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Puntos de Vista
Análisis y opinión sobre energía y política internacional

Entrevista al Presidente Ricardo Lagos


Alvaro Vargas Llosa (Izq.) Ricardo Lagos (der.)


Por Alvaro Vargas Llosa

La mujer de Ricardo Lagos ha sometido a La Moneda a un régimen de colores: en la presidencia chilena existen un salón "amarillo", otro "rojo" y otro "azul". Este último es el que Ricardo Lagos escogió para una conversación de hora y media, bajo la presidencia de algo más poderoso que el propio Mandatario: el cuadro Espejo de Cronos, de Roberto Matta, un portento azul con una fauna de deformaciones surrealistas que yo miraba de reojo para adivinar si en la privacidad de sus ratos de enfado, Lagos asocia tal o cual figura monstruosa con algunos de sus colegas sudamericanos más agresivos... Me pareció un hombre que lleva mucho tiempo queriendo decir su verdad frente a la percepción que de Chile han formado sus críticos. Tenía ganas de hablar y a ratos daba la impresión de querer escucharse a sí mismo, como si pensara en voz alta y su interlocutor fuera una presencia adicional en el diálogo entre el Lagos político y su conciencia privada. En relación con Bolivia, entró de lleno en la historia desconocida -eso que Unamuno llamaba la "intrahistoria"- del fracaso de sus negociaciones secretas con Bolivia. Según él, tendrán que pasar otros 20 años para una nueva negociación.

También hizo de memorialista para revelar en detalle sus tratos con George Bush y Tony Blair en los días previos a la ocupación de Irak. En todos los casos, escuché a un hombre que daba mucho peso a su propio rol histórico, que, mediante la referencia a sus tratos con "Tony", con "George", pretendía situar a Chile y a su propia presidencia en un escenario geopolítico superior al del peso de Chile como país.

El memorialista convivió, en la charla, con el polemista. Defendió con ardor su propia vertiente del socialismo frente a la de sus colegas de la izquierda populista que gobierna hoy buena parte del continente, intentando demostrar que la suya es la forma material de hacer posible lo que llaman "socialismo". Un "socialismo" incompatible con la idea del "bien público" como agencia gubernamental.

Muy sorprendente fue su valoración de la derecha chilena. Me pareció captar una serie de guiños sofisticados, de mensajes subliminales, hacia la derecha chilena en un momento en que la tensión de cara al decisivo proceso municipal de octubre, antesala de las elecciones presidenciales, pone a prueba los equilibrios y repartos de poder propios de la transición chilena. Aquí es cuando, además del memorialista, el polemista y el florentino mensajero político, apareció el estadista: Lagos ve indispensable que sobreviva la Concertación a una eventual derrota -escenario hipotético en el que curiosamente aceptó situarse- en las elecciones presidenciales. No ve con susto un hipotético gobierno de la derecha.

A las facetas mencionadas se añade otra: jugador de póker. No pareció descartar con rotundidad definitiva una eventual candidatura presidencial al cabo del mandato de su sucesor o sucesora. Al fin de su gobierno, está tentado de escribir acerca de la "transición chilena", con sus luces y sombras, más de las primeras que las segundas, y de la globalización.

Hay un Lagos que se va desprendiendo poco a poco de esa actitud defensiva, algo arisca, que los acontecimientos explosivos -Bolivia, Perú, Venezuela, el gas argentino- lo habían obligado a adoptar. Aquí asoma, junto al personaje que se valora en la historia, un dejo de modestia, quizá acusando algunos de los golpes recibidos. Lagos no aceptó que se diga que Chile es el principal interlocutor de los Estados Unidos en Latinoamérica, porque cree que ese rol corresponde a Brasil; no rechazó mi observación de que hay muchas cosas que el gobierno aún no ha abordado, como la modernización de un Estado que se ha anquilosado frente a la sociedad; no estuvo en desacuerdo con que hay mercados, como el de la electricidad, excesivamente intervenidos, y no fue rotundo al negar que hay excesivos impuestos.

Encontré a Lagos interesado en que se conozca su afición por la cultura. Me mostró con énfasis sus cuadros -incluyendo el de Gabriela Barrios con motivo de la victoria del No-, sus libros -que me obsequió con dedicatorias- y no olvidó hacer referencia a las jornadas literarias a las que invitó a un tal Mario Vargas Llosa.

