YIDISPOLÍTICA
Uribe
vs. Corte Suprema: ¿qué salidas hay?
Por Semana
Quizás nunca antes en Colombia se había visto
que el Ejecutivo cuestionara de tal manera una decisión
del órgano rector del Poder Judicial. Informe sobre
los cálculos de Uribe tras su insólita propuesta
de adelantar elecciones y las posibilidades que le quedan
a la Corte Constitucional para preservar la institucionalidad.
El ataque del presidente Álvaro Uribe a la Corte Suprema
de Justicia, en respuesta a la sentencia de ésta que
condenó Yidis Medina por el delito de cohecho propio
y de paso cuestionó la legitimidad del acto legislativo
proclamado en 2004 que permitió su reelección,
ha derivado en una crisis inédita en la institucionalidad
del Estado.
En su sentencia la Corte había dicho que "…el
voto que en su calidad de congresista emitió Yidis
Medina a favor del proyecto de reelección presidencial,
estuvo condicionado por actos corruptos previos al debate",
dice la sentencia. En otro de sus apartes califica de "inaudito
que desde las altas esferas del poder de la época,
por algunos de sus miembros, se impulse la desinstitucionalización
al promover el quebrantamiento de las reglas básicas
del modelo de Estado cuando en busca de un beneficio particular
se impulsó a toda costa un Acto Legislativo".
Por las razones que expuso, la sentencia pone en entredicho
la legitimidad del procedimiento que sacó avante la
reelección: "el delito no puede generar ningún
tipo de legitimación constitucional o legal",
concluye.
La reacción del Presidente fue inmediata. En dos
alocuciones televisadas el jueves en la noche y el viernes
en la mañana, el mandatario arremetió contra
la Corte Suprema de Justicia y le pidió al Congreso
convocar a un referendo para ratificar la legitimidad de
las elecciones de 2006.
El presidente Uribe acusó a la Corte de "presionar
indebidamente, mediante abuso de poder" a otros órganos
de justicia y de "desvirtuar la transparencia democrática" del
Acto Legislativo que permitió la reelección.
En la transcripción de la alocución presidencial
de este jueves, publicada por la Presidencia, dijo que la
Sala Plena del Alto Tribunal "ha llegado al extremo
de presionar al Presidente de la República, a través
de carta carente de rigor jurídico, en extraña
protesta por la reciente decisión gubernamental que
hizo efectiva la extradición de varias personas".
La mención que hace el Presidente se refiere a una
carta que le envió la Corte pidiendo explicaciones
por la decisión de extraditar a 14 jefes paramilitares
y por haber denunciado a los mismos si continuaban delinquiendo
desde las cárceles. En ella decía: "Con
respecto de esas dos situaciones, así como en relación
con la extradición, la Sala de Casación Penal
tiene injerencia jurídica. Respetuosamente se le requiere
para que le informe a la Sala las razones oficiales de tal
trámite".
Pero la andanada de acusaciones del Ejecutivo
a la Corte no paró ahí. En uno de los apartes el Presidente
dijo que el ente judicial aplicaba justicia de manera selectiva
y añadió que los magistrados de las Sala Penal
se han prestado a la trampa del "terrorismo" y,
sin que se entienda bien a qué se refería dijo,
que "ese hecho no tenía solución judicial".
Al medio día del viernes, el mandatario fue más
explícito y dijo que la Corte había tomado
como indicio las declaraciones de Salvatore Mancuso cuando
advirtió que un 35 por ciento del Congreso lo habían
puesto las AUC, pero que no había dado credibilidad
a las declaraciones del jefe paramilitar cuando dijo que
la Corte Suprema también estaba infiltrada. "¿Por
qué eso no se ha investigado? ¿Por qué la
Sala Penal de la Corte es tan diligente para investigar y
condenar a unos congresistas y por qué es tan negligente
cuando se trata de vinculaciones con las Farc? (…)
un compatriota me decía que estamos frente a los coletazos
del terrorismo. Vamos a enfrentarlo", advirtió un
Presidente encolerizado.
El malestar del presidente Uribe quedó en evidencia
por el sólo hecho de que en menos de 24 horas quiso
poner a la Corte bajo sospecha por presunta infiltración
de dos fuerzas opositoras: las guerrillas de las Farc y los
paramilitares extraditados. Quizás el desespero lo
hizo caer en tan flagrante contradicción, pues no
resulta coherente que la Corte pueda estar a la vez infiltrada
por el paramilitarismo, como lo aseveró el Presidente,
y al mismo tiempo, sirva a los intereses del terrorismo de
las Farc.
