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Puntos de Vista
Análisis y opinión sobre energía, geopolítica y civilización

 

PDVSA 1984-1998, Una suave pendiente hacia el fracaso (parte III)  


Luis Giusti, Avila Vivas, Ali Rodriguez

Por Gustavo Coronel

Posiblemente Petróleos de Venezuela estuvo condenada al fracaso desde el mismo primer día de su nacimiento, en Enero de 1976. Muchos quienes laborábamos en la industria petrolera lo temíamos así. Ya conocíamos el mundo político suficientemente bien para saber que, no importaba cuantas promesas hiciesen de dejar a Petróleos de Venezuela trabajar tranquila y sin interferencias, a fin de garantizar su eficiencia, terminarían por romper esas promesas. Este temor se fue justificando a medida que transcurría el tiempo y se empezó a advertir el resquebrajamiento de las bases fundamentales de meritocracia, auto-financiamiento y normalidad operativa que el primer presidente de la empresa, Rafaél Alfonzo Ravard, había martillado tanto en la mente de los venezolanos. Lo que fue una sorpresa para mí es que este resquebrajamiento encontrase aliados poderosos dentro del sistema petrolero, compuesto por el ministerio del sector y la empresa estatificada.

Creo que es posible dividir la historia de la empresa durante ese período en tres etapas más o menos claramente diferenciadas: una primera etapa que duró desde 1976 hasta 1981, aproximadamente; una segunda etapa que transcurrió desde 1981 hasta 1993, y una tercera etapa, desde 1993 hasta 1998.

La tercera etapa, 1993-1999: Positivo, la apertura petrolera.
Negativo, se acentuó la politización de PDVSA.

La llegada de Rafaél Caldera a la presidencia, en 1993, llevó al Ministerio de Energía y Petróleo al ingeniero Erwin Arrieta. En una sorprendente decisión el ministro Arrieta terminó con el sistema de ascensos basado en la meritocracia, uno de los pilares sobre el cuál había descansado, con algunos tropiezos, la industria petrolera estatificada. Arrieta recomendó al Presidente Caldera el nombramiento de Luis Giusti para la presidencia de PDVSA. Giusti era en ese momento vicepresidente de Maraven, una de las empresas filiales. Ello significaba tener que pasar por encima de los presidentes de esas filiales, Julio Trinkunas, Roberto Mandini, Arnold Volkenborn y Eduardo López Quevedo. Esta recomendación, aceptada por Caldera, le dió un palo cochinero a las normas de PDVSA. No se trataba, por supuesto, de que Giusti careciese de méritos. Giusti era un gerente brillante, intelectualmente agudo, con una visión amplia del negocio. Pero ello también era cierto de Volkenborn, Trinkunas, Mandini y López Quevedo. Lo que parecería a muchos como un asunto meramente formal y sin importancia, fue para la gerencia de PDVSA el aviso del final de la meritocracia. En efecto, Giusti no era la selección indicada en ese momento. La decisión del ministro Arrieta fue una demostración de fuerza política, alejada de los principios y normas que se habían mantenido hasta entonces en PDVSA, con uno que otro serio tropiezo (como el desconocimiento del gobierno del Presidente Lusinchi que le hizo imposible a Alberto Quirós llegar a la presidencia de PDVSA, a pesar de ser el mejor gerente petrolero de su generación).

En una corporación meritocrática y organizada el sistema de ascensos se encuentra tan pre-establecido que pudiera parecer monótono. En el grupo Shell se decía que, cuando un presidente se retiraba, se empleaba a un nuevo mensajero (office boy) para ilustrar lo férreo del sistema de ascensos. Cuando el ministro Arrieta decidió lo que decidió, convirtió la selección de los líderes de PDVSA en un acto político, aleatorio, impredecible.

El impacto de esta decisión en el seno de PDVSA fue predecible. La desmotivación y el resentimiento llegaron a niveles nunca antes existentes en la organización. A pesar de que el Presidente Giusti continuó hablando de meritocracia, este concepto perdió mucho de su contenido y pasó a formar parte de la retórica vacía que los venezolanos acostumbran asociar con el mundo político.

El planteamiento estratégico esencial de PDVSA desde el inicio de la presidencia de Giusti fue la apertura al capital privado. Para el nuevo presidente la expansión de la industria petrolera era necesaria pero no debía significar, solamente, el crecimiento de PDVSA, sino un incremento en el aporte a esa expansión por parte del sector privado internacional y nacional. Es interesante observar que ello representó un cambio importante en la tradicional postura de desconfianza que el Presidente Caldera siempre había exhibido frente al sector privado, sobretodo el sector privado petrolero internacional. Caldera aceptó esta estrategia plenamente, así como estuvo de acuerdo con los nombramientos en PDVSA.

No hay dudas de que, después de la presidencia del General Alfonzo Ravard, ninguna otra presidencia tuvo mayor impacto durante el período 1976-1998 que la de Luis Giusti. Durante su período se tomaron decisiones estratégicas muy importantes, algunas muy positivas, otras no.