"Habrá que esperar quizá otros 20 años para negociar con Bolivia"

¿Sobreviviría la Concertación a una eventual victoria de la derecha en las próximas elecciones presidenciales?
Nacimos como oposición al general Pinochet. Creo que el sistema institucional que tenemos obliga a dos grandes bloques. Por lo tanto, yo diría que lo lógico es suponer que sobreviviría la Concertación, porque lo que está en cuestión son dos formas de entender cómo ordenar la sociedad chilena. Dos grandes visiones.

Para muchos, en España hacía falta que gobernara una derecha democrática para que la transición estuviera completa. ¿Acepta que hay una derecha democrática en Chile preparada para gobernar?
Creo que la derecha chilena está preparada para gobernar de acuerdo a las reglas de juego democráticas. Eso no está en cuestión. La transición va a terminar cuando tengamos una Constitución en la que estemos todos de acuerdo. La Constitución es el conjunto de reglas en la que todos estamos de acuerdo para dirimir las diferencias. Y aquí en Chile todavía no lo estamos, ese tema constitucional no está resuelto. Reconozco que no puedo cambiar, por ejemplo, a los comandantes en jefe.

¿En el tema militar no hay consenso?
Hemos avanzado tanto que cuando se produjo una situación compleja respecto de un comandante en jefe, llegué a la conclusión de que era más adecuado que presentara su renuncia. Esto no ocurría antes con mis antecesores. Creo que eso habla muy bien del avance que tenemos. Me acuerdo de que cuando estábamos discutiendo el gabinete en el gobierno del Presidente Patricio Aylwin, me dijo: "No creo que sería una buena idea tener a un socialista en Defensa". Yo le dije: "Tiene toda la razón". Ahora hay en Defensa una mujer, una socialista que, además, es hija de un general que fue víctima de aquello. Y no hay problemas. Entonces, allí ha habido un avance, más allá de lo que diga la letra de la Constitución. De manera que sí, creo que hay una madurez de la derecha.

Todavía hay unas reformas pendientes sumamente importantes: la sociedad todavía es más moderna que el Estado chileno, que se ha anquilosado. Todavía hay un cierto intervencionismo en telecomunicaciones, en energía, en electricidad. ¿Por qué?
Hay varias cosas pendientes: el tema de la modernización del Estado hemos intentado mejorarlo. El año pasado, cuando hubo situaciones que a nadie le gustaron en Chile, de corrupción, de poca transparencia, fue evidente.

Todavía figura Chile en la lista de Transparencia Internacional como el país más limpio de América Latina. Pero cuando saltan escandalillos de corrupción, afuera decimos: por fin hay uno en Chile. Fuera de broma, eso indica lo indispensable de la reforma estatal.
Lo importante es que cuando se produjo eso, se vio que hay un sentido común entre los chilenos. El jefe de la oposición y yo convinimos en que eso era malo para Chile y qué cosas debíamos hacer. Por ejemplo, establecimos el servicio público de los cargos que tiene el Presidente para nombrar, acordamos cuál es la evaluación de los cargos que se nombran por concurso. Habrá un servicio civil. Y ese servicio civil tiene un consejo que se nombra de común acuerdo: propone el Presidente, aprueba el Senado, de manera que haya representantes de la oposición en ese consejo de funcionarios. Es decir, un poco en la línea neozelandesa. ¿Cómo somos capaces de aprovechar una crisis y dar un salto en ese sentido? Hay que avanzar en el tema del financiamiento de las campañas políticas, la necesidad de llevar contabilidad.

¿Usted va a mantener neutralidad en la campaña municipal (octubre) y luego la presidencial (2005)?
Por supuesto. Es el caso de los regímenes presidenciales, en que tú eres jefe de Estado y al mismo tiempo, en cuanto jefe de gobierno, quieres que tu coalición continúe. Pero como jefe de Estado uno tiene que ser neutral en una campaña. Chile tiene una cierta tradición de eso, y no hay ninguna razón para no mantenerla.