La andanada gubernamental contra la Corte
también
se materializó en la anunciada decisión del
Ministro de la Protección Social, Diego Palacio, de
denunciar a los magistrados de la Corte ante la Comisión
de Acusaciones de la Cámara de Representantes, pues
según Palacios, el fallo contra Yidis Medina contiene "afirmaciones
falsas".
Quizás nunca antes en Colombia se había visto
que el Ejecutivo cuestionara de tal manera una decisión
del órgano rector del Poder Judicial. El caso pone
en evidencia un peligroso resquebrajamiento institucional
y sienta un precedente que tiene escandalizados a juristas,
y analistas políticos. El Presidente ha propuesto,
ni más ni menos, rebatir una decisión judicial
inapelable, en las urnas, y con ello propone un desbarajuste
mayor del aparato democrático. En esta lógica
la justicia no la ejercen las cortes, sino el voto popular.
Unos enfatizan en que todos los ciudadanos,
incluido el Presidente, deben acatar las decisiones judiciales
y acudir
a los recursos constitucionales para evitar que la tensión
entre la rama judicial y la ejecutiva se escale. Otros piden
rodear a la Justicia ya que en un régimen presidencialista
como el colombiano, donde Uribe tiene un alto índice
de favorabilidad, los embates a del gobierno podrían
derivar en su debilitamiento. Y otros más cercanos
al gobierno argumentan que la Corte fue la que se equivocó y
que no obró en derecho sino políticamente.
Algunos sectores de opinión han calificado las declaraciones
de Uribe de desproporcionadas y apresuradas. Ante una arremetida
contra la Corte de ese tamaño se abre la pregunta
por cuáles son los intereses reales del mandatario. ¿Querrá ahorrarse
un nuevo y largo trámite para conseguir su tercer
mandato, reemplazándolo por un adelanto de elecciones
en 2009?, o su salida es simplemente una eficaz movida de "spin",
es decir darle la vuelta rápidamente a una situación
que afecta su gobierno gravemente y convertirla en una situación
favorable.
¿Por qué la escandola del gobierno?
Unos consideran que la sorpresiva salida
del Presidente es apenas una táctica de coyuntura para evitar titulares
que le hubieran sido muy adversos, después del fallo
de la Corte: "Corte determina que gobierno compró la
reforma constitucional que permitió la reelección" o "Corte
dice que reelección tiene origen ilegítimo".
En cambio el viernes en la mañana, los titulares de
prensa fueron "Uribe propone referendo para repetir
elecciones de 2006" y otros por el estilo.
Además, con esta rápida reacción el
gobierno logró poner en tela de juicio los motivos
de la Corte, y sembrar la duda sobre si compró o no
los votos definitivos para aprobar la reelección.
Otra interpretación de los hechos es que la reacción
fue mucho más de fondo y que en realidad el gobierno
sí se propone sacar adelante el anunciado referendo
para ratificar las elecciones presidenciales.
Aplicando la estrategia de que la mejor defensa es el ataque,
Uribe decidió embestir a la Corte Suprema, para
encarar la crisis que lo ha venido erosionando en el último
año y conjurarla de una vez por todas.
Las candidaturas anticipadas de varios líderes políticos
impacientes por salir a la palestra, el debilitamiento del
Congreso por cuenta de la parapolítica, la dispersión
de las mayorías uribistas, el frenazo de la economía,
y el desgaste natural de un gobierno que lleva seis años
en funciones, son razones que suficientes para creer que
el gobierno pretende con su salida encarar la amenaza de
una crisis.
Y para hacerlo, el mandatario echó mano de su principal
aliado: la popularidad entre la población. De ahí su
propuesta de un referendo que le renueve su legitimidad y
deje atrás los sucesivos escándalos de parapolítica
y yidispolítica. Con esta salida volvió a ratificar
su 'máxima': "el juez de una democracia es el
pueblo". Peligroso pensamiento que invalida las instituciones
creadas para hacer justicia y que garantizan el equilibrio
de pesos y contra pesos.
El senador liberal Hector Helí Rojas, en entrevista
con Semana.com argumentó que la decisión del
gobierno de convocar a un referendo es un pretexto para "lavarse" en
el pueblo. Es decir que el gobierno lo que busca es salir
airoso de una crisis que puede terminar como terminó en
Perú el gobierno de Fujimori, o en Argentina el de
Menem: perseguidos por la justicia y con varios de sus más
cercanos amigos en la cárcel.
Persiste el lío institucional
No obstante, si la intención del presidente Uribe
de repetir las elecciones de 2006 se llevara a cabo, esto
no solucionaría el problema jurídico que planteó el
Alto Tribunal.
