
El ingeniero de petróleos Gustavo Inciarte acaba de morir en Norman, Oklahoma, sede de la Universidad de Oklahoma, a la cuál el amó entrañablemente y dedicó los últimos años de su vida.
En vida Gustavo Inciarte se había convertido en una leyenda, tanto en el campo de la ingeniería de petróleos de nuestro país como en su papel de líder de la investigación en ese campo, desde la presidencia de INTEVEP durante la década de 1990. Quienes lo conocimos y fuímos sus compañeros de labores por 30 o más años en la costa oriental del Lago de Maracaibo y en Caracas, siempre recordaremos a Gustavo Inciarte como un protagonista de la Lagunillas de esos años, la década de 1960, en los cuales su labor y la de un maravilloso grupo de ingenieros venezolanos de Shell: Antúnez, Corrie, Rubio (como nacido entre nosotros), Krause, Fraíno, Medina, Hung, Vivas y tantos otros trabajaba amorosamente en el cuido de nuestros yacimientos petrolíferos del lago y de tierra. Era una Lagunillas vibrante, saturada permanentemente del característico olor a diesel que nunca podremos olvidar, como esos perfumes que nos recuerdan a una mujer querida. Era un campo extraordinario, con sus casas bien cuidadas, el Club, atención médica contínua, buenas escuelas para los niños, un sitio ideal para trabajar y tener una familia. Se trabajaba muy duro ya que la oficina abría a las 6:30 de la mañana, si recuerdo bien. El cafetín del Sr. Martínez suplía la ausencia de un desayuno formal en la casa.
Allí me re-encontré con Gustavo. Lo había conocido en Norman, Oklahoma, cuando el estudiaba en la Universidad de Oklahoma y yo en la Universidad de Tulsa. Allí íbamos a jugar fútbol. El arquero de Tulsa era yo y el arquero de Norman era Juan Roger, Pollón. Una vez jugamos en presencia de nuestro amado Rómulo Gallegos y Gustavo lo acompañaba en las gradas.
En Lagunillas Gustavo llevó una intensa vida profesional y social. Sus fiestas eran memorables y, en aquella época, debido a su peso, se desplazaba en un sillón colocado en la parte de atrás de una camioneta. Por muchos años luchó contra el peso y, aunque no pudo vencerlo del todo, lo mantuvo a rayas por muchos años.
Nuestras carreras se desarrollaron en paralelo. Gustavo era un ingeniero enamorado de su profesión y, aunque ocupó las más altas posiciones gerenciales en la industria: miembro de la Junta Directiva de PDVSA (1995-1998) y presidente de INTEVEP, entre otras altas responsabilidades, nunca dejó de ser un ingeniero destacadísimo. Fue presidente en 1999 de la International Society of Petroleum Engineers y su reputación internacional siempre estuvo a la par de su reputación doméstica. En la Universidad de Oklahoma fue el principal motor y miembro de la junta directiva del Instituto Energético de las Américas.
Gustavo se graduó de ingeniero petrolero en la Universidad de Oklahoma en 1957. Tenía 19 años. Como becario Shell se fue a trabajar a Lagunillas apenas recibió su diploma. Fue el primer venezolano que llegó a ser Jefe del Departamento de Ingeniería de Producción y allí se convirtió en pionero de la recuperación secundaria de petróleos pesados mediante la inyección de vapor. Desde allí promovió, en 1968, la creación del Instituto de Investigación Petrolera de la Universidad del Zulia, que luego se convirtió, con el liderazgo de otro grande, Efraín Barberii y otros ingenieros de Shell como Rincón y Finol, en facultad de post-grado de Ingeniería Petrolera de la universidad.
Después de la nacionalización, en 1976, Gustavo llegó a ser el Gerente General de Exploración y Producción de Maraven (ex-Shell) y en 1979 regresó brevemente a Lagunillas, como segundo a bordo del Gerente General de la División de Producción de la empresa, controlando una producción cercana al millón de barriles diarios. En 1980 se fue conmigo y con José Mavarez, otro maravilloso profesional venezolano fallecido prematuramente, a Meneven, a integrar su junta directiva y a compartir con esa empresa las experiencias que habíamos adquirido en Shell-Maraven. Donde Gustavo iba era respetado por su capacidad decisoria. Gustavo no deshojaba margaritas sino que actuaba. De Meneven Gustavo fue a la Junta Directiva de Bariven y a INTEVEP, donde llegó a la presidencia en 1985. En 1984 recibió, junto con Ed Linderbergh (+) una distinción especial de la Asociación Internacional de Procesadores de Gas Natural, por su contribución al desarrollo del gas natural a nivel mundial.