¿Qué verá Chile primero: una presidenta mujer o un presidente de derecha?
Es muy difícil hacer predicciones. La elección anterior fue estrecha, y no hay razón para que ahora no lo sea. La elección presidencial del 2005 seguramente va a ser más estrecha que la de 1999.

¿Será Ricardo Lagos candidato presidencial otra vez?

Gracias... Te has encontrado con amigos míos, al parecer. Mi futuro va por este lado: estoy ampliando la biblioteca en mi casa en Caleu… y eso me tiene entretenido.

Hablemos de sus líos con Bolivia, Argentina, Perú. La percepción es que Bolivia, hábilmente utiliza el tema de su aspiración histórica de tener una salida soberana al Pacífico por razones políticas internas. ¿Qué respuesta puede dar Chile a este reclamo que alborota toda la región?
Primero, hay que comprender que los tratados pueden modificarse con otros tratados. Lo que no se puede es poner en tela de juicio los tratados que existen. Si no, figúrese usted lo que sería Europa, si empezara a revisar sus tratados del siglo XIX, o de toda América Latina en general. Es muy difícil que en el Chile actual alguien diga dividámoslo en dos: Chile norte y Chile sur, y que haya un corredor boliviano en el medio. Si queremos alguna solución, la solución está al norte de Chile.

O sea un corredor boliviano paralelo a la Línea de la Concordia con Perú.
La experiencia me dice que cada 20 años hay un intento importante. En 1904 se firmó el tratado con Bolivia, ratificado por el Congreso. En virtud de ese tratado Chile se compromete a construir un ferrocarril. El año 29 se firma el tratado con Perú. Veinte años después el gobierno de González Videla va a Washington y le propone a Truman hacer un corredor al norte de Arica. Fracasó. Veinte y cinco años después, en Charaña, Pinochet y Bánzer hablan de un corredor.

Usted ha dicho que Perú bloqueó ese acuerdo...
Fue difícil aceptar aquello. Perú se refirió al visto bueno que por el tratado le corresponde dar a un eventual acuerdo Chile-Bolivia y eso no fructificó.

Usted tuvo en estos últimos años negociaciones secretas con Bolivia. ¿Las puede contar aquí?
Siendo presidente electo, fui a Uruguay a la transmisión del mando del Presidente Batlle en el año 2000. Antes de la cena, me acerqué al Presidente Hugo Bánzer y le dije: quiero que conversemos este tema. Y él me dijo: "Tengo dos problemas: la coca y cómo erradicarla, y el gas, porque Bolivia tiene mucho gas". Luego me dijo: "Yo sé que ese gas va a tener que salir por Chile y pienso que lo mejor es que discutamos una agenda de futuro".

Osea, vincular el gas a la salida al mar...
En una segunda ocasión, el Presidente me dijo: "Si exportamos gas por Chile o Perú da lo mismo, Bolivia va exportar US$ 400 millones de gas, ese gas va a llegar al puerto, en el puerto hay que licuificarlo para ponerlo arriba de un barco, pero el país que lo haga, digamos Chile, va a exportarUS$ 1.500 millones. ¿Cómo le explico yo a Bolivia -me dijo Bánzer- que exportamos 400 millones, el gas llega a Chile, y luego Chile lo exporta por 1.500?".

¿Aceptó el razonamiento?
Le dije: "Es muy fácil: le doy una concesión, usted me dice la extensión que quiere, gratis, por el período que haya que hacer la exportación, no cobramos nada, ningún impuesto".

Pero ¿qué ganaba Chile?
Le dije, claro, que la bandera debía ser chilena. Si alguien viola las leyes de tránsito, por así decirlo, la policía chilena le va a pasar una multa. Avanzamos mucho en la legislación.

¿Tan lejos llegaron? ¿Todo esto fue secreto?
Sí. Hubo dos personeros por el lado nuestro y dos por el lado boliviano. Lo que Chile ganaba era restablecer un diálogo con Bolivia, que ellos vieran que no somos obstáculo para el desarrollo, que aceptamos decidan sobre sus riquezas. Y como yo siempre le dije al sucesor de Bánzer, el Presidente Quiroga: "Este es su gas, usted lo saca por donde quiera... Lo único que quiero es ser fiel al espíritu de los acuerdos que nuestros antepasados suscribieron".

