No logro salir del asombro. Que lo haya dicho Mario Silva no me extrañaría,
pues se trata de un opúsculo adulador con licencia oficial
para profazar; pero que sea una ex magistrada del más alto
tribunal de la República y quien ocupa un sillón en
la Academia de las Ciencias Políticas y Sociales, es motivo
de enorme preocupación, pues pone en evidencia el deterioro
de nuestra sociedad y los escasos valores que le restan al ejercicio
de la abogacía.
Usted
ha sugerido en varias entrevistas de radio y hasta en un artículo
de prensa, al referirse al caso de la ExxonMobil, que los abogados
de empresas foráneas que defiendan sus pretensiones jurídicas
podrían ser considerados traidores de la patria. Incluso,
propone que “los especialistas” estudien la posibilidad
de encarcelar a quienes aboguen por las causas que adversan los intereses
del Estado venezolano . En suma, usted propone criminalizar el ejercicio
de la profesión del derecho. Y como es lógico, esta
palabra santa será suficiente para tiritar a cualquier abogado
sin privilegios gubernamentales, pues su recomendación seguramente
tendrá eco en secuaces encargados de rifar imputaciones penales.
Sus
argumentos no permiten distinguir hasta dónde debe expandirse
el delito de traición. ¿Habrá que encarcelar
también a quienes actuamos ante organismos del sistema interamericano
de protección de derechos humanos, para defender a las víctimas
a quienes el Estado venezolano les ha vulnerado sus garantías
fundamentales? ¿Serán también los que han actuado
ante tribunales judiciales o arbitrales internacionales como es el
caso del CIADI? ¿Seremos también traidores quienes
nos hemos atrevido a demandar al gobierno ante nuestros propios tribunales,
ante las arbitrariedades del poder? ¿Donde fijar el límite?
Esto es muy importante Dra. Rondón, pues no quedarán
catres vacíos en nuestros penitenciarios para albergar a tantos
pérfidos juristas.
Aunque
usted no lo crea, desde la revolución francesa en
el siglo XVII confrontar una decisión oficial asumida por
un Estado no puede considerarse como un crimen. El Estado de Derecho
es el sometimiento del gobierno al derecho y ese control lo ejercen
los jueces. Las personas naturales o jurídicas afectadas por
una decisión estatal tienen el derecho de cuestionarlas, y
para ello requieren de la asistencia de profesionales del derecho.
Y, lógicamente, de abogados que conozcan el derecho interno
del respectivo Estado. Si usted considera que confrontar un Estado
es un sacrilegio, no puede extender el pecado a quienes cumplen con
sus obligaciones profesionales. Quienes están en conflicto
son las partes, no los abogados.
Me
encantaría conocer su opinión sobre los abogados
que tienen que defender a una persona acusada de violador, de terrorista,
de tráfico de drogas, de secuestrador de niños. ¿Serán
también delincuentes? ¿Tendrán derecho estas
personas a una asistencia letrada? No me queda clara su posición
con respecto a la necesidad de un debido proceso antes de sufrir
una sanción. ¿Será que ese debido proceso es
sin defensa letrada? ¿Serán simples adláteres
los abogados de las partes?
Si
llegase usted a admitir que un procesado de delitos tiene derecho
a una asistencia letrada, me cuesta creer
entonces cómo concluye
que una persona o empresa extranjera encargada de hacer negocios
en nuestro país, no puede contar con asesores y abogados,
cuando ésta confronta una decisión estatal que considera
ajena a las garantías ofrecidas antes de la inversión.
Si la empresa tiene razón o no, eso quedará por verse,
pero mal puede usted criminalizar la actuación de los abogados,
cuando ni siquiera se conoce quién tiene la razón.
¿De dónde habrá sacado usted que los abogados
deben identificarse con las partes? ¿Es que acaso para defender
los derechos de un homosexual o un comunista hay que también
serlo? ¿De qué código de ética habrá sacado
este pecado que ha provocado su drástica alteración?
Sepa
usted, Dra. Rondón, que uno de los principios básicos
del ejercicio del derecho es que los abogados no pueden ser identificados
con sus clientes ni con las causas de sus clientes. Las Naciones
Unidas han reconocido este principio, así como el de inmunidad
civil y penal por las declaraciones que hagan de buena fe los abogados,
en procura de sus defendidos . Precisamente por eso, la humanidad
y la sociedad democrática discrepa de su parecer, al proscribir
persecuciones o sanciones frente a los abogados, a raíz de
cualquier medida que hayan adoptado en el cumplimiento de sus obligaciones,
reglas y normas éticas.
¿Es que acaso usted pretende que la empresa ExxonMobil o
cualquier sujeto que acuda a un proceso arbitral sin asistencia letrada? ¿Será que
todo el gremio de abogados tiene que solidarizarse ciegamente, y
a priori, con el capricho gubernamental de terminar una relación
con un aliado comercial a quien se le dio una serie de garantías
frente a su inversión, sin indemnización alguna? Que
fácil sería para usted asesorar al Estado venezolano
sin confrontar a nadie, pero recuerde usted que todo proceso requiere
un contradictorio, pues esa es la mejor fórmula para la búsqueda
de la verdad.
Dra.
