Cartas al editor
Predicciones para Venezuela ... o realidades ??
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Original Message -----
From: Maximiliano
To: editorpw@cantv.net
Sent: Sunday, July 17, 2005 1:02 PM
Subject:
Fw: PREDICCIONES PARA VENEZUELA... o realidades ??
Sent: Sábado, 16 de Julio de 2005 03:28:29 p.m.
Bueno, ya lo sabes, cuando nos decidamos a montar una arepera
en Cuba,
tenemos que tener en cuenta estos pequeños problemas que
se le presentaron
a José Fernández González, pero si lo lees
pensando en nuestra propia
realidad actual verás que no son muchas las diferencias,
porque vamos más o
menos por el mismo caminito.... Bueno, lee un poquito y sacarás
tus
propias conclusiones....
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Riesgo y miseria de invertir en Cuba
(gracias a "Joseíto" y a Dinorah Rivas)
Me llamo José Fernández
González. No hay nada peculiar en mi nombre, en mis
apellidos o en mis antecedentes familiares. Nací hace 56
años en España, mi
país, y allí viví y trabajé honrada
y exitosamente hasta que cometí un
error romántico: hace un poco más de 20 años,
en 1980, me enamoré de Cuba,
de su revolución, de sus gentes amables y hospitalarias.
Y como tenía un
buen adiestramiento como empresario y como era una persona emprendedora,
decidí poner mi experiencia y mi vida al servicio de esa
isla fascinante y
de una causa que entonces me pareció justa y hermosa. Allí
arraigué, creé
empresas de diversos tipos y me casé felizmente con una
cubana, con la que
tengo una hermosa niña.
Por último, hace pocos años,
creé en la Marina Hemingway, una zona
turística cercana a La Habana, un bar/restaurant/sala de
fiestas, que
pronto se convirtió en un centro de reuniones para todas
aquellas personas
con divisas. Es decir, para turistas, miembros de la nomenclatura,
o
cubanos que gozan del paradójico privilegio de tener familiares
en el
exilio. Ese lugar se llama La Tasca Española y su éxito
fue mi perdición.
Uno de los jerarcas de la economía cubana, el señor
Abraham Maciques, se
empeñó en quitármela, y mediante una simple
resolución del Ministro de
Comercio Exterior, previa una farsa judicial que no se sostendría
en ningún
tribunal de Occidente, fui despojado de mi negocio y convertido,
arbitrariamente, en "enemigo del pueblo". Hoy estoy
privado, sin apelación
posible, de los bienes por los que trabajé denodada y honradamente
durante
mucho tiempo. La razón de este texto es muy sencilla de
entender: no quiero
que lo que yo he pasado le ocurra a otros inversionistas que de
buena fe
viajan a Cuba tras los cantos de sirena de una revolución
cuya faz exterior
nada tiene que ver con la sordidez real y profunda del sistema.
Aquí, van, pues, las razones por las que les aconsejo,
incluso les ruego,
que no acudan con sus dineros y sus conocimientos a apuntalar
la dictadura:
Primero: porque no hay la menor garantía
jurídica. Ahí no existe un Estado
de Derecho que proteja a los inversionistas ni a nadie. Se está
siempre a
merced de que un funcionario de alto rango decida la expropiación
forzosa,
y no hay forma humana de reclamar ante los tribunales. En Cuba
lo que
prevalece no es el derecho, sino la voluntad o el capricho de
los que
mandan. Lo mismo que les ocurrió a los propietarios al
principio de la
revolución les puede ocurrir, y les ocurre a los inversionistas
y
empresarios de hoy.
Segundo: porque las transacciones
y los negocios no se hacen en una
atmósfera de empresarios reales, sino en un oscuro universo
de policías y
espías. Prácticamente todos los funcionarios que
tratan con los
inversionistas extranjeros son miembros del Ministerio del Interior
y
forman parte de la policía política, que es el organismo
que controla hasta
el último dólar que entra o sale del país.