En ese acuerdo, al no haber un tema de soberanía implícito, Perú no intervenía...
No, nada. Además, en ese acuerdo después me dicen que las empresas norteamericanas hicieron los estudios y decidieron que la salida del gas tenía que ser por el sur de Iquique, en Chile.

¿Continuó con Sánchez de Lozada, que finalmente cayó por el tema del gas?
Cuando se enfermó el Presidente Bánzer, lo sucedió Jorge Quiroga, quien era su vicepresidente y el encargado del tema del gas. El estaba muy al tanto y supuso que podría resolver el tema, pero vino la campaña electoral y todos sabemos el desarrollo posterior. Creo que Sánchez de Lozada llegó muy debilitado para poder continuar. Tal vez hubo un error nuestro al no informar el grado de avance de las conversaciones previas. Queríamos plantear esto en público una vez que estuviera concluido. Muchos se sorprendieron en Chile, cuando murió Bánzer, que yo fuera el único mandatario en los funerales. Fui en visita privada. Saludé a la viuda, estuve en los responsos de la iglesia, y volví.

¿Usted se opone a que Bolivia saque el gas por Perú?
Siempre les dije: si quieren sacarlo por Perú, háganlo.

El consorcio internacional decía que le costaba más caro.
Había un problema geográfico, pero también de riesgo-país.

¿Ha muerto toda negociación? Usted tuvo un intercambio tremendo con el Presidente Carlos Mesa en Monterrey.

Bueno, el día antes le dije: "Yo sé que usted tiene una presión. No lo haga...".

O sea, no ataque a Chile en público...
"...Porque esto va a hacer retroceder el acuerdo. La próxima negociación, ni usted ni yo vamos a estar: va a ser en 20 años más". Entonces el Presidente Mesa tuvo un tremendo éxito en Bolivia, con su intervención pública, y yo la tuve en Chile (risas). Si usted se forra en la bandera de su país, va a subir en las encuestas. Yo estaba en 54, 55 y llegué a 62, 63.

¿Perú es factor clave para un acuerdo?
Si se piensa en un corredor con soberanía, inevitablemente eso pasa por Perú, porque es muy difícil pensar que pueda haber un corredor con soberanía que divida a Chile en dos. Habrá quizá que esperar otros 20 años para nuevas negociaciones....

También tiene líos con Argentina, porque Néstor Kirchner le ha cortado el suministro de gas natural. Da la impresión que Chile cometió una ingenuidad al poner en manos de Argentina un peso demasiado importante en relación al suministro de energía.

Chile tiene una matriz energética basada fundamentalmente en la hidroelectricidad, y deseamos diversificar esa matriz. Cuando se plantea la posibilidad del gas argentino, decimos: bienvenido sea. La dependencia exclusiva de fuentes hidroeléctricas cuando hay sequía genera problemas. Y el gas es lo más barato después del agua. Chile ha tenido un gran ahorro en todos estos años gracias al gas argentino. Cuando se construye el gasoducto, Argentina en ese momento tiene gas y reservas para 20 años. Ahora sólo para 12 años. Y tenemos contratos hasta el año 2018. En consecuencia, creo que Chile hizo bien en aprovechar un recurso energético.

La crisis obliga a elevar precios, políticamente es riesgoso...
Claro, cuando nos reconvertimos, elevamos precios. Es cierto también que sí tenemos una dependencia del gas-gas, desde el punto de vista del consumo domiciliario, y nuestra gente creyó que le cortaban el gas de la casa, y no tendrían cómo ducharse ni calentar la olla. Ahora, producida esta crisis, ¿qué tenemos nosotros que leer? Dos cosas: primero, si no hay nuevas exploraciones en materia gasífera, probablemente Argentina en el mediano plazo va a ser también un importador de gas. Y, por lo tanto, vamos a tener que aprender a compartir la escasez argentina. Y esa es la razón por la cual en materia energética, respecto del gas, hay la necesidad de tener un terminal que va a ser más caro, pero que nos permitirá traer gas de fuera. El gas va a terminar siendo un commodity como el petróleo. El 70% del gas que consume Japón es gas licueficado. Eso no quiere decir que no tengamos que seguir desarrollando la hidroelectricidad. Nuestros recursos hidroeléctricos en el sur-sur, en el sector de Aysén, son equivalentes a una cuenca más grande que Bélgica en materia hidroeléctrica. Lo importante es que ahora estamos saliendo, pero sí reconozco que tiene un costo en muchos sentidos.

