Los precios
de la gasolina y el gas doméstico--excluyo
el gas natural para uso industrial--no pueden subirse sin causar
una revuelta en el país. Uno de los pocos placeres que
los ciudadanos con recursos limitados tienen es poder llenar
el tanque de su carro viejo, pero bien cuidado, y llevar los
muchachos a la playa o a visitar algunos familiares que viven
lejos. Para las personas de la clase media, un carro es practicamente
una necesidad porque el sistema de transporte público
deja mucho que desear en cuanto a la disponibilidad, frecuencia
y comodidad de los autobuses. Un chiste dice que los pobres viven
en cerros, los de la clase media en colinas y los ricos en lomas,
y lo cierto es que en Caracas mucha gente vive en sitios altos
y poco accesibles para los autobuses.
Los países desarrollados que producen petróleo
y gas natural, como el Reino Unido y Noruega, no subsidian
los precios--todo lo contrario, les aplican un impuesto alto
para frenar el consumo. Es por eso que actualmente un litro
de gasolina en el Reino Unido cuesta $2,35. Hay mucha presión
para que el gobierno baje el impuesto, pero es poco probable
que lo haga, pues el alto precio va reduciendo el consumo y
esto les ha caído bien a los simpatizantes “verdes.”
En cambio,
los países en vías de desarrollo que
producen petróleo y gas natural casi todos subsidian el
precio para sus ciudadanos, aunque el grado de la subvención
varía. Venezuela tiene los precios de esos productos entre
los más bajos del mundo y el subsidio actual de la gasolina
es aproximadamente $0,75 por litro ($0,80 internacional y $0,05
en Venezuela). Si se venden 250.000 barriles diarios de gasolina,
esto equivale a un subsidio de unos $30 millones por día
y casi $11 millardos al año. Es por eso que hay tanto
clamor, especialmente de los economistas, para subir los precios. ¿Pero
es eso factible politicamente hablando? Llevarlos a los precios
internacionales--aun sin aplicarles un impuesto--causaría
una revolución. Doblar el precio actual seguramente provocaría
manifestaciones en la calle.
Un aumento
de precio aumentaría la inflación que
ya es bastante alta. Gran parte del transporte de bienes y alimentos
se hace en camiones y cualquier aumento para los combustibles
tendría que ser pasado al consumidor en el precio de esos
bienes y alimentos. Además, con cierta razón, el
ciudadano común cree que si Venezuela subsidia los precios
del petróleo vendido a los países del Caribe, ¿por
qué no lo va a hacer con los combustibles que vende en
el país?--la caridad empieza por casa.
Si bien es cierto que el costo de oportunidad--el precio en
el mercado internacional--ha subido mucho últimamente
y Venezuela está perdiendo un ingreso cada vez mayor
por el subsidio, también es un hecho que el volumen
que se exporta está produciendo un ingreso cada vez
mayor. Por eso, me parece que hay problemas más preocupantes
que el subsidio de los precios de la gasolina y del gas natural.
No creo que ni el gobierno ni la oposición vayan a incluir
en su plataforma electoral un aumento en esos precios--sería
un suicidio electoral.
¿Cuál es la solución al problema del enorme
subsidio? Si lo supiera, me darían un cargo en el gobierno.
Es evidente que cada vez que los salarios aumentan, sin que suban
los precios de la gasolina y del gas natural, efectivamente se
está abaratando el costo para el consumidor. Esto conduce
al aumento en el consumo cuando lo que se quiere es frenar el
crecimiento. Una posibilidad sería que, cada vez que se
aumenta el salario mínimo, aumentar los precios con el
mismo porcentaje. No soluciona el problema pero, por lo menos,
reduce la cuantía de subsidio.
Puesto que
el gobierno tiene miedo de aumentar los precios, como buen
estratega ha decidido atacar por otro frente--reducir
el consumo de la gasolina. Esto se hará sustituyéndola
con el gas comprimido, llamado Gas Natural Vehicular (GNV), pues
a partir del próximo año los carros deben fabricarse
con un cilindro a alta presión para el uso alternativo
de ese combustible. También la meta es convertir 450.000
vehículos para el uso de GNV entre 2006 y 2009 ¿Pero
tendrá esto un impacto significante sobre el consumo de
la gasolina?
