Ya llega la hora de la verdad. Culmina hoy la campaña
electoral más cargada de significación
que hayamos vivido desde 1958 a esta parte. Dos
ideas de país se dirimirán el domingo.
Una presidida por el autoritarismo rampante, el
autocratismo y el militarismo, con una fuerte propensión
a controlar desde el Estado a toda la sociedad.
Es la continuista.
Otra, sencillamente
democrática. Existe, sin embargo, un punto
de contacto entre ambas: la convicción, que
ya es nacional, de que la pobreza y su superación
constituyen la madre de todos los retos que confronta
la nación.
Pero, tras ocho años,
el gobierno no ha logrado ir más allá
de sus programas sociales, bien concebidos conceptualmente
pero hoy fuertemente contaminados por el clientelismo,
el despilfarro, la corrupción y la discriminación
política. Planes estructurales para crear
empleo, como punto de apoyo para hacer retroceder
la pobreza, no han existido y, por el contrario,
la ejecución macroeconómica ha provocado
la destrucción de más de la mitad
del tejido industrial del país, con la consecuente
pérdida de centenares de miles de puestos
de trabajo.
Rosales, quien ha articulado
un coherente programa social, estructurado en torno
a “Mi Negra”, presenta, por el contrario,
un conjunto de políticas públicas
dirigidas a crear empleo.
Rosales ha logrado
en cuatro breves meses restituir la moral, el espíritu
de lucha, la capacidad de movilización a
un universo opositor desmoralizado, y prácticamente
entregado, sin más política que la
esterilidad del abstencionismo resignado.
Manuel Rosales le ha
dado liderazgo, rostro y programa a los millones
de venezolanos que aspiran a una vida material mejor
pero que también desean vivir en un país
donde una diferencia de opinión no sea transformada
en una amenaza, donde las naturales discrepancias
y diferencias de enfoque, propias de cualquier sociedad,
no lastimen la convivencia.
Contra la intolerancia
y la violencia, tolerancia y amplitud política.
Los venezolanos deseamos un gobierno que nos respete
en tanto que ciudadanos.
No es demasiado pedir.
De nosotros depende.
No somos meros habitantes
de este millón de kilómetros cuadrados.
Somos sus ciudadanos, y la máxima expresión
de tal condición ciudadana es hacerse responsable
del gobierno que queremos tener. Votar es no sólo
una responsabilidad política sino también
moral y ética.
Teodoro
Pettkoff, economista,
fue ex candidato presidencial.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de
Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado
por Tal Cual, el 30 de noviembre del 2006. Petroleumworld
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