Andrés Rojas Jiménez:
Entrevista a Elie Habalián
Elie Habalián habla de un nuevo orden o arquitectura energética
global para explicar las razones de los máximos históricos que
están registrando los precios del petróleo. En esa visión
menciona que ahora los países industrializados no son los únicos
grandes consumidores de crudo, sino que también están las llamadas
naciones emergentes; advierte también que la Organización de Países
Exportadores de Petróleo no atendió las inversiones que se requerían
para atender esa nueva demanda y ahora queda rezagada en las decisiones que se
están tomando en materia energética.
"La OPEP decidió no hacer nada. Debió cumplir
con su misión y asumir su rol de regulador del mercado, lo
cual se hubiera logrado desplazando la banda de precios gradualmente
hacia el alza, a la par de hacer nuevas inversiones con los recursos
adicionales que iba aportando el mercado", afirma Habalián,
quien fue gobernador por Venezuela ante la organización. "Los
países de la OPEP hicieron poco o nada para aumentar su capacidad
de producción hasta llegar a la insólita situación
de tender casi a cero el colchón entre demanda y la capacidad
de producción", destaca el experto.
–¿Parece que es poco relevante lo que pueda decir la
OPEP y son más importantes los pronósticos que se hacen
en el mundo financiero de Nueva York?
–
Por lo pronto, los pronósticos de Wall Street lucen más
importantes de lo que dice o hace la OPEP. Al ceder paulatinamente
su responsabilidad de regular la oferta en el mercado petrolero global,
permitió el ingreso de nuevos factores y actores energéticos
y financieros, que hicieron más compleja la cuestión
energética. Ahora parece ser demasiado tarde para que la OPEP
retome el rol que tuvo hasta 2003.
–¿Entonces cómo queda la OPEP? ¿Ahora
sí es su fin? –No se trata del fin de la OPEP como organización.
Lo
que sucede es que el contexto energético global ha cambiado últimamente
y lo seguirá haciendo. Nuevos actores como los países
emergentes, nuevos combustibles como el etanol, y nuevas tecnologías
se han incorporado. Mientras tanto, frente al desafío de los
cambios tecnológicos, ecológicos, económicos,
políticos, geopolíticos y financieros, la reacción
de la organización ha sido la perplejidad. Frente a la actual
crisis energético-financiera, la OPEP parece estar pintada
en la pared, perdió su función de regulación
y es claro que el nuevo orden energético global está en
marcha, no parece estar llamada a ocupar el rol fundamental que una
vez tuvo y que no supo conservar.
–Arabia Saudita, pese a ser el primer productor de petróleo,
tampoco hizo mucho por promover la reciente reunión entre
productores y consumidores en Yeda, porque los precios siguieron
subiendo.
–Sus autoridades políticas y energéticas
han dicho que no esperan milagros en el corto plazo. Arabia Saudita
percibió que no se trata de tomar el control de la OPEP, sino
de liderar la conformación del nuevo orden energético
global junto con el primer ministro británico, Gordon Brown,
en representación de los países consumidores; China
e India, por las economías emergentes.
Esto
no va a ocurrir en el corto plazo, pero está en marcha.
Esta nueva dinámica está pautada para el venidero otoño,
en su reunión en Londres.
–¿Por qué no
aparece EE UU en ese grupo?
–
El presidente George W. Bush no puede aparecer. Si lo hace, la reunión
hubiera terminado en una implosión y por eso quien va es Gordo
Brown, para asumir el liderazgo visible aunque detrás está Estados
Unidos.
–¿Comparte los pronósticos de que el precio
del petróleo puede llegar hasta 250 dólares por barril?
–
En la actualidad, el grado de vulnerabilidad del mercado petrolero
mundial es de tal magnitud que en el corto plazo todo es posible.
Parece presionar en esta dirección una combinación
de factores políticos y geopolíticos, una holgura cero
entre demanda de crudos y derivados y la capacidad de producción
y refinación, una falta de regulación y de transparencia
financiera global y en la data energética de los distintos organismos
y países involucrados. Lo más insólito
es que figuras como el presidente Hugo Chávez, autoridades
de la OPEP o el presidente de la empresa rusa Gazprom, actúen
más como corredores de la bolsa de Wall Street junto a Goldman
Sachs y Morgan Stanley.