El meollo
del problema es ¿cómo inducir al conductor
a que sustituya la gasolina por el gas comprimido? En el Reino
Unido se ha logrado cierto éxito con la venta de LGN--el
gas licuado-- para los vehículos, pero solo porque se
vende a mitad del precio de la gasolina. Hay una gran diferencia
porque, en el Reino Unido, el ahorro al usar LGN es considerable--mas
de $1,00 por litro--pero el ahorro en Venezuela al usar GNV no
puede ser grande porque la gasolina se vende al precio irrisorio
de $0,05 el litro. Cualquier reducción en precio para
el GNV no sería un incentivo de peso para cambiar.
¿Cuál es mi sugerencia? Uds creerán que
estoy loco pero propongo que--al salir los vehículos fabricados
con el equipo para el GNV--se regale ese combustible por un período
de tres años. ¿Qué mejor incentivo hay para
usarlo? Pero mi locura tiene una justificación económica.
Primero, Venezuela tiene la suerte de tener mucho gas natural
cuyo costo de producción es bajo, especialmente del gas
asociado. Segundo, el costo de llevarlo a las estaciones de servicio
(EdeS) en las ciudades debe ser bajo porque éstas ya están
conectadas a la red del gas doméstico. Además,
la inversión en las EdeS no debería ser muy grande--basicamente
se necesitan un compresor y un tanque de almacenamiento para
el gas comprimido. A esto hay que agregarle el costo del cilindro
a alta presión y de la conversión con los “kits” para
usar GNV.
Pero el factor
predominante es que, si se puede vender la gasolina liberada
en el mercado internacional, se hace una ganancia de
$0,75 por litro. Por cada 10.000 barriles diarios ingresan $435
millones adicionales al año y esto paga muchas veces los
costos antes mencionados. Si el GNV tiene aceptación por
parte del público--y esto está por verse-- el gobierno
habrá hecho una buena decisión al fomentar el uso
de ese combustible.
No creo que
el gobierno vaya a regalar el gas comprimido--lo que quiero
destacar es que si se puede vender la gasolina liberada
a precios internacionales, poco importa que el GNV se venda por
debajo del precio de la gasolina en el mercado nacional. Un gran
reto es crear rapidamente los 350 puntos de venta nuevos y reactivar
148 puntos existentes según el plan. Para mí, se
necesitarán más puntos de venta si se quiere vender
el GNV en grandes cantidades. Un problema es que fuera de las
ciudades--en las carreteras, por ejemplo--no existen redes de
gas doméstico. El cilindro es un peso adicional y el espacio
que ocupa en el maletero es una molestia, especialmente en los
carros pequeños. Por las razones mencionadas, creo que
tomará varios años antes de que el GNV tenga un
efecto significante sobre el consumo de la gasolina.
Otra razón por la cual creo que el subsidio de la gasolina
y el gas natural no es un asunto de tanta preocupación
es que hay buenas posibilidades de que PDVSA aumente la producción
en la Faja de Orinoco muy por encima del crecimiento del consumo
en el mercado local. De esta manera no se reduce el volumen actual
de petróleo que se exporta y más bien habrá un
aumento. ¿Estoy propiciando los precios irrisorios de
la gasolina y del gas natural en el mercado local? De ninguna
manera--pero mi punto es que nada ayudan las quejas de las personas
que dicen “algo debe hacerse” si ellas no presentan
propuestas concretas para solucionar el problema. Es un dilema
de hace mucho tiempo que sabemos es difícil resolver y
lo que se necesita son ideas y no reclamaciones.
Si estamos
de acuerdo que no es factible aplicar un aumento sustancial
en los precios de una solo vez, la alternativa es
aumentarlos poco a poco, digamos cada año. Para esto haría
falta conseguir el apoyo de los sindicatos y cierta determinación
por parte del gobierno. Este también cree que “algo
debe hacerse” pero hasta ahora le ha faltado la resolución.
Quisiera
invitar a las personas que critican la situación
actual y que igualmente creen que “algo debe hacerse” a
que escriban a Petroleumworld con sus proposiciones al respecto.
Oliver
L Campbell, MBA, DipM, FCCA, ACMA, MCIM nació en
El Callao,Venezuela en 1931, donde su padre trabajaba en la industria
aurífera. Comenzó a trabajar en Shell de Venezuela
en el año 1953, y después de una larga carrera
en la industria, ocupo la responsabilidad de Coordinador de Finanzas
de PDVSA. Los puntos de vista expresados no necesariamente son
los de Petroleumworld.