El
Petróleo Causa Impacto Social en Delta Amacuro
Por
Nueva Prensa de Guayana
El
Gobierno está invirtiendo recursos procedentes del petróleo
en un proyecto cuyo objetivo es brindar al Delta un servicio de transporte
fluvial integrado. La CVP, con el apoyo de la alcaldía
del municipio Antonio Díaz,
está ampliando la capacidad física y de servicios del Hospital
de San Francisco de Guayo. Otra necesidad urgente por atender es el desabastecimiento
de alimentos El paisaje que distingue al estado Delta Amacuro es el Delta del
Orinoco. Un laberinto de caños entrelazados que se desprenden del admirable
río Orinoco y se unen en el océano Atlántico, bordeados
por árboles, manglares, moriches y la Sierra Imataca en su margen izquierdo.
En sus orillas viven comunidades del pueblo indígena Warao, en casas
construidas con madera y palma de moriche sobre el agua, y empalmadas por medio
de puentes
de tablas. Es un lugar mágico por su flora, fauna y cultura ancestral.
La zona localizada al sureste del estado se llama Bajo Delta. Ahí está el
municipio Antonio Díaz, el más grande de los cuatro que conforman
el Delta Amacuro: tiene aproximadamente 23 mil kilómetros cuadrados y
la superficie de todo el estado es un poco más de 40 mil. El 89% de sus
habitantes es del pueblo indígena Warao, son 280 comunidades ubicadas
de forma dispersa; algunas hablan español, otras también el idioma
inglés, (por la proximidad con Guyana) y un tercer grupo sólo warao.
La más grande es San Francisco de Guayo, ubicada casi en la puerta del
Atlántico con 2 mil habitantes, y separada de Tucupita, la capital del
estado, por unas 80 millas que se recorren en cuatro horas en una lancha y en
dos días en un bongo.
Este
municipio es considerado uno de los más pobres del
país. La miseria en la que viven sus pobladores opaca
el resplandor que despide la naturaleza. La indolencia de los
gobiernos del pasado dejó una huella profunda en estas
comunidades. Carecen de transporte, asistencia médica,
alimentación y agua potable. Quizá la distancia,
el desconocimiento de sus derechos y hasta la inocencia que algunos
aún conservan, le facilitaron el camino a los gobernantes
que pasaron mirando de reojo al pueblo. Hoy, el presidente Hugo
Chávez Frías impulsa el cambio de esta historia,
y con él otros hombres y mujeres comprometidos con la
construcción de un país más justo.
Transporte Warao Anarunoko
Esta
zona de Venezuela es totalmente fluvial. La población
se traslada en bongos que fabrica con troncos de árboles
o en embarcaciones de pequeños motores, que en su mayoría
no son propias, pasan de vez en cuando, y sus dueños cobran
entre 15 mil y 25 mil bolívares por transportar hasta
Puerto Volcán, donde desembarcan los pasajeros para tomar
un carro que los lleva a Tucupita por 15 o 20 mil bolívares
más. El transporte es uno de los principales problemas
por resolver.
Por
ello, el Gobierno está invirtiendo recursos procedentes
del petróleo en un proyecto cuyo objetivo es brindar al
Delta un servicio de transporte fluvial integrado. La Corporación
Venezolana de Petróleo (CVP) diseñó el plan
y en estos momentos ejecuta la primera fase. En un mes aproximadamente
nueve embarcaciones y dos microbuses prestarán el servicio
con horarios y paradas organizadas. Posteriormente, está previsto
adecuar espacios para vender artesanía y comida típica
a lo largo de la ruta.
Un
grupo de 50 hombres está construyendo las embarcaciones
en Tucupita. Son de fibra de vidrio y metal, poseen 24 puestos
agrupados de dos en dos, tienen 30 pies y capacidad para transportar
5 mil kilogramos. Tienen dos motores de 200 caballos de fuerza
cada uno, lo que permitirá cubrir el recorrido en menor
tiempo. También contarán con salvavidas, maletín
de primeros auxilios, extintores de fuego, luz de navegación,
bombas de achique y radio comunicación.
Funcionará como sistema integrado. Las embarcaciones
llegarán hasta un puerto que están construyendo
en Boca de Macareo, donde estarán dos microbuses de 32
puestos cada uno dispuestos para trasladar a los pasajeros hasta
Tucupita. Aún falta por precisar el costo del pasaje,
sin embargo, los creadores de este proyecto adelantan que no
superará los 12 mil bolívares; lo que sí está definido
es que cancelarán un solo precio por todo el recorrido.