En Cuba no se habla con
economistas, contadores o expertos en mercadeo: se habla con coroneles,
tenientes coroneles o generales.
Tercero: esta atmósfera policíaca
da lugar a la creación de un estado de
terror del que no se pueden separar, aunque quieran, los inversionistas
que
van a la Isla. Primero los comprometen como víctimas, puesto
que la
secretaria o el chofer que les asignan son siempre informantes
de la
policía política, que mantienen un estricto control
sobre ellos. Y luego
estos inversionistas y empresarios extranjeros también
acaban
convirtiéndose en cómplices. Se les piden informes
sobre otros empresarios
y sobre otros extranjeros, se les pide que espíen para
beneficio del
gobierno cubano. Yo mismo tuve que hacerlo en diversas ocasiones
si quería
mantenerme en Cuba y si quería que la revolución
no perdiera la confianza
en mí.
Cuarto: incluso, por razones morales
que desde hace muchos años me
inquietaban, no se puede justificar el acudir a Cuba a ganar dinero
participando de un régimen de esclavitud laboral absolutamente
inhumano. Me
explico: uno, como empresario, no contrata a los cubanos directamente,
sino
a través de una oficina del Ministerio del Interior llamada
CUBALSE, a la
que se le paga en dólares americanos por cada trabajador
que nos
suministran, mientras esta "corporación" -así
le llaman en Cuba- les abona
a los cubanos su salario en la inservible y devaluada moneda nacional.
Yo
le pagaba a CUBALSE US$330 por un empleado, y CUBALSE le pagaba
a ese
trabajador 200 pesos cubanos. Como quiera que el valor real del
dólar en el
mercado negro -que es donde único se pueden adquirir las
mercancías básicas
para subsistir- está a 120 x 1, mi empleado, en realidad,
recibía menos de
$2 al mes, mientras que la empresa que me lo alquilaba en régimen
de
esclavitud, percibía 300 veces esa cantidad.
Quinto: Este atropello, del que no
puede evadirse el empresario extranjero,
explica el odio profundo que sienten contra nosotros muchos de
los
trabajadores. Ellos saben que el empresario no es culpable de
esta injusta
regla, pero no pueden evitar vernos como parte de un sistema de
explotación
absolutamente arbitrario y cruel.
Sexto: Este mismo fenómeno
también ocurre, en general, con todos los
extranjeros que en Cuba, por el mero hecho de disponer de dólares,
tienen
acceso a todo aquello que los cubanos no pueden comprar con su
trabajo:
alimentos, clínicas en las que no faltan las medicinas,
buena ropa,
gasolina, o suministro de energía eléctrica en los
hoteles.
En Cuba hay dos clases de ciudadanos:
los que tienen dólares, como los
tenía yo, con todos los privilegios que eso acarrea, y
los que tienen pesos
cubanos, que están, literalmente, muriéndose de
hambre y de enfermedades
por culpa de un régimen que se niega a cambiar un sistema
absolutamente
incapaz de generar un modo de vida digno para ese país.
Son muchas, en fin, las razones que
aconsejan no ir a Cuba. Apelo, en
primer lugar, al bolsillo de mis compatriotas: no vayan, porque
lo van a
perder todo y no podrán hacer nada para recuperarlo. Mi
caso no es único.
Antes que yo cayeron otros. Pero también quiero apelar
a las razones éticas
y morales: quienes crean en la libertad, la democracia y la simple
decencia, no pueden convertirse en cómplices de una dictadura
siniestra que
les exigirá toda clase de oscuras colaboraciones.
José Martí, a quien
aprendí a querer y a respetar en ese país, alguna
vez
advirtió a los cubanos sobre los peligros del imperialismo
yanqui, con una
frase con la que me gustaría terminar: "Conozco al
monstruo porque viví en
sus entrañas".
JOSÉ FERNÁNDEZ GONZÁLEZ. Empresario Español.
http://www.cartadecuba.org/riesgo_y_miseria_de_invertir_en_cuba.htm