Decisiones estratégicas positivas.

La Apertura.

La decisión de abrir las actividades de exploración y producción de PDVSA al capital privado nacional y extranjero fue positiva. La razón principal es sencilla. Se trataba de potenciar la capacidad de crecimiento de la industria petrolera mediante el aporte de recursos financieros, técnicos y gerenciales privados. Esto es lo que cualquier buen gerente, sin complejos de inferioridad o camisas de fuerza ideológicas, haría. La apertura estuvo dirigida a la intensificación de la exploración para aumentar las reservas probadas, al aumento de la actividad de producción y al desarrollo de la Faja del Orinoco. Una fase de la apertura se dirigió a contratos de operación con empresas privadas en áreas de producción ya existentes, las cuáles no eran lo suficientemente atractivas para la inversión directa de los limitados recursos financieros de PDVSA. Se firmaron 33 convenios operativos de este tipo a partir de 1993, los cuáles añadieron unos 400.000 barriles de producción. Se firmaron convenios de riesgo, en los cuáles las empresas contratistas aportaron los recursos financieros necesarios para explorar, el aspecto mas riesgoso de la actividad. Se licitaron ocho bloques bajo esta modalidad, con la participación de 16 empresas privadas. Esta actividad produjo nuevas reservas probadas de unos 500 millones de barriles, con una inversión de $700 millones aportada por las empresas privadas. Durante esta actividad se utilizó un 80% de servicios y equipos nacionales.

En la Faja del Orinoco se establecieron varios proyectos paralelos con la participación de siete empresas petroleras grandes, poseedoras de tecnología avanzada, lo cuál permitió aportes importantes de nueva producción de crudos mejorados.

En sentido estricto puede decirse que la apertura petrolera acercó más el proceso de la industria petrolera venezolana a una verdadera nacionalización. Lo que había ocurrido en 1976 había sido una estatificación de la industria, llegándose al absurdo de “nacionalizar” una empresa nacional como era Mito Juan. La apertura permitió que empresas venezolanas entraran más de lleno en el negocio petrolero. Sería casi risible, si no fuera trágico, el énfasis casi religioso que el mundo político le ha dado siempre al asunto petrolero, convirtiendo la industria en esclava de dogmas e ideologías que van contra su naturaleza eminentemente comercial y abierta al mundo. De este énfasis pseudo-religioso vienen casi todas los alegatos, tales como : Nacionalización no, estatificación sí; la apertura es una privatización disfrazada; el petróleo es nuestro; la internacionalización no, la internalización sí; la soberanía nacional exige total control sobre el petróleo. Y así por lo consiguiente. Lo cierto es que la industria petrolera es un negocio que debe manejarse profesionalmente, sin resabios patrioteros. Cuando el patrioterismo sienta sus reales en la industria petrolera sucede lo que le sucedió a PEMEX, a YPF en Argentina, a YPFB en Bolivia, a PERTAMINA en Indonesia y a PETROBRAS en su primera etapa “nacionalista”. Cuando la industria es bien manejada, como el negocio que es, entonces es posible observar como ARAMCO, EXXONMOBIL o PETROBRAS en su etapa moderna dan enormes ganancias a sus accionistas, ya sean ellos el país dueño o los accionistas privados. La evidencia está a la vista y todo lo demás es mito y superstición.

La Internacionalización.

Aunque ya el proceso de internacionalización había comenzado hace algunos años, se acentuó durante la presidencia de Luis Giusti, como un complemento natural de la apertura. PDVSA se consolidó como una corporación energética internacional, abierta al mundo, al nivel de las más grandes empresas petroleras del planeta. Y es que PDVSA ya era una de ellas, no importa como se le evaluara, si desde el punto de vista de reservas, de producción, de ventas, de ganancias o de calidad gerencial. Ya en 1991, PDVSA era la número 43 en la lista de las primeras 500 corporaciones de la revista FORTUNE. Sin embargo, durante estos años la expansión disfrazó procesos organizacionales indeseables, pugnas internas de la organización que ya estaban en movimiento.

Es necesario inistir en que los enemigos de la internacionalización, casi sin excepción, nunca habían trabajado en la industria petrolera. Eran profesores universitarios, burócratas del estado, políticos imbuidos de ideologías estatificantes. Ninguno tenía una buena idea de como se manejaba la industria petrolera por dentro. Ni Gastón Parra, ni Francisco Mieres, ni Alvaro Silva Calderón, ni Radamés Larrazabal, ni Alí Rodríguez tenían idea de lo que era la industria petrolera por dentro. Solo la conocían desde afuera, en sus aspectos financieros y políticos teóricos, casi siempre basados en un marxismo que contagió a varias generaciones políticas venezolanas, aún los de tendencia más democrática. Para estos críticos de la apertura y de la internacionalización PDVSA no debía usar ni un centavo de capital que no fuese el propio. Gastón Parra, por ejemplo, opinaba ( www.soberania.com ,Abril 1999) que el plan de expansión de Luis Giusti ha debido reducirse, a fin de permitirle a PDVSA llevarlo a cabo sin necesidad de inversión privada. Añadía Parra que planificar la expansión de PDVSA basándose en un aumento de la demanda mundial de petróleo “era muy arriesgado”, ya que este crecimiento sería muy moderado. La realidad ha sido otra: la demanda mundial de petróleo que existía en 1999 ha crecido significativamente,de 73 a 85 millones de barriles al día. Es el enanismo de la PDVSA de hoy en día, inducido por la tragedia chavista, lo que ha causado pérdidas monumentales a la nación, ya que PDVSA debería haber estado produciendo 5.2 millones de barriles diarios en 2008 y no los 2.5 millones de barriles diarios que produce actualmente. Nada como el tiempo para poner las cosas en su justa perspectiva!