–¿Por qué el presidente Chávez y las
personas que menciona actúan como representantes de una banca
de inversión?
–
Se han dado a la tarea de pronosticar precios de 100, 150, 250 y
400 dólares por barril. Pareciera que la bolsa de Wall Street
se hubiera infiltrado en la OPEP. Aquellas fuerzas que han venido
presionando por un alza en el precio del barril no deben perder de
vista que no sólo la economía estaría en riesgo
sino también la paz mundial. No quiero pensar que por la mente
de los líderes de varios países OPEP y no-OPEP, con
Rusia como cabeza invisible, se esté ventilando la insólita
idea de que por el camino de una colosal crisis global estén
buscando el derrumbe de la actual civilización, para llevarnos
al "mar de la felicidad". Hoy parecen haberle tomado el
gusto al precio de tres dígitos y que no están dispuestos
a soltarlo.
Aparentemente,
la única vía que les queda a varios
países productores y exportadores para convencerse de que
tienen que hacer algo es esperar que el precio colapse por la vía
de la recesión mundial, lo cual demuestra que la mayoría
de los países de la OPEP no parece haber asimilado la lección
de la segunda mitad de los 80 y todos los 90.
–¿El subsidio en la venta de combustible que ofrecen
muchos países productores de petróleo es otra razón
por la cual aumenta la demanda de hidrocarburos?
–
Desde luego que sí. El subsidio a los combustibles en varios
países productores-exportadores estimula el consumo y el derroche
del petróleo, como ocurre en Venezuela, donde la gasolina
es más barata que el agua. Este fenómeno reduce la
oferta al mercado petrolero mundial y contribuye a su encarecimiento.
No obstante, algunos de estos países no se atreven a reducir
el subsidio a los combustibles porque se desencadenaría un
problema social de impredecibles consecuencias.
En
el caso de Venezuela, se trata de un complejo problema del orden
político, económico y social, en el que el abordaje
de su solución lleva casi siempre a un círculo vicioso.
Venezuela,
con todos sus recursos financieros, ha carecido de un proyecto
que resuelva la "bomba de tiempo" que significa
el colosal subsidio al consumo doméstico de los combustibles.
–¿Comparte la idea de que al petróleo le queda
pocos años?
–
Existen dos enfoques al respecto. El primero plantea que estamos
a punto de alcanzar el pico de haber consumido la mitad del petróleo
originalmente almacenado en la tierra, y que por tanto estamos a
punto de entrar en la etapa del agotamiento del crudo. Es lo que
llaman la teoría del Pico de Hubbert.
–En ese caso, ¿cuántos años
le quedan?
–
Algunos defensores de esta teoría se atreven a mencionar el
2043 como el año del agotamiento definitivo del petróleo;
pero esa hipótesis es confrontada por otra que plantea que
en la Tierra debe haber mucho más petróleo por descubrir
y algunos expertos mencionan cifras por encima de 10 billones de
barriles.
Esta
hipótesis que rechaza el agotamiento inminente del petróleo
descansa en la tecnología como la herramienta principal que
garantiza nuevos descubrimientos y la extracción de más
petróleo, siempre y cuando haya inversionistas dispuestos
a aportar el capital necesario. En todo caso, este es un debate inconcluso,
en el cual hay que seguir profundizando.
–¿Ese fin del petróleo es por el crecimiento
de fuentes alternas de energía?
–Ese es el segundo enfoque,
el cual plantea que el petróleo está condenado a perder
su carácter de combustible dominante. En otras palabras, podemos
estar ante el comienzo del fin del reinado del petróleo sobre
el resto de la matriz de energía primaria.
Para
ello se esgrimen razones políticas, geopolíticas,
económicas, ecológicas y tecnológicas. En estas
condiciones, otras fuentes de energía primaria, como las renovables
y la nuclear, se encuentran en vías de sustituir una buena
parte del petróleo.