Ahora en la RB de Venezuela ha llegado una época de interrupciones del servicio eléctrico, a diez años de tu luz. Las consecuencias son bien conocidas:
En las casas, se está a oscuras y se pudre la comida que permanece en las neveras y congeladores; no hay acceso a Internet;
En los edificios se trancan los ascensores y falla el agua (que usa bombas eléctricas);
En las oficinas (incluyendo bancos) se suspenden las operaciones de atención al cliente y los empleados dejan de trabajar;
En los talleres e industrias ni se diga, hornos eléctricos se paralizan y problemas con los fluidos críticos en tuberías;
El funcionamiento de la ciudad se bloquea, con caos generalizado en el transporte (semáforos y metro)
En la oscuridad urbana, florece el vicio.
¿A quién se reclaman los daños? – A nadie, teórica y prácticamente, absolutamente a nadie. Primero porque ahora el regulador (que impone las multas) es el mismo gobierno , que opera todas las empresas de electricidad. En los “buenos viejos tiempos” incluso de redactó un “Manual de Calidad del Servicio” que estipulaba multas específicas según los tipos de interrupción o fallas de calidad. Había una compensación a los usuarios (en esa época no existían las usuarias).
Es lamentable la situación, porque las empresas no tienen mayor incentivo en mejorar la calidad del servicio, aparte que con tarifas congeladas no perderán mayores ingresos.
Es doblemente lamentable porque, como se conoce en la mayor parte de los servicios públicos urbanos (incluyendo el transporte de pasajeros), el nivel de la tarifa es casi insignificante al lado del daño de las fallas del servicio (o del tiempo perdido esperando el autobús). Que es la llamada “satisfacción” = costo de la tarifa + costo (daño) de la falla, al usuario (a).
Hoy, el suscritor que se fuña. No se preocupen, que llegarán tiempos mejores, son vainas remanentes del capitalismo, que ya se están extirpando. Cuando todos los servicios públicos sean gratuitos, no quedará sino el puro daño del apagón, también gratuito, que será solidario, igual para todos, ricos y pobres. ¡Liberté, egalité, pour nous tous!!
Alberto Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico con un Doctorado en Derecho y Economía de la Energía. Es Individuo de Número de la Academia Nacional de Ingeniería y del Habitat. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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Petroleumworld 02 09 08