Decisiones estratégicas negativas.

La empresa única.

Uno de los aspectos más controversiales surgidos durante el debate que precedió a la estatificación de la industria petrolera, 1974-1975, fue el de la naturaleza que debia tener la empresa petrolera estatificada. De nuevo, este debate llegó a adquirir ribetes casi “religiosos”. Los estatificadores extremos deseaban ver a una sola empresa petrolera (CVP) propiedad del estado, un monopolio del estado, bajo control del ministerio del sector. Los “nacionalizadores” y los gerentes de la industria pensaban que el concepto de una sola empresa del estado estaría condenado al fracaso, tal y como ha sucedido en casi todos los países que poseen el monopolio estatal del recurso. El modelo aceptado finalmente fue único en el mundo: cuatro empresas operadoras, integradas, bajo una casa matriz de coordinación estratégica y financiera. Este modelo garantizó el éxito de PDVSA por 20 años. Sin embargo, se tuvo que pagar un precio en duplicación de personal, en mayores costos. Sin embargo, este era un precio moderado en relación a los beneficios del modelo, el cuál permitía la búsqueda de la excelencia gerencial y la comparación de la eficiencia entre las varias empresas. Además, cada empresa era un centro de rentabilidad. La empresa única o, peor aún, diferentes empresas funcionales, se hubiesen convertido rapidamente en centros de costos, incapaces de medir su eficiencia. Bajo la presidencia de Luis Giusti se decidió convertir a PDVSA en una empresa única, con divisiones que pretendieron ser unidades de negocios, pero que resultaron ser, en la práctica, grandes divisiones por función. Ello convirtió a PDVSA en una empresa operadora única. Alberto Quirós dijo, en su momento, que esta decisión convertía “a los directores de PDVSA en operadores directos”, perdiéndose la visión corporativa que existía cuando PDVSA era, esencialmente, una casa matriz planificadora.

La interacción entre PDVSA y el mundo político.

Durante la presidencia de Luis Giusti se incrementó significativamente la interacción entre los gerentes petroleros y los representantes del mundo político. Esto no hubiese sido malo per se, si se hubiera utilizado para que el sector político aprendiese a respetar el apoliticismo de la industria pero fue malo porque sirvió para politizar la empresa. Se alegó insistentemente que Luis Giusti trató de utilizar la presidencia de la empresa para convertirse en candidato presidencial. También se comentó que Luis Giusti favoreció a un grupo de gerentes asociados con Maraven sobre otros quienes tenían mayores credenciales. Los protagonistas de esta época, Luis Giusti y los gerentes petroleros que fueron o se sintieron afectados por esta situación no han dicho mucho publicamente sobre esto y es probable que nunca lo digan. Yo no conozco lo sucedido de primera mano y no puedo, por lo tanto, decir que hay de cierto en esta afirmación.

Lo que parece ser cierto es que durante este período la industria vió salir a varios de sus gerentes de primera línea. Algun serio descontento pareció existir y ello no fue positivo para PDVSA.

Estas tensiones parecieron abonar el camino para la tragedia que habría de venir, una tragedia frente a la cuál todas las viscicitudes anteriores de la empresa parecerían asunto sin importancia. Esa nueva etapa, aún en progreso y digna de una novela de Stephen King, será objeto de tratamiento posterior.

 

Nota: Este artículo es la tercera y ultima parte de un segmento de un trabajo de mayor extensión que, espero, pueda ser publicado pronto.Trata de resumir la relativamente breve vida de la primera PDVSA, la que agonizó y murió en 1999- 2002. Aunque ya han transcurrido décadas de algunos de sus eventos más importantes, es poco lo que se ha escrito sobre este proceso. Ello es comprensible porque muchos de sus protagonistas están aún activos en la vida pública y nadie desea irritar u ofender. No es este el propósito de este artículo, sino el de tratar de comprender lo que nos pasó y lo que nos está pasando.

Este trabajo fue escrito  en exclusiva para los lectores de Petroleumworld, la primera parte fue publicada el 23 de agosto, 2008 y la segunda el 31 de agosto tercera parte .

Gustavo

 

Gustavo Coronel es un veterano geólogo de la industria petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Todos sus articulos pueden verse en www.lasarmasdecoronel. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

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