Que carrera tan distinguida! Como pocas hemos visto en nuestra querida industria petrolera. Pero eso es solo el comienzo de su historia. La historia de Gustavo Inciarte está también basada en su inmensa generosidad y en su apasionado amor por Venezuela. Esa generosidad tocó muchas vidas. En mi caso, la más reciente prueba fue hace pocos meses. Le comenté que no había logrado encontrar un editor para un libro que deseaba publicar. Me dijo: “mandámelo por Internet”. Y al cabo de pocos días me envió otro mensaje: “Mirá. Vamos a echarle pichón al libro.Yo te lo financio”. Así como suena. Casi de inmediato conseguí un editor y pude liberar a Gustavo de ese compromiso de algunos miles de dólares que no le sobraban. Pero Gustavo era así. No vaciló un minuto en ofrecerme ayuda.
En Lagunillas Gustavo conoció a Esperanza, su esposa de muchos años. Para él esto fue un maravilloso hallazgo. Esperanza ha sido una esposa amantísima, una persona de gran sensatez quien moderó, con su gran sentido de la realidad, los sueños románticos de Gustavo, sus deseos de componer el mundo. Crearon una familia hermosa que ha estado con ellos, cerca de ellos, por siempre, una buena familia maracucha. Recuerdo las invitaciones que me hacían en Caracas para ir a comer hallacas. Gustavo y Esperanza eran anfitriones de especial cordialidad. Así me dice su gran amigo Oliver Campbell, muy afectado, desde Londres. Hace algunos años visité a Oliver en su casa en Londres y me dijo: “Gustavito pasó por aquí hace poco. Nos vino a buscar y nos llevó a cenar, en gran estilo, como siempre lo hace”.
El amor de Gustavo Inciarte por Venezuela era profundo y sin dobleces. Durante los años últimos de su prolífica vida vivió indignado por lo que le habían hecho a PDVSA, especialmente la pérdida del recurso humano calificado que el contribuyó tanto a crear. Desde Norman, Oklahoma tronaba contra quienes habían cometido ese horroroso crimen. En 2006 escribió un artículo para la prestigiosa revista virtual Energy Tribune llamado “What has become of PDVSA?” (Que le ha pasado a PDVSA?) en el cual dijo:
“ With the lay-off of practically all the professional staff at PDVSA, the organization has been reduced to a body with no brain and no memory. The best and the brightest Venezuelans have been lost, replaced now, I understand, with inexperienced, unqualified people, some in managerial positions and lacking even a high school diploma. What most non-Venezuelans do not really understand is that the events in PDVSA go beyond of pro-Chavez or anti-Chavez politics. The destruction of PDVSA eliminated the most important and egalitarian venue for the most talented Venezuelans to find a meaningful and substantive career.
People In the entire Venezuelan oil industry, 18,616 people with an average of some 14 years of experience were laid off by early 2003. But for me the most worrying fact is that almost 1,000 were from INTEVEP, an institution totally dependent on the knowledge and specialized experience of its trained”.
No es necesario traducirlo todo. Solo esto : “la organización se ha reducido a un cuerpo sin cerebro y sin memoria……..para mi lo más preocupante es que casi 1000 de ellos eran de INTEVEP, una institución totalmente dependiente del conocimiento y experiencia especializada de sus profesionales entrenados”.
Querido Gustavo, gran guerrero de la dignidad profesional. Descansa ahora. Tu ejemplo llegará a ser un faro que ilumine el camino de quienes algún dia pondrán a tu querida industria petrolera en el sitio que nunca debió abandonar. Tendrás siempre un lugar muy especial en el corazón colectivo de la verdadera industria petrolera.
Gustavo Coronel