Defender
a Ratzinger. Extraña situación para alguien
que, como yo, difiere decenas de pueblos de su concepción
del mundo. Y no solo porque él habita en la gramática
de lo intangible y yo soy una impenitente ciudadana del racionalismo,
sino porque cuando actúa en lo terrenal, sus ideas
sociales están en mis antípodas. No me gusta
el Vaticano ni por su sexismo ni por su homofobia, y su actitud
en el tercer mundo, contraria a la anticoncepción,
me parece seriamente irresponsable. Reconozco que la espiritualidad
de este papa me conmueve casi tanto como su densa cultura,
pero su mundo y mi mundo palpitan en mundos distintos. Sin
embargo, y parafraseando la famosa frase, daría lo
que fuera porque Ratzinger pudiera defender sus ideas contrarias
a las mías; esa es la raíz de la libertad, su
hondo compromiso: garantizar el crisol, asegurar la pluralidad..
Y es el crisol de ideas, el derecho a pensar más allá
de los miedos y las amenazas, lo que está resultando
frontalmente atacado en estos tiempos.
HABLAMOS de Ratzinger, pero hablamos también de Theo
van Gogh, de Salman Rushdie, de los dibujantes de cómics
daneses, de Ayan Hirsi Alli, del escritor Naguib Mahfuz, cuya
reciente muerte nos recordó el calvario que sufrió
en manos de la intolerancia. Todos ellos fueron responsables
de la lesa culpa de opinar más allá de la comodidad,
quizá más allá de la corriente y, sin
duda, más allá de la prudencia. Y todos dejaron
por el camino mucha piel, violentados, amenazados, incluso
asesinados.
¿Es
Ratzinger lo mismo que Rushdie? ¿Se parece a la provocación
soez danesa? ¿Tiene algo que ver con la denuncia de
Van Gogh? Todos tienen que ver con lo mismo, se atrevieron
a opinar críticamente sobre el islam y padecieron las
consecuencias.
Por lo pronto, Benedicto XVI ya ha pedido precipitadamente
perdón, en un acto de genuflexión pública
que extrañamente se da en el Vaticano. ¿Lo ha
hecho por convicción o ha sido obligado por la histeria
desatada en el islam? La evidencia de la respuesta ahorra
texto. Nuevamente, pues, el mundo ha amanecido con manifestaciones
a cara de perro, con iglesias quemadas, con parlamentos pidiendo
explicaciones y con los gurús del islam exigiendo penitencia.
Y todo ello ha pasado porque Benedicto XVI ha dicho que la
yihad es contraria a Dios, y que la violencia no es compatible
con la religión. Es decir, tiene a medio mundo musulmán
sublevado por haber sido coherente con el catecismo. Un hombre
de Dios asegura que, en nombre de Dios, no se puede matar.
Y tiene que pedir perdón…
Lo sé. Serían muchas las aristas del tema. Para
empezar, Ratzinger lidera una religión que tuvo su
yihad en los tiempos cruzados, y que también, en nombre
de la religión, defendió todo tipo de violencias.
Sin ir más lejos, el cristianismo es el principal responsable
de la locura histórica del antisemitismo. Pero también
es cierto que muchas son las reflexiones críticas del
propio cristianismo, y que el Nostra aetate supuso una frontera
definitiva con su pasado. Y lo es aún más su
adscripción a los valores democráticos de las
sociedades en las que vive. Sea como sea, Ratzinger podría
haber partido de la propia culpa cristiana para aterrizar
en la inequívoca culpa islámica, y podría
haber usado textos históricos menos antipáticos
como ejemplo, pero nada de lo dicho justifica la violencia
callejera y tabernaria que están generando sus palabras.
El tema no es lo que ha dicho Ratzinger, sobre todo porque,
matices aparte, lo suyo es de un sentido común inapelable.
El tema es la falta absoluta de cultura democrática
que ahoga al islam y que nos ahoga a todos.
No me cansaré de decir que, sin duda, hay un islam
de paz, pero también hay un islam de guerra, y de la
misma forma que en nombre de Alá se conjuga el verbo
amar, hoy, en nombre de Alá, también se conjuga
el verbo matar. Miles de muertos, desde Nueva York hasta Atocha,
desde Beslan hasta Bombay, lo avalan trágicamente.
Y lo más trágico no es que el islam integrista
esté secuestrando la imagen de todo el mundo musulmán.
Lo más trágico es que el mundo musulmán
pacífico no se manifiesta, no critica, no se rebela,
sino que calla.
Los pocos
Mahfuz y Rushdie que levantan la voz viven un calvario. Personalmente
creo que una comunidad diversa, compleja, heterodoxa como
la islámica no puede ser reducida a la imagen simplista
y malvada que el propio fundamentalismo intenta dar. Pero,
para ello, es necesario que surjan sus propios Ratzingers
y que el mundo islámico diga, en propia voz, que la
yihad es contraria a Dios. Desgraciadamente vivimos una trágica
inversión de valores: las voces surgen, masivas, histéricas
y amenazadoras, para violentar a los críticos. Miles
vociferando en las calles porqué un Papa ha hablado
contra la violencia. ¿Dónde están esos
miles cuando, en nombre de su dios, se masacran ciudadanos
en trenes, autobuses y aviones? Hay un Islam que está
muy enfermo y, por desgracia, es el Islam que impone su voz.
Ese Islam hoy silencia a Ratzinger y ayer lo hizo con otros.
Por eso me atrevo a decir que las disculpas del Papa no son
un éxito de la prudencia, son una derrota de la razón.
Un quiebro, -otro-, de la libertad.
Pilar
Rahola
escribe para el diario El Periodico - Barcelona. Sus puntos
de vista no son necesariamente las de Petroleumworld en Español.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Periodico - Barcelona, 20 de Septiembre, 2006. Petroleumworld
no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por
esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión
y análisis.
Petroleumworld
alienta a las personas a reproducir, reimprimir, y divulgar
a través de los medios audiovisuales e Internet, los
comentarios editoriales y de opinión de Petroleumworld,
siempre y cuando esa reproducción identifique, a el
autor, y la fuente original, http://www.petroleumworld.com
y se haga dentro de el uso normal (fair use) de la doctrina
de la sección 107 de la Ley de derechos de autor de
los Estados Unidos de Norteamérica (US Copyright).
Internet
Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve son apreciadas.
Petroleumworld.com
Venezuela 28 09 06
Copyright
©2006 Pilar Rahola. Todos los Derechos Reservados.