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Comentario
Editorial/Opinión
Gustavo
Coronel:
La
cobardía moral de las élites venezolanas
Por supuesto,
este título pudiera aplicar a casi cualquier época
de la vida nacional. Pero estamos en la Venezuela de Hugo Chávez
y es necesario tratar de averiguar por qué estamos donde
estamos. Pienso que hay varias fuerzas que moldean el clima general
de una nación. Una de estas fuerzas es la voluntad del
liderazgo político. Otra es la cuantía de los recursos
en manos de ese liderazgo. Una tercera es la actitud predominante
de los miembros de la sociedad en relación al rumbo que
lleve el país. Pueden existir más componentes pero
estos son de los más importantes. Un liderazgo decidido,
con abundantes recursos, actuando en el seno de una sociedad
pasiva, configuraría un cuadro en el cuál el rumbo
del país estará esencialmente dominado por los
deseos del liderazgo. Esto puede ser muy bueno pero puede ser
trágico. Si el liderazgo es sabio y su utilización
de los recursos nacionales es sensato, una sociedad pasiva no
es necesariamente un lastre sino que puede simplemente representar
una sociedad “contenta”. En este tipo de país
hay probabilidades de progreso ya que podría decirse que
la sociedad ha “delegado” en el liderazgo la conducción
de los asuntos nacionales. Al contrario, si el liderazgo no es
sabio y si la utilización de los recursos del país
no es sensata, la pasividad de la sociedad puede representar
un componente negativo adicional, ya que permite que se consolide
un rumbo dañino para el progreso del país.
“
No es tan sencillo”, se dirá con razón. En
el caso de Hugo Chávez hay millones de miembros de la
sociedad que lo apoyan y hasta lo consideran un líder
sabio. Se podrá argumentar que su sabiduría consiste
en haber establecido una estrategia de limosnas entre los pobres
del país, la cuál ha logrado mantener a mucha gente
contenta. Parecería que en la Venezuela de Hugo Chávez
ha habido, por algun tiempo, más gente contenta que gente
descontenta. A esos venezolanos contentos les suena inútil
discutir sobre los efectos a largo plazo de la estrategia de
limosnas de Hugo Chávez, ya que lo más importante
para ellos es el hoy: el mañana “no existe”.
Para este grupo la permanencia de Hugo Chávez en el poder
por diez años ha sido positiva. La mezcla de dádivas
y de promesas lo ha mantenido entre feliz y esperanzado.
Y entonces, que papel juega la cobardía en esta ecuación?
Ella está relacionada con la pasividad de quienes si pueden
ver más allá del hoy lleno de dádivas y
saben, por lo tanto, que la prodigalidad coyuntural de corto
plazo que maneja Chávez nos conduce en el largo plazo
a la ruina estructural. Esa pasividad es politicamente equivalente
al apoyo y tiene su más claro ejemplo en los llamados
ni-nis, quienes dicen no ser “pro-Chávez” pero
tampoco “anti-Chávez”. La cobardía
moral reside en guardar silencio, ya sea por resignación,
indiferencia o por interés personal, ante la tragedia
de un país que marcha aceleradamente hacia la ruina. No
hablo de los ignorantes, quienes no entienden los que les está pasando
sino de quienes si lo saben y prefieren callar. En este sentido
hay mucha más cobardía moral entre las élites
que entre las grandes masas, las cuáles generalmente son
víctimas de un alto nivel de ignorancia.
Las élites tienen el nivel de entendimiento suficiente
para ver hacia adelante y evaluar los resultados a futuro de
lo que está sucediendo hoy. Sus miembros están
en las clases medias y altas, entre los profesionales, los industriales,
los académicos y los burócratas de carrera. Es
en esa porción de la sociedad venezolana que encontramos
los más notorios casos de cobardía, de silencio
cómplice ante la tragedia venezolana. Hablar de esto es
delicado porque uno está en riesgo permanente de cometer
injusticias. Hay quienes dicen que no se debe generalizar sobre
esto y quienes dicen que no se debe singularizar. Yo digo: tampoco
es aceptable callar.
En ocasiones he sido injusto, como cuando escribí un artículo
en mi blog sobre Gustavo Dudamel y la actuación de la orquesta bajo
su conducción en un evento chavista. Me equivoqué en esa ocasión
porque lo que habían usado en el evento había sido una grabación.