Usted se opuso a la ocupación de Irak, a pesar de que Bush pidió su voto en la ONU y estaba de por medio la negociación del Tratado de Libre Comercio EE.UU.-Chile. Fue una apuesta peligrosa...
Nosotros tenemos con ellos un nivel de intercambio económico importante. No es el más importante: nuestro principal socio comercial es Europa. En segundo lugar Asia, y en tercer lugar Estados Unidos. Y hemos suscrito un acuerdo de libre comercio con ellos. Pero tenemos también otras cosas que son más trascendentes: una visión común sobre democracia, respeto de derechos humanos. Ahora, una cosa es el comercio y otra cosa es la política. Y hubo un momento difícil cuando EEUU entendió que tenía que hacer una acción militar en Irak y a nosotros nos pareció que esa acción militar sólo era posible dentro del marco de Naciones Unidas. ¿Por qué? Porque nos parece que en este mundo los países pequeños necesitamos un mundo global con instituciones multilaterales. Y la institución multilateral por excelencia es Naciones Unidas.

Usted tuvo tratos intensos con Tony Blair. ¿Hubo alguna posibilidad de llegar a un acuerdo en sus tratos privados?
Trabajamos insistentemente. Con Blair estuvimos a punto de llegar a un consenso sobre una solución en el Consejo de Seguridad. Me acuerdo que me dijo: me voy a Chile a cerrar el trato. Le dije: "Tony, el camino más cerca entre Londres y Santiago, tú no lo sabes, es vía Moscú". Me parecía muy importante tener a Putin adentro. No era una negociación fácil. También con Chirac o con Schroeder. Yo le indicaba al Presidente Chirac que eran indispensables los benchmarks (exigencias concretas sobre las armas de destrucción masiva) , pero con plazos, porque sin plazos no significaba nada.

¿Para prolongar las inspecciones en Irak?
Hablamos mucho con Hans Blix, el inspector jefe de Naciones Unidas, sobre cuál sería el tipo de benchmark que él pondría para que Hussein lo tuviese que cumplir. Cuando el Presidente Bush me llama y le digo: "Presidente, tenemos que hacer esto", él me dice: "No queda espacio, Ricardo, el próximo lunes termina el tiempo". "Bueno", le dije yo: "Chile no está disponible para el próximo lunes porque yo creo que hay espacio".

No sería fácil resistir esa presión.

Esto me lo criticó mucha gente en Chile, porque se dijo que estábamos poniendo el acuerdo de libre comercio en riesgo. Y yo siempre dije: eso es no comprender a Estados Unidos. Una cosa es la política y otra cosa es el comercio. Creo que un acuerdo de libre comercio tiene que ver con los intereses y la forma como EEUU y Chile nos insertamos en el mundo global.

¿Hizo bien Rodríguez Zapatero en retirar las tropas de Irak?
Con Rodríguez Zapatero somos amigos. El entendía que tenía que hacerlo de inmediato. Si no, no lo iba a hacer. Pero también yo entendía que él tenía que dar una señal multilateral, y esa fue la razón por la cual lo primero que hice cuando llegué a España fue decirle dos cosas: Uno, te invito a Haití. Dos, te invito a que trabajemos juntos una nueva resolución sobre Irak. Porque me parecía que íbamos en curso de colisión, porque Estados Unidos estaba por aquí, Francia por allá… e indudablemente que la política, al menos la europea, cambia cuando se produce el cambio de gobierno en España. Con José Luis funcionamos muy bien, y de hecho, al final, la resolución la trabajamos mucho Chile, Brasil y España.

