cuando otro aumento considerable
en los precios fue también desperdiciado por razones
que no vale la pena repetir. En ambos casos no hubo ausencia
de liderazgo sino incapacidad del mismo, como escribió
alguien. También en ambos casos, ciertos sectores del
país fueron favorecidos pero la mayoría no percibió
los beneficios. Así, por lo menos, lo prueban los índices
de pobreza que aumentaron de 33% en 1975 hasta 64% en 1990 (el
índice se estimó en 76% en el 2003 –ver
“SIC” –Dic03). Pero en unos años puede
que este país consiga lo mejor de dos mundos, precios
en alza y producción en aumento, por un período
prolongado -quizás 10 o 20 años. ¿Será
que Dios, todo misericordioso, está dispuesto a ofrecernos
otra oportunidad? ¿Estaremos en condiciones de aprovecharla?
Pero para poder hacerlo necesitaremos una estabilidad política.
Félix
Rossi Guerrero
es ingeniero petrolero de profesión.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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