Gustavo
Coronel:
La batalla que tendremos que dar
“Dándole
poder al poderoso, nosotros nos sentimos poderosos
y acompañados.
En este sentido el autoritarismo tiene dos caras,
lo que Freud describe como sado-masoquismo, en
base al cuál nos sometemos al líder
(Adolfo Hitler) y pedimos poder para eliminar
a nuestros enemigos (los Judíos)”.
“Miedo a la Libertad”
Erik Fromm.
Si
Erik Fromm hubiese estado escribiendo sobre la
Venezuela de hoy hubiera sustituido a Adolfo Hitler
por Hugo Chávez y a los judíos por
la clase media venezolana.
Adonde vamos? Las elecciones del pasado Domingo
3 le han dado un triunfo a Chávez que él
ya comienza a interpretar como un “mandato”
para acentuar su régimen autoritario. Seis
de cada diez votantes aprobaron y premiaron la
manera como Chávez ha venido manejando
al país: corrupción gigantesca,
abuso de poder, mediocridad de gestión,
idolatría de Fidel Castro, entrega de soberanía,
alineamiento con países y organizaciones
terroristas, un horroroso menú.
Pero,
al mismo tiempo, cuatro de cada diez votantes
venezolanos rechazaron esa manera criminal de
mandar. Es una minoría sí, pero
una minoría formidable, compuesta de una
clase media profesional y técnica, comerciantes,
pequeños y medianos industriales, maestros,
dueños de sus viviendas y con un nivel
educativo apreciable. Esta minoría ha sido,
por muchos años, la columna vertebral de
un país que, a pesar de sus altibajos,
mostró un sostenido progreso económico
y social, antes de que comenzara a declinar en
la década de los noventa, declinación
que se aceleraría con Hugo Chávez.
En 1975 Venezuela tenía un Indice de Desarrollo
Humano mayor que el de Chile, de México
o de Corea del Sur. Ahora está muy por
detrás de esos países. Más
importante aún, Venezuela era una democracia
donde los presidentes se alternaban pacificamente
y un candidato (Gonzalo Barrios) reconocía
su derrota por escasísimos miles de votos.
Hugo
Chávez ganó la presidencia en base
a promesas electorales que ha violado: anti-corrupción,
pleno empleo y rescate de los niños de
la calle. Ha violado la Constitución y
las leyes; ha utilizado los bienes nacionales
sin rendición de cuentas; ha perseguido
a la disidencia política. Hace ya tiempo
desechó la careta de la democracia ganando
elecciones a punta de dinero que no le pertenece
y en base al control sobre las instituciones que
deberían ser autónomas y al abuso
de poder.
Al
votar por él millones de venezolanos están
entregando su libertad y aceptan convertirse en
esclavos políticos a cambio de dádivas.
Fromm decía que la libertad es un lujo
que, solo quienes viven en la abundancia, pueden
disfrutar. Por ello no es sorprendente que Chávez
gane elecciones en un país que tiene un
80% de pobreza y que, bajo Chávez, “ha
experimentado un significativo aumento de la pobreza,
un 25% de caída en el ingreso per cápita
y un 150% de aumento del nivel de homicidios”.
(“Venezuela: Un Acuerdo para el Desarrollo”,
Universidad Católica Andrés Bello,
Caracas 2006).
La
limosna ha reemplazado los programas estructurales
de Educación y de Salud porque Chávez
necesita que los pobres sigan siendo pobres, con
dádivas que le permitan obtener una sensación
de bienestar pero no con herramientas que le permitan
salir de la pobreza y liberarse de la dependencia
en el estado paternalista.
Pero
en Venezuela hay una clase media que ama la libertad
y la democracia, que no dará su brazo a
torcer. El Domingo 3 esos venezolanos se hicieron
presentes, cuatro millones de ellos, para defender
los valores esenciales de civilización,
civismo, buena ciudadanía y decoro. Lo
que se avecina ahora en Venezuela es una batalla
en todos los frentes contra la corrupción
y el autoritarismo, contra el militarismo y la
importación de ideologías fundamentalistas
con raíces terroristas.
Esa
batalla hay que darla con las mismas armas que
utiliza el otro bando. No podemos combatir la
manopla de hierro con guantes blancos. Debemos
denunciar la corrupción, debemos conquistar
espacios políticos, debemos combatir el
abuso de poder, debemos insurgir contra la entrega
de los bienes nacionales a países extranjeros
y combatir la importación de guardaespaldas
y adoctrinadores de oficio que nos vienen de la
Cuba genuflexa.
Esa
batalla apenas comienza y en esa batalla todos
estamos, de una u otra forma, involucrados. Necesitaremos
el apoyo de gente de buena voluntad y amantes
de la libertad y la democracia en todo el mundo,
porque Chávez cuenta con el apoyo de Mugabe,
de Ahmadinejad, de Kim Il Sung, de Morales, de
Humala, de los piqueteros argentinos de la FARC,
quienes no son, precisamente,miembros del ala
luminosa de la especie humana.
Somos
un poco menos, quizás, pero debemos recordar
que la calidad pesa bastante más que la
cantidad.