Y lo de Haití, con tropas chilenas y de otros países, ¿no es ocupación?
Nosotros no tenemos intereses en Haití, no tenemos inversiones, no tenemos nada. ¿Por qué me involucré? Porque cuando el Consejo de Seguridad dijo que en Haití había que poner orden, en 48 horas despachamos 300 soldados a Puerto Príncipe. Estoy muy contento, porque Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay entran también con nosotros: por primera vez ahora tenemos una fuerza de Naciones Unidas de América Latina tratando de hacer lo que tenemos que hacer. Yo dije una vez: es que estas cosas, si no las hacemos nosotros, las hacen otros. Y cuando las hacen otros, reclamamos contra la intervención extranjera.

Usted quiere convertir a Chile en el interlocutor principal de EEUU en Iberoamérica.
No, creo que el gran interlocutor en Sudamérica es Brasil, por el tamaño, por la fuerza que tiene. Nosotros, lo que podemos hacer es explicar a nuestros colegas lo que ha sido nuestra experiencia en relación con EEUU y hacer entender que tener un acuerdo de libre comercio con EEUU no es la panacea. Hay tareas pendientes que se van a resolver a nivel regional o a nivel mundial en la Organización Mundial del Comercio. Cuando usted negocia con EEUU, ellos no cambian la legislación antidumping proteccionista, que afecta a América Latina, pero para discutir la legislación antidumping tenemos buenos socios: tenemos a los socios europeos, a Japón. En Brasil, con su inmenso mercado, las exportaciones e importaciones representan 22% del producto. En Chile, las exportaciones e importaciones son 65% del producto. Entonces, claro, nuestra relación con el mundo externo para nosotros es muy importante.

Usted es un socialista a la europea, emparentado con el laborismo de Blair, inclusive el de Rodríguez Zapatero. Pero la izquierda de Venezuela, Argentina, Bolivia, va de vuelta al peor pasado, Brasil da señales contradictorias... ¿Por qué no evoluciona esa izquierda?
En la década de los '90 había que hacer un conjunto de reformas económicas. Chile profundizó sus reformas de modernización económica en esos años y empezó a ser mostrado como el primer alumno de la clase en materia de política fiscal, monetaria, autonomía del Banco Central, regulación de ciertos mercados. O sea, el decálogo del "consenso de Washington" (como se conoce al conjunto de medidas privatizadoras y liberalizadoras) lo estábamos cumpliendo bien. Lo importante del gobierno de la Concertación en Chile es que, a diferencia de otros países de la región, adoptamos unas políticas públicas para asegurarnos de que ese crecimiento que estábamos teniendo llegara a los más pobres.

En el resto del continente las reformas no eliminaron pobreza, mientras que en Chile hubo una disminución. ¿Por eso atacan el socialismo "liberal" de Chile?
Mi impresión es que en otros países latinoamericanos nos quedamos en el "consenso de Washington" que produce resultados de largo plazo, pero sin operar en el corto plazo en las necesidades urgentes de los más pobres.

Su mensaje a los nuevos populistas sería: no pueden gastar desequilibrando presupuestos y sin una base previa de producción en el mercado. Suena a derecha...

Tengo que tener responsabilidad fiscal, credibilidad monetaria, y eso no es de izquierda ni de derecha, mi amigo. Ahora, el tener sólo el presupuesto equilibrado no me garantiza en el corto plazo la necesidad de producir un efecto. Hay cosas como el agua potable en zonas campesinas, que sólo las puede hacer el Estado: el mercado no va a poner agua porque ese campesino no tiene los dólares para pagar lo que cuesta el agua potable en el campo.

Pero aun aceptando ese razonamiento no hay manera de que usted tenga ese dinero si no hay una economía libre y sana.
Estoy de acuerdo. El punto de partida es ese.

 

Alvaro Vargas Llosa periodista y escritor, actualmente esta radicado entre EE.UU. y España, además de sus columnas habituales para el diario Tercera, el periodista está escribiendo un libro sobre la historia reciente de América Latina, encomendado por el sello editorial La Tercera-Mondadori y que será lanzado simultáneamente en varios países en los próximos meses. Vargas Llosa realizó esta entrevista con el Presidente Ricardo Lagos en el marco de sus investigaciones para el libro que lanzará por La Tercera-Mondadori en los próximos meses . Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este artículo fue originalmente publicado en La Tercera, el 20 de junio del 2004, lo reproducimos en el interés de los lectores. Petroleumworld en Español no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.


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