La
tripulación de cada embarcación serán
dos personas. Desde el pasado mes de mayo, 18 hombres oriundos
del Bajo Delta están recibiendo formación para
manejar las lanchas y los vehículos. Euclides Moraleda
es uno de ellos, nos explica que “está aprendiendo
a manejar lanchas y vehículos para pueblos indígenas.
Vamos a trabajar para la comunidad de uno en cooperativa Warao
Anarunoko...”
Rogelio
Machado es su compañero de clases. Es de Nabasanuka,
a una hora de San Francisco de Guayo. Calcula que en un bonguito
navega 12 horas desde Tucupita hasta su casa y en adelante serán
3 horas y media. Está emocionado porque pronto vendrá a
Caracas para observar cómo funciona el Metro y los Metrobuses. “También
iremos a Bolívar, donde obtendremos la licencia de capitanes
porque son lanchas de alta velocidad. La comunidad está desesperada
porque lleguen las barcas y preguntan ¿cuándo llega
el bote?”, comenta.
Al
lado de ellos está López Eumar, tiene unos
40 años, lo que le permite señalar con propiedad
que desde pequeño ha visto pasar muchos gobernantes y
su pueblo permaneció en la misma miseria. “El warao
para acá y el warao para allá sólo cuando
venían las elecciones, y después nos olvidaban”,
recuerda con sinsabor.
Un hospital renovado
En
el Bajo Delta hay un pequeño hospital. Tiene el mismo
tiempo de vida que Eumar. Es una infraestructura sencilla y de
concreto donde se han prestado servicios de salud básicos,
como suturas, medicina contra el vómito y la fiebre. Desde
su construcción no había sido reforzado y, en consecuencia,
se quedó pequeño para atender la demanda de pacientes.
En
estos momentos, la Corporación Venezolana de Petróleo,
con el apoyo de la alcaldía del municipio Antonio Díaz,
está ampliando su capacidad física y de servicios.
A partir de octubre debe estar listo y en adelante el Hospital
de San Francisco de Guayo prestará asistencia en Oftalmología,
Pediatría, Cardiología, Odontología, Rayos
X y laboratorio. Por supuesto, también tendrá un
espacio para la medicina tradicional, pues su valor es primordial
para los pueblos indígenas.
Además, contará con una residencia para médicos
que estrenarán dos galenos de origen cubano que desde
hace seis meses atienden a la población. Alivian sus malestares
y le enseñan medidas de prevención para enfrentar
los factores de riesgo higiénicos y ambientales que la
enferman. Entre ellos destaca el consumo de agua no potable que
ha provocado enfermedades en la piel, en las vías respiratorias,
infecto contagiosas y estomacales. Los pobladores reconocen el
valor que tiene el trabajo de estos médicos, pero consideran
que las necesidades del lugar exigen más recurso humano.
Enfrentan el principal factor de riesgo
Ninguna
de las 287 comunidades del Bajo Delta, que suman unas 30 mil
personas, ha tenido agua
potable. De generación
en generación, el río Orinoco ha lavado sus cuerpos
y el agua de lluvia ha calmado su sed.
Hoy,
un grupo de instituciones están uniendo ideas y
recursos para que llegue hasta sus casas agua apropiada para
el consumo humano. El Ministerio del Poder Popular para el Ambiente,
la Alcaldía y la CVP están terminando la instalación
de pequeñas plantas de tratamiento, tuberías y
tanques en 18 comunidades, con lo cual se beneficiarán
14 mil personas. Este programa, que está en su primera
fase, debe estar listo en dos meses.
Un
Mercal en el caño Ibute
Otra
necesidad urgente por atender es el desabastecimiento de alimentos.
La CVP y el Ministerio
del Poder Popular para la Alimentación
están trabajando para dar una respuesta. Acordaron construir
un Mercal tipo I y un centro de acopio en el caño Ibute,
en San Francisco de Guayo. El proyecto consta de un establecimiento
de 800 metros cuadrados para el Mercal y 600 metros cuadrados
para el centro de acopio. La infraestructura de los mercales
será adaptada a un palafito. Será una estructura
flotante de concreto con base de mangle. En su construcción
participará la comunidad y la inversión es de 5.3
mil millones de bolívares.
El
Mercal tendrá capacidad para 100 toneladas de alimentos
y el centro de acopio para 200 toneladas. Se está diseñando
un sistema de intercambio que les permita a los pobladores del
Bajo Delta colocar en otras zonas los alimentos que producen
(ocumo chino, pescado y cangrejo) e incorporar en sus patrones
de consumo nuevos alimentos. Inicialmente, será administrado
por personal del Ministerio de Alimentación, aunque el
objetivo es incorporar al personal de la zona. La gerente de
Infraestructura de Mercal, Yajaira Garófalo, estima que
el proyecto lo ejecutarán en seis meses, a partir del
momento en el que el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente
entregue el permiso para realizar los trabajos. Sólo falta
este trámite para comenzar.
