Guillao ....
Confidencial, off the record
Inside, confidential, off the record
Y aquí llego la revolución pa' peor ....
El gas doméstico era un servicio que por muchísimos anos, venia funcionando seguro y eficiente, las bombonas se podían conseguir en cualquier rincón de venezuela, hasta en el caserío mas recóndito del país. Pero llego la revolución que no es pa' mejor si no pa' peor, NO HAY BOMBONAS DE GAS , dice los letreros en la pulperías y negocios de ciudades y pueblos en el interior y cuando llega hay que calarse una soberana cola por lo menos 2 horas, si es que alcanza para todos.
“La revolución del gas”, dice una pancarta firmada por “la nueva PDVSA”. “El gas comunal, otro logro de la revolución”, dice otra. ¡Carajo! ¿Esto es la revolución? ¿Esto es un “logro”? ¿Esto es “socialismo”? Escribe Damian Prat columnista de Correo del Orinoco (www.damianprat.com ) a quien le toca hacer su cola.
Sigue Prat, escribiendo en una de sus su columnas esta semana:
¿Qué ocurrió en Venezuela para que hayamos llegado a este desastre cuando, pese a sus fallas, el servicio de gas llegaba a las casas en los camiones del reparto tras una llamada telefónica, o cuando había un descuido uno lo adquiría en algunos comercios. Hasta hace pocos años ordenanzas municipales y normas de seguridad dictadas por los Cuerpos de Bomberos prohibían tajantemente que las personas compraran las bombonas llenas de gas en los “llenaderos” de esas empresas. Prohibían, por sanas normas de seguridad pública, que los ciudadanos trasladaran esos cilindros cargados de gas en los vehículos particulares. Ahora llevarla al hombro, dentro de los vehículos particulares o en taxis y motos es casi la única forma de transporte existente. ¡La revolución bolivariana en marcha!
Con mucha frecuencia transito por una calle de Unare en la que están dos de las antiguas empresas surtidoras de las bombonas de gas doméstico. Es indignante ver las “colas” de ciudadanos bajo sol o lluvia a la espera de poder comprar y llevarse el muy necesario producto a sus hogares. Docenas de personas, cientos de personas cada día. Cada cierto tiempo soy yo uno de esos que le toca hacer la “cola”. Ni modo. Sin el gas de las bombonitas, la vida diaria en el hogar es casi imposible. ¿Qué ocurrió en Venezuela para que hayamos llegado a este desastre cuando, pese a sus fallas, el servicio de gas llegaba a las casas en los camiones del reparto tras una llamada telefónica, o cuando había un descuido uno lo adquiría en algunos comercios? “La revolución del gas”, dice una pancarta firmada por “la nueva Pdvsa”. “El gas comunal, otro logro de la revolución”, dice otra. ¡Carajo! ¿Esto es la revolución? ¿Esto es un “logro”? ¿Esto es “socialismo”? Hasta hace pocos años ordenanzas municipales y normas de seguridad dictadas por los Cuerpos de Bomberos prohibían tajantemente que las personas compraran las bombonas llenas de gas en los “llenaderos” de esas empresas. Prohibían, por sanas normas de seguridad pública, que los ciudadanos trasladaran esos cilindros cargados de gas en los vehículos particulares. Ahora llevarla al hombro, dentro de los vehículos particulares o en taxis y motos es casi la única forma de transporte existente. ¡La revolución bolivariana en marcha!
¿Cómo llegamos a esto? Aunque algunos expertos en el tema seguramente podrán agregar mejores datos y detalles, el asunto tiene una respuesta: es el ruinoso populismo y la atrasada mentalidad de que “socialismo” es que el gobierno sea dueño de todo y de la vida de todos. Veamos. ¿Por qué populismo? Populismo porque el precio del gas doméstico se ha mantenido igual por años y años. ¿Sabe el lector que lo que pagamos por el contenido de la bombona apenas cubre parte de los gastos operativos de las distribuidoras? Es decir, el gas es gratis a los efectos de Pdvsa. Está 100% subsidiado. Pdvsa lo regala. Y las empresas distribuidoras, hoy expropiadas y en manos de Pdvsa tampoco cubren sus costos operativos. Por años y años, las empresas fueron sometidas a un deterioro progresivo. El margen de utilidad que les permitía el gobierno tras venderles el gas en comparación con el precio de venta, no permitía cubrir los costos de personal, mantenimiento de la flota de camiones (cauchos, repuestos, combustible, renovación de vehículos), gastos administrativos, mantenimiento de instalaciones, etc. Como era inevitable, esas empresas empezaron a reducir personal, a “reparar” unos camiones con las piezas de otros, a tener camiones viejos y desvencijados. Hasta que llegaron a la quiebra. Y de allí al “acuerdo” para que “el gobierno” se quedara con lo poco que quedaba. “La revolución del gas”, dice la pancarta.
No sé muy bien cómo operan hoy, porque hay una difusa simbiosis entre Pdvsa como dueña del negocio y unos “consejos comunales” que no se sabe quién, qué y cómo administran aquello. Pasan los meses y las empresas -ahora “socialistas”- siguen en la ruina. Y las personas seguimos haciendo cola y trasladando como podemos a nuestras casas los cilindros con el preciado combustible para las cocinas. Era preferible haber pagado cada año pequeños aumentos en el precio del gas para no llegar a este desastre. Ese es el precio del populismo. Un engaño al pueblo. Parece muy bueno y popular pagar 4 mil bolívares por el contenido de la bombona pequeña cuando en realidad lo bueno es que las cosas funcionen bien y sean productivas, aunque haya que pagar un poco más.
En los últimos dos años el gobierno ya no sólo hizo populismo, sino que adrede fue llevando a la quiebra a las empresas distribuidoras para obligarlas a “vender” a precio de gallina flaca o regalarle al gobierno sus escasos bienes. El “plan” era copar otro espacio para el estatismo, el control absoluto del gobierno en toda la economía. Creyendo que eso es “socialismo”, cuando en realidad era y es una ruina que destroza más la calidad de vida de todos. Como en Cuba, donde cada servicio público es un suplicio para el pueblo en nombre de una supuesta “igualdad socialista”. Para colmo hicieron operativos para decomisar las bombonas en los negocios de barrio -acusándolos injustamente de especuladores- donde se vendían con un pequeño recargo, pero con más comodidad para el más pobre que no tiene carro. Extraño “socialismo” ese que prefiere que la gente deba pagar 5 ó 6 mil bolívares en un taxi para trasladar la bombona en lugar de mil más en el negocio del barrio.
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