Dudamel nunca asistió. Rectifiqué publicamente. Pero creo que
hay que correr ese riesgo de ser injusto, quizás minimizándolo
en lo posible, en base a la cautela y a la buena información, porque
la alternativa es peor, es el silencio.
Hace algun tiempo escribí un artículo muy crítico sobre
la actuación pública de un acaudalado miembro de nuestra sociedad.
Sus dolidas cartas privadas argumentaron que yo había sido injusto porque
desconocia el cuadro completo dentro del cuál sus decisiones habían
sido tomadas. En otras palabras, me dijo que si yo hubiera sabido los entretelones
del asunto, no lo hubiese criticado. El problema es que yo solo podía
opinar sobre el asunto en base a lo que se conocía publicamente. Si
tuviésemos que estar en conocimiento de todos los entretelones de cada
acción ajena antes de enjuiciarla, todos tendríamos que guardar
silencio. Y el silencio es, en gran medida, parte integral del síndrome
de cobardía que afecta a importantes segmentos de las élites
venezolanas.
No hay dudas de que muchos miembros de las élites venezolanas se han
convertido, por elección propia, en cómplices de la tragedia
chavista. Uno de los casos más evidentes parece ser el de los banqueros
que se han beneficiado de su amistad/alianza con corruptos funcionarios del
estado para ganar millones de dólares en la adquisición de papeles
comerciales del estado o adquiridos previamente por el estado (El nuevo Ministro
de Finanzas, Alí Rodríguez, define este mecanismo como “ muy
creativo… no siempre legal”, pero agrega:“lo seguiré usando”).
Estos banqueros son conocidos en Venezuela por Raymundo y todo el mundo. Otro
ejemplos son el de la conchupancia entre contratistas y altos funcionarios
de PDVSA para repartirse el botín petrolero o el de la obscena alianza
entre genuflexos dueños de medios (prensa y televisión) y el
régimen.
Existen otros miembros de las élites quienes están o estuvieron “convencidos” de
que Chávez es o era la última coca-cola del desierto. En ellos
ha privado un proceso de “racionalización” que va silenciando,
progresivamente, los reclamos de sus conciencias. En ocasiones vence el decoro,
como ha sido el caso del Dr. Maza Zavala, quien llegó a sentirse lo
suficientemente asqueado para convertirse en un duro crítico del régimen.
Otros, como Raúl Baduel y Miquilena, se tornan opositores como parte
de una estrategia política insincera u oportunista. Todavía otros
como los embajadores Chaderton y Toro Hardy, formados dentro del sistema democrático,
se entregan en cuerpo y alma al nuevo régimen en búsqueda de
contraprestaciones materiales.
La cobardía moral es la característica de quienes no comparten
la manera como Chávez conduce al país pero guardan silencio.
Muchos de quienes estaban en el Hotel “Alba” el día en que
Chávez presentó sus “medidas económicas” merecen
esta clasificación. Puede que cada quien tenga su explicación
para haber estado allí pero creo que los venezolanos tienen derecho
a esperar gestos de rebeldía y de integridad de aquellos quienes parecen
tener recursos, educación e inteligencia.
La cobardía moral de quienes se pliegan a Chávez sin estar de
acuerdo con sus ejecutorias es bastante más condenable que el apoyo
que otros le dan por razones ideológicas más o menos genuinas.
Hago una diferencia entre, por ejemplo, un Augusto Hernández, escribiendo
en solitario desde Pedro Gonzalez, en Margarita, o un Román Chalbaud,
quien parece creer sinceramente en lo que Chávez representa (y espera,
por tanto, que lo ponga a filmar películas revolucionarias) y un Escotet
o un Omar Camero, por solo mencionar un par de reputadísimos hombres
de negocios.
La cobardía moral de grandes segmentos de la sociedad venezolana está oxigenando
y extendiendo de manera indebida la vida del funesto régimen de Hugo
Chávez. Silenciar su denuncia o tratar de justificarla o restarle importancia
es, en cierta forma, una forma de cobardía.
Gustavo
Coronel es un veterano geólogo
de la industria petrolera, miembro director de la primera junta
directiva de PDVSA (1975-1979).
Todos sus articulos pueden verse en www.lasarmasdecoronel.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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