"El presidente ha respondido con un argumento político
a una decisión judicial. Repetir la reelección
no soluciona un fallo que puso en duda el Acto Legislativo
que permitió que se diera la reelección ",
dijo el ex magistrado de la Corte Constitucional, José Gregorio
Hernández a Semana.com.
En una maniobra política, el gobierno está diciendo
que la Corte cuestionó la elección de Uribe
en 2006, lo que no es exacto, pues lo que encontró fraudulento
la Corte fue la forma como el gobierno logró la modificación
constitucional que permitió la reelección inmediata.
La distorsión es evidente: dijo el asesor presidencial
Jose Obdulio Gaviria durante una rueda de prensa este medio
día "Cómo la Corte está insinuando
que el presidente se robó las elecciones es necesario
repetirlas para comprobar la legitimidad de los comicios
para el periodo 2006-2010".
Pero esa distorsión del fallo de la Corte no parece
inocente. Al hacerla, el gobierno enfrenta a la Corte directamente
con el pueblo, el soberano que reeligió a Uribe con
la más alta votación de la historia. Y en ese
enfrentamiento sale claramente perdiendo la Corte.
En todo caso repetir las elecciones parece
utópico,
pues confirmar la legitimidad de la elección de Uribe
en 2006 a través de una nueva votación necesitaría
que se repitieran las mismas condiciones de ese entonces.
"¿Vamos a pedirle a Horacio Serpa y a Carlos
Gaviria que vuelvan a lanzarse a la presidencia y hagan campaña?
Creo que no", dijo el ex magistrado Hernández
quien consideró que la réplica del gobierno
genera presión sobre la Corte Constitucional, la cual,
en todo caso, no se ha pronunciado.
Es por esto que tantos analistas están diciendo que
el llamado a repetir las elecciones de 2006, no es más
que un eufemismo para adelantar las elecciones de 2010 a
2009, y ahorrarse así todo el trámite de referendo
en curso para una tercera elección. "Unifica
los dos referendos en uno que adelante elecciones en 2009
y así se asegura un mandato hasta el 2013, sin pedir
otra modificación de la Constitución",
dijo un jurista.
La Corte Constitucional es la que decide
Presente el gobierno o no su proyecto de
referendo, debido a la petición que cursa ante la Corte Constitucional
y el envío que le hizo del caso la Corte Suprema,
es la Corte Constitucional la que define qué sucede
ahora.
La Corte Constitucional puede tomar una de
dos decisiones: decir que no revisará el Acto Legislativo por ser
cosa juzgada o revisar su fallo anterior cuando declaró exequible
la norma.
Para tomar el primer camino, la Corte puede
argumentar que después de un año venció el plazo para
demandar su fallo que tuvo lugar en 2004 y que ya se pronunció al
respecto. En este caso sus argumentos además de tener
validez jurídica, le sería lo menos traumático
desde el puto de vista político. Atajaría los
alcances políticos e institucionales del fallo de
la Suprema y, como seis 6 de los 9 magistrados terminan su
periodo a final de este año, es poco probable que
quieran chamuscarse en el último minuto en un enfrentamiento
que puede resultar muy impopular.
Pero la Corte puede, sin embargo, revisar
el fallo aduciendo que hechos sobrevinientes o posteriores
a su fallo (como
es la comprobación de que los votos clave para aprobar
el Acto Legislativo fueron comprados con prebendas) ameritan
que lo vuelva a estudiar.
Si la Corte decide revisar la decisión, también
tiene dos alternativas, según explicó Rodrigo
Uprimny, director de DeJusticia, un centro académico
de estudios jurídicos. La primera, sería devolver
la reforma a la Cámara y que allí se vuelva
a votar. Esta opción sería casi tan rebuscada
como la de repetir las elecciones que propone el Presidente,
dado que la actual Cámara no es la misma que votó en
2004 y por tanto sería imposible validar un votación
con la otra.
El otro camino más posible, sería el que declare
inconstitucional el Acto Legislativo que permitió la
reelección, pero aclare que las elecciones de 2006
tuvieron lugar mientras ese artículo estaba vigente
y por tanto la elección fue legal. Esta decisión,
según varios jurista consultados, sería salomónica,
pues evitaría que el Presidente meta al país
en una aventura de alto riesgo para la estabilidad democrática,
como es la de repetir unas elecciones, en realidad irrepetibles,
y a la vez dejaría en firme la decisión de
la Corte Suprema de castigar a quienes se involucraron en
el acto ilegal.
Entre tanto, la yidis política seguirá su
curso. La Fiscalía y la Procuraduría tendrán
que decidir acerca de los ministros señalados de haber
sido los cómplices de Yidis y la Comisión de
Acusaciones evaluará el caso contra el Presidente.
Semana
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