Rondón, usted ha perdido la perspectiva, pues hay abogados
que no sólo sienten que cumplen con su deber cuando defienden
los intereses de sus clientes frente a un Estado, sino que muchas
veces lo hacen con vehemencia y convicción, al entender que
al corregir una práctica viciada o un capricho gubernamental
se beneficia el propio Estado. Ya lo decía von Ihering, “toda
disposición arbitraria o injusta, emanada del poder público,
es un atentado contra el sentimiento legal de la Nación, y
por consecuencia contra su misma fuerza”.
Así, cuando en el ejercicio de nuestra profesión nos
ha tocado demandar la nulidad de un acto gubernamental o los daños
y perjuicios derivados de una actuación ilícita del
Estado, lo hemos hecho no sólo cumpliendo con nuestro deber
de atender los intereses de una parte, sino también con el ánimo
de defender el Estado de Derecho y evitar futuras transgresiones
legales. Castigar a un Estado por su conducta arbitraria debería
aparejar un propósito de enmienda, y ello debería pesar
en las futuras actuaciones de los agentes oficiales.
Sin ánimos de entrar al fondo del caso que dio origen a su
ira, del cual desconozco sus detalles, sólo quiero hacerle
ver que hay quienes piensan (pensamos) que irrespetar un compromiso
contractual asumido con una transnacional, sin indemnización,
es perjudicial para nuestro propio Estado, pues espanta a los inversionistas
con deseos de permanencia y con empleos para otorgar. Hay quienes
entendemos que defender en esos casos al inversionista es procurar
nuestro propio beneficio, pues la patria Dra. Rondón, no se
agota en los gobiernos de turno, éstos pasan y muchas veces
lo que queda son las cicatrices de las arbitrariedades.
Hay
quienes vemos las bondades de los acuerdos que garantizan la seguridad
jurídica de los inversionistas; hay quienes vemos
la importancia de respetarle los derechos a los nacionales de otras
tierras; sobran quienes sienten que el negocio petrolero debería
ser ajeno a las ideologías de los gobiernos de turno; hay
quienes pensamos que comprometer en árbitros foráneos
las decisiones de posibles conflictos contractuales no es contrario
a derecho, más aún cuando pensamos que nuestros gobernantes
deben actuar en beneficio de la patria y no del partido; hay quienes
pensamos que condenar a nuestro país a indemnizar los daños
ocasionados a cualquier persona (nacional o extranjera), por sus
arbitrariedades, debería repercutir en nuestro propio beneficio,
como muestra de seguridad jurídica.
Si
usted discrepa de esta posición por razones jurídicas
o ideológicas, yo respeto su posición y defiendo su
derecho a expresarla, pero no por eso debe buscar el camino fácil
de encarcelar a su adversario, y menos aún a sus abogados.
Si le ha molestado el criterio de los asesores de la empresa que
ha demandado a nuestro país, ocúpese de destruir sus
argumentos y no las vidas y la libertad de los abogados asesores.
Asesorar, abogar y representar a una persona natural o jurídica
contra un Estado, lejos de constituir delito, es una tarea seria
y responsable, tan noble como la que seguramente usted le estará prestando
a la principal empresa nacional.
Lo
paradójico de su criterio es que confirma una verdad irrefutable.
Actualmente, nuestro Poder Judicial no está capacitado para
administrar justicia con imparcialidad, al menos en los casos donde
esté en juego algún interés gubernamental. ¿Cómo
entonces cuestionar que alguien busque un tribunal menos parcializado? ¿No
somos capaces acaso de vencer en derecho frente a jueces imparciales?
Incluso, usted resaltó, en su voto salvado de la sentencia
que avaló la apertura petrolera, la importancia de que los
conflictos de envergadura se mitiguen “las dudas sobre la posibilidad
de que el sentimiento nacionalista imper(e) sobre la ratio fundamental
de un fallo definitivo, que no puede ser otro que la justicia”. ¿Cómo
ahora invocar abnegados intereses nacionalistas para cuestionar la
función principal de los abogados?
No
sé cuál será la lóbrega intención
de tan desatinada postura. Si estos fueran ajenos a la justicia,
la historia sabrá darle su puesto de arbitrista. Y si fuese
sólo una precipitada respuesta improvisada, nuestro gremio
le exige una dispensa. Yo estaría dispuesto a dársela.
Dra.
Rondón, no estoy involucrado en el caso de la ExxonMobil,
ni siquiera se qué abogados la representan en estos juicios.
Pero si de algo estoy seguro es que eso no es delito alguno. Seguramente
sus comentarios crearán un efecto disuasivo frente a muchos
profesionales del derecho, pero seguramente habrá quienes
no nos dejaremos amedrentar, pues la lucha por la justicia tiene
muchos obstáculos, y uno de ellos es la intolerancia del poder.
Sus
comentarios coinciden con uno de los momentos más tristes
del ejercicio de la abogacía, donde los profesionales del
derecho tenemos que sortear los obstáculos más sagaces.
Tenemos una justicia dependiente y deferente y ahora hasta a directivos
del gremio nombrados por sentencias. Pero esto lo vamos a cambiar,
eso lo veo en los ojos de mis alumnos, en el alma de las nuevas generaciones.
Vendrán mejores momentos, nos acercaremos a la justicia…
Atentamente,
Rafael
J. Chavero Gazdik.
Rafael J. Chavero Gazdik es Profesor de la Universidad Central de
Venezuela
(rchavero@hotmail.com). Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.