La
base de la alimentación de los waraos es el ocumo
chino, el pez morocoto y la yuruma, un almidón del árbol
de moriche utilizado para hacer tortas parecidas al casabe.
Los
búfalos son una oportunidad
Solucionar
con rapidez y eficacia las carencias de servicios es primordial,
así como crear programas productivos y
sostenibles aprovechando el potencial de la tierra. Es por eso
que el Gobierno Nacional a través de la CVP también
está impulsando un programa socio productivo de producción
de búfalos en Tucupita. El objetivo es mejorar la raza,
la producción de leche y queso, construir infraestructuras
y educar a la población en el manejo de este animal. En
esta zona del país mientras el ganado sobrevive, el búfalo
vive tranquilo por la presencia del agua, y su producción
es la segunda fuente de empleo en la zona.
El
primer paso fue organizar a los productores porque no había
un trabajo mancomunado, y sin orden ni participación no
pueden construir proyectos que los beneficien a todos. Tomaron
como punto de partida la Asociación de Productores de
Búfalos de Delta del Orinoco (Probudelta), que agrupa
a pequeños y medianos productores, se crearon comités
de trabajo, de créditos y de producción, que deliberan
y orientan el programa. En estos momentos, participan en el proyecto
380 y cuando comenzaron a organizarse no llegaban a cinco. Están
superando el desánimo y la desconfianza que provocan los
compromisos incumplidos porque -señalan- que desde el
primer día están viendo resultados concretos y
no los han dejado solos.
La
CVP está formándolos para que realicen un trabajo
de calidad y perdurable. A lo largo del año que llevan
trabajando en el Delta han realizado varias jornadas con expertos
de Maracaibo, Táchira y la asesoría técnica
de países como Cuba e Italia. También participa
la Misión Ribas: los productores mejor organizados apadrinan
a dos jóvenes de este programa educativo; conviven con
ellos en su finca, donde les enseñan el manejo de las
tecnologías durante un mes, y luego los envían
al estado Barinas para que complementen su aprendizaje con otro
curso bufalino. Al terminar esta etapa, les entregan una cantidad
de búfalos que deben pagar con nuevos animales.
Para
mejorar la raza del búfalo han traído machos
del estado Barinas y prevén adquirir semen de animales
de Brasil, que de acuerdo con las proyecciones que han hecho
darán 15 litros de leche por ordeño. Durante mucho
tiempo no renovaron los animales y, en consecuencia, se vienen
cruzando entre parientes y esto –explica el gerente del
Distrito Social Delta, Ramiro Royero- reduce la variabilidad
genética y disminuye la capacidad de producción
de leche. De modo que el objeto es evitar la hibridación
entre padres e hijos.
Trabajan
por mejorar la producción. “Vienen de
obtener un kilo de queso por vaca, ahora están logrando
2 kilos y medio; algunos productores generan 230 litros de leche
por año y anhelan llegar a 5 mil litros por día.
En la medida en que aumente la producción de leche y de
queso no será necesario importarlos de otras ciudades
y se brindará seguridad alimentaria a esta población.
Paradójicamente, el queso Mozarela que venden algunas
panaderías de Tucupita viene del Zulia”.
En
infraestructura se han propuesto mejorar las salas de ordeño.
Ahora, esta actividad se realiza sobre barro y en adelante se
hará en “bufaqueras” que tendrán una
capacidad de 80 vacas por hora y permitirán ofrecer una
leche certificada. En estos momentos están levantando
las primeras nueve. Pero el plan es más ambicioso: están
diseñando la construcción de un centro de producción
de lácteos en unos galpones localizado en el centro de
Tucupita, que están derruidos y administra el Ministerio
del Poder Popular para la Economía Comunal.
La
garantía
¿Cuál es la garantía de que este proyecto
no fracase como los programas de gobiernos anteriores? “A
diferencia de los programas de otros gobiernos, en esta oportunidad
los productores tienen injerencia directa en la administración
y creación de los proyectos. La diferencia es la participación
de la gente, dice Royero. A su respuesta, agregó un comentario
de la coordinadora del pueblo Warao por el Ministerio del Poder
Popular para Pueblos Indígenas, Higinia Hernández: “Es
necesario que todos trabajemos enlazados porque somos muchos
y a la vez somos uno solo”.
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Nota
del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por Nueva
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