Una familia alrededor del Papa en Navidad
AP/Osservatore Romano, HO
Ambiente en la plaza de San Pedro durante al bendición papal
Por ZENIT.org
A pesar de que no cabían en la plaza de San Pedro del Vaticano y de que procedían de todos los continentes, los peregrinos respiraron un aire de familia en torno a Benedicto XVI cuando pronuncio su mensaje de Navidad.
Grupos de scouts, religiosos, turistas, inmigrantes o romanos vestidos de fiesta, se congregaron en la plaza de San Pedro bajo un cielo algo gris esta mañana para recibir la bendición del Papa impartida desde el balcón de la basílica vaticana.
La joven mexicana Isabel Aguirre reconoce a ZENIT que participar en la bendición "urbi et orbi" (a la ciudad de Roma y al mundo) del Papa es "una experiencia que nunca creí vivir".
La temperatura era agradable, unos diez grados, a pesar de que las nubes impedían brillar al sol.
"Siempre la viví por televisión y me conmovió mucho ver tan cerca al vicario de Cristo en la tierra, estar tan cerca de Dios: un hombre de tanta oración, y tan enterado de lo que pasa en el mundo", explica la joven acompañada por otros peregrinos mexicanos que se han destacado por el entusiasmo.
"Al saludarnos en tantos idiomas, ha hecho de la familia católica una gran familia", añade Isabel, alzando la voz, perdida entre las decenas de miles de peregrinos.
También es mexicano el señor José Antonio Romano, padre de uno de los 49 sacerdotes legionarios de Cristo (Francisco Javier) que se fueron ordenados el 20 de diciembre, y también es la primera vez que podía vivir la Navidad junto al Papa.
"Nunca me imaginé que podría haber gente de tantas nacionalidades", reconoce, confirmando ese sentido de pertenencia a una familia mundial, después de haber vivido emociones únicas de su vida, "desde la ordenación de mi hijo hasta la bendición del Papa".
Una señora joven, Loreto de Chile, había participado también en la misa del Gallo de la Nochebuena, presidida por el Papa en la Basílica de San Pedro.
También ella por primera vez ha podido venir a Roma en Navidad y reconoce que "estar aquí me cambia el panorama totalmente. No es como la televisión. Esta bendición me llega muy profundamente porque estoy embarazada".
"Hoy se juntaron todas las emocionas --reconoce--. En la misa, me ha encantado la homilía, pues habla de los niños, de su situación, y nos hace ver que Cristo es un Dios vigilante".
Cuando el Papa saludó en español recibió el aplauso más sonoro. Loreto reconoce: "Es lindo ver que los hispanos somos fuertes dentro de la Iglesia". Varias banderas españolas y mexicanas hondeaban en la plaza, mientras se podía escuchar la canción "Cielito lindo".
Al italiano Giovanni Daminelli, lo que más le ha tocado del mensaje navideño del Papa ha sido su recuerdo del "sufrimiento de África, porque allí hay mucha hambre y nosotros tratamos de ayuda", dice explicando su compromiso voluntario.
El Papa pidió paz para Zimbabue, la República Democrática del Congo, Sudán y Somalia, "cuyas interminables tribulaciones son una trágica consecuencia de la falta de estabilidad y de paz".
Una religiosa española, Mercedes, Esclava de María, vive en Roma desde hace 18 años y nunca se pierde este momento.
"Es casi una obligación una experiencia de gracia, y lo agradezco porque hay muchos que no pueden venir", afirma.
"Dios ha venido a nuestro encuentro y nos ha mostrado su rostro, rico de gracia y de misericordia. Que su venida no sea en vano", dijo el Papa a esa pequeña familia de más de mil millones de católicos del planeta.
Mensaje de Navidad
El siguiente es el mensaje del Papa Benedicto XVI por Navidad (traducción oficial de la Santa Sede ):
Os anuncio una gran alegría...: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (cf. Lc 2,10-11). Esta noche hemos escuchado de nuevo las palabras del ángel a los pastores y hemos revivido el clima de aquella Noche santa, la Noche de Belén, cuando el Hijo de Dios se ha hecho hombre y, naciendo en una humilde gruta, ha puesto su morada entre nosotros. En este día solemne resuena el anuncio del ángel, que es también una invitación para nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, a acoger al Salvador. Que los hombres de hoy no duden en recibirlo en sus propias casas, en las ciudades, en las naciones y en cada rincón de la tierra. Es cierto que en el milenio concluido hace poco, y especialmente en los últimos siglos, se han logrado tantos progresos en el campo técnico y científico; son ingentes los recursos materiales de los que hoy podemos disponer. No obstante, el hombre de la era tecnológica, si se encamina hacia una atrofia espiritual y a un vacío del corazón, corre el riesgo de ser víctima de los mismos éxitos de su inteligencia y de los resultados de sus capacidades operativas. Por eso es importante que abra la propia mente y el propio corazón a la Navidad de Cristo, acontecimiento de salvación capaz de imprimir renovada esperanza a la existencia de todo ser humano.
«Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre» (S. Agustín, Serm., 185). ¡Despierta, hombre del tercer milenio! En Navidad, el Omnipotente se hace niño y pide ayuda y protección; su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres; su llamar a nuestras puertas nos interpela, interpela nuestra libertad y nos pide que revisemos nuestra relación con la vida y nuestro modo de concebirla. A menudo, se presenta la edad moderna como inicio del sueño de la razón, como si la humanidad hubiera salido finalmente a la luz, superando un periodo oscuro. Pero, sin Cristo, la luz de la razón no basta para iluminar al hombre y al mundo. Por eso la palabra evangélica del día de Navidad – « era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre » (Jn 1,9) – resuena más que nunca como anuncio de salvación para todos. « Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado » (Const. Gaudium et spes , 22). La Iglesia no se cansa de repetir este mensaje de esperanza reiterado por el Concilio Vaticano II , concluido precisamente hace cuarenta años.
Hombre moderno, adulto y, sin embargo, a veces débil en el pensamiento y en la voluntad, ¡déjate llevar de la mano por el Niño de Belén, no temas, fíate de Él! La fuerza vivificante de su luz te alienta a comprometerte en la construcción de un nuevo orden mundial fundado sobre relaciones éticas y económicas justas. Su amor guía a los pueblos y esclarece su conciencia común de ser " familia " llamada a construir vínculos de confianza y de ayuda mutua. Una humanidad unida podrá afrontar los numerosos y preocupantes problemas del momento actual: desde la acechanza terrorista a las condiciones de pobreza humillante en la que viven millones de seres humanos, desde la proliferación de las armas a las pandemias y al deterioro ambiental que amenaza el futuro del planeta.
Que Dios que se ha hecho hombre por amor al hombre aliente a todos los que trabajan por la paz y el desarrollo integral en África, oponiéndose a las luchas fratricidas, para que se consoliden los procesos políticos todavía frágiles y se salvaguarden los más elementales derechos de los que están sumidos en trágicas situaciones, como en Darfur y en otras regiones de África central. Que lleve a los pueblos latinoamericanos a vivir en paz y concordia. Que anime a los hombres de buena voluntad en Tierra Santa, en Irak, en Líbano, donde, aunque no falten signos esperanzadores, éstos han de ser confirmados por comportamientos inspirados en la lealtad y la sabiduría; que favorezca los procesos de diálogo en la Península coreana y en otras partes de los Países asiáticos, a fin de que se superen las divergencias peligrosas y, con espíritu amistoso, se alcancen los logros de paz que tanto esperan sus pobladores.
En Navidad nuestro espíritu se abre a la esperanza contemplando la gloria divina escondida en la pobreza de un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es el Creador del universo reducido a la impotencia de un recién nacido. Aceptar esta paradoja, la paradoja de la Navidad, es descubrir la Verdad que nos hace libres y el amor que transforma la existencia. En la noche de Belén, el Redentor se hace uno de nosotros, para ser compañero nuestro en los caminos insidiosos de la historia. Tomemos la mano que Él nos tiende: es una mano que nada nos quiere quitar, sino sólo dar.
Entremos con los pastores en la choza de Belén, bajo la mirada amorosa de María, testigo silencioso del prodigioso nacimiento. Que Ella nos ayude a vivir una buena Navidad; que nos enseñe a guardar en el corazón el misterio de Dios, que se ha hecho hombre por nosotros; que nos guíe para dar al mundo testimonio de su verdad, de su amor y de su paz.
Saludos navideños
Al concluir el mensaje, y siguiendo otra tradición establecida por su Predecesor, el Papa Benedicto XVI dirigió su saludo navideño en 33 idiomas ante una multitud que aplaudía y coreaba, a pesar de la fría llovizna.
“Feliz Navidad, y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos”, fue el saludo el Pontífice en lengua española.
ZENIT es una agencia de información internacional sin ánimo de lucro integrada por un equipo de profesionales y voluntarios convencidos de la extraordinaria riqueza del mensaje de la Iglesia Católica, en particular, de su Doctrina Social, como luz para comprender la actualidad (Con información de Carmen Elena Villa). Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld