Alberto
Méndez Arocha: "Nihilismo económico"
y la nueva ley de servicios públicos
Nos ha
llamado la atención desde hace unos meses, la propuesta
en discusión dentro de la Asamblea Nacional sobre una
Ley de Servicios Públicos, que viene acompañada
de una curiosa Exposición de Motivos – donde
vuelven sereta toda la teoría económica tradicional,
sin ningún preaviso.
El autor
de este texto demuele de un solo trazo, vuelve añicos
ciento cincuenta años de teoría económica,
desde los clásicos, incluyendo Dupuit y Marshall, Pantaleoni,
tutti li mundi, para cercenar de un solo cuajo toda la microeconomía
tradicional, en un alarde de nihilismo posmodernista, todo
el pensamiento económico occidental.
El planteamiento
no es banal, está hecho por alguien pensante. Solo
que se enfrenta a una descomunal tarea. Simplemente se opone
a un concepto elemental del mercado, la función del
precio. Y no ofrece soluciones alternativas. Solo va en contra.
Se basa
en el concepto que la existencia del precio es la causa de
la pobreza, al limitar el consumo de los pobres. Una pelusa.
En efecto, al establecerse un precio los consumidores se dividen
entre los que pueden adquirir el producto (los incluídos)
y los que no están en capacidad de comprarlo, aunque
lo desearan (los excluídos).
Citamos
de la Exposición de Motivos de la Ley (Cf. Internet,
Asamblea General, nuestro subrayado):
“Para
los defensores de la tesis de la liberación, el Estado
no debe hacer más que maximizar la parte económica
y liberar el servicio de tal forma, que el incremento de la
riqueza favorezca a las partes que entablan una relación
de carácter comercial. Esta riqueza viene dada en función
a como se exploten los recursos económicos, de tal
manera que el valor – de la satisfacción humana
debe ser medida por la voluntad de pago de los consumidores
– y que esta se constituya en una regla moral que garantice
la estabilidad social.
Ahora
bien, la producción para otros bienes de propiedad
común, no pueden tener ningún valor moral social
sin que se cumpla este fin último nombrado, el cual
estará representado por la riqueza de una de las partes,
lo cual traerá siempre como consecuencia la pauperaciòn
y exclusión de aquellos sectores sociales que se encuentran
fuera de los círculos de producción económica,
es decir, continúan desmejorados aquellos que siempre
han estado excluidos: el pueblo
Es esta
la situación que se ha venido generando en América
Latina a partir de la década de los setenta, en donde
el sistema de privatización de los servicios públicos
a conducido a los pueblos a grandes problemáticas de
carácter social y lucha de clases, producto de la acción
especulativa de parte de las empresas privadas prestadoras
de servicios, por un lado, y de la ineficiencia e ineficacia
de la acción reguladora de los Estados. Ante esta situación,
el Estado Venezolano, antepone al derecho de la libertad de
empresa o la concesión de bienes y servicios, el derecho
de los ciudadanos y ciudadanas al bienestar común como
miembros de la República.
Son de
destacar los siguientes conceptos:
1. “La
satisfacción del consumidor no se puede medir por la
disposición a pagar”; --porque ello trae la pobreza
y exclusión;
2. En consecuencia, “el bienestar común priva
sobre el beneficio de las empresas”, y no se deben permitir
los precios de venta al costo promedio.
Lo novedoso
es la idea del desconocimiento de la función del precio,
cuya función está en la base de la teoría
económica tradicional. Seguramente ello vendría
asociado al trueque, pero no parece práctico en servicios
públicos, no alcanzarían las cachamas ni los
topochos.
O vendría
asociado al sistema de subsidios, que es el sistema convencional
para atender la capacidad de pago de los pobres.
A menos
que se entienda todo como una redistribución de la
riqueza, con un castigo a la rentabilidad del capital, esta
vez en función del consumidor, que ya al trabajo se
le ha rendido obsequio con las EPS (limitación de la
utilidad), cogestión y cooperativas.
El desconocimiento
del precio tiene que ver igualmente con un desconocimiento
de la función del costo, que es la recuperación
de las inversiones y los gastos, para permitir la operación
de las empresas.
No se
entiende el funcionamiento de este esquema, sino basado en
la existencia de inmensos recursos petroleros los ingresos
petroleros que permitirían el financiamiento de las
operaciones de los servicios públicos obsequiados a
los consumidores. Para mayor gloria.
Habrían
así dos opciones o modelos de desarrollo:
a) EMPLEO
Y VENTA DE LOS BIENES: vender bienes y servicios al costo
de producción, dando oportunidades de empleo, promoviendo
empresas públicas y privadas exitosas;
b) MISIONES Y BUHONERIA, con pobreza y desempleo, vendiendo
a precios a precios subsidiados.
Escoja
Ud., amigo lector.
Alberto
Méndez Arocha
es
Ingeniero Mecánico con un Doctorado en Derecho y Economía
de la Energía. Es Individuo de Número de la
Academia Nacional de Ingeniería y del Habitat . Sus
puntos de vista no son necesariamente las de Petroleumworld
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