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Comentario
Editorial/Opinión
Herman
Terstsch : El
Gran Ejemplo de Uribe
Nosotros
los españoles, que hemos tenido un ministro de Defensa que
recomendaba, se supone que a su tropa, que es mejor morir que matar,
no somos hoy un ejemplo estelar de lo que supone una sociedad democrática
y abierta decidida a defender su supervivencia y sus libertades,
si es necesario por la fuerza. Todos los que tenemos un poco de
alma de anglosajón hemos visto confirmadas nuestros afectos
al enterarnos que el más gamberro de los Windsor en varias
generaciones, el Príncipe Enrique, ha pasado meses en primera
línea combatiendo a nuestros enemigos comunes, los talibanes,
en Afganistán. Por estos lares en los que se nos cuenta
que la seguridad es gratis se habla de la guerra y el terrorismo
con el mismo conocimiento que la ministra de Medio Ambiente despliega
cuando habla de la caza y de la vida real del campo. Quienes dan
lecciones sobre el mundo rural desde el césped junto a la
piscina de una masía restaurada del Ampurdán, son
-qué duda cabe- capaces de dar consejos al presidente de
Colombia, Álvaro Uribe, de cómo tratar con deferencia
a asesinos, terroristas, narcotraficantes y quienes son todo ello
a la vez. Gracias a Dios o a la providencia, Uribe no les hace
caso. Por eso Colombia, la anglófila Colombia, es más
Churchill que Zapatero.
Groserías
El presidente Uribe cree firmemente en la democracia y la sociedad abierta.
Y sabe quiénes son sus enemigos. Muchos europeos, mecidos en la seguridad
geoestratégica gracias sobre todo al erario público norteamericano,
parecen aun opinar que el presidente Uribe ha sido algo grosero ordenando
una operación que costó la muerte al segundo jefe de las FARC,
Raúl Reyes, la principal organización narcoterrorista que impide
a Colombia ser el país próspero, articulado y normalizado que
pueda liderar, con Chile, Brasil y México, un proyecto de libertad
en Latinoamérica. Colombia tiene todos los mimbres para serlo. Se
lo impiden unos pocos miles de asesinos, narcotraficantes y algunos políticos
vecinos. Lo saben los populistas, los demagogos, los fanáticos del «viva
la muerte» y los «turistas del ideal» que tan bien define
en su novela Ignacio Vidal Folch. Éstos últimos son europeos,
en gran parte españoles aunque no quieran y algunos también
retozan en céspedes del Ampurdán.
Mentes saduceas
Uribe estuvo a punto de caer en una trampa que se le abría, no ya
por perversas mentes saduceas, sino por la constelación maldita de
la negligencia de Washington en el subcontinente, el humanitarismo premioso
y publicitario del presidente francés, Nicolás Sarkozy, la
imbecilidad política de muchos a este lado del Atlántico y
las intenciones de algunos de sus colegas en la otra orilla. Uribe no cayó en
ella por muy dolorosa que sea la opción tomada para toda persona bien
nacida que tiemble, tema, sufra o rece por la suerte de los centenares de
secuestrados de los terroristas, entre ellos Ingrid Betancourt. Con la magnífica
operación en la frontera con Ecuador, el Ejército colombiano
no solo ha matado a un enemigo de la democracia y a un asesino. Ha dejado
en evidencia los vínculos de esos nuevos populistas de ese izquierdismo
latinoamericano de nuevo cuño inspirado por Castro, financiado por
Hugo Chávez y sus petrodólares y auspiciado por caudillos como
Rafael Correa, con el terrorismo puro y duro que nutre la ofensiva totalitaria
y el narcotráfico.
El presidente colombiano merece todo el aplauso y el apoyo de la comunidad
internacional democrática. En su territorio se dirime un pulso entre
dogma totalitario y sociedad abierta. Y los costes en muertos son conocidos
desde hace años y se cuentan en miles. Por no hablar de las tragedias
personales que a casi nadie dejan indemne. Pero los enemigos son pertrechados
y alimentados desde países vecinos y desde allí y con connivencia
de los Gobiernos de allí se organiza el gran negocio de la muerte
y el terror del que Colombia intenta liberarse. Hugo Chávez puede
desplegar tropas en su frontera. Correa puede patalear. Pero ningún
defensor de la sociedad libre debiera dudar en qué parte está.
Herman
Terstsch, columnista
conservador, periodista y escritor. Sus puntos de vista no
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10 03 08
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